La definición más común de la palabra “corrupción” es “el abuso de un poder delegado para el beneficio propio” (Transparency International, 2016) (World Bank, 1997). Así la definen organizaciones internacionales como Transparencia Internacional y organismos multilaterales como el Banco Mundial, que utilizan este concepto para desarrollar políticas públicas y campañas de comunicación enfocadas en fomentar la integridad en los gobiernos y la función pública. Es una definición útil para identificar al grueso de la corrupción asociada con los agentes del Estado. Quizá el mejor ejemplo sea cuando un servidor público solicita un pago extraoficial (o “mordida”, como se les llama en México) a cambio de “ayudar” a alguien a realizar un trámite o evitar una multa.

Otra manera de definir la corrupción es a través de los delitos asociados a ésta. Por ello, si bien el Código Penal Federal (CPF) no contiene una definición de la palabra “corrupción”, sí incluye un Título completo dedicado a “Los delitos por hechos de corrupción”, donde se definen a detalle conceptos como “Ejercicio ilícito del servicio público”, “Abuso de autoridad”, “Desaparición forzada de personas”, “Coalición de servidores públicos”, “Uso ilícito de atribuciones y facultades”, “Concusión”, “Intimidación”, “Ejercicio abusivo de funciones”, “Tráfico de influencias”, “Cohecho”, “Cohecho a servidores públicos extranjeros”, “Peculado” y “Enriquecimiento ilícito” (Título décimo: Delitos cometidos por Servidores Públicos, 2009). En el mismo título se aclara que estos delitos son aplicables a servidores públicos de la “Administración Pública Federal centralizada y en la del Distrito Federal”, así como “a los gobernadores de los estados, a los diputados, a las legislaturas locales y a los magistrados de los tribunales de justicia locales” (Título décimo: Delitos cometidos por Servidores Públicos, 2009).

Las definiciones anteriores serían suficientes para entender este concepto si no fuera por dos consideraciones. La primera es que la corrupción no es un fenómeno exclusivo de los agentes del Estado. El mecanismo subyacente del soborno que hoy solicita un gerente para conceder un ascenso laboral en una empresa es el mismo del “moche” que mañana solicita un legislador para asignar un presupuesto en un municipio. Para que un acto sea corrupción no es necesario que implique una afectación a lo público, basta con que una de las partes abuse de un poder delegado o usurpado para beneficio personal. Así que la corrupción no es un problema exclusivo del gobierno y los funcionarios, es un fenómeno que se manifiesta en diversos espacios públicos y privados, pero que cobra mayor relevancia cuando afecta lo público.

La segunda consideración es que existe una brecha entre las definiciones anteriores y la manera en que el problema es visto por los mexicanos. En México parece que la corrupción no es entendida como un problema de reglas y agentes, sino como un fenómeno de clases y cultura, donde se espera que los gobernantes sean corruptos, donde los gobernados, dado un contexto de extrema desigualdad, están justificados para serlo, y donde la interacción cotidiana entre ambos grupos genera una tradición; una manera no aceptable pero aceptada de hacer las cosas.

Esta disonancia entre significados es importante porque podría representar un obstáculo cognitivo para combatir la corrupción desde la sociedad. Por ejemplo, al ser un problema cultural, podría ser vista como un problema sin remedio o, al ser considerada como un fenómeno que se manifiesta desde la clase política, la ciudadanía podría percibir que tiene pocos medios o motivos para actuar en contra del problema.

Este ensayo busca aportar a la discusión sobre corrupción explicando de manera sistemática y con base en evidencia empírica cómo los mexicanos entendemos, vivimos y padecemos la corrupción a diario. Con este fin, se realizaron 23 grupos de enfoque, cuatro encuestas representativas a nivel nacional, una etnografía y un análisis de ensayos, artículos y estudios existentes relacionados con la corrupción en México.

A partir de esto, en primera instancia, este ensayo argumenta que, en México, la corrupción es entendida de tres maneras distintas: la corrupción de ellos, que se refiere a la corrupción de los políticos y los poderes fácticos; la corrupción de nosotros, que, dado un contexto de desigualdad extrema, es percibida como una forma aceptable de justicia social o redistribución de riqueza; y la corrupción de todos, entendida como la síntesis de los dos tipos anteriores y que se ve reflejada en un consenso en torno a aseveraciones del tipo “la corrupción es un problema cultural”, “la corrupción está en nuestro ADN” y “la corrupción somos todos”.

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La corrupción de ellos

A partir de un análisis cualitativo sobre las respuestas obtenidas de los grupos de enfoque, podemos decir que, cuando los mexicanos hablan de corrupción, se refieren, en primera instancia, a la corrupción de ellos, es decir, al tipo de corrupción caracterizada por el abuso de poder y confianza; aquella que es patrimonio de los policías, el Presidente de la República, los legisladores, los gobernadores, los servidores públicos, los líderes sindicales, los alcaldes y los partidos políticos.

Es el tipo de corrupción que ocupa las primeras planas cada mañana, la que más indigna, la que se observa como prueba fehaciente de la existencia de una “sociedad de privilegio”, y la que hace perder la confianza en las instituciones políticas; el tipo de corrupción al que se asocian palabras como depredación, desfachatez, prepotencia, cinismo, robo, mentira, impunidad, maldad, nepotismo, fraude y mafia; el tipo de corrupción donde, salvo algunas referencias a las “televisoras” y los “grandes empresarios”, la sociedad se encuentra ausente.

En 2016 la encarnación de este tipo de corrupción fue el ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte (2010-16), acusado de desviar al menos mil 270 millones de pesos a través de empresas fantasma (Ángel & Arteaga, 2016). Algunos nombres que saltan a la mente de los mexicanos cuando piensan en este tipo de corrupción —independientemente de que se haya probado o no que cometieron estos delitos— son los de Enrique Peña Nieto, Carlos Salinas de Gortari, Elba Esther Gordillo, René Bejarano y Guillermo Padrés, entre otros.

Al indagar sobre ejemplos de políticos “íntegros” que contrastan con los “corruptos”, los mexicanos mencionan a Benito Juárez, Emiliano Zapata, Lázaro Cárdenas, Heberto Castillo, Manuel Clouthier Maquío y Luis Donaldo Colosio. En la reflexión, la evidencia que ofrecen como “prueba” de que estos personajes fueron íntegros, es el hecho de que son “mártires”, aseverando que “si los mataron fue por algo; por oponerse al sistema corrupto”.

Utilizando la información arrojada por una encuesta posterior, aplicada por Opciona y Votia en octubre de 2016, podemos indagar sobre el nivel de afectación provocado por este tipo de corrupción. En general, los mexicanos lo perciben como más alto que el provocado por la corrupción que ocurre en el trabajo, las colonias, las escuelas y los hogares. Mientras el 84 por ciento consideran que la corrupción de los diputados les afecta mucho o algo, el 81 por ciento consideran que la del Presidente de la República y los gobernadores les afecta de igual manera. La corrupción de los alcaldes es considerada la cuarta más dañina, concentrando 78 por ciento de las opiniones.

En resumen, la corrupción de ellos no sólo es vista como la más generalizada sino también como la más dañina. Es entendida como una corrupción propia de los políticos y los poderes fácticos, donde la sociedad sólo figura marginalmente o como víctima de los políticos “abusivos”, “cínicos”, “desfachatados”, “prepotentes” y “mentirosos”. En el imaginario público la encarnan personajes como Javier Duarte, Enrique Peña Nieto, Carlos Salinas de Gortari, René Bejarano y Guillermo Padrés, cuyas antítesis son personajes como Benito Juárez, Emiliano Zapata, Lázaro Cárdenas y Luis Donaldo Colosio.

Si bien hasta antes de la alternancia democrática del año 2000 la corrupción era vista como un patrimonio exclusivo del partido hegemónico (Magaloni, 2006), el análisis sobre la corrupción de ellos permite concluir que en 2016 la corrupción era vista como el rasgo característico de todos los políticos, sin mayores distinciones o excepciones. No cabe duda, cuando los mexicanos hablan de corrupción casi siempre se refieren a la corrupción de ellos: la de los políticos y los poderes fácticos.

La corrupción de nosotros

Para los mexicanos, el segundo tipo de corrupción, la corrupción de nosotros, es la más incómoda y elusiva, en buena medida porque no es vista necesariamente como corrupción. A partir de la información arrojada por los grupos de enfoque podemos atribuir dicha elusividad a dos factores. En primera instancia, la corrupción es vista como un rasgo característico de la clase política, no de la sociedad; en segundo lugar, la corrupción de nosotros es entendida como una respuesta; un mecanismo de justicia social o redistribución de la riqueza socialmente aceptable en un contexto de desigualdad extrema.

En contraste con la corrupción de ellos, la principal característica de la corrupción de nosotros es el beneficio, por lo que este tipo de corrupción, en el imaginario colectivo, se encuentra en el limbo ético. Mientras los mexicanos condenan la corrupción de ellos desde casi cualquier perspectiva, encuentran muchas salvedades al momento de condenar la corrupción de nosotros.

Como muestra de lo anterior, basta analizar las valencias psicológicas de las palabras asociadas con la corrupción de nosotros. Mientras palabras como trampa, oportunismo, cinismo y venganza tienen una valencia claramente negativa, otras como astucia, habilidad, practicidad, inteligencia y arreglo tienen una valencia positiva. Las implicaciones éticas de la corrupción de nosotros se entrampan aún más al tomar palabras como piratería, maña, mordida, viveza, ventaja y atrevimiento, cuya valencia puede ser positiva o negativa dependiendo del contexto.

Un hallazgo interesante es la búsqueda de justificantes —como pueden ser la cultura, la pobreza y la necesidad material— que se da a partir de la reflexión sobre la corrupción de nosotros, y que dan un componente de ambigüedad ética a este tipo de conductas.

Es de particular interés el hecho de que la concepción de corrupción como fenómeno cultural surja consistentemente como justificación al reflexionar sobre este tipo de corrupción, pero no al reflexionar sobre la corrupción de ellos. La relativa extensión de esta concepción puede ser corroborada en una encuesta posterior, aplicada por Opciona y Votia en octubre de 2016, donde 69 por ciento de los mexicanos coincidieron con la idea de que la corrupción es un problema cultural.

Por otra parte, los ejemplos más socorridos para ilustrar las manifestaciones observables de la corrupción de nosotros son los pagos extraoficiales para agilizar trámites en ventanilla, las “mordidas” a los agentes de tránsito, el cobro de cuotas escolares, la “expropiación” de la vía pública por parte de franeleros, el comercio ambulante en banquetas y plazas públicas, la baja calidad de los servicios como la telefonía celular, la venta de piratería en tianguis, la explotación de la fe, el trato desigual o discriminatorio, la mala impartición de justicia y el soborno académico.

En resumen, la corrupción de nosotros no sólo es un fenómeno elusivo en el imaginario colectivo, sino también un conjunto de conductas cuya ética se juzga dependiendo del contexto. No es lo mismo desfalcar miles de millones de pesos del erario que realizar un pago extraoficial para agilizar un trámite, mucho menos para recibir medicamentos que deberían ser gratuitos. Los mexicanos se dan cuenta de estas diferencias y las resaltan para distinguirse de la llamada “clase política”, que es vista como la verdadera encarnación de la corrupción y como un reflejo nítido de la “sociedad de privilegio” que tanto indigna en un contexto de desigualdad social.

Por lo anterior, no sorprende que la corrupción de nosotros suela ser vista como una forma de astucia, inteligencia, justicia social y hasta redistribución de la riqueza, un “arma de los pobres”, parafraseando a James C. Scott (Scott, 1985) . Quizá esto explique por qué los mexicanos rara vez llaman “corrupción” a los actos en los que incurren ellos mismos. Si México fuera un país más igualitario, seguramente la sociedad se sentiría más cómoda hablando de corrupción como un problema generalizado, no exclusivo de quienes ejercen el poder.

La corrupción de todos

Desde una perspectiva dialéctica, la corrupción de todos es la síntesis de la corrupción de ellos y la corrupción de nosotros. No es la corrupción de gran escala, tampoco es la corrupción que los mexicanos padecen y fomentan en su vida cotidiana y su entorno más cercano. La corrupción de todos son las aseveraciones fatalistas que los políticos suelen hacer en defensa propia cuando son acusados de actos de corrupción, y las explicaciones que los mexicanos suelen dar al descubrir que la corrupción de nosotros no siempre puede ser considerada un acto de justicia.

Al reflexionar sobre las causas de la corrupción de todos, los mexicanos la atribuyen a procesos intergeneracionales como la “pérdida de valores” y a puntos de inflexión históricos como la Conquista de México, dejando poco espacio para un cambio de trayectoria. Quizá esto explique por qué “inculcar valores a los niños” es el lugar común en la reflexión sobre posibles soluciones a la corrupción de todos, y por qué los conquistadores españoles son considerados los villanos por excelencia en la historia de México.

Una segunda causa a la cual los mexicanos atribuyen la corrupción de todos es, irónicamente, la corrupción de ellos. El argumento es sencillo: la corrupción de ellos legitima la corrupción de nosotros, arrojando como resultado la corrupción de todos. O, dicho de otra manera, mientras ellos —los políticos, los poderes fácticos, los “grande empresarios”— sigan siendo corruptos, nosotros —la sociedad en general— no tenemos razón para no serlo. Una conclusión lógica derivada de este razonamiento es que la corrupción necesariamente “se barre de arriba hacia abajo”, desechando a priori cualquier propuesta para combatirla desde la sociedad, “de abajo hacia arriba”.

Otro hallazgo revelador es que, en la reflexión sobre la corrupción de todos, la corrupción suele ser vista como un elemento identitario de los mexicanos. Se aceptan sin titubeo aseveraciones como “los mexicanos somos corruptos por naturaleza” o “los mexicanos nacemos corruptos”, y se minimiza cualquier propuesta para combatirla que implique reformas institucionales o la creación de incentivos para disuadir conductas corruptas.

Otra muestra de que la corrupción de todos es un concepto resbaladizo es que su construcción sigue una lógica circular, convirtiéndolo en una tautología. Desde esta perspectiva, como todos los mexicanos son considerados producto de su cultura, cualquier acto de corrupción realizado por un mexicano se convierte en prueba de que la corrupción en México es un problema cultural; de la misma manera que cuando un mexicano incurre en un acto de corrupción, se concluye que la causa es que la corrupción es un problema cultural que afecta a todos los mexicanos.

Si bien los dos grandes tipos de corrupción observables por los mexicanos son la corrupción de ellos y la corrupción de nosotros, la corrupción de todos es un tipo que surge constantemente en la reflexión como explicación y justificación de los dos anteriores. Acaso por ello la corrupción de todos es vista como un problema irremediable donde la posibilidad de cambio es remota (inculcar valores y esperar varias generaciones, por ejemplo) o de plano imposible (“que tire la primera piedra el que esté libre de culpa”), convirtiéndola en un concepto que permite a los mexicanos sentirse cómodos hablando de corrupción partiendo de la premisa de que “no tiene remedio” porque al fin y al cabo “todos somos corruptos”.

 

Gustavo Rivera Loret de Mola


Ficha metodológica

La corrupción según los mexicanos tiene como objetivo explicar sistemáticamente y con base en evidencia empírica la manera en que los mexicanos entendemos, vivimos y padecemos la corrupción en México. Con este fin, se realizaron 23 grupos de enfoque, cuatro encuestas representativas nacionales, una etnografía y un análisis de ensayos, artículos y estudios existentes relacionados con la corrupción en México.

Grupos de enfoque

Se realizaron 17 grupos de enfoque en la Ciudad de México, tres en Mérida, Yucatán, y tres en Hunucmá, Yucatán. En cuanto a la técnica y la herramienta de investigación, se llevó a cabo una exploración cualitativa mediante grupos de enfoque con guía de tópicos estructurada.

Muestra Ciudad de México, agosto de 2015

Se conformaron tres grupos de enfoque con residentes de la Delegación Miguel Hidalgo en la Ciudad de México, con elementos comunes en cada grupo:

• Identificación partidista diversa (PAN, PRI, PRD, Morena).
• Apartidistas.
• Clase media típica/media alta.

Segmentados por rangos de edad:

• 15-18 años.
• 20-35 años.
• 45-60 años.

Muestra Yucatán (Mérida y Hunucmá), agosto de 2015

Se conformaron seis grupos de enfoque con residentes de los municipios de Mérida y Hunucmá (tres en cada plaza), con tres elementos comunes en cada grupo:

• Identificación partidista diversa (PAN, PRI, PRD, Morena).
• Apartidistas.
• Clase media típica/media alta.

Segmentados por rangos de edad:

• 15-17 años.
• 20-35 años.
• 40-55 años.

Muestra Ciudad de México, noviembre de 2015

Se conformaron siete grupos de enfoque con residentes de la Ciudad de México, segmentados por características particulares, con elementos comunes en cada grupo:

Grupo

Tipo

Perfil

1

Tercera edad

65 y más, diversas condiciones de ocupación, nse medio alto (BJ).

2

Empleados

25 a 35 años, sector público y privado, 50% hombres, 50% mujeres.

3

Niños/adolescentes

12 a 15 años, secundaria pública y privada, 50% hombres y 50% mujeres.

4

Trabajador informal

25 a 50 años, 50% hombres y 50% mujeres, informalidad activa y pasiva.

5

Microempresario

30 a 50 años, diversidad de negocios.

6

Amas de casa

30 a 45 años.

7

Estudiantes

18 a 24 años, público y privado, nse diverso, 50% hombres y 50% mujeres.

Muestra Ciudad de México, diciembre de 2016

Se conformaron siete grupos de enfoque con residentes de la Ciudad de México, segmentados por características particulares, con elementos comunes en cada grupo:

Grupo

Tipo

Perfil

1

Estudiantes universitarios

18 a 24 años, de escuela pública

2

Estudiantes universitarios

18 a 24 años, de escuela privada

3

Amas de casa

30 a 40 años

4

Amas de casa

45 a 55 años

5

Personas “antisistema”

20 a 30 años

6

Personas “antisistema”

31 a 40 años

7

Burócratas

18 a 65 años

Encuestas

Herramienta de investigación

Para conocer la percepción general de la población objetivo, se llevaron a cabo cuatro investigaciones cuantitativas mediante la técnica denominada encuesta telefónica. Es importante observar que el universo geográfico de los estudios está constituido por los hogares que cuentan con línea telefónica fija en la vivienda; por tanto, en la presunción de que la penetración telefónica no es homogénea en todos los niveles socioeconómicos y socioculturales, es probable que dichos segmentos estén subrepresentados, particularmente las zonas rurales pertenecientes al ámbito geográfico que se mide.

Nivel de representatividad de las estimaciones

Las estimaciones que se elaboran tienen representatividad nacional exclusivamente en el universo de los poseedores de línea telefónica en las 32 entidades del país.

Marco muestral

El marco de muestreo está constituido por los números telefónicos públicos incluidos en el directorio telefónico residencial de Telmex.

Nivel de confianza y error muestral

Encuesta 1. Realizada por Opciona. Levantada del 12 al 21 de febrero de 2016. En el nivel de confiabilidad del 95%, la muestra permite la estimación de porcentajes de preferencias electorales y cualesquiera estimaciones de proporciones, con margen de error máximo asociado al tamaño de muestra de +/−3.7% con 1,000 casos.

Encuesta 2. Realizada por Opciona y Votia. Levantada del 5 al 8 de agosto de 2016. En el nivel de confiabilidad del 95%, la muestra permite la estimación de porcentajes de preferencias electorales y cualesquiera estimaciones de proporciones, con margen de error máximo asociado al tamaño de muestra de +/−4.5% con 603 casos.

Encuesta 3. Realizada por Opciona y Votia. Levantada del 8 al 14 de septiembre de 2016. En el nivel de confiabilidad del 95%, la muestra permite la estimación de porcentajes de preferencias electorales y cualesquiera estimaciones de proporciones, con margen de error máximo asociado al tamaño de muestra de +/−3.9% con 800 casos.

Encuesta 4. Realizada por Opciona y Votia. Levantada del 7 al 14 de octubre de 2016. En el nivel de confiabilidad del 95%, la muestra permite la estimación de porcentajes de preferencias electorales y cualesquiera estimaciones de proporciones, con margen de error máximo asociado al tamaño de muestra de +/−3.9% con 800 casos.

Procesamiento de la información

Se usó el mismo procesamiento de la información en las cuatro encuestas. En una primera etapa, la información colectada en el levantamiento de campo fue sometida a procesos de validación, captura y codificación. En una segunda etapa se realizaron los ajustes de ponderación necesarios a través de un sistema automático de cómputo estadístico que obtiene los estimadores puntuales y sus varianzas asociadas de manera exacta a fin de producir resultados de alta precisión.

Etnografía

Lugar y fecha de observación

Tizimín, Yucatán, del 1 de septiembre al 3 de noviembre de 2015.

Técnica de investigación

Investigación cualitativa que consistió en entrevistas estructuradas y no estructuradas, observación participativa, recopilación de información de gabinete e información socio-espacial y, posteriormente, en grupos de enfoque y peer groups. Esta información refleja las características económicas, sociales, políticas y culturales de la comunidad, y diagnostica cómo se vive, construye y estructura el concepto de la ciudadana, y cómo influye en la participación y el comportamiento político en la comunidad de Tizimín, Yucatán.

Bibliografía

Transparency International. (2016). What is corruption? Recuperado el 08 de Febrero de 2017.

World Bank. (1997). Helping Countries Combat Corruption: The Role of the World Bank. Washington, D.C.: The World Bank.

Título décimo: Delitos cometidos por Servidores Públicos. (23 de enero de 2009). Código Penal Federal . Ciudad de México, México.

Ángel, A., & Arteaga, V. H. (24 de mayo de 2016). “Las empresas fantasma de Veracruz”. Recuperado el 8 de febrero de 2017, de Animal Político.

Magaloni, B. (2006). Voting for Autocracy: Hegemonic Party Survival and its Demise in Mexico. New York: Cambridge University Press.

Scott, J. C. (1985). Weapons of the Weak: Everyday Forms of Peasant Resistance. Yale University Press.

 

3 comentarios en “Qué es la corrupción… según los mexicanos

  1. Interesante encuesta. Considero que es un excelente acercamiento para analizar la corrupción como un fenómeno institucionalizado (en el sentido de Lourau). La corrupción tiene una fórmula simple (como las de los hechizos medievales): Es directamente proporcional al beneficio que genera al corrupto (aquí el corrupto es tanto el que corrompe como el corrompido), e inversamente proporcional a 1) la probabilidad de que se descubra y publicite y 2) a que a pesar de que se descubra y publicite, no se sancione (impunidad). Pero al igual que las recetas medievales, el problema es conseguir los ingredientes para la pócima que la combata…

  2. Excelente articulo que debiese sugerir se incluya en una materia ex profeso desde el nivel secundaria, en los planes y programas de estudio. Entendible la expresion de Peña Nieto : la corrupcion es cultural en Mexico” , de mi parte a partir de leer este enfoque respecto al concepto de corrupcion. Agradecido quedo.

  3. Informado e interesantísimo por sus implicaciones, el artículo nos hace preguntarnos primero:
    Qué se puede hacer partiendo de estas conclusiones y luego, de qué manera se compara nuestro caso -México-, con otros países?