La cuenca de México, donde se encuentra hoy la Ciudad de México, se ubica en la parte sur de la altiplanicie mexicana. La parte baja estuvo dominada por lagos someros de distinta salinidad con plantas acuáticas como tules, chuspatas y nenúfares que daban abrigo a gran cantidad de aves acuáticas, peces e invertebrados.

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Ilustraciones: Estelí Meza

Las orillas del lago y las partes bajas de la cuenca estaban dominadas por ecosistemas áridos con huizaches, nopales, magueyes, entre otras especies, de ahí los nombres de Tenochtitlán, “lugar de los nopales” y “huizachtepetl”, o cerro del huizache, hoy conocido como Cerro de la Estrella. Estos ecosistemas áridos estaban rodeados por montañas con densos bosques de encinos en su parte baja y de pinos, oyameles y cedros en las partes más altas. Coronando los volcanes, se encuentran los zacatonales alpinos. La nieve cubría las partes más altas y los volcanes mantenían glaciares.

Esta privilegiada región ha sido habitada por seres humanos desde hace más de 10 mil años cuando los primeros cazadores nómadas se encontraron con los grandes mamíferos de la edad de hielo. En las cercanías del antiguo lago se han encontrado restos de cazadores y de mamuts y otros grandes animales. Estos cazadores llegaron acompañados de perros domesticados, de los cuales solamente sobrevive una raza: el xoloitzcuintle.

Con la llegada de los españoles, arribaron también muchas otras especies como perros europeos, caballos, vacas, borregos, cabras, gallinas y muchas plantas. Muy al principio de la Colonia desde Perú llegó el ahora ampliamente difundido pirú. Y así han llegado nuevas especies como la jacaranda de Sudamérica, el níspero, el trueno y el olmo chino de Asia, el tulipán africano y la palmera canaria de África y el eucalipto y casuarina de Australia. Estas especies conocidas como “exóticas”, porque no evolucionaron en nuestro país, acompañan a las especies “nativas” como el fresno, el colorín y el ahuehuete.

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Actualmente, la cuenca de México es uno de los lugares más radicalmente transformados del planeta. Solamente quedan pequeños remanentes de los grandes lagos en Xochimilco y en Zumpango. Gran parte de los ecosistemas áridos han sido transformados en zonas urbanas y los bosques que aún cubren parte de las montañas se encuentran gravemente deteriorados.

Algunas de las especies exóticas han sido traídas con algún propósito particular, pero muchas llegan accidentalmente con los cargamentos agrícolas o por distintos medios. La acuacultura ha reproducido especies exóticas como la carpa y la tilapia, el mercado de mascotas ha introducido especies como los limpiapeceras y el perico monje. Algunas de las especies introducidas o “exóticas” se vuelven invasoras, es decir, sus poblaciones aumentan en número y distribución y afectan a las nativas mediante la competencia, depredación, transmisión de enfermedades, entre otras. Algunas de ellas causan graves problemas ecológicos, económicos y de salud, como el lirio acuático y la rata gris. Aunque parecería que introducir especies de otros países podría aumentar la diversidad natural, generalmente sucede lo contrario. Su impacto empobrece a los ecosistemas naturales.

Algunas de las especies endémicas de la cuenca de México, es decir, que sólo viven aquí, como el ajolote mexicano, la tarántula del pedregal, la rana fisgona mayor y el gorrión serrano están seriamente amenazadas por las especies exóticas invasoras y por la destrucción de sus hábitat.

Es importante conocer a nuestras especies nativas y distinguir a las exóticas y a las exóticas invasoras. Aún podemos hacer mucho para restaurar y conservar nuestra riqueza natural.

 

Carlos Galindo Leal
Director general de Comunicación de la Ciencia de CONABIO. Es biólogo, maestro en ciencias y doctor en ecología.