LA REVOLUCIÓN

SALDOS DE LA REVOLUCIÓN

De la revolución mexicana quedan, a principios del siglo XXI, las utopías no realizadas. Toda revolución tiene dentro de si utopías como la igualdad y la fraternidad; esas utopías, aunque no son realizadas por la revolución, siguen vivas. La revolución mexicana tuvo una profunda utopía de igualdad social, de la liberación del campesino mexicano, de las condiciones del peón: tuvo una utopía nacionalista, de definirse frente a las grandes potencias, y tuvo una utopía de la creación de la nación que se plasma en el mito, verdaderamente el gran mito, no del indio, ni del español, sino del mestizo: todos los mexicanos somos mestizos, todos somos iguales, no hay en realidad indios, no hay en realidad españoles. Parte de esas utopías se han realizado; por ejemplo: la revolución mexicana fue una tremenda redistribución de la riqueza y del ingreso. La fuente fundamental de la riqueza, que era la tierra en un país agrario, fue redistribuida. Entre 1915 y 194O se redistribuyó la propiedad de la tierra en una forma notable. Hubo, hasta cierto punto, una consolidación de la independencia de México frente al capital extranjero que al final del porfiriato era prácticamente dueña del país. Hubo, también, un desarrollo de la nacionalidad en el sentido de que la cultura popular, que antes no formaba parte de la cultura nacional, y hablo del porfiriato se hizo el centro de un cine y de una literatura, de un folcklor que marcó todos nuestros años treintas y cuarentas y por delante, y que han contribuido a una homogenización utópica de la nación mexicana. Pero no somos más mestizos de lo que éramos en 1910. esto es un mito. Culturalmente sí somos más mestizos. Técnicamente no porque ,;de dónde mestizos? A México llegaron unos 200,000 españoles durante la colonia. En el momento en que había más españoles la relación era de 1 millón 700 mil a 60 mil.

Pero en los objetivos concretos de la revolución mexicana todo es ya cosa pasada. Por ejemplo; la idea de que podemos resolver el problema de los ricos y los pobres en México a través de la redistribución de la tierra, que fue el elemento central de la revolución mexicana, no tiene para hoy ningún sentido: la idea de que la democracia es sólo una democracia social, que la igualdad social resuelve todo lo demás, eso creó monstruos al final. El PRI era verdaderamente un partido autoritario. De la revolución mexicana algunas cosas ya se realizaron, y otras cosas son totalmente obsoletas. Los mexicanos tenemos que entender que miramos desnudos al siglo XXI

—Enrique Semo

Hay todavía uno de los valores planteados por la revolución mexicana que tiene vigencia: el de la justicia social. Sabemos que es inalcanzable, porque la justicia social absoluta y perfecta no existe sobre la tierra, pero es algo que siempre debemos tener en mente. Si perdemos esa esperanza, perdemos toda posibilidad de mejorar en ese camino, en el camino de la justicia social, siempre y cuando tengamos algo claro: que es un mundo feliz que si acaso alcanzáramos vamos a encontrarlo espeluznante. En la humanidad hay una especie de vaivén entre la tiranía y la democracia; cuando se viven democracias muy amplias y abiertas suspiras un poco por la tiranía, por el orden, por el buen gobierno, y cuando estás en ese mundo feliz de orden y buen gobierno suspiras por la democracia y viene la revuelta. Así una y otra vez.

—Luis González de Alba

EL CRIMEN DE ZAPATA

Yo aprendí de la escuela que la revolución mexicana había sido el levantamiento popular contra un dictador. Porfirio Díaz, que se había eternizado en el poder durante 33 años, cometiendo fraudes electorales de vez en cuando y que harto de él, el pueblo se había levantado en armas. Un tiempo después me enteré de que la renuncia de Porfirio Díaz se dio en mayo de 1911; pero se dice que el 20 de noviembre realmente comenzó la revolución. El veintitantos de mayo Porfirio Díaz, sin que éste todavía fuera derrotado ni cosa por el estilo, decide renunciar, y el 31 de mayo toma el vapor Ipiranga y se va a Europa, de donde jamás vuelve. Ese es un lapso de seis meses. Y entonces, ¿cómo se explican todos los enfrentamientos que se dieron durante los siguientes diez años? Ese relato es el que tenemos que armar y no seguir cargando todo el asunto sobre el levantamiento popular contra un dictador, porque ahí lo que tenemos es que Madero en 1911 llama de nuevo a elecciones, gana abrumadoramente y toma posesión el 6 de noviembre de 1911. Ha pasado apenas un año. ¿Qué nos dice de nuevo la historia oficial? Que un traidor y además usurpador. Victoriano Huerta, lo mató. Eso tampoco es cierto: mejor dicho: es cierto que lo mató, pero fue en 1913. El que se levantó en armas contra el presidente recién elegido con el Plan de Avala es nuestro héroe Emiliano Zapata, y habían pasado veinte días. La figura de Zapata es de las que yo pediría revisar. Me parece verdaderamente criminal. repito, criminal que una persona se levante en armas a los veinte días de que ha terminado una dictadura de 33 años.

—Luis González de Alba

Hubo muchas revoluciones. La revolución que hizo Emiliano Zapata no fue la misma que la que hizo Madero, y la que hizo Pancho Villa fue muy diferente a la que pensaba, por ejemplo, la gente de Carranza. Lo que necesitamos saber es si se rompió la estabilidad de una sociedad y se rompió la paz social, y los conflictos tomaron un carácter frontal y violento, y se desencadenaron mil fuerzas que había en la nación mexicana, la nación mexicana extraordinariamente heterogénea, pese al mito de la unidad, con un sur y un norte que tienen enormes diferencias, con una Ciudad de México que pertenece a un mundo extra. Cada uno tomó un camino diferente para satisfacer sus demandas. Ahora: definitivamente, nuestros niños y jóvenes tienen que aprender sobre la revolución mexicana cada vez más la verdad y no la ideología de la revolución mexicana que produjo una revolución mexicana totalmente inexistente y que servía a un partido determinado.

—Enrique Semo

EN GLORIFICACIÓN DE LA DERROTA

Hay una glorificación de los derrotados en toda la historia de México. No sólo en la revolución, también los derrotados de la independencia son nuestros principales héroes: Hidalgo, Morelos. Los que no alcanzaron a hacer la independencia son los héroes principales; los que hicieron la independencia no son nuestros héroes. En la revolución pasa exactamente lo mismo, hay una especie de afán mexicano por sospechar del triunfo, por sospechar del que gana. Ese es un asunto del alma que habría que revisar desde el punto de vista de la sicología social.

—Luis González de Alba

Han existido dos posiciones sobre la revolución mexicana: los que debido a ella se encumbraron en el poder gozaron de los buenos momentos de la revolución mexicana, cosecharon sus frutos y por eso siempre la vieron como una revolución triunfante; los que se quedaron al margen de los frutos y desarrollaron una posición crítica hacia ella. Pero no es sólo un problema de vencedores o vencidos. Hay que preguntarse qué representaban los vencidos, qué defendían, qué proyecto tenían para México y qué representaban los vencedores. Fueron derrotados los anarquistas, los grandes ejércitos campesinos, los rancheros del norte. Salieron ganando las clases medias urbanas, los terratenientes. Lo impresionante de la revolución mexicana es que si bien puso en marcha a millones de campesinos, las haciendas no desaparecieron. No hay paralelo en la historia de las revoluciones. Por ejemplo: la revolución francesa deshizo las grandes propiedades territoriales al segundo año de acción. Y al segundo año de la revolución rusa ya no había grandes propiedades, los campesinos las tomaron de una u otra manera y a los nuevos gobiernos sólo les quedó legalizar la nueva situación. En cambio aquí todas las haciendas sobrevivieron hasta los años treinta por lo menos.

—Enrique Semo

LAS DEMANDAS BURGUESAS DEL PLAN DE AYALA

En el Plan de Ayala, lo primero que pide Zapata es la destitución de Madero, porque le parece que traicionó los ideales y no explica cuáles. Lo que dice el Plan de Ayala es: queremos que la tierra vuelva a sus legítimos propietarios previa demostración, con títulos de propiedad, de quién es el dueño. Ese es el punto uno sobre la tierra, es decir, ellos se sienten robados de sus tierras y las van a regresar a los propietarios de esas tierras que van a mostrar los títulos. La segunda parte sobre cuestiones de tierra es: se va a expropiar, pagado, o sea que no es expropiación, se va a expropiar, pagado, un tercio de las haciendas, y con eso se va a dotar a los que no tienen tierra. Esas me parecen demandas absolutamente, como decían antes los revolucionarios, burguesas.

—Luis González de Alba

DIGNIDAD O BIENESTAR

El pueblo mexicano tiene un sentido de la dignidad más fuerte que el del bienestar, y lo que nos demostró en la revolución mexicana es que la opresión llevada a un extremo produce esa rebelión, por parte del pueblo, fincada en su signo de dignidad. Esto tiene sentido para el futuro. Una de las razones para tener optimismo en el siglo XXI es ese gran sentido de dignidad del pueblo mexicano que en muchos momentos de su historia ha dicho: basta; y aunque esté seguro de que va a perder, o no sepa qué pasara, no acepta más y se rebela. Este es un aspecto fundamental.

—Luis González de Alba

UNA SOBERANÍA PROVINCIANA

Hemos heredado de la revolución mexicana una concepción de la soberanía mexicana que es totalmente municipal: pensamos que se es soberano en la medida en que no permitimos la acción de los extranjeros que siempre son nefastos: en la medida en que cerramos la industria a las fronteras y la intervención de capital extranjero. Esa concepción de soberanía viene precisamente del nacionalismo revolucionario y es insostenible en la actualidad. No hay un país que se pueda cerrar, no porque lo desee o no lo desee sino porque lo impone la fuerza general del mundo. De nada nos sirve oponernos a esa apertura de fronteras y de mercados. Las computadoras están aquí y con eso podemos transferir dinero en una milésima de segundo, y colocarlo en Corea. Eso es un hecho.

—Luis González de Alba

El concepto de soberanía que nos rigió entre los años veinte y ochenta, digamos, está agotado; necesitamos replantear nuestra idea de soberanía. Como se sabe, el concepto de soberanía tiene sus historias, y cambia con el tiempo. Ahora vivimos una época de mundialización del capital, del movimiento de la fuerza de trabajo; tenemos unos quince millones de mexicanos del otro lado de la frontera con Estados Unidos. Ya no hay posibilidad de que un Estado determine de qué se entera su población y de qué no se entera porque las fronteras están rotas; el problema de la defensa y los daños al medio ambiente no siguen las fronteras nacionales. Pero existe tal cosa como la nación mexicana en la realidad. Habemos cien millones de habitantes que tenemos un pasado histórico común, un destino actual común, que ocupamos un territorio y por lo tanto sí hay derecho a decir: queremos un lugar determinado para todos nosotros en el nuevo mundo que se está forjando. En eso está la nacionalidad… hoy.

—Enrique Semo  n