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La obra literaria de Elena Garro podría describirse como un arte de la memoria. Comenzó su vida de escritora en el teatro, durante las jornadas de Poesía en Voz Alta, con una obra titulada Un hogar sólido, que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares compilaron en su Antología de la literatura fantástica. En esta época proponía una atmósfera onírica con tonalidades melancólicas. Poco después intentó otra propuesta escénica: una representación del juicio militar del revolucionario villlista Felipe Angeles. También incursionó en el cine como guionista. Al lado de Juan de la Cabada imaginó y recreó la vida de Las Señoritas Vivanco.

Su primera novela, Los recuerdos del porvenir, se ha convertido en un clásico de las letras mexicanas del siglo XX. Heredera del legado de Juan Rulfo, en su estilo coinciden la mirada poética y la inquietud literaria en tomo a la relación entre temporalidad y narrativa.

Su prosa evoca instantáneas poéticas donde el ritmo vertiginoso del tiempo se transforma en un reflejo de la nostalgia, como escribió al inicio de Los recuerdos de porvenir. “Yo sólo soy mi memoria y la memoria que de mí se tenga”. Sin embargo, la literatura nada más puede capturar fragmentos. Se extravía en los espacios en blanco de la melancolía, incapaz de rescatar la totalidad de la existencia en el torrente de la vida. Apenas busca reconocer en ese espejo roto aquella imagen dispersa que se pierde lentamente en los agujeros negros del tiempo.

A principios de los setentas se va de México. Vivió fuera del país cerca de veinte años, primero en España y luego en Francia. En 1993 regresó a Cuernavaca. A partir de entonces reunió una serie de textos breves, en su mayoría cuentos y novelas cortas. En especial, destaca la publicación de sus ensayos biográficos sobre algunos protagonistas de la revolución mexicana, escritos en la década de los sesenta.

Leer a Elena Garro es tanto como recuperar su memoria. Para ella, no había separación. Literatura y memoria coinciden. La vida era un juego literario y la literatura era nostalgia de lo que se ha vivido, una forma de escapar del olvido.    n