El próximo mes se cumplirán 80 años del llamado Contraproceso. Del 10 al 17 de abril de 1937 se llevaron a cabo 13 audiencias en la casa situada en la calle Londres número 127, en Coyoacán, Ciudad de México. Se trató de la Comisión Preliminar de Investigación sobre los Cargos Hechos Contra León Trotsky en los Procesos de Moscú. Fue el foro utilizado por el revolucionario ruso, exiliado en nuestro país, para responder a las acusaciones que contra él se formularon en los tristemente célebres Procesos de Moscú.



(En la FIL de Guadalajara me topé con el volumen El caso León Trotsky, publicado en 2010 en Buenos Aires por el Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky. Es la primera edición en español de las actas estenográficas de aquellos interrogatorios, acompañadas de un prólogo de Andrea Robles, una introducción de George Novack y una presentación del nieto de Trotsky, Esteban Volkov. Es un material cargado de tensión dramática, argumentación política, recreación de situaciones y búsqueda de la verdad, producto de los cuestionamientos en línea y de la capacidad expresiva de don León —la información de esta nota está tomada del mencionado libro.)

04-contraproceso

Ilustración: Jonathan Rosas

Para aquellas fechas ya se habían celebrado dos de los famosos procesos (serían cuatro), en los cuales varios de los principales líderes revolucionarios fueron acusados de los más diversos y delirantes crímenes. Zinoviev, Kamenev, Smirnov y 13 más primero; y Pyatakov, Radek, Muralov y otros después, fueron condenados a muerte por supuestas conspiraciones contrarrevolucionarias. Trotsky, el principal acusado, en el exilio desde 1929, por ello salvó la vida, aunque la mano asesina de Stalin lo alcanzaría en Coyoacán el 20 de agosto de 1940. Los juicios de Moscú que se extendieron hasta 1938 fueron la punta del iceberg de una operación que barrió del escenario a la vieja guardia bolchevique y permitió, a través del terror, la construcción de un poder unipersonal dictatorial. George Novack informa que “de los 1,966 delegados ante el XVII Congreso del Partido en 1934, 1,108 fueron arrestados. [Y] de los 139 miembros del Comité Central, 98 fueron arrestados”.

La violencia como fórmula para “solucionar” la disputa por el poder parece tener su propia lógica y dinámica. Primero se emplea contra los enemigos, luego contra los aliados, después contra los compañeros y finalmente contra los amigos. Figuras mutantes a las cuales se les puede aplicar el expediente porque él mismo fue legitimado en la batalla anterior.

Se calcula que cerca de 690 mil personas fueron liquidadas durante las grandes purgas de 1937 y 1938. Una “limpia” de “indeseables” que no solamente selló el dominio de Stalin, sino que instituyó el terror como fórmula de gobierno y sumisión. Martin Amis se preguntaba atónito: “¿cómo pudo abrirse camino ni siquiera durante un instante esta idea de ir al paraíso a través del infierno?”. (Koba el temible, Anagrama).

La Comisión que llevó a cabo el Contraproceso estuvo presidida por John Dewey, filósofo, liberal, profesor emérito de la Universidad de Columbia, acompañado por Suzanne LaFollete, Otto Ruehle, Benjamin Stolber, John F. Finerty (ex abogado defensor de Sacco y Vanzetti) y Carleton Beals (aunque este último abandonó los trabajos a la mitad).

En la primera sesión Dewey recordó a los presentes los cargos que habían sido lanzados contra Trotsky. “Fue acusado de instigar actos de terrorismo individual con el propósito de asesinar a los dirigentes del Partido Comunista y el gobierno de la Unión Soviética; de organizar y dirigir numerosos intentos de sabotaje industrial…, de arruinar fábricas y trenes…, de iniciar y promover el espionaje en la URSS por parte de agentes de naciones imperialistas; de involucrarse en un complot con la Gestapo en Alemania y… con los oficiales de inteligencia japoneses; de conspirar con representantes oficiales de la Alemania nazi y de Japón… Finalmente, fue acusado de llegar a un acuerdo con Alemania y Japón para ceder territorios de la URSS a esos países… de acordar el otorgamiento de privilegios comerciales especiales a Alemania… Se argumentó que el objetivo de estos actos criminales contrarrevolucionarios era el de restaurar el capitalismo en la URSS”. Mentiras y calumnias desbordadas que fueron asumidas y reproducidas, en su momento, por legiones de creyentes.

Creo que fue Isaac Deutscher, el eminente biógrafo de Trotsky y de Stalin, el que primero hizo un paralelismo entre el terror y el Termidor en la revolución francesa y en la soviética. En ambos casos la revolución devoraba a sus hijos (aunque sería mejor decir: a sus progenitores); ya que más que convencidos —poseídos— de tener la verdad en un puño, de encarnar los auténticos anhelos populares, todos los medios se volvían legítimos para conseguir los fines proclamados. Y quienes se interpusieron, de manera real o inventada, debieron saber que su destino no podía ser otro que la difamación y la muerte.

 

José Woldenberg
Escritor y ensayista. Su más reciente libro es La democracia como problema (un ensayo).