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El 23 de marzo de 2004 se cumplen diez años del asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la presidencia de la República. Héctor Aguilar Camín ha vuelto a contar esa historia en una novela coral de título “barroco pero exacto”: La tragedia de Colosio (según el testimonio de sus propios actores, tal como puede hallarse en los ordenados infiernos de la fiscalía especial del homicidio). Ofrecemos parte del prefacio y dos pasajes de esta insólita “novela sin ficción”, relato apasionante, catarsis de la memoria, presidida por el epígrafe de Max Weber: “Desde el fondo del poder nos mira siempre la solemnidad de la muerte”.


Prefacio

La historia es simple y terrible. Induce a pensar que así como puede imaginarse la banalidad del mal, es imaginable también la gratuidad de la tragedia. Esta es la historia: El 28 de noviembre de 1993 hay un destape triunfal del entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, en favor del entonces secretario de Desarrollo Social, Luis Donaldo Colosio. Como es tradicional en los destapes políticos mexicanos, ese 28 de noviembre, por decisión personal del presidente, uno de los miembros de su gabinete se convierte en candidato presidencial del PRI, seguro próximo presidente de México. Son los usos y costumbres de la época.

Un contendiente de la sucesión, Manuel Camacho Solís, jefe de! Distrito Federal, no obedece el rito de acudir a saludar públicamente a su adversario triunfador. El presidente Salinas lo destituye de su condición de regente de la capital de la República, clave en las elecciones que vendrán, pero lo invita a ser secretario de Relaciones Exteriores. Camacho Solís acepta.

El 1 de enero de 1994 estalla la rebelión chiapaneca. Se crea una situación única. Carracho Solís se ofrece como mediador en el conflicto. Convence al presidente Salinas de nombrarlo comisionado de la paz en Chiapas, y de no pagarle un sueldo, para tener credibilidad ante los alzados como un negociador no dependiente del gobierno.

El presidente acepta, a sabiendas de la consecuencia de su decisión: nombrar a Camacho sin sueldo para un cargo de esa visibilidad política es habilitarlo legalmente para ser candidato a la presidencia. (Una disposición constitucional señala que quien quiera ser candidato a la presidencia debe retirarse de cualquier puesto gubernamental seis meses antes de la elección. Al no recibir un sueldo del gobierno, el comisionado Camacho queda en esa tesitura.)

Se instala en la prensa y en los actores políticos, empezando por el candidato Colosio y por el comisionado Camacho, la sospecha de que el presidente Salinas quiere cambiar al candidato del PRI. La posibilidad del cambio se apodera de la especulación pública, enferma de presidencialismo.

El comisionado Camacho hace su tarea: sienta a los alzados a negociar. Su figura crece en la prensa, en su propia cabeza y en la cabeza del candidato Colosio.

El comisionado Camacho tiene la tentación de lanzar su candidatura a la presidencia, aprovechando la ola de opinión pública a su favor. El presidente Salinas lo induce a decir que no se postulará. El 22 de marzo, luego de tres meses de tensión y suspicacia en el campamento del candidato Colosio, el comisionado Camacho se define: renuncia públicamente a postularse como candidato.

El candidato Colosio está contento, exultante incluso. El presidente Salinas también. El comisionado Camacho cree haber hecho lo mejor para sí mismo y para el país. El problema en la cúpula, al parecer, está resuelto.

Al día siguiente, el primero despejado de su campaña, el candidato es muerto en un mitin de un tiro en la cabeza. Lo mata un disparador solitario en cuya responsabilidad exclusiva nadie cree. El comisionado y el presidente quedan bajo sospecha. Se instala en la opinión pública la certeza, inconmovible hasta hoy, de un crimen de Estado.

Tres fiscales fracasan, a lo largo de cuatro años, en la tarea de persuadir al público del rigor de sus indagaciones.1 Lo investigan todo, lo documentan todo. (Uno de ellos lo inventa todo: Pablo Chapa Bezanilla.) Pero no encuentran nunca al autor intelectual del crimen. Pocos les creen. Entonces y ahora. En una encuesta de fines del año 2003, el 73% de los mexicanos dice estar seguro de que el asesinato de Colosio fue el fruto de una conspiración.

Esa es la piedra de toque en todo acercamiento a la tragedia de Colosio. ¿Estamos frente a un drama loco de la vida real: el increíble caso de un asesino solitario que actúa bajo su propia inspiración, por el impulso gratuito de una voluntad oscura, impenetrable, indescifrable? ¿O estamos frente a un crimen de Estado, un complot urdido desde las alturas del poder, convenientemente ocultado a los fiscales del caso?

El 31 de agosto de 1996 es designado un cuarto subprocurador especial del magnicidio, un abogado joven, Luis Raúl González Pérez. Su reto es doble: investigar y convencer. Debe empezar de nuevo. Debe probar por tercera vez la identidad física del asesino material de Colosio, un obrero itinerante de veinticuatro años llamado Mario Aburto Martínez. Debe encontrar a los autores intelectuales del homicidio entre una lista exponencial de presuntos culpables.2 Debe responder a las conjeturas acumuladas de la prensa sobre el homicidio. Y debe ofrecer un veredicto riguroso desde el punto de vista criminológico, categórico desde el punto de vista penal y convincente desde el punto de vista público.

El nuevo fiscal sabe, supongo, que va a fracasar, pero sabe también que está trente a la mayor investigación judicial que se haya emprendido en la historia política de su país. Acepta el reto, sugiriendo al hacerlo que arriesga tanto o más de lo que puede ganar. Dice en su primera aparición pública:

He decidido aceptar esta responsabilidad como la más delicada que jamás se hubiera puesto en mis manos… Lo hago también… por el enorme compromiso que tengo con mi país, por el gran amor a México y porque ello se demuestra con actos y no sólo con palabras y discursos.

Recibe una averiguación previa que consta de 52 tomos y declaraciones de 550 testigos. Su investigación agrega al caso 122 nuevos tomos y 910 nuevos testimonios. En el año 2000, sin dar por cerrado el caso, que pasa a la reserva del archivo judicial, Raúl González Pérez publica en cuatro tomos su relatoría de los hechos investigados y deja la fiscalía, junto con el presidente que lo ha nombrado para el cargo. Para ese momento, luego de seis años de investigación y cuatro fiscales, la averiguación suma 174 tomos y 1,993 declaraciones de testigos (algunos de ellos declaran dos veces).

La relatoría publicada por el fiscal Luis González Pérez es una de las obras más apasionantes y menos leídas de nuestra historia reciente. Se titula Informe de la investigación del homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio (Procuraduría General de la República, Quimera Editores, México, 2000). Consta de cuatro volúmenes: I. El crimen y sus circunstancias, II. El autor material, III. Posibles cómplices y encubridores, IV. Entorno político y narcotráfico.

Los materiales del Informe… son de dominio público. Durante años han podido consultarse en la página electrónica de la Procuraduría General de la República y pueden conseguirse en esa dependencia sin mayores trámites. Sin embargo, han sido hasta hoy materiales un tanto invisibles, semisecretos, apenas consultados por la prensa y por el público. Cuentan una historia central del fin del siglo XX mexicano: la historia del encumbramiento y el asesinato de Luis Donaldo Colosio.

Todo lo que hay en el Informe… es necesario para el conocimiento del caso. No así para su lectura. A fines de 2003, mientras naufragaba en su abundancia buscando materiales para un relato sobre el tema, pensé que una forma de hacer legible aquella montaña de datos era completar la antología del fiscal. Él había convertido en cuatro tomos los 122 de su indagatoria, una relatoría extraordinaria de millón y medio de palabras. Yo me propuse convertir sus cuatro tomos en uno: una versión coral de cien mil palabras. Ese es el origen, la materia y el método de este libro. He sacado de los tomos abrumadores de la fiscalía uno de los muchos relatos que contienen sus pastas. Le he puesto un título barroco pero estricto:

La tragedia de Colosio (Según el testimonio de sus propios actores, tal como puede hallarse en los ordenados infiernos de la fiscalía especial del magnicidio)

No escribí ese libro. Lo escogí frase a frase, escena por escena, en la relatoría de González Pérez. Ordené las palabras y los hechos del Informe… en una secuencia narrativa. No reescribí ni añadí nada, sólo elegí una forma dramática de leer ese texto. A falta de mejor nombre llamo a eso “novela sin ficción”.

A continuación dos pasajes de la novela: “La renuncia escondida”, que narra las dudas del candidato Colosio en torno a su posible renuncia a la candidatura, y “El día menos pensado”, sobre los últimos días de Colosio y su ejecución en Lomas Taurinas.

La renuncia escondida

Refiere El Fiscal: El mes de febrero de 1994 destaca en la campaña del licenciado Luis Donaldo Colosio porque es una etapa en que los rumores se acentúan, creando una situación de incertidumbre entre las personas allegadas a él y en el público en general. Así, por ejemplo, aumentan las versiones sobre la posible renuncia del licenciado Colosio a su candidatura:

Samuel Palma [Entonces subcoordinador de Estrategia de la campaña de Colosio]: El viernes 14 de enero por la noche, en el domicilio particular del licenciado Luis Donaldo en la colonia San Angel, el de la voz tuvo una entrevista con el candidato del PRI para intercambiar puntos de vista sobre la campaña y sobre los acontecimientos políticos. Se había elaborado un documento de reflexión en donde se mencionaba que la campaña enfrentaba circunstancias inéditas, y que ante ello era conveniente buscar su fortalecimiento mediante algunas posiciones en el gabinete que pudieran ser una persona del licenciado Colosio en el Departamento del Distrito Federal o en la Procuraduría General de la República. El licenciado Colosio manifestó su interés en esa propuesta, pero al mismo tiempo mostró enfáticamente su molestia por el nombramiento del licenciado Camacho Solís como comisionado para la paz. Mencionó: “A mí el presidente de la República me informó del cambio de secretario de Gobernación, mas nunca me dijo que nombraría a Manuel Camacho comisionado para la paz. Me dijo que lo involucraría en las negociaciones de Chiapas, pero no con un nombramiento de comisionado Ad honorem” Después mencionó: “¿Qué pasa si renuncio?” La respuesta del de la voz fue que no sabía en qué derivaría aquello, pero que probablemente el candidato sustituto sería Manuel Camacho Solís, a lo que Luis Donaldo respondió: “Precisamente por eso no renuncio”.

El Fiscal [A Carlos Salinas de Gortari, entonces presidente de la República): ¿En alguna ocasión el licenciado Luis Donaldo Colosio le manifestó la posibilidad de renunciar como candidato a la presidencia?

Salinas: Nunca. En ningún momento se dio una confrontación y mucho menos una ruptura entre Luis Donaldo y yo. No hubo tampoco una divergencia de opiniones de fondo sobre temas sustantivos. Hubo, eso sí, la ventilación abierta de inquietudes en esos meses; y al dialogarlas, siempre sobresalió su capacidad de comprensión y su amplitud de criterio. Además, Luis Donaldo Colosio siempre tuvo un sentido muy alto de nuestra amistad, del que mucho me enorgullezco.

El Fiscal: ¿Alguno de sus colaboradores le expresó o comentó sobre la versión de la renuncia?

Salinas: No recuerdo a ninguno.

El Fiscal [A José Córdoba, entonces jefe de la Oficina de la Presidencia]: ¿Comentó con el licenciado Carlos Salinas de Gortari las versiones sobre la posible renuncia del licenciado Luis Donaldo Colosio?

Córdoba: Comenté en varias ocasiones y con insistencia al ex presidente Salinas el impacto negativo que tenían sobre la campaña del licenciado Colosio las ambigüedades políticas y el protagonismo excesivo del licenciado Camacho. El costo era fundamentalmente el costo de especulaciones sin fundamento. Entre ellas, las versiones sobre la posible renuncia. Ante mi reiteración de los mismos comentarios sobre el mismo tema, terminó por expresar molestia.

El Fiscal [A Salinas]: ¿Los puntos de vista del doctor Córdoba sobre la campaña del licenciado Luis Donaldo Colosio y en relación con la conducta del licenciado Manuel Camacho le generaban molestia?

Salinas: No recuerdo que haya sido específicamente molestia, pero ante la insistencia de su planteamiento, mi respuesta era, repito, en los términos que he señalado antes, sobre los motivos de la designación del licenciado Camacho y sobre su presencia en los medios como comisionado para la paz y evitar así el monopolio del grupo armado sobre los mismos.

El Fiscal: ¿Conocía las versiones de prensa que señalaban que el licenciado Luis Donaldo Colosio renunciaría a su candidatura, versiones en las que inclusive se aseveraba que la Presidencia de la República presionaba para que el candidato renunciara?

Salinas: No las recuerdo porque mi concentración, repito, estaba en los temas nacionales y estas versiones, tan sin fundamento en la realidad, no recuerdo haberlas visto y mucho menos ponerle alguna atención.

El Fiscal [A Marcelo Ebrard, colaborador de Camacho]: ¿El licenciado Manuel Camacho o su equipo de colaboradores hicieron comentarios de  los rumores que se manejaban de la renuncia del licenciado Luis Donaldo Colosio a su candidatura y la posibilidad de que el licenciado Camacho lo sustituyera en esa candidatura?

Marcelo Ebrard: No recuerdo rumores que tuvieran alguna credibilidad en relación a la renuncia de Colosio. Había, sí, comentaristas políticos que la planteaban como una posibilidad para defender sus posiciones y argumentos. El licenciado Camacho no me planteó en ningún momento la posibilidad de sustituir a Colosio. En lo que hace al equipo del que formaba yo parte, sabíamos que una posible candidatura sólo podría darse por la vía de algún partido de oposición, puesto que no había razón para suponer que Luis Donaldo declinaría. Las posibilidades de Camacho eran inaceptables para el aparato priista. No existía ya una relación de confianza con el presidente ni con sus allegados, y Camacho mismo no estaría dispuesto a destruir el proceso de paz en el que estaba comprometido personalmente. Esa percepción del equipo de colaboradores coincidía —aunque en ese tiempo no lo sabíamos— con la del coordinador de la campaña priista, en el sentido de que la opción de Camacho en caso de que éste decidiera aspirar a la presidencia sería a través de algún partido de oposición.

Manuel Camacho [Entonces comisionado para la paz en Chiapas]: Yo lo que percibía era simplemente un juego de presiones de grupos como suele ocurrir siempre.

Cecilia Soto [Entonces candidata presidencial del Partido del Trabajo]: Por las noches Diana Laura le preguntaba a su esposo Luis Donaldo si quería hablar de política, por tener ella el cuidado de no saturarlo en su actividad. Una noche Luis Donaldo le dijo: Colosio: Ahora sí quiero hablar. Me quieren fregar, me quieren quitar la candidatura, pero no me voy a dejar.

Nikita Kyriakis [Amigo personal de Colosio]: Luis Donaldo le había preguntado (a Diana Laura Riojas) cuál sería su opinión de él si renunciaba a la candidatura. A lo cual ella le contestó que era una decisión muy personal y que si él podía vivir y sentirse satisfecho con esa decisión ella siempre estaría con él. Sin embargo, ella no me indicó que le hubieran pedido la renuncia al licenciado Colosio. Diana Laura me dijo que después de que le dio su opinión ella, Luis Donaldo también le comentó:

Colosio: Pura madre, no voy a renunciar.

Nikita Kyriakis: Cuando ella me comentó esto, me dijo que durante dos semanas previas a esto su esposo era como “un volcán a punto de estallar”. Hago referencia a esto porque, como ya lo comenté antes, Colosio era muy reservado en este tipo de cosas y si tuviera algún problema de este tipo creo que ni siquiera a Diana Laura se lo comentaría.

El Fiscal: Luis Colosio Fernández, padre del candidato, refiere que en una reunión, después de la muerte de su hijo, Diana Laura Riojas le comenta que Luis Donaldo había sufrido mucho, que lo habían acosado mucho, que en una ocasión Luis Donaldo le dijo:

Colosio: Estoy en una encrucijada, ¿qué hacemos?

El Fiscal: Ella le contestó que lo que él decidiera. Luis Donaldo le dijo:

Colosio: Ya sé, no les voy a dar gusto.

El Fiscal: Diana Laura se había referido a sus jefes que lo habían puesto en esa posición. Diana

Laura no les da nombres, pero habla de quienes habían intervenido para que fuera postulado.

El Fiscal [A Fernando Gamboa, colaborador de Diana Laura Riojas]: ¿Le comentó (Diana Laura Riojas) en alguna ocasión que al licenciado Colosio se le había pedido la renuncia a la candidatura a la presidencia de la República?

Fernando Gamboa: Luis Donaldo Colosio le había preguntado (a Diana Laura) qué opinión tendría de él si renunciaba a la candidatura. Esto, un mes antes de su asesinato. Ella le había contestado que eso no importaba, que lo importante era qué opinión iba a tener de él mismo. Después de la muerte de Luis Donaldo Colosio, al comentarle sobre la insistencia del señor Julio Scherer para entrevistarla, respondió de manera muy molesta que si lo que querían saber era si le habían pedido la renuncia, que la respuesta era afirmativa.

Emilio Gamboa Patrón [Entonces secretario de Comunicaciones]: A Diana la vi mucho, creo que fui de los funcionarios que más la vio. Platicaba con ella. Estaba muy lastimada. Una tarde me dijo, en una plática en que se tocó el tema de Luis Donaldo, que si yo sabía si le habían pedido la renuncia. A mí jamás me lo comentó Luis Donaldo. El tono de Diana Laura era de una pregunta, no de una afirmación.

Ricardo Canavati [Entonces encargado de Invitados Especiales de la campaña de Colosio]: Durante el desenlace de su enfermedad era una Diana Laura preocupada por su salud, por sus hijos.3 Por esa actitud yo pienso que el comentario que hacían algunos colaboradores de Luis Donaldo de que le habían pedido la renuncia, Diana Laura me hizo sentir que ella lo compartía, sin que lo haya expresado directamente, fue una interpretación mía.

El Fiscal [A Juan Francisco Ealy Ortiz, dueño del periódico El Universal]: ¿El licenciado Luis Donaldo Colosio llegó a expresar comentarios de que estuviera siendo presionado para renunciar a su candidatura?

Juan Francisco Ealy Ortiz: No, nunca.

El Fiscal: ¿Supo que se hubiese pedido al licenciado Luis Donaldo Colosio que renunciara a su candidatura a la presidencia de la República?

Ealy Ortiz: Supe, pero ya a la muerte del licenciado Colosio, él nunca me lo comentó a mí.

El Fiscal: ¿Cómo supo lo que acaba de referir?

Ealy Ortiz: Cuando estaban velando al otro día de su muerte al licenciado Colosio, llegué a la capilla de Gayosso de Félix Cuevas. Doña Diana Laura estaba en ese momento junto al féretro del licenciado Colosio. Cuando le dimos el pésame con los ojos llenos de lágrimas, nos dijo:

Diana Laura Riojas: Nos utilizaron y nos engañaron.

Ealy Ortiz: Fue todo lo que comentó la señora.

El Fiscal [A Benito Ohara, amigo del matrimonio Colosio]: ¿Conoció de las versiones que indicaban que se pidió al licenciado Luis Donaldo Colosio su renuncia a la candidatura?

Benito Ohara: Por lo que salió en el periódico. Y después de su muerte sus allegados mencionaron que había habido algo de eso. Pero yo nunca estuve enterado.

El Fiscal: ¿Qué allegados al licenciado Luis Donaldo Colosio fueron los que hicieron esos comentarios?

Ohara Inukai: Hopkins, Soberanes, Durazo y Palma, haciendo esa referencia en un contexto general, como que habían sido muy hostigados. Y no propiamente del presidente Salinas, sino que por  Los Pinos.

El Fiscal [A Santiago Oñate, entonces secretario de Asuntos Internacionales del PRI): ¿Después de la designación del licenciado Luis Donaldo Colosio como candidato presidencial del PRI notó algún cambio en su relación con el licenciado Carlos Salinas de Gortari?

Oñate: Sí, sí lo noté. Dejó de ser una relación de subordinación jerárquico-administrativa, para transformarse paulatinamente en una relación entre candidato y presidente saliente. La relación tuvo siempre, por parte del licenciado Luis Donaldo Colosio, las notas de respeto institucional y afecto personal, mismas que caracterizaron la actitud del presidente Carlos Salinas de Gortari en las dos ocasiones en que atestigüé encuentros personales entre ambos en ese periodo.

Alfonso Durazo [Entonces secretario particular de Colosio]: A partir de la designación de Manuel Camacho Solís como comisionado para la paz en Chiapas registra el dicente que la comunicación es cada vez más fría y distante entre el licenciado Colosio y el presidente Salinas de Gortari, al igual que con el señor José Córdoba Montoya, con quien en el transcurso de 1993 había tenido una frecuente y extraordinaria comunicación. A partir del mes de enero de 1994 sufre un ostensible deterioro. No dejan de tener comunicación pero se da siempre en términos difíciles.

Nikita Kyriakis: Recuerdo que en una ocasión Diana Laura me llegó a mostrar una anotación que si mal no recuerdo decía algo parecido a: “¿Qué chingados le pasa a Salinas? Ya sé, está de acuerdo con Camacho”. No recuerdo sobre qué versaba el documento, pero es obvio que era un sentimiento de reclamo.

Emilio Gamboa: Por el ambiente que se sentía con las actividades y actitudes de Manuel Camacho, el licenciado Colosio le comenta entre esos meses de febrero y marzo:

Colosio: ¿Qué le he hecho yo al señor presidente?

Emilio Gamboa: No entendía por qué se dejaba actuar así a Camacho.

Rafael Reséndiz [Entonces vicepresidente de Televisa, amigo de Colosio]: Al citarlo en el domicilio del abogado Ignacio Burgoa, a donde el licenciado Colosio había sido invitado a comer, le manifestó al llegar a sus oficinas particulares de Aniceto Ortega, por primera ocasión, algo que escuchó en otra ocasión:

Colosio: ¿Por qué me hace esto el presidente Salinas?

Reséndiz: Era finales de febrero o principios de marzo de 1994. La segunda ocasión fue el domingo 13 de marzo. Encontrándose el de la voz en su domicilio llegó el licenciado Colosio, manifestándole nuevamente:

Colosio: ¿Por qué me hace esto el presidente Salinas?

Reséndiz: Su estado de ánimo era de gran tristeza y decepción. El de la voz lo interpretaba como una falta de apoyo o descuido por parte del licenciado Carlos Salinas de Gortari.

Dalia Fartuk Sofer [Amiga personal de Colosio]: Lo vuelve a ver el 16 de febrero de 1994, como a las trece horas, en las oficinas de las calles de Aniceto Ortega, en la colonia Del Valle. La recibe Tere Ríos, quien le indica que suba rápido ya que el licenciado Colosio se iba a ir a una comida. Se entrevistó con el licenciado Colosio y lo notó muy mal anímicamente, abatido emocionalmente, triste, atontado, como nunca antes lo había visto, reclamándole nuevamente que si seguían llevándole la campaña así iba a perder, refiriéndose la de la voz a que la campaña era muy gris, que parecía y se veía que todo estaba enredado a propósito para que perdiera, que la campaña estaba muy mal manejada. (Colosio) le contestó textualmente:

Colosio: ¿Viste lo que me hizo mi mejor amigo, Dalia, mi mejor amigo, el que me apoyó en toda mi carrera hasta ahorita en el puesto que estoy, mi mejor amigo?

Dalia Fartuk: Las palabras “mi mejor amigo” las repitió tres veces y cuando le decía esto le salían lágrimas, preguntándole la dicente qué le hicieron, contestándole que después le platicaba.

El rumor de la prensa

“A partir de mañana, y hasta el 15 de marzo, se abre el plazo para el registro de candidatos a la presidencia de la República. La expectación no estará tanto en cuándo se registrará el candidato priista Luis Donaldo Colosio sino si lo hará, y por cuál partido político, Manuel Camacho Solís, que no ha negado que sigue aspirando a contender por el cargo de mayor responsabilidad del país”. (Francisco Cárdenas Cruz, El Universal, 28 de febrero.)

“Para no variar, como ha ocurrido desde su destape, Luis Donaldo Colosio llega a su registro oficial como candidato rodeado de rumores acerca de su sustitución y de un posible enfrentamiento con el exitoso comisionado. Con todas las características de rumor, en los medios políticos se manejó nuevamente la posibilidad de que Manuel Camacho se postule como candidato del PRI, de la oposición o independiente. Aunque hay que recordar que el actual sistema electoral no permite candidaturas independientes”. (Miguel Angel Rivera, La Jornada, 5 de marzo.)

María Angélica Luna Parra [Colaboradora de Colosio]: Creo que todas estas columnas de prensa son una manera de hacer una presión, pero algún dato específico, más concreto, no tengo. Sólo sé que el día que llegamos al registro (4 de marzo), parecía un momento muy importante por haber llegado.

Fernando Gamboa Rosas [Entonces secretario particular de Diana Laura Riojas]: En alguna ocasión la señora Diana Laura le platicó que el licenciado Carlos Salinas de Gortari estaba alentando el desempeño tanto del licenciado Colosio como el de Manuel Camacho, dándose una especie de tiempo, ya que aún no había registro oficial del candidato del PRI a la presidencia. El 4 de marzo el licenciado Luis Donaldo Colosio acude a las oficinas del IFE siendo registrado oficialmente como candidato a la presidencia. Cuando salen después de ser registrado y abordan la camioneta de la marca Chevrolet, tipo Blazer, le comentó la señora Diana Laura al dicente:

Diana Laura Riojas: Ahora sí, háganle como quieran: ya está registrado.

Fernando Gamboa Rosas: Esto, en clara referencia al momento político que se vivía, ya que la prensa especulaba respecto de la probabilidad de que no se registrara como candidato.

Samuel Palma: Para el mes de marzo de 1994, Luis Donaldo tenía previsto un fortalecimiento de su campaña. Desde las primeras veces que se habló de la estrategia de la campaña, se previo que la fecha de conmemoración de la fundación del PRI sería un momento importante. El discurso del 6 de marzo se plantea como un ejercicio que logre sintetizar el pensamiento político de Luis Donaldo Colosio. Se trataba de un ejercicio de definición de su pensamiento y al mismo tiempo de afirmación de la identidad política del propio Luis Donaldo. En uno de los proyectos del discurso del 6 de marzo, se incorporaba un párrafo de reconocimiento al entonces presidente Salinas. Luis Donaldo lo eliminó, asumiendo que así lo requería el momento político, y que después él le explicaría la decisión a Carlos Salinas de Gortari. Se recibieron muchos comentarios positivos pero también voces preocupadas por la posible reacción del presidente de la República, debido a dos circunstancias: primero, que no se mencionó al propio presidente en el discurso y segundo, el tono crítico del discurso.

Alfonso Durazo: El día 6 de marzo de 1994, el licenciado Colosio pronunció un discurso con motivo de un aniversario más del PRI. En ese discurso es muy clara la determinación política de Luis Donaldo Colosio al omitir mencionar el nombre del licenciado Carlos Salinas de Gortari en su calidad de presidente de la República. En las reglas de la ortodoxia del partido, una omisión de esta naturaleza es producto de una clara ponderación política. Esta decisión no pretende reflejar un enfrentamiento sino un acto de independencia.

Cesáreo Morales García [Miembro de la Coordinación de Estrategia de la campaña de Colosio]: Sería exagerado afirmar que este discurso fue motivo de ruptura con el presidente de la República, porque su estructura respondía de manera clara a la dinámica de la propia campaña y no tenía ninguna consideración adicional, a pesar de que en el mismo discurso no se mencionó al presidente de la República, lo que se interpretó como que el candidato Luis Donaldo Colosio asumía su propia independencia. Se omite hacer mención del presidente de la República por determinación del propio Luis Donaldo Colosio. El dicente ignora que el candidato haya ofrecido alguna explicación sobre ese hecho.

Ernesto Zedillo [Entonces coordinador de la campaña de Colosio]: El discurso del 6 de marzo fue el mejor programado de la campaña del licenciado Colosio. En las semanas previas obtuvimos un buen número de estudios de opinión y propuestas de estrategia de comunicación política para ser utilizados en el diseño definitivo de la campaña, una vez que ésta entrase en su etapa formal después de semana santa. Los estudios servirían en la definición de aspectos tales como la imagen objetivo del candidato, el eje rector de la campaña, las fases, segmentación y contenidos de la propaganda política. También había avances significativos en la identificación de los conceptos que habría de incluir la propuesta de gobierno del licenciado Colosio. Acordé con el candidato utilizar el material disponible para la elaboración del citado discurso. Lo considerábamos muy importante por varias razones. La primera, que los propios estudios de opinión habían revelado que uno de los aspectos más débiles de la campaña residía precisamente en el contenido del discurso. Mejorar sustancialmente la calidad del discurso se sugería como una de las prioridades más altas. Por otra parte, el basarnos en los estudios de opinión y en las propuestas de comunicación política para formular el discurso del 6 de marzo nos permitiría comenzar a proyectar en una ocasión importante la imagen objetivo del candidato que se había determinado como óptima a partir de los varios estudios de opinión y con la asesoría de expertos de la Fundación Nauman de Alemania, en especial el señor Volker Lehr. Otro paso importante consistió en procurar sensibilizar a quienes usualmente redactaban los discursos de campaña —los miembros de la asesoría directa del licenciado Colosio— de la necesidad de trabajar de distinta manera en ese discurso. Para el caso, entre otras cosas, se les presentaron los estudios de opinión basados en grupos de enfoque que ya estaban disponibles, y que mostraban que hasta entonces el discurso era un punto débil de la campaña. En especial recuerdo la presentación que dispuse para los asesores del licenciado Colosio por parte de los consultores de Estudios Psico-Industriales, ya que en ella uno de los asesores, el doctor Cesáreo Morales, reconoció al director del grupo de consultores como un antiguo compañero de estudios en Francia, el doctor Jorge Mate. A diferencia de lo que había ocurrido hasta entonces, en que los redactores tuvieron una gran libertad para hacer los discursos del candidato, establecí que en esa ocasión y en lo sucesivo haríamos todos un gran esfuerzo para apegarnos a lo establecido en la estrategia de comunicación política. Con ese entendido, a los redactores del proyecto de discurso se les proveyeron directrices precisas basadas en los citados estudios e incluso párrafos y frases congruentes con esas directrices. Con el mismo propósito solicité notas e ideas a varias personas. Recuerdo en especial a los escritores Marco Antonio Montes de Oca, Jorge Hernández Campos y Ricardo Garibay. Es interesante mencionar que algunas pautas del discurso, como “Yo veo un México…”, “México exige, nosotros respondemos” y “Es la hora”, provinieron de las propuestas de comunicación política elaboradas por los consultores SILOG, Grupo Ferrer y Oscar Leal, respectivamente. En general se aplicó disciplinadamente el método dispuesto para la elaboración del discurso. Incluso una versión muy cercana a la definitiva fue grabada por el candidato y probada en grupos de enfoque. Sucesivos borradores fueron discutidos en función de los criterios establecidos. Cerca de la ocasión, el propio licenciado Colosio solicitó a algunas personas su opinión sobre el proyecto de discurso. Recuerdo que Enrique Krauze le sugirió algunos conceptos que el licenciado Colosio instruyó fuesen considerados en la versión definitiva. Es de señalar que a éstos se refirieron algunos comentaristas de prensa para sustentar sus interpretaciones de distanciamiento e incluso de ruptura entre el candidato y el presidente. Sin embargo, como puede verse en el texto del discurso y en la imagen objetivo que lo sustentaba, no existió la pretensión de plantear la ruptura con el entonces presidente, sencillamente porque no era conveniente desde el punto de vista electoral.

José Ureña [Cronista de la campaña de Colosio]: El día 6 de marzo de 1994, por la mañana, se dirigían de la casa particular del licenciado Colosio al Monumento a la Revolución. En su trayecto el dicente le preguntó acerca del rumor respecto de que el presidente Carlos Salinas asistiría al evento del PRI, respondiendo el candidato: “No, él ya no va a ir a ningún acto del partido”. Cuando hace esta afirmación Luis Donaldo Colosio agachó la cabeza sobre el volante. Se notaba con tristeza. También iban los señores Miguel Reyes Razo, Juan Arvizu y Ramiro Pineda. También recuerda que en ese trayecto, el señor Reyes Razo le preguntó al candidato lo siguiente: “Oiga, ¿nada más usted vio su discurso?”. El candidato contesta afirmativamente, que la noche anterior lo había terminado de corregir. Le pregunta el mismo periodista si ha visto al presidente Salinas y contestó el candidato que no lo había visto.

El Fiscal [A Salinas]: ¿Recibió con anticipación el discurso que Luis Donaldo Colosio pronunció el ó de marzo de 1994?

Salinas: Sí, en la noche, ya tarde el día 5, primeros minutos del día 6.

José Córdoba: Envió dos copias, una dirigida al ex presidente de la República y otra al declarante. Llegaron a Los Pinos entre, creo recordar, la una y las dos de la mañana. Era la hora natural; los discursos menores se terminan con días de anticipación, los discursos mayores se terminan siempre en la madrugada del día en que se pronuncian. Yo leí el discurso cuando llegué a mi oficina la mañana del 6 de marzo, entre ocho y media y nueve de la mañana.

El Fiscal: ¿El ex presidente de la República sugirió al licenciado Luis Donaldo Colosio modificaciones al discurso aludido?

Córdoba: No creo que ese haya sido el caso. El mismo 6 de marzo en la mañana, como en la mayoría de los días, hablé con el ex presidente Salinas al inicio de la jornada, entre las nueve y las diez. Me comentó que había leído el discurso que el licenciado Colosio había tenido la deferencia de hacerle llegar en la madrugada. No me comentó que le hubiera hecho algunas sugerencias al respecto al licenciado Colosio.

El Fiscal [A Salinas]: ¿El discurso le provocó alguna reacción adversa?

Salinas: Adversa, no. Comentario sobre él, sí le hice al licenciado Colosio.

El Fiscal: ¿Qué comentario le hizo?

Salinas: El comentario se refería a los señalamientos en el discurso sobre las facultades presidenciales. Le comenté al licenciado Colosio que tal vez no era bueno rechazar facultades que después iba a necesitar.

El Fiscal: ¿Dicho discurso fue considerado por usted o alguno de sus colaboradores como una crítica a su gobierno?

Salinas: Por mí no fue considerado así, y no escuché comentarios de colaboradores en ese sentido. En mi testimonio escrito he hecho una reflexión sobre ese discurso. [Del testimonio escrito]: Sobre el discurso que pronunció el 6 de marzo de 1994, y del cual se han querido hacer infundadas interpretaciones, me permito comentar lo siguiente: la historia de las campañas presidenciales del PRI muestran que los candidatos van tomando su propio perfil, lo que se refleja en sus pronunciamientos públicos. Luis Donaldo Colosio y yo comentamos en diversas ocasiones sobre los cambios y las adecuaciones que requería la estrategia de desarrollo. El se proponía llevarlos a cabo. Sobre la oportunidad de pronunciarse sobre ellos, ésta se va dando durante las propias campañas. Yo mismo le hice llegar a Luis Donaldo el comentario, a fines de enero de 1994, que le convendría distanciarse más del gobierno, a pesar de que él se sentía tan comprometido con las políticas de la administración. Se me hizo saber que en la campaña había quienes no compartían la sugerencia sobre esa distancia. El mismo candidato era renuente a hacerlo, en gran medida por sus enormes cualidades de convicción, lealtad, buena fe y firmeza. En todo caso, aquel discurso que se ha señalado como significativo de una separación o un distanciamiento nuestro, me lo hizo llegar antes de pronunciarlo y yo de ninguna forma me opuse a que procediera como él lo tenía dispuesto.

Pedro Joaquín Coldwell [Entonces secretario de Gestión Social del PRI]: Fui recibido días antes del magnicidio por el señor licenciado Carlos Salinas de Gortari en su oficina de Los Pinos. En la charla que sostuvimos tocamos varios tópicos, uno de ellos el discurso que había pronunciado el 6 de marzo el licenciado Colosio. Recuerdo que el licenciado Salinas lo calificó como un discurso notable y vigoroso. El único punto con el que él no estaba de acuerdo, era en lo relativo a los señalamientos críticos al presidencialismo. El consideraba que el licenciado Colosio no debería enfatizar esos conceptos, porque él sería el próximo presidente de la República. Iba a presidir un régimen eminentemente presidencial. En consecuencia, no debería autolimitarse. Yo le comenté que, desde mi perspectiva, el presidencialismo mexicano se había acotado ya con dos decisiones importantes del sexenio. Una era la autonomía al Banco de México, la que a mi entender limitaba la injerencia del presidente en el diseño y aplicación de la política monetaria. La otra tenía que ver con la ciudadanización del IFE, con la cual el titular del Poder Ejecutivo prácticamente había dejado de ser el único árbitro electoral. El licenciado Salinas me manifestó su interés en que se fortaleciera la campaña del licenciado Colosio. Consideraba que, una vez registrado como candidato a la presidencia y después de las nominaciones de los candidatos a diputados y senadores, la campaña debería intensificarse aún más, para que el licenciado Colosio se consolidara como candidato y pudiera ganar las elecciones con toda claridad y transparencia. Al final de nuestra conversación me dijo que me acercara más al licenciado Colosio, que lo ayudara y que tratara de fomentar su candidatura entre toda la gente con la cual yo pudiera tener alguna relación. Debo precisar que a lo largo de mi entrevista con el licenciado Salinas, no percibí ningún enojo, ni encono en su relación con el licenciado Colosio, sino por el contrario observé la misma actitud que siempre le conocí, de amabilidad y respeto para él.

Federico Arreola [Periodista, amigo personal de Colosio]: El discurso del 6 de marzo de 1994 fue interpretado por los analistas, periodistas y en general por toda la opinión pública, como un rompimiento entre el licenciado Colosio y Carlos Salinas. Esto preocupó a Luis Donaldo, toda vez que el licenciado Salinas de Gortari nunca le llamó para felicitarlo. Ya había habido antes discursos con contenido similar al del 6 de marzo, por lo cual el rompimiento bien pudo haber sucedido antes, ya que había habido críticas al propio licenciado Salinas de Gortari y a su gobierno. Recuerda que un artículo de Francisco Martín Moreno en el periódico Excélsior; narra una alegoría donde en el texto aparece que el licenciado Colosio tenía que “matar” a su hermano Carlos Salinas. El licenciado Colosio le comentó que eso era lo que la gente quería, que rompiera con el licenciado Salinas de Gortari y su gobierno, que lo haría pero con mucho cuidado para no lastimarlo. Con ese artículo la campaña se cimbró, se sentía la necesidad de que Colosio rompiera con Carlos Salinas para poder crecer en su campaña.

Ramiro Pineda [Entonces jefe de prensa de Colosio]: El lunes 7 de marzo me comenta el licenciado Colosio:

Colosio: Ramiro: hay que ver cómo le hacemos porque quedó la percepción de que hubo molestia por el discurso pronunciado el día de ayer. Hay que hacer ver que no ha habido ningún distanciamiento.

Pineda: Pronunció un discurso ese día en la explanada del Partido Revolucionario Institucional, donde de alguna manera trataba de hacer cambiar esta percepción.

Refiere El Fiscal: Ante las diversas interpretaciones que trajo el discurso del 6 de marzo de 1994, Gilberto Borja Navarrete y Raúl Salinas de Gortari refieren que el 8 de marzo de ese año, cuando el licenciado Luis Donaldo Colosio acudió a la sobremesa de la reunión del llamado Grupo de los 10, en casa de Carlos Hank González el candidato expresó su preocupación ante las interpretaciones de prensa de que implicaba un alejamiento o crítica al presidente de la República y dijo:

Colosio: Yo amo al presidente Salinas.

El Fiscal: Como dejando en claro que no bahía ningún distanciamiento o ruptura, lo cual Gilberto Borja interpretó como un mensaje para el propio presidente Salinas. Otro de los presentes, Francisco Galindo Ochoa, dijo que de esa reunión sólo recordaba que el licenciado Luis Donaldo Colosio volteó a ver a Raúl Salinas y dijo: Colosio: Yo amo a Salinas.

Gilberto Borja Navarrete [Entonces presidente de ICA]: Después de esa reunión del 8 de marzo, teniendo yo el detalle del sentimiento de las reuniones empresariales, consideré conveniente ver al licenciado Salinas. Me dio cita el 16 de marzo y le expresé mi deseo de que sería muy interesante para él conocer el sentir general de lo que la gente decía. Le hice una pregunta: “¿Qué no será que la gente está entendiendo que no debe ser Colosio?”. Se incomodó a la pregunta, porque me expresó que ya lo había aclarado en un desayuno con los diputados del Congreso. Dijo:

Salinas: ¿Qué no oíste que ya expresé que no se hagan bolas?

Borja: Yo le comenté que lo había leído pero que la gente seguía pensando que Luis Donaldo necesitaba más apoyo. ¿O qué: queremos que pierda Luis Donaldo?, le dije. ¿O qué: el discurso del 6 de marzo ha impactado? ¿O qué: no recuerda usted que esto es tradicional? Yo hacía esas preguntas para ser más enfático y escuchar del presidente Salinas el apoyo a Colosio. ¿O qué: no conoce usted lo que expresó Luis Donaldo en la comida sobre su persona? Ahí estaba Raúl en la comida del 8 de marzo. El presidente me dijo:

Salinas: Tú tampoco te hagas bolas y vamos adelante.

Borja: Seguí insistiendo y le expresé: “Pues me voy hecho bolas”.

El día menos pensado

Refiere El Fiscal: En el libro que lleva por nombre ¡Escuche, Carlos Salinas!, y en entrevista con él, el periodista Miguel Angel Granados Chapa apuntó lo siguiente:

Granados Chapa: El martes 15 de marzo, en Monterrey, durante una clamorosa visita a su alma mater, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, sucedió que la magia de la recepción que se le tributó se interrumpiera por una silbatina, cuando eludió dar una respuesta ofensiva sobre Camacho, tal como lo sugería una pregunta intencionada[…] A la mañana siguiente, que sería la del último miércoles completo en la vida de Colosio, le pregunté a mi vez por qué había tomado esa decisión. En la casa de Raúl Cremoux, a instancias de Colosio, nos habíamos reunido para desayunar con el candidato priista además del anfitrión, Julio Faesler, José Agustín Ortiz Pinchetti, Carlos Ramírez y yo. Colosio respondió con lenguaje verbal y gestual. Explicó que Camacho y él sabían que el problema no era entre ambos, y empuñando la mano derecha, libre el pulgar hacia arriba, pareció decirnos, según la interpretación unánime que luego formulamos, porque Colosio no abundó en el significado del ademán, “sino con el de arriba”. El desciframiento de la clave se completó, aunque en términos igualmente crípticos, cuando enunció, sin lamentarlo, como si expusiera un hecho ajeno, que estaba siendo víctima “de las perversidades del sistema”.

Refiere El Fiscal: Respecto de las versiones que aludían a una ruptura entre Luis Donaldo Colosio y el entonces presidente de la República, el licenciado Santiago Oñate expresó:

Oñate: El comentario que escuché de él (Colosio) es que se trataba de versiones interesadas buscando un rompimiento que debilitase tanto al gobierno como a la campaña.

El Fiscal: ¿Puede identificar tal comentario!

Oñate: El comentario se produce en una plática personal, en la que me pregunta qué opinión me merece el que haya quienes le aconsejan tomar una mayor distancia en su carácter de candidato con la administración del presidente Salinas, a lo que respondo que no me parece que el momento de plantear tal distancia pueda ser previo a la formulación de un programa de gobierno, que sería en todo caso en éste donde valdría la pena marcar las diferencias, a fin de evitar que esto se reduzca a una confrontación personalizada. En la respuesta a mi comentario, me señala que le parece un planteamiento sensato sobre el que vale la pena empezar a trabajar documentos concretos. Volviendo al tema, me indica que quienes postulan la necesidad de un marcado rompimiento entre candidato y presidente buscan debilitar la campaña y debilitar al gobierno. Comentamos los altos índices de popularidad con que en ese momento cuenta el presidente Salinas de Gortari, el efecto que la popularidad del presidente tuvo en la elección de 1991 y la gratitud que hacia la administración de Salinas se encuentra entre muchísimos ciudadanos que han recibido beneficios del programa de Solidaridad.

El Fiscal [A Ricardo Canavati]: ¿Tuvo conocimiento de diferencias o ruptura política entre los licenciados Carlos Salinas de Gortari y Luis Donaldo Colosio Murrieta?

Ricardo Canavati: Diferencias sí, pero de ruptura no tengo base para hablar de ello.

El Fiscal: ¿Sabía quién o quiénes al interior de la campaña sugerían al licenciado Luis Donaldo Colosio que rompiera con Carlos Salinas de Gortari?

Canavati: El equipo de campaña directamente ligado a Luis Donaldo Colosio le decía que debía distanciarse del presidente Salinas, que debía emerger en forma independiente. Sinceramente sería irresponsable de mi parte señalar a alguien en lo personal o individual, porque no me consta honestamente de ninguno. Obviamente que no lo decían enfrente de mí, me ligaban tanto a Colosio como a la familia Salinas, a don Raúl (Salinas Lozano, padre del presidente Salinas) por lo que no hacían un comentario de él enfrente de mí.

Juan Burgos Pinto: Si mal no recuerdo, en una reunión de colaboradores más cercanos se comentó que sería prudente marcar una distancia entre el candidato del partido y el gobierno de la República, comentario que tampoco obtuvo respuesta del grupo que ahí nos encontrábamos. Estaba presente el secretario de Organización, el secretario de Elecciones, el secretario de Coordinación Política y un servidor, Soberanes, Amador Rodríguez, César Augusto Santiago y Carlos Armando Biebrich.

MEMORÁNDUM DE ERNESTO ZEDILLO, COORDINADOR DE LA CAMPANA, AL CANDIDATO LUIS DONALDO COLOSIO, 19 DE MARZO DE 1994

Señor candidato:

Considero indispensable externarte algunas reflexiones. Lo hago por este medio para ordenar mejor las ideas y tomarte menos tiempo. Es oportuno dado que estamos cerca de concluir el primer recorrido por el país y además el entorno de la campaña continúa siendo particularmente complejo.

Quiero iniciar con algo estrictamente personal. A la luz de lo ocurrido en estos meses, la convicción que tuve hace ya algunos años de que tú debieras ser el próximo presidente de México se ha reafirmado profundamente. Hoy me congratulo más que nunca de haber tomado muy pronto una decisión muy firme y no haber especulado con ninguna otra posibilidad. Es quizás más desde esta situación, que como parte del equipo de campaña, que deseo expresarte mis puntos de vista, aunque irremediablemente mi experiencia de estos últimos meses los alimentan.

Reitero primero lo muy sabido. Las condiciones de campaña han resultado ser sustancialmente distintas a las que, quizás imprudentemente, previmos en diciembre. Yo supe que una vez descontando la nueva pluralidad mexicana, esta campaña contaría con las condiciones más propicias en varios sexenios. En los hechos y atendiendo a la situación política, ésta será la contienda presidencial de mayor dificultad en varias décadas. Los amplios grados de libertad que tuvimos en diciembre, sencillamente desaparecieron a partir del 1° de enero y más señaladamente el 10 de enero.

La mayor dificultad obliga a asumir una actitud rigurosamente crítica. En lo que a mí respecta, debo admitir que en las condiciones de diciembre me pareció sensato ser sumamente condescendiente y hasta indiferente respecto a decisiones cuya racionalidad entonces no entendí o no compartí. Naturalmente, después del 10 de enero mi visión de la tarea ha variado radicalmente, pero sin que ello haya permitido superar las condiciones que se fijaron en diciembre para contender con una situación muy distinta. No tiene caso repasar lo sucedido. Lo importante es elucidar lo que se enfrenta de ahora en adelante y proponer soluciones. A riesgo de incurrir en exageraciones, es conveniente perfilar el escenario menos favorable, ya que es éste el que debe guiar cualquier estrategia de campaña.

La situación que enfrentamos tiene como principales rasgos los siguientes:

Como es de esperar —y legítimo desde cualquier punto de vista— la prioridad del Señor presidente es concluir satisfactoriamente su mandato. Así servirá él mejor al país y a su enorme orgullo de auténtico hombre de Estado. En la lista de tareas para lograrlo, el cuidado de la sucesión tuvo hasta el 10 de enero la más alta prioridad. Las circunstancias —auténticas o inducidas— que ha ido enfrentando han variado esa jerarquía. Ahora el mantenimiento de la paz social y la estabilidad financiera son propósitos que aparecen de mucha mayor importancia que el cuidado de una sucesión, digamos ortodoxa. Lo anterior, que es desde luego entendible, se ha acentuado por la influencia creciente de personas mal intencionadas en el ánimo del presidente. La combinación de la soledad del 6o año, la pérdida, anulación o distanciamiento de hombres de confianza y la tarea calculada y deliberada de algunos, dan una mezcla sumamente propicia para que vaya perdiendo importancia en el ánimo presidencial el cuidado de la sucesión. Después de todo, él debe pensar que su parte más importante —la de, en su oportunidad, apoyar tu candidatura— ya la cumplió, y que con ese impulso inicial la tarea por cumplir es esencialmente tuya. Es de esperar que se esté dando una influencia muy tenaz para desacreditar el valor de tus capacidades y de tu lealtad. Por otra parte, es un hecho que a pesar de los acontecimientos de Chiapas, el presidente conserva una enorme popularidad, que él valora y tratará de preservar frente al riesgo de otros acontecimientos negativos inesperados.

No obstante lo ocurrido el pasado 28 de noviembre, Manuel Camacho —antes o después del 1° de enero— decidió continuar jugando un papel protagónico en la política nacional y ha actuado con un plan muy preciso para cumplir con ese objetivo, aprovechando y cultivando en todo momento las nuevas prioridades del Señor presidente. Para tener ese papel protagónico ha visualizado diversas opciones. Desde la sustitución directa del candidato del PRI, hasta convertirse a partir de 1995 en el líder de una fuerza opositora importante y decisiva en el curso del país. Sus opciones pasan también por ser candidato de un partido distinto al PRI, o beneficiario de la presidencia como resultado de una negociación poselectoral. Es obvio que de acuerdo a las ambiciones de Camacho, cualquiera de esas opciones es superior a la de esperar que el próximo presidente, si acaso, lo llame a algún puesto de su gabinete. Desde su perspectiva no tiene absolutamente nada que perder, ya que en el peor de los casos se contempla a sí mismo como un fuerte líder de la oposición con oportunidad de acceder desde ahí a la presidencia en el año 2000.

Frente a la situación de incertidumbre y de mayor competencia, existen claras deficiencias en el partido y el equipo de campaña. Calidad insuficiente en los recursos humanos, falta de coordinación, una suerte de inconsciencia acerca de la situación que se enfrenta, y un aprovechamiento ineficaz de las fortalezas del candidato son los problemas más evidentes. Todo esto alienta las tentaciones de Manuel Camacho y acentúa el riesgo de distanciamiento por parte del Señor presidente.

El PRD, que se perfila con al menos la misma fuerza electoral que el PAN, es una oposición errática que no trabaja únicamente para ganar los votos. Se comporta como una fuerza que va por el desorden, el conflicto poselectoral y una negociación en la que obtengan algo de lo que no les dará la vía electoral. Sueñan con una gran crisis en la que estrepitosamente se extermine el PRI, o al menos, obtengan algunas posiciones de gobierno otorgadas por el próximo presidente a cambio de su apaciguamiento.

Considerando que es de la mayor urgencia que se enfrente cada uno de los cuatro aspectos anteriores, a reserva de proporcionarte mayores detalles, si así lo deseas, mis principales recomendaciones respecto a cada uno de los cuatro puntos, en el mismo orden, son las siguientes:

Tal como te lo propuse desde enero, debe establecerse clara y precisamente una alianza política con el Señor presidente. Debes ofrecer toda tu lealtad y apoyo para que él concluya con gran dignidad su mandato; no debes pedirle más que su confianza en tu lealtad y capacidad, externarle tu convicción de que él ya cumplió con la parte más importante de la sucesión y que ahora tú harás la que a ti te corresponde; que como parte de la estrategia de campaña se requiere un candidato que la gente sepa que no será manipulado por el presidente Salinas, pero que goza de su confianza y aprecio, y para eso es necesario que haya un acuerdo explícito sobre cómo se producirá esa percepción en la opinión pública. Cada vez que haya que señalar tareas pendientes y deficiencias del gobierno, mediará notificación previa y se será receptivo a observaciones sobre la forma de decirlo. Insisto, mi propuesta de celebrar este pacto es independiente de mi admiración y agradecimiento por el Señor presidente. Es una recomendación elemental, yo diría de libro de texto, de estrategia política.

Debe asumirse plenamente la oposición de Manuel Camacho. No es conveniente que siga siendo oposición activa sin tener los riesgos y dificultades de una oposición declarada y formal. Mucho menos debe aceptarse que continúe ganando puntos con el Señor presidente una persona que durante muchos años lo ha engañado y abusado de su confianza. Concillando en la medida de lo posible el propósito del logro de la paz en Chiapas, debe procurarse, a la brevedad, que opte por ser candidato de un partido de la oposición. Esta debe ser tu opción más atractiva. Estoy convencido que es la que dará menos problemas antes y después del 21 de agosto, incluyendo el sexenio 1994-2000. Además, derrotarlo en la elección daría una reserva de legitimidad de gran valor para la gobernabilidad que necesitarás como próximo presidente.

Debe mejorarse sustancialmente el desempeño de la campaña. Ello servirá para todos los propósitos. El principio para hacerlo ya lo dijiste el 6 de marzo. Hay que asumir plenamente la competencia. Para ello hay que hacer lo indispensable para tener un verdadero aparato de campaña (en el sentido riguroso de la palabra). Se requiere “el ejército, la disciplina y la estrategia”. Partamos de reconocer que estamos fallos en todo esto. Reestructuración del partido, del equipo de campaña, selección de candidatos (personas y método) y la implantación de una nueva disciplina de trabajo son tareas urgentes.

El acuerdo recién logrado, debe ser la base de un eficaz proyecto de neutralización del PRD. Debemos montarnos en ese acuerdo para lavar culpas pasadas y construir una credibilidad de la que hasta ahora se carece. Debemos proclamar ese acuerdo como el paso definitivo hacia la construcción de un sistema democrático moderno en nuestro país y expresarnos dispuestos a asumirlo hasta sus últimas consecuencias. Si se actúa con eficacia las probabilidades de éxito de cualquier agresión perredista serán muy reducidas.

Obviamente los cuatro puntos anteriores pueden ser desarrollados. Créeme que estoy profundamente convencido de lo que te expreso. En mis recomendaciones no hay interés personal alguno. Simplemente creo que es lo mejor para México.

Fraternalmente.

El Fiscal [A Carlos Salinas]: ¿Del contenido de dicha carta pudiera desprenderse la existencia de un distanciamiento entre el candidato y el presidente?

Salinas: Entre el licenciado Colosio y yo no hubo distanciamiento.

Ernesto Zedillo: La carta referida es uno de varios memorándums sobre estrategia que le hice llegar al licenciado Colosio durante la campaña. Los utilizaba para subrayar ciertos puntos que yo consideraba de suma importancia para la buena marcha de la campaña. Como se explica en el propio memorándum se trata de un corte de estrategia al aproximarse el final del primer recorrido. El memorándum es muy claro en insistirle al candidato en que variaron las circunstancias que previmos antes de los acontecimientos del primero de enero; que ello nos obliga a ser mejores en la campaña; que no nos conviene ignorar que hay personas que procuran generar en el ánimo presidencial una actitud negativa hacia nosotros y que ha llegado el momento de tener una estrategia precisa respecto al licenciado Camacho y le propone esa estrategia. Las razones de la propuesta sobre la alianza explícita con el licenciado Salinas se explican claramente en el propio memorándum por lo que no hay que suponer cualquier otra cosa. Como mencioné antes, los estudios de opinión reflejan claramente un deseo de la gente de tener una suerte de cambio con continuidad. En la imagen objetivo habíamos determinado como óptimo para propósitos electorales transmitir: “Luis Donaldo Colosio representa de manera convincente su propia posición política y goza de la confianza del actual presidente de la Nación y de las bases del PRI”. Esto suponía por una parte reconocer ante la gente los problemas del país, la responsabilidad del gobierno en ellos y hacer propuestas claras para su solución, y por la otra evitar que el discurso objetivo y crítico fuese utilizado para promover por parte de otros interesados un distanciamiento con el licenciado Salinas, que de acuerdo a las encuestas y a los grupos de enfoque de ninguna manera nos convenía. En otras palabras, lo que sugiere el memorándum es la determinación precisa de los valores entendidos entre el candidato y el presidente para cumplir esa parte de la imagen objetivo.

El Fiscal: ¿Cuál es su percepción sobre lo afirmado en ese documento, en el sentido de que durante 1994 Manuel Camacho decidió continuar jugando un papel protagónico en la política nacional, sin tener los riesgos de una oposición declarada formal aprovechando para ello las nuevas prioridades del presidente de la República?

Salinas: La importancia de encauzar el conflicto de Chiapas por la vía pacífica hizo que el trabajo del comisionado adquiriera una relevancia muy importante. Para mí lo importante era alcanzar este propósito, el sentar al grupo armado a la mesa del diálogo y la negociación y de ahí la relevancia del trabajo que desarrollaba el licenciado Camacho.

Emilio Gamboa: El día 19 de marzo de 1994 hubo un acto en la sede de la CTM, al concluir el de la voz viajó a bordo del mismo vehículo en que lo hacía el licenciado Salinas, regresando a Los Pinos. Cuando llegan a su oficina platican y entre uno de los temas el declarante reitera que la actitud de Manuel Camacho está dañando la campaña del licenciado Colosio, a lo que responde el licenciado Salinas:

Salinas: Dile a Luis Donaldo Colosio que se haga cargo de su equipo y del partido y que yo me haré cargo de Camacho.

Salinas: Dile a Luis Donaldo Colosio que se haga cargo de su equipo y del partido y que yo me haré cargo de Camacho.

El Fiscal [A Salinas]: ¿El licenciado Manuel Camacho aspiró ser candidato a la presidencia entre el 10 de enero y el 22 de marzo de 1994?

Salinas: No conocí ninguna manifestación decidida, explícita y concreta en ese sentido.

El Fiscal: ¿Pidió al licenciado Manuel Camacho no alentar las especulaciones sobre que él podría ser el sustituto del candidato?

Salinas: Yo le pedí que se pronunciara con claridad sobre su concentración exclusiva en las tareas como comisionado para la paz.

El Fiscal: ¿Qué opinó al respecto el licenciado Manuel Camacho?

Salinas: El me hacía ver que estaba concentrado en esa tarea, pero que su presencia pública le daba elementos adicionales de fuerza en la negociación frente al grupo armado. Nunca hubo aliento para la posibilidad de una candidatura.

El Fiscal: ¿El comisionado para la paz atendió su petición?

Salinas: El 22 de marzo sí.

El Fiscal: ¿En su opinión, lo expresado por el licenciado Manuel Camacho el 22 de marzo era un reconocimiento de que él buscó hasta esa fecha ser candidato a la presidencia?

Salinas: Yo lo interpreté como la terminación de una ambigüedad en las expresiones del licenciado Camacho.

Refiere El Fiscal: El día 22 de marzo. Manuel Camacho Solís, en conferencia de prensa, anuncia que no buscará la candidatura a la presidencia ni al Senado de la República.

Camacho [A la prensa]: Sí quiero ser presidente de la República, pero no a cualquier costo.

El Fiscal: ¿Cuál es el alcance de la expresión “Sí quiero ser presidente de la República, pero no a cualquier costo” que externó el 22 de marzo de 1994?

Camacho: Esa frase fue el caballito de batalla que me acompañó desde muchos años antes y que si no recuerdo mal la utilicé por primera vez en el Colegio de México por 1990. Quería decir que soy un político responsable, que tengo principios. Quería decir ese día 22 que por encima de una candidatura que me reclamaba una gran parte de la opinión pública del país y que tenía en toda mi posibilidad construir, estaba mi sentido de responsabilidad con las consecuencias de esa decisión y estaban mis principios éticos. Que por encima de una candidatura estaba la paz. El Fiscal: ¿El ex presidente Carlos Salinas le solicitó que no generara o alentara las expectativas de ser candidato a la presidencia de la República?

Camacho: Yo no generé o alenté ninguna expectativa mientras estuve en el estado de Chiapas y el día 11 de marzo fijé mi posición en los términos en que ha sido en varias ocasiones referido, como único recurso que tuve para evitar que se echara a perder el proceso de paz. La candidatura o la discusión de la candidatura, prácticamente la construyeron sin darse cuenta quienes estaban en contra de ella, porque para ellos la candidatura era ver qué tanto espacio se ocupaba en los periódicos. No tenían otra óptica que la distribución de posiciones del poder. Fue Colosio mismo quien no cayó en ese esquema y quien en su discurso del 6 de marzo abrió con claridad los grandes temas de la agenda nacional que la sociedad le reclamaba. Por el clima que había, y no porque yo estuviera impulsándolo, el presidente sí me solicitó y me exigió la aclaración de que no aspiraba a ser candidato a la presidencia de la República y que mucha gente me pedía que hiciera. El país estaba dividido en dos: unos reclamaban una candidatura y otros estaban en contra. Frente a este hecho político, sobre el que tanto se discutía en los medios, yo no tuve más camino que el de responder a mi propio análisis, a mi propia responsabilidad y a mis propias convicciones. Una de esas consideraciones que me llevó a tomar la decisión que tomé el día 22, fue precisamente el saber que Colosio no había sido víctima de quienes querían confrontarlo de manera insuperable conmigo y que me había ofrecido la posibilidad de una relación respetuosa en lo personal y digna en lo político.

El Fiscal: Tras la decisión de Camacho Solís de mantenerse al margen de la contienda presidencial, empresas mexicanas cotizadas en Wall Street registran al mediodía fuertes avances. Durante su gira por Sinaloa, Luis Donaldo Colosio emite un comunicado donde manifiesta:

Colosio: La declaración pública de Manuel Camacho confirma su entrega absoluta a las tareas de conciliación y pacificación que le fueron encomendadas por el presidente Salinas. (El comisionado) podrá llevar a cabo una conclusión exitosa que será reconocida ampliamente por los mexicanos que vemos en la unidad nacional y en la paz, la vía del progreso para la nación.

El Fiscal: En su escrito presentado al momento de rendir su declaración, el licenciado Carlos Salinas de Gortari indica:

Salinas: Si bien al conocer su retiro del cargo le envié un reconocimiento, el tiempo me ha permitido concluir que resultó equivocado darle a Manuel Camacho aquella responsabilidad en un momento tan delicado. Debo admitir que la actuación del comisionado fue más protagónica, y desató una mayor tensión en el entorno político de lo que yo había esperado. Es cierto que la ambigüedad de su comportamiento y el uso que hizo de los medios para promover lo que parecía ser una postulación independiente sembró profundas inquietudes en el partido, entre inversionistas y en observadores tanto internos como externos.

El Fiscal: ¿Se comunicó con el licenciado Colosio el 22 de marzo de 1994?

Salinas: En dos o tres ocasiones ese mismo día, para comentar con él varios acontecimientos muy favorables para su campaña, tales como que un día antes el secretario de Gobernación había anunciado que se había llegado a una culminación positiva del acuerdo político para realizar de manera ordenada y consensual la elección presidencial de agosto. Asimismo, los mercados financieros estaban reaccionando muy favorablemente al anuncio del comisionado para la paz en el que sin ambigüedades precisaba que no optaría por ninguna candidatura, confirmando la realización de la cena en su casa a la que me había convidado con anterioridad.

El Fiscal [A Camacho]: ¿Se comunicó con el licenciado Colosio el 22 de marzo de 1994?

Camacho: El día 22, después de que informé de que por encima de una candidatura estaba mi compromiso con la paz, me llamó Luis Donaldo Colosio a mi oficina de la calle de Observatorio. Luis Donaldo estaba emocionado. Me agradeció mucho, reiteradamente, el anuncio y la decisión que yo acababa de hacer. En su esencia, porque no recuerdo las palabras textuales, me dijo que le demostraba yo lo que él siempre había pensado que era: su amigo, su gran amigo. Tuvo expresiones sumamente favorables hacia mi persona, como político. Me dijo que todo estaba resuelto, que entre los dos haríamos grandes cosas por el país. Esa misma tarde, Colosio pronunció un discurso que sin duda es uno de sus mejores, más reflexivos y sintéticos textos, donde fija con toda claridad su posición política. Los mensajes son indudables, lo platicado en Gelati estaba expresado.

Concluye El Fiscal: De lo expuesto, queda de manifiesto que Carlos Salinas a posteriori reconoce que se equivocó, que Manuel Camacho tuvo una conducta ambigua (la indefinición de señalar si aspiraría a una candidatura) y que usó los medios para promover lo que parecía una postulación independiente; la especulación se generó por la designación primero como comisionado honoríficamente y seguido por la tolerancia que describen los testigos citados y que el propio Carlos Salinas admite al justificar la misma en atención al costo inevitable de dar prioridad a la pacificación en Chiapas y al comisionado para esa tarea, sin que puedan desprenderse elementos que establezcan un acuerdo para alentar la posibilidad de la candidatura de Manuel Camacho, ya que, por el contrario, se observa que se insistió con Manuel Camacho en que se deslindara de ello, aunque no con la firmeza que tal vez hubiesen demandado las circunstancias.

El rumor de la prensa. 24 de marzo de 1994

Se lee en la prensa que Colosio llegó al aeropuerto de Tijuana el día 23 de marzo, al cuarto para las cuatro de la tarde, en un avión del Partido Revolucionario Institucional. Había unas dos mil personas en el aeropuerto. Al verlo aparecer, la muchedumbre corrió hacia él como hacia un cantante de moda y lo apretó contra la camioneta Blazer que iba a utilizar para su gira. Colosio subió al techo de la Blazer y saludó a la muchedumbre que lo ahogaba. Los miembros de su escolta apartaron medio metro el entusiasmo de la gente, abrieron la portezuela del vehículo y rescataron al candidato de su popularidad desordenada.

La Blazer de Colosio dejó el aeropuerto entre rechinidos de llantas. Levantando polvo, enfiló hacia el este siguiendo la modesta alambrada que marca en esa zona la línea fronteriza de México y Estados Unidos. Atrás se alinearon los cuarenta vehículos de la comitiva, obstruyéndose, rebasándose, disputando los lugares en la caravana. Antes de llegar a Tijuana, la Blazer de Colosio giró a la derecha y bajó a las hondonadas de Lomas Taurinas donde la gente ha construido una ciudad perdida, ilegal, rebosante de caos urbano, sueños y agravios populares. Al llegar al puente que separa Lomas Taurinas del mundo, Colosio bajó de la Blazer y entre empujones, como en toda su campaña, por su obsesión de que no lo secuestrara el equipo de seguridad, caminó por el puente de madera podrida, se detuvo a medio puente, saludó hacia todas partes y entró en Lomas Taurinas.

Era un hombre radiante, cientos de manos amigas se tendían a su paso. Bajó setenta y cinco metros de una cuesta y llegó al presidium del mitin, que él llamó “asamblea popular”. Una banda tocaba cumbias. Todo era calor, entrega, comunión, salvo en la manta de un puñado de jóvenes que decía Ojo:

Camacho y el subcomandante Marcos te vigilan. Camacho era el comisionado del gobierno que negociaba la paz en Chiapas del que se había hablado con insistencia como sustituto en la candidatura presidencial de Colosio. El subcomandante Marcos era el dirigente blanco de la rebelión indígena de Chiapas iniciada el 1 de enero de 1994. En otra manta se leía: Di no a Televisa. Televisa era la primera empresa televisiva del país, célebre por su adhesión al gobierno. Y en el reverso: En Baja California decimos ¡basta! No más circo, no más engaños, no más PRI-gobierno. PRI-gobierno era la expresión que había acuñado treinta años antes el senador Manuel Moreno Sánchez al iniciar sus críticas desde dentro del sistema político en el que había vivido y cuyas entrañas conocía tan bien.

Durante la asamblea popular la lugareña Sofía Colín le dijo a Colosio que no se habían llevado a cabo las obras de reconstrucción por las inundaciones de la colonia el año pasado. Colosio respondió que el eje de su gobierno sería “la iniciativa popular”. Fue su última promesa de campaña. Luego dijo las últimas palabras de su vida: “Vamos, amigas y amigos, por la presidencia de México. [Es decir: vamos a ganar la presidencia de México]. El poder ciudadano a la presidencia de la República, [es decir: vamos a llevar el poder ciudadano a la presidencia de la República], La iniciativa popular a la presidencia de la República, [es decir: vamos a llevar la iniciativa popular a la presidencia de México] para que gane Tijuana, para que gane Baja California y para que gane México. Para que ganemos todos”.

Eran las cinco de la tarde. Colosio bajó del presidium y caminó rodeado de su escolta, apretado por la muchedumbre. En un punto donde la marea humana casi había detenido su marcha, una pistola asomó entre la valla junto a su cabeza. Hubo dos estruendos suaves, apagados por la música y el rumor de la muchedumbre. Colosio se desplomó sangrando. Salieron a relucir pistolas en las manos de su escolta. La gente que estaba cerca se desbandó gritando. Un militar llamado Cantú vio disparar al homicida: un joven lampiño, en jeans y camisa negra. Se echó sobre él y lo oprimió con su peso hasta desarmarlo. La gente pateó y golpeó al muchacho.

Con el cuerpo inerte y sangrante de Colosio en los brazos, su escolta pedía espacio para avanzar entre la gente hacia la camioneta Blazer, distante todavía unos sesenta metros del lugar del disparo. Tardaron cinco minutos en recorrer ese tramo. A tumbos subieron el cuerpo del candidato a la camioneta. Al salir de Lomas Taurinas lo pasaron a una ambulancia. Colosio llegó al Hospital General de Tijuana a las cinco y diecisiete minutos de la tarde, hora del Pacífico.

En Lomas Taurinas los guardias forcejeaban con el joven agresor y con la gente que quería lincharlo. “Mátenlo”, gritaban unos, otros lloraban, otros tiraban piedras. El coronel Reynaldos del Pozo del Estado Mayor, asumió la custodia del detenido. Seguido e insultado por la gente se abrió paso hasta una camioneta de la escolta y subió al agresor al asiento de atrás, flanqueado por dos de sus hombres. En ese momento aparecieron patrullas y motociclistas de la policía municipal de Tijuana. Azuzados por la gente, rodearon la camioneta y encañonaron a Del Pozo, al detenido y a sus custodios. “Quítenselos”, gritaba la gente. Del Pozo se identificó, los recién llegados se allanaron a sus instrucciones y le sirvieron de escolta para salir del lugar. Cuando los policías y del Pozo arrancaron, la turba reaccionó como ante cómplices: apedreó la camioneta que partía con el detenido, las patrullas que lo seguían, las motos que les abrían paso.

Los médicos del Hospital General encontraron dos disparos en el cuerpo de Colosio. Lino en el vientre y otro en la cabeza. El primer parte médico reportó al paciente delicado de salud. A las seis y cuarto se solicitó sangre tipo A negativo. A las siete y media llegó un helicóptero de la firma Life Flight que da servicio a los hospitales Palomar Medical Center, Scripps Memorial y Mercy Hospital de la ciudad de San Diego, sólo unos kilómetros al norte de Tijuana. La dirección del Hospital General de Tijuana anunció que Colosio sería trasladado a San Diego para ser intervenido. Su esposa Diana Laura Riojas se opuso. No discutieron.

Colosio murió al cuarto para las ocho de la noche, tiempo del Pacífico, cuarto para las seis de la tarde, tiempo de México. Había sufrido dos lesiones por proyectil de arma de fuego. Una en el cráneo, con orificio de entrada en la región temporal derecha y orificio de salida a nivel parietal izquierdo. Otra en el abdomen, con orificio de entrada a nivel subcostal izquierdo y orificio de salida a nivel subcostal derecho. Durante el traslado de Colosio al Hospital General de Tijuana, se realizaron maniobras de resucitación. Pasó directamente al quirófano donde se realizó una parotermia exploradora. Se descubrió que la bala en el abdomen no lesionó órganos fundamentales. Simultáneamente se realizó una craneotomía descompresiva que mostró una fractura en el parietal derecho. Al mismo tiempo, se drenaron los hematomas parencumatosos de la herida. Durante el procedimiento, Colosio presentó un agudo deterioro hemodinámico y sufrió el paro cardiorrespiratorio que terminó con su vida.

Más tarde, en la noche, se supo el nombre de su asesino, Mario Aburto Martínez, de 24 años, capturado en el lugar de los hechos. Rendía a esas horas sus declaraciones en la delegación estatal de la Procuraduría General de la República de la ciudad de Tijuana. (La Jornada, 24 de febrero de 1994.) n

 

Héctor Aguilar Camín


1 Miguel Montes (marzo 1994-julio 1994), Olga Islas (julio 1994-diciembre 1994), Pablo Chapa Bezanilla (diciembre 1994-agosto 1996).

2 La lista de la sospecha pública incluye para ese momento a todo mundo: el presidente de la República de la época del crimen, el comisionado de la paz en Chiapas de la misma época, el jefe de la seguridad del candidato asesinado, las tribus del PRI encargadas de cuidar al candidato, las tribus del narcotráfico supuestamente agraviadas por él y una lista exponencial de posibles cómplices y encubridores, entre ellos el presidente que nombra al fiscal.

3 Diana Laura Riojas padecía un cáncer pancreático terminal.