Preámbulo. 1. La indefinición de la situación mundial es estructural. En vez de desarrollar un solo escenario acerca de lo que ocurre y lo que viene, importa esforzarse en pensar varias alternativas. En lugar del “pasmo” que ha caracterizado al gobierno y a la sociedad mexicana —es decir, en vez de estar a la expectativa de lo que harán los Estados Unidos, para luego acomodarse—, importa pensar lo contemporáneo a partir de una serie de posibles escenarios, diferenciados claramente el uno del otro.

2. No soy un experto en relaciones internacionales, y hay muchos factores que están en juego actualmente que no conozco bien. Al reconocer esto de entrada, lo que escribo no debe ser leído como palabras de un aprendiz de oráculo, sino como un ejercicio por hacer explícito lo que voy pensando, con la esperanza de que otros, que saben más que yo, corrijan donde haya que corregir, y agreguen lo que haya que agregar.

3. La construcción de escenarios es una actividad de interés público para México, no sólo para secretarías de Estado o grupos corporativos. La situación política y económica actual pide participación democrática amplia. Será mejor en tanto sea nutrida de información de calidad, y en la medida en que haya participación colectiva en el análisis.

Es el espíritu de este ejercicio.

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Ilustración: Patricio Betteo

 

Escenarios. 1. El escenario venial. El presupuesto de este escenario es que las metas políticas de Trump son estrictamente interesadas. Si así fuera, las acciones del presidente de Estados Unidos en sus primeras dos semanas de gobierno quizá hayan conseguido encauzar el fin principal de su gobierno: desmantelar el sistema de salud pública para así poder reducir los impuestos al capital; echar a andar un programa de infraestructura pagado por el Estado, para darle trabajo a las empresas de construcción; echar por tierra las regulaciones que se le impusieron a Wall Street después de la crisis de 2008, para ofrecerle al capital una nueva racha de ganancias estratosféricas que en su momento tendrán que pagar los pueblos de Estados Unidos y del mundo.

En un escenario así la politización de la Suprema Corte de Estados Unidos, y los bandos islamofóbicos, así como las deportaciones (inminentes) de mexicanos y centroamericanos, tendrían la función de distraer al pueblo norteamericano: con la politización de la Corte, las luchas sociales tendrán que dedicarse a preservar derechos conquistados, como el derecho al aborto, o el matrimonio igualitario, etcétera, o si no a proteger los derechos humanos de los migrantes, o a defender los derechos civiles de minorías raciales. En otras palabras, habrá un encono interno en Estados Unidos en torno a los derechos de las minorías que distraerá al público de las reformas económicas que están en realidad en el centro de la agenda de Trump y los suyos.

2. El escenario antieuropeo. ¿Qué tan en serio tomarnos la intención de Trump de reorganizar el orden internacional?

Si lo tomamos en serio, nos topamos con un problema evidente: el ejército norteamericano no puede garantizar simultáneamente todos los flancos que está abriendo Trump, dada su propensidad al unilateralismo. Vaya, en sus primeras dos semanas de gobierno Trump ¡hasta abrió un posible flanco de guerra en México! Además, amenazó a Irán y a Corea del Norte, amaga con enfrentamientos armados en el Mar de China Meridional, ha amenazado con cortar apoyos a la OTAN y a la ONU, e incluso ha puesto en entredicho la alianza de Estados Unidos con Australia. Estamos en un momento de disrupción radical del orden internacional, sin duda, pero después de esa disrupción inicial habrá que apaciguar algunos frentes.

Una posibilidad es que la meta que más le importe a Trump sea desmantelar la Unión Europea. Habrían motivos para ello: la Unión Europea es el mayor bastión de la socialdemocracia, y también del ambientalismo, el secularismo, y el igualitarismo entre los sexos. Estados Unidos podría seguir apoyando a Rusia y consolidando su alianza con una Inglaterra post-Brexit, retirando sus compromisos con la OTAN, y apostar de lleno al desmembramiento de la Unión Europea, apoyando a los partidos fascistas o de ultraderecha en Francia, Holanda, Hungría, Polonia, etcétera.

En caso de concluir este propósito el “logro” estadunidense sería reducir drásticamente la presencia en la escena mundial de la potencia que más ha insistido en derechos sociales y ambientales. Una vez reducido el poderío de la Unión Europea, Estados Unidos dejaría una Rusia muy fortalecida que podría entonces servir de acicate contra China.

3. El escenario antichino. La rivalidad del régimen estadunidense con China es central. La cuestión es si se expresa indirectamente (como en los escenarios 1 y 2) o en un enfrentamiento directo. Si la política de Trump se vuelca directamente contra China, la renegociación o derogación del TLCAN podría servir como una ronda de entrenamiento a la guerra comercial ya en grande con China. La guerra comercial iría acompañada de ejercicios militares que reforzaran las alianzas con Japón, Corea del Sur, Taiwán, los países del sureste asiático y Australia.

Existe un cuarto escenario, que sería preocuparse mucho por los reacomodos en Oriente Medio, y arriesgar quizá una guerra con Irán. Me parece menos probable que Trump opte por esta ruta, por lo que no le doy espacio aquí, pero no hay que descontarla.

Desde el punto de vista de México la existencia de flancos prioritarios de Estados Unidos en Asia, Europa y Medio Oriente indicaría, me parece, que el peligro más inminente será el de las deportaciones, antes que el de la guerra comercial.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.

 

Un comentario en “Escenarios para pensar la coyuntura

  1. Un escenario posible es que Trump siga empleando a México como “ejemplo de lo que es capaz de hacer”, y busque un pretexto para intervenir militarmente.