LA GEOGRAFÍA DE CARLOS FUENTES

La energía literaria más poderosa de las letras mexicanas se llama Carlos Fuentes, que irrumpió como un torbellino cosmopolita y moderno en la aún parroquial y polvosa vida mexicana de los 1950s. Fuentes encontró a la literatura mexicana con la textura del nopal y la volvió de rasgos universalistas y contemporáneos. Su obra es una de las lecciones más amplias y de ventanas abiertas a las que pueda atender un lector, no sólo en México: lo que ocurre en un rincón ocurre en todo el mundo, y lo que ocurre en el mudo ocurre para que un escritor, en un rincón del planeta, emprenda una obra vasta y laboriosa.

Casa con dos puertas (1970) es uno de los mejores libros de ensayos de Carlos Fuentes. El título podría extenderse para decir que la obra de Fuentes tiene varias puertas, y que, con asombro y adicción, el lector puede elegir cualquiera de ellas.

Hay un modo dual de leer al Fuentes narrador y al Fuentes ensayista. Al Fuentes de la novela Cambio de piel, de 1967, lo acompaña el Fuentes del ensayo La nueva novela hispanoamericana. de 1969; al libro de ensayos Geografía de la novela, de 1993. lo acompaña el Fuentes novelista de Diana o la cazadora solitaria, de 1994; al Fuentes narrador de La campaña. de 1990, y de El naranjo o los círculos del tiempo, de 1993. lo acompañan el Fuentes ensayista de Valiente mundo nuevo, de 1990, y de El espejo enterrado, de 1992.

Está la puerta de sus dos grandes novelas cortas, en realidad dos grandes poemas dramáticos, Aura, de 1962, y Cumpleaños, de 1969, o la de Constancia y otras novelas para vírgenes, de 1990. Y está la puerta de los cuentos impecables de Cantar de ciegos, de 1964; o la que nos conduce hasta la estancia de La región más transparente, de 1958, pasando por La muerte de Artemio Cruz, de 1962, hasta Terra nostra, de 1975, y Cristóbal Nonato, de 1987.

Cada nueva obra de Carlos Fuentes modifica a sus obras anteriores, que a su vez modifican a la obra en turno, o en marcha. Hablamos, pues, de una tradición en sí misma.

La universalidad de Fuentes se ha impuesto a todo, incluso a la manera parroquial en que las metrópolis solían y suelen desdeñar o condescender con las creaciones de la periferia. No es casual que uno de los mayores logros de la obra de Carlos Fuentes, de su obra crítica incluso, haya consistido en poner a la periferia en el centro del mundo. Si todos somos excéntricos, ha dicho el mismo Fuentes, entonces todos somos centrales. Fuentes ha sido una especie de vigía para anticipar, antes que nadie, de dónde viene la gran literatura. Fue así con el llamado boom latinoamericano; lo fue después con las grandes novelas en lengua inglesa y francesa provenientes de literaturas precisamente periféricas. Desde esta óptica cosmopolita, Fuentes también ha sido un impugnador de la lengua española hasta dejarla a la altura de los tiempos.

Carlos Fuentes es también una obra en construcción, en continua construcción, llamada Carlos Fuentes. Octavio Paz dijo que Fuentes era un combatiente en las fronteras del lenguaje.

Añadiríamos que es también un combatiente en las fronteras de sí mismo. Fuentes ha tratado de estar un paso adelante del mismo Fuentes, de ir más allá de su última frontera, con cada texto, con cada libro, combatiendo con pero también contra sus poderes literarios y contra él mismo. El resultado de tal combate estelar es una de las grandes obras literarias de las letras extraterritoriales del siglo XX. n