Tres semanas después de la victoria de Donald Trump muere Fidel Castro. Si bien la coincidencia es fortuita, no por ello carece de significación. De un lado, el magnate electo presidente que descaradamente muestra el lado más oscuro del alma estadounidense; por el otro, el abogado devenido en revolucionario, ícono del antiimperialismo. Gurú revolucionario o dictador senil (de acuerdo como se le quiera mirar), Fidel se actualiza con Trump dentro de un imaginario latinoamericano que trasciende a la izquierda, si bien replegado, no extinto.

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La Revolución cubana fue el acontecimiento cardinal de la historia de América Latina de la segunda mitad del siglo XX. Ningún otro hecho alineó tan meridianamente el espectro político, definió alianzas militares y estrategias continentales (tanto de la izquierda como de la derecha), inspiró programas y orientó inversiones, creó centros de investigación y especialistas en las universidades estadounidenses y abrió espacio a la izquierda en los claustros universitarios del subcontinente, fue referente ineludible de la rebelión juvenil de los sesenta y universalizó lo latinoamericano en un mundo secularmente eurocéntrico. El boom literario, la Teología de la Liberación y la Teoría de la Dependencia colocaron al pensamiento latinoamericano en el mundo de las ideas como no había ocurrido nunca. Pero, más que nada, la Revolución cubana generó una expectativa de futuro en sociedades doblegadas por el atraso y sometidas por gobiernos autoritarios.

La nueva izquierda, que brotó del movimiento antinuclear europeo, en América Latina se inspiró en la Revolución cubana. Esta izquierda abandonó el obrerismo del viejo comunismo abriéndose a los movimientos sociales de jóvenes y mujeres, enriqueciendo la agenda de la izquierda en las décadas de los setenta y ochenta. La generación de Medio Siglo —con Carlos Fuentes a la cabeza— trató de reanimar la alicaída Revolución mexicana tomando como ejemplo a la Cuba revolucionaria. La estética de Adolfo Sánchez Vázquez y la reflexión cinematográfica de José Revueltas también abrevaron en ella. Y el exilio español recuperó con la Revolución caribeña la esperanza perdida con la dictadura franquista, mientras el general Cárdenas convocaba el Movimiento de Liberación Nacional —reunión de la izquierda nacionalista con las fuerzas socialistas— en defensa de ésta.

Tanto el régimen de la Revolución mexicana como las guerrillas que querían liquidarlo tuvieron buenas relaciones con la Cuba revolucionaria. Aquél, tratando de hacerse de cierta autonomía con respecto de los Estados Unidos y ofreciendo a los países del Sur una fachada progresista que colocaba en segundo plano el autoritarismo mexicano; las guerrillas, más que una ayuda directa, tomaron la Revolución cubana como modelo o territorio de asilo forzado. Pero en la balanza, para Cuba siempre pesó más el apoyo del régimen mexicano: la lógica del Estado nacional se impuso sobre un incipiente internacionalismo revolucionario. Por complicidad o dogmatismo, los gobiernos priistas y la izquierda toleraron la violación de derechos humanos fundamentales en la Isla, a no ser unas pocas voces dentro de la izquierda intelectual que desde los setenta, con Revueltas, lo advirtieron.

Si la historia absolverá finalmente a Fidel Castro está por verse. No sabemos si prevalezcan en la memoria colectiva el inobjetable legado social de la Revolución cubana o la inocultable deriva autoritaria que tomó. En lo que sí tenemos certeza es que Fidel y otros pocos despertaron la esperanza de muchos y la ilusión de una generación que quiso tomar el cielo por asalto.

 

Carlos Illades
Historiador. Profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la UAM-Iztapalapa. Es autor de La inteligencia rebelde. La izquierda en el debate público en México 1968-1989 (Océano, 2012).

 

9 comentarios en “¡Fidel, Fidel, qué tiene Fidel!

  1. Mucha gente está fascinada por la leyenda del caudillo, sus hazañas, aura carismática, indiscutible liderazgo y enorme personalidad, pero no ponderan que para que desplegar tales dotes y características tuvo que oprimir a un pueblo entero por cerca de seis décadas. Fue tal su narcisismo y egocentrismo que secuestró y se apropió de una nación para imponer su omnímoda voluntad, asesinando, violación sistemática a los derechos humanos, encarcelando y haciendo a un lado a cualquiera que se opusiera. Impuso una férrea dictadura que controla todo en Cuba, incluso heredó el poder (como monarquía absoluta) a su propio hermano. Mientras el pueblo agobiado, pauperizado, sin libertades y oprimido por la tiranía castrista. Un ícono a costa de un país entrañable y querido.

  2. Si fue dictador: a favor de los que menos tenían! Si fue narcisista: siempre les decía la verdad a los mas ‘potentes’! Si era ególatra: eso le sirvió para generar la mejor medicina del mundo, el mejor sistema ecológico y la agrícola orgánica y autosuficiente.! También le sirvió para resistir al consumismo y al poder de EEUU. Yo ya quisiera tener en mi país un LÍDER asi

    • Yo no veo las filas de personas intentando migrar a Cuba o Venezuela.
      Afortunadamente no viví bajo su régimen.

      • Con la normalización de relaciones pactada entre obama y Raúl castro, el turismo médico a la isla, proveniente desde eeuu va en aumento. (tambien hay turismo médico a méxico). Parte del interés está en la vacuna contra el cáncer desarrollada en cuba, que estimula el sistema inmune para combatir las celulas cancerosas; ya hay convenios de colaboración con instituciones de eeuu para la investigación y mejora de ese y otros medicamentos.

  3. Lúcido e informado análisis que debieran ver los dogmatismos de uno y otro lado. Felicidades, estimado Carlos.

  4. Carlos Illades hace un análisis muy equilibrado. Fidel no se puede ver cómo negro o blanco. Es una figura muy compleja llena de destellos por un lado oscuros e inhumanos y por el otro un figura que impulsó a que nuestra América Latina fuera frente al mundo mucho más que un continente bananero y lo que esto implica.