Uno de los puntos flacos de las Repúblicas, entre innumerables ventajas, es su vulnerabilidad ante la corrupción extranjera. [...] En las Repúblicas, las personas a quienes los sufragios de sus conciudadanos elevan de la masa general a puestos de gran prominencia y poder, es posible que logren tales recompensas por traicionar su encargo, que, salvo que se trate de espíritus guiados y animados por una virtud superior, parecerá que exceden al interés que pueden tener en el bien común y que predomina sobre las obligaciones del deber.
—Alexander Hamilton, El Federalista 22

El 19 de mayo de 1977 Richard Nixon pronunció una frase que pasaría a la historia: “Cuando el presidente lo hace, significa que no es ilegal”. Se encontraba en la tercera de una serie de cinco entrevistas que le concedió al periodista David Frost; el tema en discusión era el escándalo de Watergate, por el que había renunciado un par de años atrás.

El 23 de noviembre de este año el New York Times entrevistó por primera vez a Donald Trump como presidente electo de Estados Unidos. Al ser cuestionado sobre la posibilidad de que desarrollara un conflicto de interés entre sus negocios y la presidencia Trump, con palabras que recuerdan la infame cita de Nixon, respondió: “La ley está totalmente de mi lado, el presidente no puede tener conflicto de interés”.1

En la misma entrevista añade: “Según la ley, pensé que tendría que abrir un fondo de inversión masivo —pero no hay nada escrito—. En teoría, podría ser presidente de Estados Unidos y administrar mis negocios cien por ciento. En teoría podría dirigir mis negocios perfectamente y dirigir el país perfectamente. [...] Asumí que tendría que abrir algún tipo de fondo. Pero en teoría no tengo que hacer nada”.

La capacidad de mentir de Donald Trump, la facilidad y el descaro con el que lo hace, será sin duda lo que más se recordará de su campaña electoral y una causa de preocupación permanente mientras dure su presidencia. Sin embargo, en este caso no está mintiendo. Sorprendentemente, la presidencia de Estados Unidos tiene muy pocos controles institucionales para evitar conflictos de interés. Lo que significa que, en efecto, Trump podría seguir administrando sus negocios a la vez que gobierna su país.

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Ilustración: Víctor Solís

Tanto el presidente como el vicepresidente de Estados Unidos están exentos del estatuto federal de conflicto de interés, que rige al Poder Ejecutivo del gobierno estadunidense.2 Existe cierta ironía detrás de lo laxos que son los controles de la presidencia: nunca ha habido necesidad de aplicarlos. Tan evidente ha resultado la necesidad de separar negocios y gobierno, que todos los presidentes desde la Segunda Guerra Mundial han establecido fondos ciegos.

A través de su cuenta de Twitter anunció que renunciaría a sus negocios: “El 15 de diciembre celebraré una importante conferencia de prensa en Nueva York con mis hijos para discutir el hecho de que abandonaré mi gran negocio por completo para concentrarme de lleno en dirigir el país y ¡HACER A AMÉRICA GRANDE DE NUEVO! Si bien no estoy obligado por ley a hacerlo, siento que es visualmente importante, como presidente, no incurrir en conflictos de interés con mis múltiples negocios. Por tanto, el papeleo legal está siendo preparado para sacarme por completo de la operación de los negocios. ¡La presidencia es una tarea mucho más importante!”.

Trump ha declarado en numerosas ocasiones que dejará sus negocios en manos de sus hijos Eric, Donald Jr., e Ivanka. Ante el evidente conflicto que existe en que Trump sepa quiénes operan sus negocios, y que los nuevos administradores tengan acceso directo al presidente de Estados Unidos, no hay nada que hacer.

La Oficina de Ética Gubernamental, por su parte, se puso en contacto con el equipo legal de Trump para comunicarle su preocupación por la decisión. De acuerdo con la oficina, la transferencia del control de las empresas de Trump a sus hijos no es suficiente. Sólo una completa desinversión, es decir, la venta de todo tipo de activos y acciones servirían para disipar cualquier tipo de preocupación ética. Incluso existe una opción fiscal para hacerlo: Trump podría obtener un Certificado de desinversión (certificate of divestiture) mediante el que se le condonaría una cantidad importante de impuestos sobre las ganancias que obtuviera al vender sus acciones. Posteriormente, podría invertir ese dinero en bonos del Tesoro estadunidense, como hiciera Barack Obama al tomar posesión.

El 6 de diciembre anunció que había vendido todas las acciones de su portafolio de inversión. El portafolio, valuado en por lo menos 22 millones de dólares, incluía acciones de compañías como Apple, Walmart y MasterCard. Sin embargo, de la misma manera en que no es posible verificar el valor real del portafolio, tampoco ha sido posible verificar si en efecto el presidente electo lo vendió.3

Ahora bien, el presidente Trump no estará completamente libre de limitaciones. La Constitución estadunidense establece (artículo primero, sección novena, cláusula octava) que ningún funcionario podrá “sin el consentimiento del Congreso, aceptar ningún presente, emolumento, puesto, o título de ningún tipo, de ningún rey, príncipe o Estado extranjero”.4 La así llamada Cláusula de los emolumentos constituye el único control legal para evitar que el titular del Poder Ejecutivo incurra en conflictos de interés. Existen, sin embargo, pocas razones para creer que constituirá un límite real. En primer lugar, el Congreso, bajo control republicano, sería el responsable de iniciar el hipotético proceso de impeachment. En segundo, no hay registro de que ningún ciudadano, mucho menos un presidente, haya sido juzgado por violarla.

Claro está: todos los controles y mecanismos hasta ahora descritos son para el presidente en funciones. Donald Trump no ha tomado siquiera posesión y los conflictos de interés ya son una realidad; una situación realmente sin precedentes. Además, no existe una imagen clara del tamaño y alcance de sus empresas. Durante su campaña se convirtió en el primer candidato a la presidencia en no hacer públicos sus registros fiscales. No sólo no se sabe qué tan rico es, sino que se desconoce el valor de sus negocios en el extranjero: ¿en qué países hace negocios? ¿Qué país le resulta más lucrativo a su organización? ¿Cuál es el que menos? ¿Cómo saber que ese criterio no será fundamental en el momento de planear e instrumentar la política exterior?

Los ingresos e impuestos del presidente electo son el primer conflicto de interés. Durante su campaña, frente a la insistencia de que liberara su información fiscal, respondió una y otra vez que no podía hacerlo mientras estaba siendo auditado. Con ese pretexto, que carece por completo de sustento legal, Trump mantuvo sus finanzas en secreto. Ahora bien, si en efecto estaba siendo auditado por el Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés), Trump será el encargado de nombrar y supervisar a su propio auditor.

Esta situación, en donde Trump nombrará a algunos de sus posibles vigilantes, se repite en varios puestos de la administración federal. Donald Trump le debe por lo menos 364 millones de dólares a Deutsche Bank, institución financiera cuyo papel en la crisis de 2009 está siendo investigado por el Departamento de Justicia. En septiembre de este año el banco rechazó la propuesta de llegar a un acuerdo por 14 mil millones de dólares.5 En unas semanas nombrará al responsable de investigar a su principal acreedor. Norm Eisen, quien formó parte en el Comité de Ética de Barack Obama, declaró al respecto: “El conflicto es descarado”.6

Deutsche Bank no es el único caso. Donald Trump le debe 282 millones de dólares a otra institución financiera: Ladder Capital.7 La firma se encuentra actualmente en venta, por lo que cualquiera podría invertir la deuda del presidente electo de Estados Unidos y con ella adquirir un muy particular poder de negociación.

Algunos de los activos de los que más alardea son sus hoteles. Inauguró el de Washington D.C. estando aún en campaña, y desde que ganó la elección ha sido visto por diplomáticos de todo el mundo como una forma poco costosa de ganarse la buena opinión del futuro mandatario. Sin embargo, Trump ha tenido en el pasado disputas con sus empleados. Apenas en julio pasado llegó a un acuerdo externo con dos trabajadores de su hotel en Las Vegas.8 Este tipo de conflictos laborales son examinados por el Comité Nacional de Relaciones Laborales. Trump nombrará a las cinco personas que lo forman, lo que lo volverá juez y parte.

El 17 de noviembre tuvo su primera reunión con un mandatario extranjero. Shinzo Abe, primer ministro de Japón, asistió a la Torre Trump de Nueva York para conversar con el presidente electo. Trump no sólo ignoró los reportes de inteligencia que le ofrecieron los departamentos de Estado y de Defensa, sino que invitó a su hija, Ivanka, a la reunión con Abe. Un par de semanas después el New York Times reportó que Ivanka había discutido la entrada de su marca de ropa al mercado japonés.

21 de noviembre: se reúne con Nigel Farage, uno de los ideólogos del Brexit y miembro del Parlamento Europeo (aunque no cuenta con ningún cargo en el gobierno de Theresa May). El equipo de Farage confirmó que Trump había pedido que intervinieran para detener la construcción de un conjunto de turbinas eólicas que arruinarán “la vista prístina” de uno de sus campos de golf en Escocia.9 Un año antes Trump había comenzado una batalla legal con el gobierno escocés que llegó a la Corte Suprema del Reino Unido; la Corte decidió en favor de Escocia en diciembre de 2015.10

En enero de 2016, según reporta La Nación, Donald Trump y la desarrolladora inmobiliaria argentina YY Development Group comenzaron negociaciones para construir la torre Trump Office Buenos Aires, en una de las zonas más lujosas de la capital argentina. El proyecto, de 47 mil metros cuadrados de construcción y 100 millones de dólares de inversión, comenzaría a edificarse a mediados de 2017.11 El mismo diario informó que, en su primera conversación con Mauricio Macri, Donald Trump le habría pedido que agilizara los permisos para comenzar la construcción cuanto antes.12 El gobierno argentino negó que eso hubiera sucedido.

Un caso similar sucedió en Filipinas, donde una Trump Tower, de 57 pisos, está siendo construida en Manila. El proyecto está a cargo de Century Properties, compañía presidida por el mangate filipino Jose E. B. Antonio —el nuevo representante comercial de Filipinas en Estados Unidos—. Sobre Antonio y su familia, Trump había declarado: “Es realmente bueno trabajar con Century Properties y la familia Antonio. Son verdaderos profesionales que realmente saben lo que están haciendo. La Trump Tower de Manila va a ser algo especial”.13

Además de Argentina y Filipinas, la organización Trump está construyendo edificios en Turquía, donde el propio Trump reconoció que tenía un “pequeño conflicto de interés”.14 Este desarrollo despierta preocupaciones particulares tanto por tratarse de un aliado de la OTAN como por las tendencias cada vez más autoritarias de su presidente Recep Tayyip Erdogan, quien “ha demostrado una y otra vez que no conoce límites al usar tratos comerciales para premiar o castigar a sus contrapartes”.

El representante Adam Schiff, miembro demócrata del Comité de Inteligencia, recientemente expresó su preocupación: “El punto del asunto es que ni siquiera deberíamos estar haciendo estas preguntas [...] No debe haber duda alguna de que el presidente actuará de acuerdo a un solo interés: el interés nacional”.15 Trump, quien se volverá el cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos el 20 de enero, declaró: “Ciertamente la marca es más valiosa ahora que antes. No puedo evitarlo. No me importa”.

 

Juan Pablo García Moreno
Editor de nexos en línea.


1 “Donald Trump’s New York Times Inter- view: Full Transcript”, The New York Times, http://nyti.ms/2in0D5J

2 Glenn Kessler y Michelle Ye Hee Lee, “Trump’s claim that ‘the president can’t have a conflict of interest’”, The Washington Post, http://wapo.st/2izcixN

3 Susanne Craig, “Trump’s Team Says He Sold All His Stocks in June”, The New York Times, http://nyti.ms/2hBRA1J

4 The Economist, “What is the Emoluments Clause?”, http://econ.st/2ireD0N

5 BBC, “US asks Deutsche Bank for $14bn to settle mortgage investigation”, http://bbc.in/2hVpa0E

6 Russ Choma, “Trump Has a Huge Foreign Bank Problem”, Mother Jones, http://bit.ly/2iraOIJ

7 Russ Choma, “Holy Conflict of Interest! The Firm Holding Much of Trump’s Debt May Be Up for Sale”, Mother Jones, http://bit.ly/2ihotla

8 Katie Reilly, “Trump Las Vegas Hotel Reaches Settlement in Union Lawsuit”, Time, http://ti.me/2hBzblU

9 Elliot Hannon, “In Latest Apparent Quid Pro Quo, Trump Suggests U.K. Politician Oppose Wind Farms to Save His Hotels’ Views”, Slate, http://slate.me/2in1enZ

10 BBC, “Donald Trump loses wind farm legal challenge”, http://bbc.in/2hBDjlK

11 Brenda Struminger, “Ultiman detalles para la construcción de una Torre Trump en pleno centro de Buenos Aires”, La Nación http://bit.ly/2imZhrm

12 “Revelan que Donald Trump le pidió permiso a Mauricio Macri para construir su torre en la ciudad”, La Nación, http://bit.ly/2ihodm3

13 Michael Sullivan, “Who’s The New Philippine Envoy? The Man Building Trump Tower Manila”, NPR, http://n.pr/2irdxBU

14 “Donald Trump’s Huge Conflict of Interest in Turkey”, http://thebea.st/2hBCYzu

15 “Donald Trump’s New York Times Interview: Full Transcript”, The New York Times, http://nyti.ms/2in0D5J