En 1972 la revista Plural dedicó su número de octubre a “Los escritores y el poder”. Octavio Paz escribió: “como escritor mi deber es preservar mi marginalidad frente al Estado, los partidos, las ideologías y la sociedad misma. Contra el poder y sus abusos, contra la seducción de la autoridad, contra la fascinación de la ortodoxia. Ni el sillón del consejero del Príncipe ni el asiento en el capítulo de los doctores de las Santas Escrituras revolucionarias”. Más de veinte años después, la polémica acerca del papel del intelectual frente al poder sigue vigente y ha propiciado dos libros en este sexenio, emparentados en forma y fondo.

Los intelectuales y el poder (Joaquín Mortiz) es una conversación entre Gastón García Cantú y Gabriel Careaga. En ella se recorren los pasillos que han comunicado las cámaras del poder con las aulas, los lugares de escritura y las salas de redacción. El recorrido va desde la generación de 1910 hasta la disputa que generó el Coloquio de invierno de 1992. Se detiene sobre todo en los momentos y en los lugares en los que García Cantú fue protagonista o espectador privilegiado. En los personajes que desfilan por la conversación (Ignacio Manuel Altamirano, José Alvarado, Alfonso y Antonio Caso, Daniel Cosío Villegas, Fernando Benítez, Fernández de Lizardi, Pablo González Casanova, Novo, Revueltas, Vasconcelos. Carlos Fuentes, Gabriel Zaid, entre otros) observamos la edificiación de las ideas que han alimentado la polémica.

Por su parte, Creación y poder (Joaquín Mortiz) está compuesto de nueve entrevistas con intelectuales que han participado en la polémica sobre su actitud ante el poder, o han participado de él. Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Carlos Monsiváis, Víctor Flores Olea, Mario Vargas Llosa, Enrique González Pedrero, Rafael Tovar y de Teresa, Federico Reyes Heroles y Jorge G. Castañeda -interrogados por Alejandro Toledo y Pilar Jiménez Trejo- entrelazan sus formaciones personales con la historia del México contemporáneo, ésta con su obra y con las de los demás.

En ambos libros se aprecia el afán por desentrañar la biografía de la intelectualidad mexicana y de sus relaciones con el poder como punto de referencia. Al mismo tiempo, señalan esa carencia en nuestra bibliografía: la historia y el panorama actual del mundo de las ideas mexicanas está por escribirse, más allá de estos esfuerzos fragmentarios y testimoniales.

A TODA CRÍTICA

Miguelángel Díaz Monges

La crítica literaria es un género extrañamente autosuficiente: mientras haya un critico literario, habrá poesía -pudo haber escrito Bécquer. Desde que la crítica es una forma de creación, el derrumbe de los remordimientos y las sensaciones de frustración se convirtió en auge de grandes maestros del análisis. Más allá del disfrute del crítico, está el aprendizaje del lector -normalmente el propio criticado y sus más entrañables amigos y enemigos. Pero la buena crítica es mucho más: es la guía racionalizada para el instinto creativo; la inteligencia al servicio de la creación, quehacer por sí mismo creativo. Una grata proliferación de críticos se hizo su sitio durante este sexenio. Creció la capacidad crítica y se acentuó la polémica, dos consecuencias gratificantes e indispensables para hacer cada vez mejor literatura. Aquí, algunos ejemplos: 

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José Luis Martínez, Literatura mexicana siglo XX. 1910-1949. CONACULTA, México, 1990. 360 pp.

Edición de la publicada en 1949 por José Porrúa e hijos., Literatura mexicana siglo XX. 1910-1949 aparece intacta, casi como una pieza arqueológica de lo que fue la crítica literaria en la primera mitad de nuestro siglo. Si bien carece de la madurez que el tiempo confirió al autor, anuncia ya su enorme capacidad para analizar, ordenar y atraer con el uso del lenguaje. Se trata de un estudio exhaustivo y bien logrado que, a la luz de cuanta crítica e historia han aparecido posteriormente, sigue siendo un documento clave, digno de mayor respeto y de la reedición con que CONACULTA le rinde homenaje y le devuelve un papel que no puede ser protagónico, pero sí apreciable y hasta venerable.

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Rafael Olea Franco y Anthony Stanton (editores), Los contemporáneos en el laberinto de la crítica. El Colegio de México, México, 1994. 458 pp.

Esta compilación es el resultado del Congreso Internacional Los Contemporáneos. Homenaje a Jaime Torres Bodet lo merece, las ponencias reunidas en este bien logrado ladrillo no se ocupan sólo de su obra sino de la generalidad del grupo de escritores que se llamó Los Contemporáneos y que puede, aún en nuestros días, conservar tan provisional nombre dada la misma influencia que, en conjunto separado y tenazmente ligado por el devenir de nuestras letras, tiene en la actualidad literaria mexicana.

Autores de diversos pesos y orientaciones reunidos en doce subtítulos hacen de este trabajo del Colegio de México un documento crítico e histórico acerca de un periodo determiannte para la historia de la cultura mexicana.

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Christopher Domínguez Michael, La utopía de la hospitalidad. Ed. Vuelta, México, 1993. 219 pp.

Con La utopía de la hospitalidad, según afirma Domínguez, “el lector tiene en sus manos un trabajo nuevo sobre la base de materiales viejos”. Se trata de una recopilación de ensayos de crítica literaria escritos y publicados entre 1984 y 1991 en diversos medios y revisados por el autor para esta edición.

El libro consta de cuatro partes: “Reseñas románticas”, “El mar blanco y la tierra infértil”, “Islas de los bienaventurados” y “La agonía de Europa”. En general, hay en estos aglutinamientos, como en la totalidad del libro, una buena dosis de arbitrariedad. La reunión de los textos en un solo volumen se justifica, sin embargo, por ciertas características comunes: el auténtico goce del autor ante los temas que lo ocupan y la creación que le proponen; el uso de un lenguaje tan prolífico que muy eventualmente obliga a recurrir al diccionario, y la reflexión documentada y pausada, como llena de oxígeno, con que el crítico se convierte en recreador de obras.

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Adolfo Castañón, Arbitario de literatura mexicana (Paseos 1). Ed. Vuelta, México, 1993. 580 pp.

Al parecer, la arbitrariedad se ha puesto en boga. Adolfo Castañón la entiende -olvidemos la versión del diccionario- como una respuesta a sí mismo, lector que sólo lo es del todo cuando se convierte en escritor.

Pasear es deambular, divagar y disfrutar de los elementos que se van presentando. Quien relata un paseo abunda en pormenores. Los paseos de Castañón por la literatura llegan a sus escritos como reflexiones acerca de lo que de un largo -y sin duda placentero- deambular ha atraído su interés.

Un recuento arbitrario estructurado como diccionario, desplegado como historia y tratado como una semblanza de gustos y disgustos ajenos a calificativos o valorizaciones, hace de Arbitrario de literatura mexicana un documento de valor para cualquiera que se interese en una óptica ingeniosa.

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José Joaquín Blanco, Sentido contrario. Universidad Autónoma de Puebla. Puebla, 1993. 253 pp.

La crítica literaria puede moverse desde en la relectura hasta en la creación de un mundo en torno a un objeto -el libro- o un sujeto el autor. En este sentido, tiene la capacidad potencial de superar la idea de la crítica como creación para arribar a formas primigenias.

José Joaquín Blanco ya había demostrado, mucho antes de la aparición de Sentido contrario, su enorme vocación visualizadora de la obra y su contexto. Con soltura en el uso de las palabras, poco usual entre ensayistas, se da, con este libro, libertades bien merecidas: reúne diferentes autores sin más requisito que una forma peculiar de contrasentido. Así, encontramos reunidos a, por ejemplo, Voltaire con Kennedy Toole y Neruda, no por su obra o por improbables paralelos vivenciales sino por la aguda reflexión sin ortodoxias, comprensiva y multiabarcante, de un crítico literario que merece, sin duda, una mención destacada entre los demás.

AMORES DE CIUDAD

Miguelángel Díaz Monges

Luis Miguel Aguilar, Suerte con las mujeres. Cal y arena, México, 1992. 221 pp.

Suerte con las mujeres es un libro heterodoxo que se vale tanto del relato como de los inventarios para ofrecer, ya sea una mirada nostálgica de un barrio -“Retrato de la Condesa con cachorro”-, un recorrido actualizado, divertido y discretamente dramático por la vida poco errática del autor -“El sermón de la memoria” o “El nefasto gasero Berenice Escapulario”-, o sus carnets de singularidades y cinismos, propios y complementarios, casi siempre del fuero común -“Los misterios de la mujer” o “Las 40 confesiones”.

La narrativa de Luis Miguel Aguilar da la impresión de ser una introspección arrancada a un poeta predispuesto a acordarse de sí mismo sin compulsiones grandilocuentes o pretensiones megalómanas, sino más bien de buen humor, inclinado a evocar datos de su archivo memorioso, cómodo en la cascarita e huidizo de la cancha grande donde, sin embargo, parece merecer un buen lugar.

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Enrique Serna, Amores de segunda mano. Cal y arena, México, 1994. XXX pp.

La prosa de Enrique Serna goza de un carácter muy definido y particular, un cuidado sorprendente de la estructura de cada cuento y la elección de cada palabra. Lo distintivo, sin embargo, de Amores de segunda mano, es una imaginación sorprendente y bien tramada donde la crueldad, rasgo bien marcado de un mundo cínico desde todos sus ángulos, se convierte en una broma de esas que apagan la risa y dejan en la cabeza una especie de mosca desesperada: la mosca de la admiración reticente de la vida, del arte y el amor, la mosca -seguramente la misma- de la creación y -para algunos- de una envidia tolerablemente sana.

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Rafael Pérez Gay, Llamadas nocturnas. Ed. Cal y arena, México, 1993. 172 pp.

Entre la terrenalidad de la pobreza inaceptable (Escenas de mi madre llorando) y el inverosímil murarse a sí mismo en un nuevo entorno a través de la imagen pretérita situada en un terreno simultáneo, tangible, coloquial y, por ello, abrumador (La burbuja y otras noticias del futuro), Llamadas nocturnas, segundo libro de cuentos de Rafael Pérez Gay, es una colección de evocaciones que, como exige lo nocturno, se conforman de tinieblas que comparecen ante la luz.

Postales del paraíso, Escenas de mi madre llorando y El arte de la noche son las tres partes en que se divide este libro de voces escuchadas a deshoras hablando de pasajes de la vida, mezcla de realidad e imaginación -lo que lleva a acordarse de Tabucchi-, de un autor que equilibra el humor con la frase cuidada y un ritmo contenido, propio de la noche.

EL DISCRETO ENCANTO DE LAS CARTELERAS

Carlos Azar Manzur

En el sexenio que termina el periodismo cultural acaso obedeció a dos demandas: la novedad como única noticia y la preocupación de editores, escritores y reporteros por el mercado de los libros. Las carteleras de libros surgieron con el sexenio para satisfacer ambas demandas. Ofrecemos aquí un panorama de su florecimiento y caída.

La primera cartelera surgió en La Jornada semanal en los ochentas. De ahí pasó al suplemento “Lectura” del periódico El Nacional el 22 de abril de 1989. Según esta, los cuatro libros más vendidos eran Yo: Jorge Díaz Serrano, Limite en la amistad México y USA de Jorge Castañeda y R. A. Pastor, Las cicatrices del viento de Francisco Martín Moreno y La Quina, el lado oscuro del poder de Salvador Corro y José Reveles. Un mes después, El discurso filosófico de la modernidad de Jürgen Habermas salió de la nada para situarse en el cuarto lugar. En junio de 1989, la hoy desaparecida Revista de revistas inauguró su cartelera con muy pocas coincidencias con la de “Lectura”. Por ejemplo, El general en su laberinto de Gabriel García Márquez ocupa en ella el sexto lugar y el primero en “Lectura”. Como agua para chocolate de Laura Esquivel ocupa el segundo lugar en “Lectura” y no aparece en Revista de revistas. En agosto, Revista de revistas señala a Gabriel Careaga con El siglo desgarrado y a Carmen Boullosa con Antes en los dos primeros lugares, y a La hermana secreta de Angélica Marra de Luis Zapata y La revolución y el Estado mexicano de Arnaldo Córdova en los cuarto y quinto lugares respectivamente. Estos libros no figuran en la cartelera de “Lectura”. En septiembre de este año “Lectura” lanza al primer lugar a Laura Esquivel, mientras que en octubre Revista de revistas pone a la cabeza La seducción de Jean Baudrillard.

Este tipo de irregularidades se extienden hasta 1990, para beneplácito de los amantes del humor. Incluso surgen otras de naturaleza distinta. En agosto, Revista de revistas vuelve a publicar su cartelera (desaparecida desde enero), que nos presenta en los lugares uno, dos, seis y siete a cuatro publicaciones de El Juglar, cuya librería es la única fuente consultada. El año trae como autores más vendidos a Octavio Paz, Carlos Fuentes, Umberto Eco y Milan Kundera.

En el 91 los responsables de las carteleras comienzan a dar francas muestras de cansancio. Por ejemplo, Revista de revistas afirma que el libro de Angeles Mastretta, que ocupa los principales lugares de ventas, se llama Mujeres de ojos negros. El 91 demuestra también ser un año rico en detalles significativos. En junio, Héctor Aguilar Camín y su Guerra de Galio brindan una férrea batalla a Mis sentidos, libro para iluminar, que no abandona el primer puesto. Agosto nos sorprende con una aparición: la cartelera de “El Búho”, del periódico Excélsior, que nos presentará la carrera incontenible de Las memorias de un comunista de René Avilés Fabila, a la sazón director de este suplemento. De septiembre a noviembre Avilés Fabila pasará del cuarto al primer lugar; para noviembre, “El Búho” publica un apartado que anuncia que este libro está agotado en la Librería El Parnaso y que por lo tanto no puede entrar en la cartelera.

En marzo de 1992, “Lectura” no incluye su cartelera, pero Revista de revistas y “El Búho” basan las suyas en la misma fuente: El Parnaso. Los resultados son interesantes. Mientras en “El Búho” el primer lugar lo ocupa Carlos Montemayor, en Revista de revistas el puesto de honor corresponde a Guerra en el golfo de Sallinger y Laurent.

Por primera vez en su historia, en junio las carteleras muestran coincidencias: Como agua para chocolate ocupa el primer lugar. Así lo recuerdo, de Luis M. Farías ocupa el segundo lugar en Revista de revistas y el tercero en “Lectura”. 500 años, fregados pero cristianos de Rius tiene el quinto en “Lectura” y el tercero en Revista de revistas. Puede decirse que, de acuerdo con estas fuentes, los más vendidos fueron Doce cuentos peregrinos de García Márquez, El espejo enterrado de Carlos Fuentes y Tinísima de Elena Poniatowska.

No será sino hasta julio del 93 que las carteleras vuelvan a coincidir. Mario Vargas Llosa con El pez en el agua y Carlos Fuentes con El naranjo, o los círculos del tiempo ocupan los primeros lugares en las tres carteleras, mientras que Llamadas nocturnas de Rafael Pérez Gay obtiene el segundo y Cuando ya no importe de Juan Carlos Onetti el tercero. Octubre de 1993 trae consigo una verdadera crisis. Fuentes baja al segundo lugar en “Lectura” y desaparece de las otras. René Avilés Fabila vuelve al ataque con Réquiem por un suicida en la cartelera de, sí, “El Búho”. Por mi madre bohemios de Carlos Monsiváis y Alejandro Brito encabezan la lista de Revista de revistas. En diciembre, el bestseller de Avilés Fabila ocupa el tercer lugar en su suplemento.

La obtención del premio Nobel coloca a Toni Morrison en las tres carteleras. Héctor Aguilar Camín con Subversiones silenciosas obtiene el primer lugar en Revista de revistas y el cuarto en “Lectura”, sin aparecer en “El Búho”. Lituma en los Andes de Vargas Llosa ocupa los primeros lugares en “Lectura” y “El Búho”, pero no aparece en Revista de revistas. Un mes después, en febrero, encontramos otra feliz coincidencia: el primer lugar es para Puerto libre de Angeles Mastretta. En abril de 1994 la edición de las Obras completas de Octavio Paz provoca la entrada de nuestro premio Nobel a las listas de popularidad, en el segundo lugar de “Lectura” y el tercero de “El Búho” El primero corresponde a ¿Por qué Chiapas? de Luis Pazos y a Mark Pendergast con Dios, patria y Coca-cola, ambos en “Lectura”. En mayo encontramos una cartelera memorable: “El Búho” anuncia que en el séptimo lugar está Finnegan’s Wake de Joyce. Desde julio a diciembre, las carteleras coinciden en mencionar en sus primeros lugares a Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar, Mario Benedetti y Carlos Fuentes como principales vendedores. Cabe señalar que Enrique Krauze mantiene las posiciones cuatro y siete de “Lectura” con María Félix II y III y con Porfirio, la guerra. Estos libros nunca aparecieron en “El Búho”. Esperemos que el año que viene las carteleras no desmerezcan.