México: Las ruinas del futuro

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Los hechos

La matanza de estudiantes normalistas en Iguala es el acontecimiento más brutal y estremecedor que los mexicanos han vivido y exhibido al mundo en lo que va del siglo XXI.

Decimos que es el peor, pero no el único: las recientes ejecuciones de Tlatlaya perpetradas por el Ejército (Estado de México), la masacre de migrantes en San Fernando (Tamaulipas) a manos de una banda asesina, la prolongada ola de feminicidios en Ciudad Juárez, el incendio del Casino Royale en Monterrey o la dominación criminal de territorios completos en Michoacán, son muestras de una profunda descomposición política, social y moral que lleva lustros y que afecta ya a una buena parte del Estado y del territorio nacional.

Decimos que es el peor acontecimiento por su insólita crueldad, propia de un campo de exterminio; porque puso al descubierto una “forma de trabajo” criminal, en la que los asesinatos rutinarios sobre el monte, disimulados en fosas que escondían el homicidio, se erigían sin embargo como señal eficiente para mantener el terror y el control de una ciudad, sin escapatoria posible. Pero es el peor, porque resultó una prueba indudable de la connivencia entre policías, autoridades y bandas delincuenciales. Como ningún otro episodio criminal en México, ha exhibido el fracaso del Estado y de los gobiernos, en tramos y en obligaciones fundamentales:

  • En la policía del municipio, maniatada y al servicio de las bandas delincuenciales.

  • En la policía del estado, sin reflejos ni capacidad para acudir, ni siquiera interesarse en los hechos de extrema violencia conocidos y denunciados en la Ciudad de Iguala.

  • En el Ejército, que tampoco supo ni quiso hacerse cargo de la seguridad de la población ni de los jóvenes normalistas colocados en una situación límite.

  • En los procesos de selección de candidatos de los partidos políticos –esta vez, de la izquierda nacional (PRD y PT)- capaz de encumbrar a un individuo de vínculos familiares directos con los cárteles de la droga.

  • En la procuración de justicia estatal y federal, indiferentes e indolentes ante las denuncias por homicidio contra el Presidente Municipal, en 2013.

  • En la investigación incompetente y deliberadamente lenta, cuya negligencia hizo perder un tiempo crucial para la averiguación de los hechos.

  • En los servicios de inteligencia, incapaces de alertar ni prevenir las consecuencias de una comunidad de cien mil habitantes envuelta por un estrato criminal.

  • En el pasmo y la reacción errática del Gobierno federal, que tardó diez días en atraer un caso de lesa humanidad y omiso por un año, ante las denuncias contra el Presidente Municipal.

En síntesis: cuerpos policíacos, Ejército, partidos políticos, procuradurías de justicia, aparatos de inteligencia, gobierno local y gobierno federal, tienen una grave e inocultable responsabilidad, y su actuación, por omisión o comisión, configura un fracaso mayúsculo del Estado mexicano.

Reformar y rehabilitar al Estado es —debe ser— el propósito mayor de nuestro tiempo, precipitado ahora por acontecimientos terribles. La ilusión según la cual primero debieran producirse “las reformas estructurales que necesita el país” y luego la equidad, el reparto, el cambio institucional y el Estado Democrático de Derecho, se ha demostrado trágicamente falsa en éstos días aciagos.

Pero rehabilitar al Estado exige, en primer lugar, trascender las visiones y los análisis en bloque. Es vital castigar y deshacer a las bandas delictivas que han desatado la violencia y el terror en una dimensión hasta ahora desconocida. También hay que castigar a los funcionarios públicos coludidos con ellas. Pero es igualmente necesario identificar y apoyar a las instituciones  y personas que desde su posición de funcionarios del Estado, se han mantenido dispuestas a cumplir con sus obligaciones, en primer lugar, con su obligación de dar seguridad a los ciudadanos a pesar de todas las dificultades.

Las causas de la crisis son por naturaleza complejas, diversas, pues afectan aspectos fundamentales de la vida pública y no se configuraron en un día. Determinar sus orígenes requiere un esfuerzo de reflexión y análisis, sin veladuras, capaz de fijar la defensa del interés nacional como un llamado de urgencia a las reformas urgentes que son más necesarias. Ninguna salida importante se puede concebir sin la movilización de la sociedad civil que hoy ha demostrado su rechazo a un orden de cosas que garantiza los cambios superficiales sin recuperar los fines del Estado y cuya revisión crítica es parte del empeño para reconstruir la convivencia y la paz.

Contra el simplismo de corte autoritario que sueña aquí y ahora con una purísima sociedad sin Estado, es preciso reivindicar la necesidad de una reforma genuina, capaz de reencauzar la vida social por el cauce maltrecho de la democracia. Es una realidad que los mayores grados de libertad alcanzados en décadas anteriores, se diluyen ante la desigualdad que divide y enfrenta entre sí a la ciudadanía, al punto de que sin un cambio de rumbo, el panorama se muestra inseguro para todos, hostil y amenazador.

No hay atajos ni alternativas, sean neoliberales o anarquistas: es desde el Estado, es desde la autoridad pública elegida por los mexicanos, desde las instituciones, donde se habrá de sostener una batalla crucial en dos frentes: contra las cruentas catervas criminales y simultáneamente, para reformar y poner al día las instituciones que deben perseguirlas.

Nadie podía prever la profundidad de las raíces sociales del crimen ni sus grados de crueldad, pero tampoco era imaginable la desorganización y la ineficacia estatal antes y después de la tragedia. El propio Presidente de la República llegó a decir que los desaparecidos eran un “asunto local” y el PRD decidió en un primer momento proteger a “su” Gobernador anulado ya, por su propia inacción desde la noche misma de la matanza.

Así, la desgracia de los 43 estudiantes desvaneció el mito de un Estado fuerte y unificado: la evidencia de unos partidos y una administración pública, allá al servicio de los delincuentes, aquí, inconexa, sin reflejos, enajenada por su propia retórica y por la imagen que se ha construido de sí misma. Todo ello dibuja un cuadro inquietante de una clase dirigente y un Estado debilitados, muy atrás del país real y muy lejos de entender y encarar la gravedad de los hechos en Iguala.

Es cierto que el malestar y el escepticismo estaban instalados dentro del país mucho antes, debido sobre todo, al decepcionante desempeño económico; pero el carácter monstruoso de los hechos, la ineficacia institucional y política demostrada, fueron reconocidos por la opinión pública del mundo y se ubicó al gobierno y al Presidente en el centro de la crítica internacional.

Las reacciones a los hechos

Después de casi 60 días, es posible afirmar que 2014 es ya otro año oscuro con una cauda de costos humanos, materiales, atraso y rencor social que se seguirá acumulando mientras no se articule una respuesta estatal del alcance y del tamaño de la propia tragedia, capaz de tomar el pulso a una sociedad dolida y desconfiada que a través de la protesta exige cambios en la vida nacional. Pero llegar a ella, exigiría una deliberación pública muy seria y muy articulada, que todavía no tenemos.

Lo que siguió a continuación de la noche del 26 de septiembre constituye otro drama, aunque de tipo distinto. El espanto y la indignación han fluido sobre un ambiente público pobre y mezquino. Los dirigentes políticos tuvieron como primera e instintiva reacción la protección corporada y la acusación mutua, casi instantánea, entre los distintos personajes y partidos. Especialmente dura ha sido la confrontación al interior del principal partido de la izquierda en el Estado de Guerrero, atrapado desde los primeros días en callejón del cálculo político, en lugar de asumir con decisión las responsabilidades insuficientemente aclaradas que sin duda le corresponden.

Por otro lado, aún hoy, no existe un discurso gubernamental que responda a la magnitud de la crisis ni un esfuerzo por proporcionar una explicación de conjunto: ¿Cómo dominaba el narcotráfico la política y la administración de Iguala? ¿Cómo convivía con el Gobierno estatal? ¿Cómo ejercía su feroz control, cómo se eludieron los controles federales y cómo se desató la violencia en los días y horas previos a la masacre?

La explicación del Procurador General de la República es el único intento para entender una parte de aquellas circunstancias, pero no alcanza a constituir una explicación completa y coherente de cómo el crimen llegó a tales extremos, a tal dominio económico, político, social (y a tal grado de sevicia) ni por tanto, cómo arrancar sus raíces ni las vías de reconstrucción de la sociedad, lo mismo en Iguala que en el resto de Guerrero.

Este diagnóstico serio, documentado y sin concesiones, es una de las peores omisiones del Gobierno de la República, quien en plena explosión de la crisis, sólo atinó a emitir un rechazo genérico a la violencia y dos frases de efecto suficientes para salir del paso (discurso del 14 de octubre, 2014) y sin embargo, seguir en el aturdimiento.

Al vacío, el pasmo y la confusión política y gubernamental, siguió una espiral igualmente confusa en los medios de comunicación. La opinión publicada ha sido estridente y errática, vehículo de versiones sin sustento, elucubraciones y rumores, más o menos interesados y absurdos. Al menos, tras las primeras cinco semanas de la desgracia, en su conjunto, la actividad de los comentaristas sirvió de poco como plataforma para elaborar un diagnóstico, una narrativa fundamentada y pistas para una salida de la estupefacción y de la crisis política y social.

Como correlato de todo, México vio extenderse una poderosa onda de protesta social, conmovida y convencida de que el crimen y la corrupción han llegado demasiado lejos. La magnitud de la tragedia suscitó reacciones colectivas por todo el país, especialmente en los sectores más jóvenes, portadores del malestar y el rechazo, y de las demandas más elementales de justicia y castigo, envueltas en un tipo de rabia y desconfianza que corrió como un reguero de pólvora en todo el país. Estas manifestaciones mostraron en todo momento su voluntad cívica y pacífica, y nada tienen que ver con los grupos orquestados de la provocación violenta.

No obstante —hay que decirlo— la necesaria, saludable y enorme ola de indignación moral que ha recorrido decenas de ciudades en México (y en muchas otras partes del mundo) tampoco ha encontrado, fuera del rechazo absoluto a la impunidad, un discurso diferencial. Como suele ocurrir con las acciones dictadas por la espontaneidad, sus grandes energías y su decisión de cambio no han construido un cauce ni una fórmula para jerarquizar demandas asequibles y transformaciones precisas.

Las grandes consignas aparecen de la noche a la mañana como evocaciones de otras situaciones o reducidas a frase que a fuer de simples se vacían de todo contenido: “Fue el Estado”, “Que se vayan todos” y “Que renuncie Peña” expresan un sentimiento comprensible de las emociones de millones, pero por su carácter difuso y antipolítico, pueden derivar en una mera espiral contestataria, un callejón sin salida y una nueva frustración colectiva.

La consigna maestra “Fue el Estado”, lejos de esclarecer las articulaciones entre los distintos niveles y poderes, las posibles cadenas de complicidad, sepulta la posibilidad de juzgar a los responsables directos de los asesinatos, los cuales aprovechan para protegerse entre la maleza de las generalizaciones verbalmente más radicales. De esa manera, la divisa “Fue el Estado” —aun sin quererlo— libera de culpas a los autores directos de la masacre: los criminales del narcotráfico guerrerense, primer objetivo del repudio y la condena de todo nuestro país.

En el marco de la indignación generalizada, sin embargo, se han suscitado acciones violentas perpetradas por grupos o movilizaciones de distinta índole. Esa violencia solo incrementa la incertidumbre. Sus derivaciones están a la vista: destrucción, miedo y eventualmente muerte; al confundirse con las movilizaciones pacíficas, tiende a restarles la simpatía legítimamente ganada y por si ello fuera poco, su extensión y reproducción puede ser el prólogo de un desenlace que profundice la desconfianza entre sectores de la sociedad y el Estado.

Los centros de educación superior de manera natural han sido espacios de la más genuina indignación social en buena hora pero, por su propia naturaleza, resultan particularmente vulnerables a los desencuentros, las provocaciones y las acechanzas, como lo muestran los actos de amedrentamiento que ha sufrido la Universidad Nacional en las últimas semanas. El respeto, respaldo y cuidado a la Universidad Nacional es una obligación política de todos los niveles de gobierno y de las fuerzas políticas, especialmente, en estos días.

Muy pocos han intentado elevar la mira y trascender el miedo y la indignación. Ni las fuerzas políticas y las instituciones del Estado, ni la sociedad civil, ni las movilizaciones en curso, han conseguido abrir un espacio público para restablecer puentes hacia el diálogo, la deliberación, la propuesta y la elaboración de iniciativas y estrategias que den cierto sentido al momento y un horizonte a la nación.

Justo por eso, es obligado reconocer los llamados que, si bien escasos, se han puesto sobre la mesa para agotar todas las vías de entendimiento y de diálogo para desactivar la espiral de violencia, de provocación, de afectación a terceros y buscar fórmulas de solución a los agudos problemas que hoy sacuden al país.

Salir del pasmo

La matanza de Iguala también nos mostró cuán poco entendemos al México contemporáneo y el abismo que hay entre la realidad cotidiana de millones y el discurso jaculatorio de modernidad.

No hay tal “sobre-diagnóstico” de México. Hay un discurso repetitivo y dominante que cree saber cuáles son las fórmulas y las reformas necesarias para encaminarnos a la prosperidad. Pero la hipótesis de los cambios estructurales, en un plazo extremadamente breve, se ha demostrado demasiado frágil, demasiado endeble frente a los acomodos de la realidad.

La parsimoniosa agenda gubernamental (según la cual las reformas institucionales y los cambios de gobierno podían esperar a la prometida bonanza de las reformas estructurales) ha caído por su propio peso —como colección de meras hipótesis— ante la evidencia del pasmo y la impotencia estatal.

Por eso, por la gravedad de la situación y porque la enorme indignación y movilización nacional debe encontrar un cauce institucional y una agenda de cambios propios, el Instituto de Estudios para la Transición Democrática quiere proponer siete temas para el abordaje y el acuerdo político y social urgente.

  • Los derechos humanos deben colocarse en el centro de los debates y de todas las políticas, en adelante. No es admisible ya una política acomodaticia en la materia, y en ese sentido, el nombramiento de una personalidad independiente y solvente al frente de la CNDH, es un paso adelante pero hace falta mucho más.

  • La atención a las víctimas –ahora, a los padres de los normalistas- vuelve a ser tema de enorme relevancia, porque son el centro del dolor y de la indignación de nuestro país. La CNDH debería encabezar una política de respaldo profesional, información, diálogo y protección hacia los deudos más allá de la justa indemnización. Su cuidado y atención es el fundamento de cualquier posibilidad de reconciliación y recomposición social en el estado de Guerrero.

  • La discusión y rehabilitación del poder municipal. A estas alturas queda claro que ése es el ámbito privilegiado por el crimen (no el único) para reproducir su control. ¿Qué políticas seguir para fortalecer su capacidad institucional?, ¿qué facultades deben ser asumidas por los gobiernos estatales y cuáles por el federal? La re-centralización no es opción, pero tampoco el abandono y la indiferencia ante gobiernos tan débiles y expuestos ante poderes criminales que los superan ampliamente. Es posible que haya llegado la hora de replantear el mapa municipal de México: su fusión, ampliación, fortalecimiento, régimen de facultades, responsabilidades y derechos. México está obligado a examinar con toda seriedad la cuestión del federalismo, pieza esencial del Estado, que desde hace tiempo espera su reforma en un sentido democrático. Es una discusión de gran alcance que merece una mucha mayor atención en el futuro inmediato.

  • La impartición de justicia es otra área clave que no se resolverá con el conocido expediente de mayores presupuestos ni con la magia atribuida a los juicios orales. Es preciso decir, con todas sus letras, que hay una crisis en el corazón mismo del Estado de Derecho cuyos efectos ponen en un predicamento las aspiraciones de justicia y equidad de los ciudadanos mexicanos. La corrupción no es un mal menor, al contrario: condiciona el funcionamiento de las instituciones y agrava la precariedad de la convivencia social.

El poder judicial en su conjunto -especialmente el órgano rector, la Suprema Corte- tiene una gran responsabilidad en la tarea (compartida por el Legislativo) de asumir en lo inmediato los cambios  que la gravedad de la situación les plantea, por ejemplo: los amparos solicitados por los criminales más señalados deben ser objeto de seguimiento por las instancias de supervisión, y no sólo por jueces aislados. Los juicios a los casos más graves deben cursar por trayectorias claras y perentorias, sin excusas administrativas. El caso Tlatlaya –para la justicia militar- debe ser ampliamente esclarecido y sobre todo, la aprehensión y el  castigo a los responsables materiales de la masacre en Iguala es igualmente crucial para la credibilidad de cualquier otra iniciativa del Estado y del Gobierno.

  • La pobreza y la desigualdad son el abono de la violencia endémica y del tránsito cada vez más expedito de la juventud hacia los mercados delincuenciales. Es imposible separar el atraso, la falta de crecimiento y de oportunidades, de la decisión de miles de mexicanos para enrolarse en el ejército criminal que ya existe y que hoy ha puesto en jaque al Estado en amplias zonas y segmentos del país. Ésta es la coyuntura precisa para replantear seriamente el conjunto de programas sociales en los órdenes federal, local y municipal; actualizar los programas contra la pobreza extrema y contra el hambre y sobre todo, enviar un mensaje de cohesión social inequívoco. En este sentido, la propuesta para incrementar el salario mínimo cobra un especial significado y trascendencia en estos días. No sólo se ha demostrado su factibilidad macroeconómica (no generaría inflación, ni desempleo); no sólo está madura la liberación jurídica del salario mínimo en tanto mera referencia de precios y conceptos; sino que ahora, se erige como una oportunidad para que el Estado, los empresarios y los sindicatos construyen una demostración inequívoca de su compromiso con el país y la cohesión social.

Por su parte, la utopía conservadora que creyó viable la extinción por inercia y abandono al sistema de Normales y de Normales Rurales, ha mostrado su futilidad y ha dado un vuelco que requiere de urgente y total atención por parte de las autoridades educativas. Se ha vuelto especialmente apremiante generar alternativas, opciones innovadoras e incluyentes para el sistema de educación media superior y superior, de modo que el país esté en condiciones de dar cabida a más jóvenes, ofrecerles un tipo de tránsito vital significativo (más significativo que el desempleo, la degradación curricular o el crimen) y rutas de regularización suficientes y adecuadas a la multiplicación de la demanda en una sociedad que todavía cruza por la oportunidad de su bono demográfico.

  • El combate a la corrupción es la forma concreta que adquiere hoy, esa enorme exigencia contra la impunidad y por el Estado de Derecho. Pocas veces estuvo tan claramente inserta y con tal urgencia en la agenda nacional, una genuina reingeniería de la estructura de rendición de cuentas en todo el país, especialmente en los niveles primarios del Estado. La elaboración de otra forma de combatir la corrupción está madura, lo mismo en la academia que en la política, y no hay razones para seguir posponiéndola.

  • Crisis de representatividad, crisis administrativa y crisis en la capacidad de respuesta del Gobierno, un cuadro perturbador que debería convocar a una discusión política amplia, acerca del régimen y la forma en que se organiza el poder público en el país. El Presidencialismo, sus excesos, el personalismo que engendra y sus muchas trampas institucionales asociadas, muestran una y otra vez, que no cuentan con el instrumental ni con la capacidad para gestionar el tamaño de los problemas ni la pluralidad y diversidad real del país. A querer o no, nos enfrentamos a una crisis de nuestra democracia, de la izquierda, del régimen de partidos, del Estado de Derecho y de la política misma como actividad esencial para elaborar el interés público y encontrar las soluciones comunes. La reforma del poder público, es el horizonte que puede encuadrar la discusión nacional de los siguientes meses.

En resumen

Estamos obligados a reformar todo lo que exige una situación inédita y ominosa, como la que atravesamos hoy. Desde el IETD no apostamos por el colapso, ni compartimos la peregrina idea de que “entre peor, mejor”. La movilización social debe ser un acicate para que cada uno de los eslabones que tienen que ver con la impartición de justicia sea revisado y eventualmente reformado. Estamos hablando de las policías, los ministerios públicos, los jueces, los reclusorios. No existe acto de magia que pueda resolver lo que tiene que hacerse con diagnósticos puntuales e iniciativas pertinentes.

Ante el pasmo de amplias zonas del poder político, la sucesión de reproches sin fin en que se involucran los partidos y la estupefacción que a menudo se convierte en desorientación de la sociedad activa, es urgente precisar un rumbo, hacer de las reformas —acicateadas por la pertinente movilización social— un método virtuoso y no recurso vergonzante y tener como mira central la reforma de las instituciones estatales.

Necesitamos renovar la conversación pública y darle un formato nuevo. Imaginamos un acuerdo, como la concurrencia de los poderes legítimos, las formaciones políticas y las organizaciones y los movimientos sociales que hoy han hecho patente su existencia, la vigencia de la denuncia y su voluntad de participación.

Iguala es la última estación de un problema de dimensiones inmensas, trasnacional y de un enorme poder corruptor (el narcotráfico) cuyas consecuencias seguiremos viviendo dolorosamente en los días y años próximos. Es una estación trágica y excepcional que exige respuestas también excepcionales, elaboradas democráticamente, dentro de las instituciones y tomando en cuenta ese México airado y participativo súbitamente iluminado desde la pequeña urge del estado de Guerrero.

Abruptamente, se ha terminado la leyenda dorada según la cual la corrupción endémica es manejable y sus excesos son administrables. Nuestro ya viejo modelo económico (y mental) y sus reformas estelares, deberían despertar y atreverse a mirar los fundamentos de su propia subsistencia: menos Estado, bajos salarios, burla a las regulaciones, desigualdad, posponiendo el bienestar de millones a las hipótesis y la buena suerte siempre ubicada en el futuro de las “reformas estructurales”.

Hace unos meses, se suponía, estábamos dando pasos de gigante hacia nuestra definitiva modernización. Pero los más viejos problemas no resueltos, los problemas pospuestos siempre —violencia, pobreza y desigualdad— nos precipitaron a las ruinas de un futuro que no llegó.

 

Firman, por el Instituto de Estudios para la Transición Democrática:

Ricardo Becerra, Raúl Trejo Delarbre, José Woldenberg, Adolfo Sánchez Rebolledo, Rolando Cordera, Enrique Florescano, Enrique Provencio, Fernando Escalante, Mauricio Merino, Sergio López Ayllón, Blanca Guerra, Marta Lamas, María Marván, Salomon Chertorivski, Julia Carabias, Leonardo Valdés Zurita, Jacqueline Peschard, Jaime Ros, Ariel Rodriguez Kuri, Rosa Elena Montes de Oca, Hortensia Santiago, Luz Elena González, Antonio Avila, Natalia Saltalamacchia, Arturo Balderas, Adrián Acosta, Patricia Ortega, Jorge Javier Romero, Mariano Sánchez, Jorge Delvalle, Paula Sofía, Guadalupe Salmorán, Carlos Garza, Javier Reyes, Gustavo Gordillo de Anda, Jesús Galindo, Leonardo Lomelí, Christian García, Antonio Azuela, Paula Ramírez, Elsa Cadena, Federico Novelo, Maite Azuela, Clemente Ruíz Durán, Alfredo Popoca, Mariana Cordera, Enrique Contreras, César Hernández, Anamari Gomís, Rosaura Cadena, Fernando Arruti, Alejandra Betanzo, Virginia Pérez Cota, Rollin Kent, David Pantoja, María de los Angeles Pensado, Paloma Mora, María Cruz Mora, Guillermo Ejea, Blanca Acedo, Carolina Farías, Carlos Martínez, Rosa Rojas Paredes, Alejandra Zenzez, René Torres-Ruiz, Patricia Pensado, Manuel Vargas Mena, Jaime Trejo, Antonio Franco, Margarita Flores, Fabián González, Fabiola Navarro, Carlos Sánchez Mendoza, Jorge Bustillos Roqueñi, Miguel López, David Bernal, Juan Adolfo Montiel, José Martín Reyes, Agustín Castilla, Paul González, Enrique Contreras y Luis Salgado.

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Publicado en: Sólo en línea

39 comentarios en “México: Las ruinas del futuro

  1. Sugiero a los autores del artículo que lo resuman, lo publiquen como desplegado y busquen firmas de adhesión . Yo estoy de acuerdo y ofrezco colaborar con 1000.00 para su publicación.
    C.Mastretta. Ciudadano.

  2. Totalmente de acuerdo dada la coyuntura actual no podemos transitar sin reformar nuestros organismos de justicia, que tanta falta le hace a nuestro país, como habrir la puerta energetica sin tener control de corrupción e impunidad?

  3. Me adhiero al análisis que han hecho de nuestra situación. Más me gustaría sumarme a las acciones que proponen y me sumo también a las propuestas de Carlos Mastretta. Estoy a sus órdenes.

  4. Un análisis serio sobre la situación, sobretodo cuando en efecto solo desde el estado se puede construir un nuevo pacto. Lo suscribo, gracias por compartir.

  5. los cuestionamientos hechos a la reforma energetica partian de la base de que antes que pensar en liberar el petroleo lo primero era romper con la hegemonia y corrupcion de su sindicato, los oidos sordos de el gobierno se reflejan en los hechos de iguala y ayotzinapa, ¿que es lo que esperan que suceda cuando se den los contratos a las compañias petroleras? ¿que es lo que esperan que suceda con su reforma educativa? reformas mal hechas, solo pensando en el negocio, desgraciadamente y afortunadamente para el pais estos tragicos sucesos obligaran al gobierno (eso espero yo) a pensarselo 2 veces antes de entregar los recursos energeticos de el pais, el pasto de la insurgencia esta muy seco, pero la intolerancia mostrada nos habla de que el gobierno no quiere cambiar nada, los intereses creados se defienden, ¿sera este el punto de inflexion esperado?

  6. Excelente artículo, no cabe duda que el momento que hemos pasado a los largo de todos estos años y con estos gobiernos corruptos es necesario toda una modificación política y conciencia social, restablecer el orden y la paz, la verdadera arma para derrocar al gobierno es el pueblo, asi que ciudadanos unámonos por el bien de todos y de nuestra nación. #TodosSomosAyotzinapa
    #EstamosHastaLaMadre
    #FueraPeña

  7. Comparto. El único detalle es tener cuidado con el uso de la palabra «personalismo», como si un tal Mounier no hubiera existido. Saludos

  8. Excelente planteamiento, en estos últimos días es la primera lectura que me ofrece solución y esperanza para este mi amado México.
    Sugiero darle mayor difusión, este es el momento justo en donde las ideas encaminadas a una nueva realidad deben fluir y ser semilla para esos nuevos líderes que en estos momentos se están gestando, bajo la consigna de «no destruir, si construir».
    Gracias!

  9. Yo felicito a los autores por este artículo tan completo y, sobre todo, por ser asertivo y propositivo. Estamos en una situación muy peligrosa, efectivamente el pasto de la insurgencia está muy seco, como dijo Esteban en su comentario, pero el pasto seco es muy flamable y la cosa está que arde. El peligro de que se incendie el País es muy grande y estamos muy vulnerables a una invasión «salvadora» de los Estados Unidos, estamos vulnerables porque no se atacó lo escencial antes de las reformas, que es la educación y los valores, el bienestar de la familia y la recomposición social, tenemos un montón de ninis para afrontar la demanda de capital humano altamente capacitado para competir fuerte contra las multinacionales petroleras, o para, al menos ser contratados por ellas, la «privatización de PEMEX» la vienen preparando durante décadas, lo achatarraron para justificar la apertura del Petróleo, pero no preparamos al País para ser competitivo ante esos monstruos tecnológicos. Yo temo que estos sucesos, los de Ayotzinapa sean fraguados desde el extranjero, la crisis social se parece en algo a lo ocurrido en Egipto hace unos años, que detonó en la intervención de los gringos y la ONU. Los gringos vieron la oportunidad en el «pastizal seco» y en Iguala arrojaron el cerillo. Como dicen los criminalistas, hay el motivo, que es el petróleo, la oportunidad, que es el cáncer de la corrupción, el arma el crimen organizado. Por ello, me uno a la propuesta y les pido que, con urgencia actuemos para tomar la iniciativa y liderazgo ante la amenaza de una revuelta de dimensiones nacionales. Hagamos la reforma desde las bases, utilizando como eje rector el bienestar social, la igualdad y el desarrollo sustentable. Gracias

  10. Comparto a traves de fb esta publicacion porque me parece que brinda la claridad que necesitamos en el discurso coliquial y el actuar cotidiano .

  11. Muy interesante el artículo y las propuestas. Agregaria lo siguiente: Considero que por ahora se reqiere una educación mas sencilla pero con mayor corte formativo. Menos materialismo alentado por la publicidad de los medios. Mayor enfasis en el analisis de selección de candidatos. Propuestas claras realizables y con resultados rápidos y visibles en las administraciones municipales enfocadas a mejorar el nivel de vida de los mexicanos. En los escritorios dell DF no se alcanzan a comprender las carencias y desesperanza de nuestro pueblo. Solo se ve en la tv el lujo el derroche y discurso que muy pocos entienden. Realmente la pluma y el escrito dice mucho pero aterrizar esas ideas necesita que los intelectuales vengan al campo vengan a los zurcos a los corrales a las maquiladoras a las escuelas a los cientoa de mileshogares para que conozcan ka realidad de nuestro pais. Propongamos cinco acciones sencillas profundas inmediatas yydonde todo mexico participe. No es nada sencillo verdad. Pues precisamente la actuacion colectiva e inmediata se deja en manos de las presidencias municipales. Hay que acercarse totalmente a ellas capacitar apoyar vigilar dar herramienras economicas intelectuales morales productivas de todo. Lo mismo a las familias. Se necesura un gobierno mas practico mas sencillo mas austero mas realista mas inteligente.
    Estoy a sus órdenes. Mi pluma y discurso son basicos pero mi cerebro y preparacion me dan el respaldo para gacer el planteamiento que hago.

    1. Estimada señora estoy de acuerdo con usted en cuanto a que el cambio debe ser desde la educación. Sin embargo como ciudadana común veo con tristeza que los intelectuales de nuestro país no aterrizan en las aulas, a excepción de las grandes universidades, no los veo en las pequeñas ciudades ni mucho menos en una ranchería. Tristemente también los intelectuales de nuestro país están inmersos en una élite muy privilegiada pero agradezco su trabajo intelectual a través del a pluma y el papel, que también es una forma de hacer una revolución pacífica. Me adhiero a las propuestas, con mi trabajo, como autora del libro Cultura de la Legalidad: formación de ciudadanos, editado por Macmillan. Estoy a sus órdenes.

  12. México… Desde la República Dominicana, donde parece que quisiéramos pisarles lo talones, felicito a los autores de éste artículo tan diáfano y escrutador. Deseo que esta iniciativa encuentre eco en los cuatros puntos cardinales de ese México que ha sido inspiración histórica para muchos países latinoamericanos. ¡Adelante México, no dejes de soñar por un México posible!

  13. Estoy de acuerdo en el sentido, fines y aterrizaje de las ideas expuestas. Díganme cómo puedo apoyar para hacerlo público a nivel nacional e internacional.

  14. Aquí es donde la sociedad activa tiene que encontrar canales de comunicación con las autoridades de Gobierno. Canales más efectivos que salir a la calle a manifestarse. Está probado que las manifestaciones callejeras se van desgastando y a eso es lo que apuesta el gobierno, a que tanto las manifestaciones como el motivo de las mismas se desgaste. Aquí es donde los partidos políticos debieran constituirse en el medio de comunicación idóneo. Qué grato sería que cada uno de nuestros diputados se acercara a sus ‘electores’ para escucharlos y llevar sus comentarios y propuestas a las Cámaras. Pero desgraciadamente los dos poderes -ejecutivo y legislativo- pareciera que viven en otro país, en otra realidad.

  15. En el texto se centra al narcotráfico como el pilar, de toda esta descomposición social y política, lo cual es muy cierto,se toca el tema también de que México no conoce su historia, lo cual es muy cierto también, ya que se tiene documentado la existencia de carteles de droga y su estrecha relación con Gobiernos especialmente de Coahuila, Tamaulipas, Durango, Sonora, Chihuahua, Monterrey, por mas de 60 años, y sus temas relacionados a sus sucesores futuros, visto esto como un gran negocio trasnacional desde los anos sesentas.Por lo que hoy en día nos enfrentamos a un problema de más de 60 anos de evolución que se dejo crecer en todo manera posible e imaginable, y sin descartar que es un tema geopolítico por su impacto mundial, y en el cual existen grandes intereses de Gobiernos extranjeros, que tienen un alta relación con este problema, y sin duda han favorecido este problema. Con estos argumentos nos enfrentamos a un gran problema que es renovar nuestras instituciones, en la que dada la situación de poco margen para operar, deja alternativas no muy lejanas a una revolución, la cual puede ser inteligente y con un plan muy bien armado para que no exista inestabilidad económica, social, ni política, para que no halla inestabilidad ante los demás países, pero sin duda se tendrán que castigar a los culpables, y ya es hora de que les toque pagar a esos responsables de envenenar a Mexico, en la constitución se definen también como enemigos. Que México y su sociedad tenga esa herramienta de comunicación social con la política, para que se integre y pueda cambiar, pero si las cosas siguen así habrá por parte de la sociedad no solo ya manifestaciones.

  16. «Hace unos meses, se suponía, estábamos dando pasos de gigante hacia nuestra definitiva modernización. Pero los más viejos problemas no resueltos, los problemas pospuestos siempre —violencia, pobreza y desigualdad— nos precipitaron a las ruinas de un futuro que no llegó». Mientras la politica siga siendo una via para acumular poder y dinero, dificilmente se va a acabar con la corrupcion. Lo que necesitamos todos es un ingreso digno, que las instituciones funcionen, que no funcionan por lo mismo: los que las dirigen son puros macuarros en la mayoria de los casos. Los programas sociales son solo instrumentos para asegurar el territorio clientelar para las elecciones. Solo para dar un ejemplo, una diputada del PRI por Chihuahua, acaba de declarer que los de Ayotzinapan es porque se llevaron los camiones. !Afirmar esto es la expression de una mentalidad que no tiene sentido de realidad! esto es lo que explica que la clase politica no tenga idea de las condiciones materiales en que esta la mayoria del pueblo. Cuando la revolucion Francesa, El Rey pregunto porque los gritos de la muchedumbre y le contest su criado, que eran las masas hambrientas y Maria Antonieta, respondio ‘Bueno pues Habra que darles pasteles’. De nada sirvieron los pasteles.

  17. Me adhiero. suscribo. Q los beneficiarios del Sistema Nacional de Investigadores retomen cada punto . Q retribuyan al país sus dietas y marquen Agendas.

  18. Como debe estarse riendo Ángel Heladio Aguirre, al igual que Leonel Godoy, crearon y alimentaron estados y lo digo desde el punto de vista territorial y de la libertad que les da la autonomía constitucional, como deben de estarse riendo de la ignorancia jurídica que absorbe a nuestro pueblo (y no soy abogado) cometen desmanes alimentan la corrupción y basta que todo lo atraiga la PGR para que se convierta en un problema de la nación para olímpicamente eludir su responsabilidad, es triste ver que a cualquier nivel, a cualquier intelectual si así se le puede llamar alimenta que todo lo resuelva el TLATOANI, EL PAPA GOBIERNO, EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, y los pequeños virreyes salen impunes e todo, por mas grotesco que nos parezca los gobernadores de los estados nunca tienen responsabilidad alguna, sean del pri, del pan, o del prd, o peor aun de una aberrante coalición partidista, tenemos un sistema político de autonomía a nivel municipal, estatal y federal, pero todo tiene que resolverlo el federal y cuando le exigiremos a nuestro presidentes municipales, cuando a nuestros gobernadores, cuando le preguntaremos quien mando a 43 jóvenes al matadero, cuando sabremos que oscuros intereses y a quien sirve lucrar con su sufrimiento quien se va a beneficiar con la millonaria suma que aprobó el congreso como indemnización ,quién lucra con su sacrifico? cuando aprenderemos a exigir a quien tenemos en primera instancia la obligación de exigir, cuando entenderemos que controlado lo primario aseguraremos lo secundario?

  19. Gran artículo, por fin propuestas coherentes para solucionar un problema un serio y tan profundo. Me uno a la propuesta!

  20. No veo en este ensayo asomo de enfoque sobre la política de las drogas impuesta por Estados Unidos como causa de esta dantesca situación, si las drogas fueran legales como el tabaco y el alcohol no habría carteles corrompiendo ni capturando el Estado. Este episodio de México es iden´tico al de Colombia mi país

  21. Que lastima me da este país por la cual en su momento luche por tierra y libertad, me da vergüenza de ser parte de este corrupto e injusto sistema panista, priista, peredista y todos los partidos políticos tradicionales podridos, corruptos y desagradbles, no estoy de acuerdo en que de nuestros impuestos le den su tajada a cada partido, los medios de comunicación actual rebasan todo sistema de propaganda política convencional que desde hace 90 años utilizan, y SÏ que renuncie el inepto de presidente y toda la bola de inservibles personas que le rodea, lo que no ha cambiado es que la revolución no se puede hacer desde casa, la necesidad de salir a las calles es inevitable, la violencia también lo es, por eso la importancia que el gobierno actual renuncie y nos gobierne personas con una vocación de servicio y amor por la vida y sobre todo muy humano. Que lastima me da el México actual, si estaría vivo volvería a morir el solo ver a mi País en las manos de estos miserables y malos gobernantes.
    P.D. Le dije a Pancho que ni se atreva a echar un vistazo al México actual, sin embargo pediré a nuestra Virgencita que nos cuide de los políticos mejinacos.

  22. No termino de entender la propuesta de las «zonas económicas especiales». se supone son regiones con minima regulación gubernamental y exenciones de impuestos. Siempre que alguien las recomienda, ponen de ejemplo a Hong Kong. PEro ¿no surgieron hong kong y el HSBC como el epicentro del contrabando de opio a china? ¿Que evitaria que las zonas economicas especiales fueran usadas por el narcotrafico para limpiar sus ganancias, o por grandes empresas para evadir impuestos?¿o para evadir los derechos laborales de los empleados moviendo su domicilio fiscal a esas zonas y utilizando la subcontratación en regiones fuera de la zona economica especial?

  23. Hacía falta un pronunciamiento de este tipo. Lo saludo y celebro. Hay mucho que trabajar desde la academia, desde el activismo, desde las diferentes esferas de en las que estamos inmersos. Un saludo a varios de los firmantes que fueron mis maestros.

  24. Totalmente de acuerdo. Somos los ciudadanos mexicanos quienes debemos tomar en nuestras manos las riendas del destino nacional. Apoyo la moción de realizar un desplegado y recolectar firmas. Fuerza, consciencia y solidaridad de Toluca, Estado de México.

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