El nuevo año nos recibe con dos señales de alarma adicionales a la victoria de Donald Trump: el regreso de Luis Videgaray al gabinete presidencial y la protesta pública por el abrupto aumento del precio de la gasolina. Más allá de la opinión que se tenga del secretario de Relaciones Exteriores, su retorno muestra la indiferencia gubernamental hacia la opinión pública —que condenó el obsecuente trato al entonces candidato republicano—, así como la falta de estrategia de la actual administración frente a la crisis nacional. Del otro lado, seis días de bloqueos carreteros (en 27 estados del país), dos de saqueo en centros comerciales (Estado de México, Veracruz, Hidalgo, Chiapas, Ciudad de México, Nuevo León), rumores esparcidos en las redes sociales, inmensas colas para cargar combustible, personas con bidones de Magna a cuestas, paso libre en el Metro, toma de casetas de peaje, la amenaza de los gasolineros de cerrar expendios —con la patética demanda de que el Ejército vigile los establecimientos. ¿Después cuidará los cines?—, el mea culpa del PRD y las incriminaciones recíprocas de los partidos configuran un cuadro poco visto en México, quizá más venezolano, pero resultado aquí de la liberalización del mercado y no del control estatal sobre el abasto. Ira social al fin.

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En la transición la protesta pública creció en el gobierno de Vicente Fox, menguó con el de Felipe Calderón por la militarización del país y se disparó con el retorno del PRI. Los estudiantes del #YoSoy132, los maestros de la CNTE y la sociedad en general por la desaparición de los 43 alumnos de Ayotzinapa llevaron la voz cantante en el sexenio que ofreció “mover a México”. Además, a diario hay notas acerca de conflictos locales, justicia por propia mano, movilizaciones sociales e incidentes violentos relacionados con la protesta pública. A pesar de su escasa organicidad, ésta no merece desdeñarse. Con Ayotzinapa, los descontentos particulares se expresaron en el referente común “Fue el Estado”. Aunque es en otro registro, el aumento del precio de los combustibles —objetado por la gente común, los transportistas y la COPARMEX— provoca una reacción transversal que identifica de nueva cuenta al Estado como el responsable. Y en un orden discursivo que ya pocos entienden, el Estado descarga la responsabilidad en la mano invisible del mercado.

Si la protesta resiste unos días más, es posible que el regreso pleno a las actividades laborales multiplique el efecto de los bloqueos. Hasta el momento, parece que los saqueos cedieron con la presencia policiaca y la visita de los Reyes Magos. Y acaso la amenaza del secretario Ruiz Esparza disuada a los transportistas. Lo cierto es que tarde o temprano los ciudadanos de a pie se resignarán al aumento y los grupos de interés pactarán alguna compensación en la maraña de excepciones (privilegios) que conforma el régimen fiscal mexicano. De todos modos, las consecuencias a mediano plazo son las verdaderamente relevantes. Por enésima vez el descrédito presidencial aumenta, no sólo por la medida misma, sino por la incapacidad de hacerse cargo de la decisión tomada —se hace pública en las vacaciones navideñas y en dos conferencias ininteligibles Peña Nieto trata de explicarla—; esto es, la misma actitud escapista mostrada con Ayotzinapa. Está por verse si esta ira social acumulada a lo largo del sexenio articula las distintas fuentes del descontento y adopta una expresión política ausente todavía. De ser así, habrá la oportunidad del cambio que el país necesita urgentemente. De lo contrario, únicamente abonará la desconfianza y el resentimiento.

 

Carlos Illades
Historiador. Profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la UAM-Iztapalapa. Es autor de Conflicto, dominación y violencia. Capítulos de historia social (Gedisa, 2015) [Conflict, Domination, and Violence. Episodes in Mexican Social History, traducción de Philip Daniels (Berghahn Books, 2017)].

 

4 comentarios en “Gasolina al fuego

  1. Un sexenio lleno de desaciertos…de improvisaciones…y corrupción al mas alto nivel de gobierno….a cambio de tapar esto…la indiferencia al derroche y excesos de diputados, senadores y consejeros del INE….exhibiéndose con sus bonos y apoyos económicos ante un pueblo con hambre….en todos los sentidos que la palabra pueda abrazar….contradicciones..en que el pueblo debe apretarse el cinturón….mientras Duartes…yarrintons…Champs…gozan…de impunidad….según en un país en crisis….ver para creer….¿ o crer ?….ojala esto sea la chispa que prenda em verdadero cambio en el país.

  2. ¿Es cierto el monto de dinero que reciben los partidos políticos? ¿Por que nadie habla de ello?

  3. La incertidumbre que vive el país atemoriza y preocupa, si de por sí ya estamos en el ojo del huracán lo que nos viene con la ignorancia del vecino es alarmante. Espero que los mexicanos despertemos ya para tomar mejores decisiones: políticas, urbanas y personales…