Los trabajadores voluntarios y los pepenadores son la mano de obra gratuita utilizada por las delegaciones y el gobierno del Distrito Federal para poner en marcha el servicio público de limpia de la ciudad. Su función es tan relevante que sin ellos el gobierno no sólo no contaría con la cantidad de trabajadores suficientes para realizar el servicio, sino que se reduciría el reciclaje y reutilización de materiales, por lo tanto se aumentaría el volumen diario depositado en el destino final, lo que a su vez incrementaría su efecto nocivo en la salud humana y el medio ambiente.

Esta actividad informal está definida en la Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal para prohibir su realización en algunas partes del servicio y guardando silencio respecto a otras. Independientemente de ello, la realidad es que ambos, tanto los trabajadores voluntarios como los pepenadores, recogen entre la “basura” aquellos residuos que tienen valor y a través de su venta subsisten económicamente al no poder encontrar empleo dentro de la economía formal y no poder permitirse el desempleo absoluto, como establece la Organización Internacional del Trabajo en su informe El trabajo decente y la economía informal. La diferencia entre los trabajadores voluntarios y los pepenadores es la etapa del servicio público en la que intervienen y, en consecuencia, los actores relacionados en su obtención de ingresos.

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Enfocándonos en la recolección domiciliaria de residuos, los trabajadores voluntarios son los que tienen contacto directo con la ciudadanía. Pasan recogiendo los residuos casa por casa con sus tambos o en una carreta que es jalada por burros como sucede, por ejemplo, en algunos lugares de Iztapalapa, o bien, son aquellos a los que entregamos nuestros botes en el camión de la basura. Esto no significa que todos los trabajadores que realizan estas actividades sean informales, pero aproximadamente seis mil lo son, de acuerdo al sitio web de la Sección 1 de “Limpia y Transportes” del Sindicato de Trabajadores del Gobierno del Distrito Federal.

En el caso de los que recolectan residuos casa por casa, al momento de hacer la recolección también van haciendo la selección de los materiales que venderán en algún centro de acopio o a un intermediario. De las propinas más el dinero de la venta obtienen sus ganancias. Los residuos sobrantes los depositan en  los camiones de basura que son propiedad del gobierno y cuyo chofer es también contratado por el gobierno. Para poder hacerlo realizan un acuerdo informal con el chofer que a cambio de una cantidad de dinero se los permite.

Los voluntarios del camión recolector son aquellos que reciben los botes de basura en los camiones de limpia, obteniendo propinas a cambio. Estos trabajadores seleccionan los materiales en la caja del camión, acumulándolos en costales que se pueden ver en los costados o arriba de los camiones. Las propinas recibidas son entregadas al chofer, quien también está encargado de vender los materiales a los intermediarios. Del total del dinero obtenido, el chofer se queda con una parte y distribuye otra cantidad entre los ayudantes —también contratados por el gobierno— y los voluntarios.

A través de la selección descrita, llamada “prepepena”, se realiza la recuperación de tan sólo una parte de los materiales reciclables existentes dentro de los residuos urbanos generados en los domicilios, mismos que ascienden a 20.30% del total según el Programa de Gestión Integral de Residuos Sólidos del Distrito Federal.

Los residuos no seleccionados más los residuos que son recolectados en sitios diferentes a los domicilios, después de pasar por los 13 centros de transferencia de la ciudad, llegan a las tres plantas de selección y tratamiento. Aunque estas plantas son propiedad del gobierno de la ciudad, son operadas por los líderes de pepenadores: la de San Juan de Aragón, a cargo de Luis Rojas, dirigente de la Asociación de Selectores de Desechos Sólidos de la Metrópoli; la de Santa Catarina, a cargo de Guillermina de la Torre, dirigente de la Unión de Pepenadores del D.F. Rafael Gutiérrez Moreno; y la del Bordo Poniente, a cargo de Pablo Téllez, dirigente del Frente Unico de Pepenadores.

El modelo de control de la pepena a través de “líderes” en la ciudad es una herencia que dejó el difunto Zar de la Basura, anteriormente líder único en el negocio de la basura en el Distrito Federal, quien de hecho fue esposo de Guillermina, la única mujer entre los actuales líderes y padre de Cuauhtémoc Gutiérrez, actual presidente del PRI en el Distrito Federal. Los líderes, como ha explicado Héctor Castillo Berthier, son la unión entre los pepenadores y el gobierno, siendo autoritarios hacia la base y comprometidos hacia la estructura gubernamental.

Los pepenadores van seleccionando los residuos mientras éstos pasan por las bandas ubicadas en las plantas. Posteriormente, son entregados a los líderes, quienes los venden a las empresas, quedándose con una parte de la ganancia y repartiendo otra parte entre los pepenadores. Así es como gracias al trabajo de los pepenadores se recuperan las 295 toneladas de residuos sólidos diarias, de las cuatro mil 675 que el Programa de Gestión Integral de Residuos Sólidos del Distrito Federal indica que ingresan diariamente a las plantas.

Como es evidente, los recicladores informales realizan las actividades de barrido, recolección, selección, aprovechamiento —a través de la valorización, reciclaje y reutilización—, así como la reducción de los residuos. De acuerdo a la Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal, cada una de dichas actividades corresponden al servicio público de limpia de la ciudad.

La prestación del servicio de limpia es un servicio público que corresponde ofrecer a las delegaciones, de acuerdo al artículo 115.III constitucional, y al gobierno de la ciudad, según lo dicta la Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal. Ambos niveles de gobierno interactúan en su realización, misma que abarca desde el barrido y la recolección, hasta su depósito en el destino final y su tratamiento.

Es por ello que los trabajadores voluntarios, para hacer su trabajo, cubren las rutas planeadas por los programas delegacionales. En las plantas de selección los pepenadores siguen la organización y planes de operación de la Secretaría de Obras y Servicios del Distrito Federal, particularmente de la Dirección General de Servicios Urbanos.

En ambos casos la Ley de Residuos Sólidos señala que el gobierno debe de contar con personal suficiente, de tal forma que tanto los trabajadores voluntarios como los pepenadores cubren espacios que deberían estar ocupados por trabajadores contratados por el gobierno, quien actualmente se beneficia al no gastar en trabajadores y cubrir el funcionamiento de algunas partes del servicio público a través de trabajo gratuito.

En la relación de los recicladores informales y el gobierno, éste pretende que siendo permisivo para que el aprovechamiento lo realicen los trabajadores informales al vender los residuos que recolectan, exista un beneficio mutuo. Ello parecería indicar una relación de “benevolencia” más que una relación de reconocimiento de derechos laborales que, de hecho, los trabajadores informales dentro del servicio público de limpia sí tienen.

Los voluntarios y pepenadores  son personas físicas que prestan un trabajo personal, consistente en la recolección y separación de materiales, subordinado a personas morales: el gobierno delegacional y el del Distrito Federal, encuadrando en la definición de trabajador establecida en el artículo 8 de la Ley Federal del Trabajo.

Los trabajadores voluntarios dependen completamente del chofer del camión (servidor público) y del camión de la basura (propiedad del gobierno) para poder trabajar. Asimismo, dependen de contar con una ruta de recolección a seguir y del permiso de los delegados, quienes tienen el deber legal de realizar recorridos periódicos para verificar en qué forma y condiciones se presta el servicio. En el caso de los pepenadores dependen de la permisividad de la Secretaría de Obras y Servicios para trabajar en las plantas.

Las delegaciones y la Secretaría de Obras y Servicios utilizan el trabajo de los voluntarios y los pepenadores para dar cumplimiento a sus programas de prestación del servicio, convirtiéndose en los patrones. En ese entendido, es particularmente relevante el artículo 10 de la Ley Federal del Trabajo, que señala que si el trabajador conforme a lo pactado o conforme a la costumbre utiliza los servicios de otros trabajadores, el patrón de aquél lo será también de éstos.

Entre los voluntarios y el chofer del camión, así como entre los pepenadores, los líderes y la Secretaría de Obras y Servicios, hay acuerdos tácitos a partir de los cuales se utilizan los servicios de los trabajadores informales. El patrón de los choferes y de los líderes es la delegación y el gobierno del Distrito Federal, convirtiéndose también en patrones de los voluntarios y los pepenadores.

La misma Ley Federal del Trabajo, en su artículo 20, incluye dentro de la definición de relación laboral, además del trabajo personal subordinado, el pago de un salario. Los trabajadores voluntarios y los pepenadores no tienen un salario porque son trabajadores informales y carecen de contrato, de tal forma que no hay un documento a través del cual puedan exigir los derechos establecidos en el artículo 123 constitucional, los tratados internacionales y en la ley.

Sin embargo, la falta de contrato no es excusa para la ausencia de condiciones decentes de trabajo. El mismo artículo 20 de la citada Ley del Trabajo establece que la prestación de un trabajo personal subordinado a una persona y el contrato celebrado, producen los mismos efectos. Esto presupone la existencia de un contrato y de una relación de trabajo entre quien presta un trabajo personal y el que lo recibe. Aunque los trabajadores voluntarios y los pepenadores no cuenten con un contrato, prestan sus servicios al gobierno del Distrito Federal y a las delegaciones, por lo tanto, existe una relación laboral entre ellos.

El actual desconocimiento de esta relación laboral implica una desigualdad ante la ley de los recicladores informales en cuanto a sus derechos laborales. A diferencia de los trabajadores contratados por el gobierno, los trabajadores voluntarios y los pepenadores tienen ingresos irregulares dependiendo de la cantidad de residuos que recolecten, a pesar que de igual forma realizan actividades correspondientes al servicio público de limpia.

Lo anterior significa considerarlos trabajadores de una categoría inferior por su estatus “informal“ y tiene como consecuencia su discriminación. Debido a ello, el trabajo que realizan no puede considerarse como “trabajo digno”, contradiciendo el marco jurídico del trabajo en México y el derecho al trabajo en sí mismo.

La situación laboral de los trabajadores informales del servicio público de limpia del Distrito Federal es inaceptable, y su reconocimiento como servidores públicos es urgente. Del trabajo de los recicladores informales nos beneficiamos todos; además del gobierno, las empresas que generan los residuos al poner los productos de consumo en el mercado, las empresas que los comercializan y la sociedad en general al generar 12 mil 500 toneladas de residuos al día. Frente a la dignificación de estos trabajadores todos estamos en deuda. n

 

Tania Espinosa Sánchez. Maestra en estudios legales internacionales por The Fletcher School of Law and Diplomacy. Especialista en derechos humanos.