El consumo de la marihuana, como el de cualquier otra sustancia considerada droga, sea lícita o ilícita, no es inocuo. Los efectos varían dependiendo de la edad del usuario, la dosis consumida, la frecuencia, las condiciones de salud preexistentes y la vía de administración, por mencionar algunas de las variables más relevantes. En términos generales, se acepta que los efectos de corto plazo pueden incluir cambios inmediatos y temporales en la forma y los contenidos del pensamiento, la percepción espacio-temporal y el procesamiento de la información. Durante el lapso que dura la intoxicación disminuyen el tiempo de reacción y la capacidad para retener nueva información. En tanto que el sistema nervioso de los adolescentes continúa en proceso de maduración y es más vulnerable a estímulos nocivos, el consumo de marihuana debe estar estrictamente prohibido en menores de edad. Pero en cambio no hay evidencia de que exista una relación directa entre consumo ocasional de marihuana en adultos sanos y un daño permanente en su funcionamiento cerebral.

Algo similar ocurre en relación con el daño que la marihuana pueda ocasionar en otros aparatos y sistemas. De hecho, muchos de sus efectos mejor estudiados son proporcionalmente menores a los causados por drogas legales, como los ocasionados por el tabaco sobre la función pulmonar, por ejemplo. Un razonamiento comparativo similar permite sostener que el consumo de marihuana es menos dañino que el del alcohol, en tanto que la tasa de mortalidad generada de manera directa o indirecta por el alcohol es alta, y no hay evidencia de que exista una dosis letal para la marihuana. Es decir, no hay registro de muertes como consecuencia directa de su consumo. 

El uso/abuso de drogas engloba un amplio espectro de conductas que van desde las que no son problemáticas hasta aquellas que son francamente compulsivas y perjudiciales. La propia oficina de las Naciones Unidas sobre las Drogas y el Crimen (UNODC) indica que son una minoría de quienes consumen drogas (10%-15%) los que pueden considerarse como “usuarios problemáticos”. En el caso de la marihuana ha quedado bien documentado que sólo 9% de aquellos que la usan desarrollan dependencia. No obstante, muchas políticas públicas en el mundo, la nuestra incluida, tratan el consumo de drogas sin distinciones, como si todos constituyeran necesariamente una gran amenaza para la sociedad. Sin embargo, en años recientes diversos países han reconocido la necesidad de enfocar sus esfuerzos hacia la reducción del daño y no tanto a sancionar el consumo. Es decir, toman como criterio rector sus efectos sobre la salud. Conviene agregar que, además, hoy se cuestiona la criminalización de la marihuana a la luz del derecho a la autodeterminación y a la no discriminación.

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De una encuesta reciente elaborada por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) se desprenden cifras que muestran que los usuarios están siendo encarcelados por “posesión” de marihuana. De todos los presos federales que hay en el país, 60% está encarcelado por delitos contra la salud. Analizando esta cifra por tipo de delito, ocurre que en 38.5% de los casos se trata de posesión simple, y que de ese universo la sustancia con mayor prevalencia es la marihuana, en un 58.7%. La alta proporción de personas sancionadas por esta modalidad delictiva implica, asimismo, una enorme carga económica al sistema y el uso de cuantiosos recursos que no son utilizados para perseguir y sancionar conductas de mayor gravedad social.

El problema no es privativo de México, ocurre de manera similar en otros países y, precisamente por eso, hay varios que han decidido ya emprender una revisión profunda a su marco jurídico. En el mundo ganan terreno las voces que sostienen que se debe distinguir entre una conducta constitutiva de narcotráfico y la portación de sustancias, así sean ilegales, para el consumo personal. Convendría preguntarnos si, por buscar un fin legítimo, no se han generado en nuestro país mayores daños a los derechos restringidos que lo que pudiera ser razonablemente admisible. Proteger la salud del consumidor nada tiene que ver con ingresarlo al sistema penitenciario. Ahí sí aumenta el riesgo de volverlos criminales.

Utilizar el brazo coactivo del Estado para intentar prevenir o disuadir conductas, como el consumo de marihuana, es absurdo. La información, la educación y, en su caso, el tratamiento y la rehabilitación son mucho mejores herramientas.

Finalmente, conviene recordar que la marihuana ha sido utilizada en prácticamente todo el mundo durante largo tiempo y que, desde hace años, se ha pensado que pudiera tener algunos efectos benéficos. Con metodologías más rigurosas derivadas de la investigación científica y en condiciones mejor controladas, hay hallazgos recientes publicados en revistas serias que sugieren que puede, en efecto, tener un potencial terapéutico en ciertos casos, y que éste no debe ser desdeñado. Lo que se necesita no son medidas que prohíban la investigación sino por el contrario, que haya más y mejores investigaciones en la materia. Hay enfermedades complejas, como la esclerosis múltiple, algunas formas de epilepsia que son resistentes al tratamiento convencional, y ciertos procesos patológicos que cursan con dolor intenso o vómito intratable, que pueden encontrar en algunos de los compuestos activos de la marihuana una alternativa accesible y eficaz en protocolos experimentales.

El uso de la “marihuana medicinal” no debe aceptarse a priori para una interminable gama de enfermedades, pero tampoco debe prohibirse, toda vez que hay reportes bien documentados, aun sin ser contundentes, que sugieren que la marihuana puede tener efectivamente consecuencias benéficas para el enfermo.

Los trabajos que aquí se reúnen, discutidos en la Academia Nacional de Medicina, presentan puntos de vista que profundizan y complementan estas ideas generales. En la Facultad de Medicina de la UNAM, a través del Seminario de Estudios sobre la Globalidad, este grupo interdisciplinario de expertos ha venido trabajando en la materia desde hace tiempo. Recientemente se ofreció el primer diplomado, que ha permitido también incursionar en el terreno de la docencia, con una respuesta muy positiva de los estudiantes, no sólo de las disciplinas de la salud sino de otras pertenecientes tanto a las ciencias sociales como a las ciencias físicas y naturales. Lo que necesitamos es conocer más sobre el asunto, debatirlo con rigor, analizarlo con objetividad, porque todavía hay mucho que aprender al respecto.

Concluyo con algunas consideraciones de caracter general pero que no deben ignorarse, en tanto que están debidamente sustentadas.

La marihuana es una droga y por lo tanto no es inocua. Su uso produce diversos efectos sobre el organismo. Algunos de ellos son nocivos, mientras que otros pueden no serlo.

Su uso conlleva riesgos, sobre todo en la adolescencia, por lo que su consumo debe estar  prohibido en menores de edad.

El uso recreativo de la marihuana en adultos sanos puede ser regulado, partiendo del principio de que la mayoría de quienes deciden usarla no presentan un patrón de consumo problemático.

El enfoque prohibicionista responde al supuesto de que la ilegalidad en la producción, venta y distribución de una droga logrará atenuar los efectos nocivos vinculados con su uso. Sin embargo, este esquema no ha logrado disminuir el consumo de marihuana, implica la adopción de una postura que limita el derecho a la autonomía del individuo para decidir sobre su cuerpo, y tiene en la cárcel a miles de personas que no deberían estar ahí.

Los consumidores de marihuana no son delincuentes. El equivalente a una onza (28 gramos) es el límite internacional convencionalmente aceptado para su uso personal. En México el límite legal es de cinco gramos.

Quienes desarrollan adicción a la marihuana (9% de los usuarios) tienen derecho a ser tratados como enfermos. Debe haber más y mejores programas de prevención, tratamiento y rehabilitación.

Hay reportes que sugieren que la marihuana puede ser útil en el tratamiento de algunas enfermedades y que puede tener efectos potencialmente benéficos en otras, por lo que debe alentarse la investigación para esclarecer sus posibles propiedades terapéuticas.

Un enfoque de salud pública se sustenta en la evidencia científica, así como en los principios de los derechos humanos y la justicia social. Por tanto, los daños asociados a las intervenciones que buscan controlar el uso y/o el abuso de las drogas no deben sobrepasar los daños asociados a las sustancias mismas.

Los cambios que pudieran darse en el marco legal, desde la perspectiva de la salud, deberán ir siempre acompañados de una vigorosa campaña de información y educación dirigida especialmente a los jóvenes.

 

Juan Ramón de la Fuente
Profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM. Ex secretario de Salud. Presidente del Aspen Institute en México. Su libro más reciente, junto con Heinze, G., es Salud mental y medicina psicológica (McGraw-Hill, 2014).

 

9 comentarios en “Consumo, salud y derechos humanos

  1. Es desigual comparar efectos del alcohol o tabaco con mariguana. Ahora se esta luchando por regular esas adicciones por mas que sean legales y,al compararles con la mariguana, se esta suponiendo que hay que dejar crecer sus consecuencias en términos de salud pública para entonces volver al principio de regularla con la esperanza de que luego se prohíba su consumo….es algo absurdo.Es,como siempre, prevenir antes de lamentar.

  2. Existen estudios serios a este respecto RIUS tiene un libro que escribió hace años Por mencionar a un escritor serio, documentado y conocido. satanizamos todo lo que al poder le conviene ya leyeron a TOM BRADLEY el mariscal de campo cuando hablo acerca de la coca cola y de los cereales definitivamente si las sustancias nocivas para la salud fueran la prioridad entonces los Servitje de bimbo, coca cola, corona, tecate, marlboro etcétera. Etcétera estarían en las cárceles si la mariguana fuera legal entonces Guam antes Loera chapó fuera CEO de una empresa internacional de mucho prestigio y daría empleo a miles de gentes
    URGE CÓMO O COMENTA EL DR. DE LA FUENTE UN ANÁLISIS SERIO AL RESPECTO

  3. Con todo respeto, conozco al Dr. Juan Ramón de la Fuente, hemos participado, en varios eventos , se de su trayectoria, pero sí quiero comentar que en mi calidad de Especialista en el Tratamiento de las Adicciones, entre otra especialidad que poseo, me parece un posicionamiento hasta cierto punto virtual, ya que encontrándonos trabajando en dos grupos de rehabilitación para adictos ese 9% del que habla el Dr. de la Fuente crece a casi un 50% entre los consumidores de Cannabis, me parece excelente artículo , pero precisamente escribi mi tesis sobre el Daño a la Salud por Cannabis y el Efecto de la Legalización en México. Y puedo concluir que los riesgos y daños a la salud son catastróficos, como lo demuestran las neuroimágenes funcionales (NeuroSpect). Y por supuesto que no se debe criminalizar su utilización.

  4. Con todo respeto al Dr. Juan Ramón de la Fuente, que me parece un excelente artículo.,y hemos coincidido en algunos eventos con él y con un criterio Magistral, propio de un Ex rector . Cannabis no debe criminalizarse y los efectos y costos de esto, al marco jurídico del Estado es muy alto, eso es cierto, pero los daños a la salud y el efecto de la legalización en México, que el que escribe; es la tesis que sustentó para la adquisición de la especialidad para el tratamiento de las adicciones, encontró que el daño a la salud, inclusive en adultos es considerable, como lo muestran los estudios de neuroimágenes funcionales (NeuroSpect) mostarndo los efectos neurotóxicos, así como las anormalidades de las estructuras de receptores y neurotransmisores y por supuesto que en los adolescentes por su inmadurez de los lóbulos prefrontales propias de la edad son más vulnerables.
    En la consulta en dos centros de rehabilitación, hemos encontrado que el porcentaje de dependencia a Cannabis es de más del 40% , contrario al uso/abuso del que se habla y los factores enunciados al principio del artículo son sumamente importantes. Muchas Gracias.

  5. Considero que toda droga tal y como lo señala el Dr. de la Fuente no es inocua, no obstante la discusión principalmente versa sobre las estrategias gubernamentales que se despliegan para abordar el problema. La persecución y encarcelamiento de las personas que la consumen trae consigo costos más altos que una regulación respetuosa sobre su uso personal. La proscripción no solo ha absorbido cuantiosos recursos públicos, sino que además ha quitado años de vida libre y saludable de los consumidores e igualmente ha cobrado vidas humanas en los diferentes operativos que se han desarrollado para combatir el narcotráfico.
    Aunado a ello y en virtud de dicha política gubernamental, la investigación sobre su uso terapéutico se ha visto obstaculizada. De ahí la necesidad de revisar el enfoque hacia el uso de la Cannabis.

  6. Hay diferencias en todo juicio. Coca cola, alimentos procesados, etc,, es cierto que hacen daño, prácticamente todo alimento procesado lleva riesgos y hay de riesgos a riesgos, pero en el caso de la canabis es distinto, quizá por su aparición o uso histórico. Pero además, es evidente que causa daños y trastornos, de eso ni dudarlo. los jóvenes y adolescentes al legalizarla con toda facilidad la conseguirían como consiguen alcohol y tabaco, de tal manera que suponer que no se incrementa el riesgo de que la usen es una falsa ilusión, Se abriría un canal libre para ello. Cómo se manejaría ese problema de previo y especial pronunciamiento? Los adultos, también dañados, que ayuda recibirían y de quién? Les impediría ser contratados o despedidos de su fuente de trabajo? Los patrones tendrían que soportar los riesgos o serían tratados igual que los alcóholicos? Ahora bien.- quién podría vender o entregar la canabis? El gobierno? O se vendería con licencia del gbno como si fuera tabaco? De qué tamaño serían las campañas para inhibir su consumo o no se haría ninguna? En que porcentaje se harían campañas disuasivas en relación con el núm. de usuarios?
    Como puede apreciarse, se necesitan muchas respuestas para conllevar una permisividad legal para hacer esto¡

  7. Quien garantiza que algun(a) adult@ consumidor de mariguana no condicione operantemente a algun joven o niño que conviva con aquel o aquellos. Se compara con otros productos como el alcohol, tabaco, etc. y con otras medidas legislativas de paises desarrollados como E.U., simple y sencillamente, son materiales y ambitos totalmente diferentes, estos ultimos por, cultura, educacion, historia, etc.