Dejar los límites de la Ciudad de México en 1917 para salir al sur representaba para los citadinos un día de paseos al lado de ríos, árboles frutales y la promesa de cercanos pueblitos pintorescos como San Ángel o San Agustín de las Cuevas.

¿Y rumbo al norte? El norte eran los pueblos de Azcapotzalco, Guadalupe Hidalgo y la Basílica. Y ya. Las gigantescas hectáreas de pantanos y tierra que dejaba la progresiva desecación del Lago de Texcoco, junto a la dificultad de encontrar un árbol en kilómetros a la redonda, no inspiraba un promenade por la zona.

La gente sabía que en aquel norte se originaban las tormentas que empanizaban en época de fuertes vientos a la ciudad entera. Eran los inmensos llanos de Aragón, contiguos a la hacienda del mismo nombre venida a menos.

Cien años después, 2017, otra nueva piel cubre a la ciudad, misma y diferente. Monstruo que todo engulle, posee nuevos límites: uno de sus confines, al nororiente, y sólo a unos pasos de la línea divisoria con el Estado de México, se llama San Juan de Aragón. Más que colonia es un conglomerado habitacional descendiente directo de aquellos llanos.

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Ilustración: Patricio Betteo

A pesar del crecimiento capitalino, Aragón y la zona norte urbana continúan siendo, para muchos, tierras desconocidas, rumbos donde no existe Corredor alguno, y los centros culturales escasean, y no existen restaurantes ni galerías “que marquen tendencia”.

Dada su cartografía límite chilanga, Aragón experimenta el desdén de ese sector capitalino que cree que se es más capitalino mientras más cerca del Centro —y de su dinámica de consumo— se esté: si antes no se iba a Aragón porque eran llanos terrosos, ahora no se va porque es donde vive la naquiza; donde las ardillas (emblema de la zona) cargan puñal; donde hay un pueblo que celebra carnavales y los baila con los escandalosos sonideros (“un saludo a toda la banda del Piojo, Sector 32 y a la mayordomía de los barrios”) y porque ultimadamente está a las afueras, “tu colonia pobre donde no llega Ecobici porque, segurito, se las roban”.

Con tan mala propaganda, ir a los confines del Imperio Capitalino será como estar en una versión de Mad Max región 4, pienso. Pero nada más contrario a esta idea.

Caminar por Aragón, donde el Eje Troncal Metropolitano une a la delegación capitalina Gustavo A. Madero con el municipio mexiquense Nezahualcóyotl, es, por demás, una confirmación de que el norte no fue ignorado en políticas públicas, al menos no las de hace décadas, cuando se reforestó la otrora árida zona y se construyeron viviendas populares con amplias casas, escuelas, cines y espacios de recreación.

Aragón, hoy, se divide en siete secciones, un pueblo de más de 150 años atravesado por una línea de Metrobús, un ejido que de ídem sólo tiene el nombre, un Bosque (sí: ¡ya tiene árboles!) con trotapista de cinco kilómetros, un lago con aves migratorias, un zoológico, un Faro dedicado al cine, calles amplias y muchas áreas verdes, rasgos que envidiaría cualquiera de las colonias con pedigrí capitalino de la gran urbe.

Como en toda la ciudad, no existe vecino que no cuente su historia reciente de inseguridad. Camino por ahí, en las tiendas y en los parques, haciendo preguntas. Salta a la vista una constante: transferir la culpa de la racha delictiva a los del otro lado de la frontera: “Es por los ñeros del Estado de México: vienen a hacer sus chingaderas acá, tenemos Neza al ladito”.

El fracaso priista para contener la inseguridad en el Estado de México hace que aquella entidad se convierta en depósito visceral de las impotencias capitalinas. La nota policiaca in situ es para los aragonenses (o aragoneros o sanjuaneros) algo que se gesta entre los mexiquenses, sin más. Aquí el crimen es exportado. Si la saturación de la Línea B del Metro, que une a Estado de México/Aragón con La Gran Capital, es ya de dimensiones dantescas, sólo se debe, obviamente, a los miles y miles de pasajeros que vienen de Neza y Ecatepec: “Deberían hacer ya su Metro”.

Así como para el centrocapitalino la chusma subsiste allá, por Aragón, para el de Aragón existe en Neza. Mientras más en la periferia te encuentres, peor para ti.

Como en toda frontera, las paradojas no escasean.

Neza y Aragón comparten historia e incluso apellido. Sitios relativamente recientes del Edomex, como Bosques de Aragón, FES Aragón y Valle de Aragón, comparten genealogía con su tío capitalino. Esta variedad de pertenencias creó una identidad alterna que va más allá de las intrínsecas disputas vecinales: “Soy de Arabronx”.

“Arabronx” es pues la última frontera. El escudo de bronce que protege a la capital de las incursiones bárbaras de los de allá.

O eso dicen.

 

Iván Cadín
Periodista.

 

Un comentario en “14:00
La colonia más lejana

  1. Muy cierto, los rumbos del norte son pobres en muchas cosas si las comparamos con el centro y sur de la ciudad. Y tambiesn somos CDMX!

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