Cada vez que se presentan cifras de pobreza de manera bienal, la discusión se centra en la coyuntura y además se politiza. Ya sea que la pobreza baje o suba, los gobiernos en turno quieren defender su trabajo o presumirlo, y la oposición busca defender el lado contrario. Muchas de esas discusiones que hoy dominan la prensa y los debates tienen carácter coyuntural: el crecimiento económico, la inflación, la inseguridad. En una democracia eso se espera. En el caso de la pobreza este fenómeno se multiplica dada la sensibilidad política del concepto.
El problema es que la discusión coyuntural y álgida políticamente dificulta considerar el punto de vista del contrario y, en ocasiones, impide ver los hechos. Pero lo más importante: la discusión polarizada obstaculiza tomar las mejores lecciones históricas de los sucesos. El país podría aprender mucho de las acciones de diversos gobiernos que tuvieron aciertos en pobreza, así como de los retos que hemos enfrentado, si los analizamos sin encono político. Si realmente se quiere reducir la pobreza en los años siguientes y fortalecer el bienestar de quienes menos tienen, sería muy valioso analizar lo que ha sucedido en el largo plazo. Pero la coyuntura a veces lo impide.
Este 2026, que no es año de cifra de pobreza, es un buen momento para mirar a la pobreza en el largo plazo e intentar ver con claridad lo que ha pasado y aprender de esa historia. Por eso, el documento Evolución de la pobreza 1950-2024: aciertos y pendientes para la movilidad social y la igualdad de oportunidades, que presenta el Observatorio Social CEEY, es un intento de tomar las mejores lecciones de 75 años de datos de pobreza y ver los resultados fríamente.

Los hallazgos más relevantes son:
A pesar de que la pobreza —medida con ingresos— sigue presente y afecta a casi el 35 % de la población, es importante reconocer que ha bajado desde 1950, cuando ésta era de casi 90 %. Algo hemos hecho bien en el país para que esto haya sucedido. Algo han hecho bien varios gobiernos.
El documento utiliza series de pobreza ya existentes y agrega los datos recientes de Coneval e Inegi para generar una serie de largo plazo. La serie no está exenta de problemas de comparación pues las fuentes no siempre son las mismas. Pero hoy es el mejor acercamiento que se tiene a la historia de 75 años. Cuando existan series históricas novedosas, habrá que rehacer el análisis.
Con esa serie, los datos son contundentes: la pobreza se redujo entre 1950 (1956) y 1984, entre 1996 y 2006 y entre 2014 y 2024. La tendencia no tiene duda. Esto quiere decir que gobiernos de esos años algo hicieron bien para bajar la pobreza. Y esto implica que son gobiernos de varios partidos políticos. El documento busca establecer qué acciones públicas pudieron incidir en esa reducción (no se busca medir una causalidad precisa, pero si encontrar las intervenciones públicas lógicas que expliquen esos cambios).
La gráfica muestra el resumen de este análisis.
Uno de los retos persistentes es la deuda en movilidad social.
A pesar de esos avances, el análisis de largo plazo revela que hay limitaciones estructurales. En México la reducción de la pobreza no se ha traducido en un aumento significativo de la movilidad social1. Esto refleja que el origen socioeconómico sigue siendo un determinante central del destino de las personas. La desigualdad de oportunidades persiste y limita el impacto de las políticas públicas en el largo plazo.
Además, el crecimiento económico en México ha sido insuficiente y volátil, sobre todo en las últimas décadas. Esto restringe la capacidad de generar empleos de calidad y sostener reducciones continuas de la pobreza. Por último, la inversión pública y privada, así como la productividad, se mantienen por debajo de lo necesario, lo que limita el desarrollo de capacidades productivas y el acceso a oportunidades. En conjunto, estos factores explican por qué el país puede reducir la pobreza, pero no transformar de manera estructural las condiciones que la generan.
Recomendaciones generales de política pública:
- Adoptar las mejores prácticas de reducción de la pobreza llevadas a cabo por diversos gobiernos.
- Incorporar la movilidad social como objetivo explícito de política pública.
- Fortalecer la inversión en capital humano desde la primera infancia.
- Establecer como objetivo explícito eliminar la pobreza extrema.
- Desarrollar un Sistema Nacional de Cuidados.
- Reforzar la progresividad y eficiencia del gasto social, así como ampliar la base fiscal.
La discusión política de la pobreza es parte de la democracia, pero a veces impide ver en qué avanzaron diferentes gobiernos. De vez en cuando vale la pena ver más allá de la coyuntura política.
La pobreza ha bajado de manera sustancial en 75 años pues hemos hecho, en muchas ocasiones, las cosas bien. Sin embargo, también es claro que los avances han sido incompletos. El principal reto del país sigue siendo la persistencia de la desigualdad de oportunidades y la baja movilidad social. Reducir la pobreza alivia carencias y genera mejoras que pueden ser coyunturales. Pero igualar oportunidades cambia destinos.
El país cuenta con la evidencia, la experiencia y los instrumentos necesarios para lograrlo. El reto es traducir ese conocimiento en políticas públicas que permitan que el origen deje de determinar el destino.
Raymundo Campos
Profesor e investigador en El Colegio de México. Es director del Centro de Estudios Económicos del Colmex.
Gonzalo Hernández Licona
Director del Observatorio Social CEEY
