Budapest, 1982. Las técnicas y los adelantos en la impresión, los simples procedimientos de las reproducciones privadas, facilitan nuestro discurso. Los lectores y los escritores debían aprender las técnicas de la reproducción, igual que aprenden a usar la máquina de escribir. Estas técnicas —modos más nuevos y sencillos de propagar palabras— pueden aumentar el círculo de espíritus afines diez o incluso hasta cien veces, al tiempo que dificultan más el trabajo del censor. Expandir nuestras capacidades técnicas en el arte de comunicar palabras es un deber cívico para nosotros mientras exista la censura.
En ciudades donde no hay censura las fotocopiadoras están disponibles en cada esquina, en cada librería. Los residentes en Budapest sabrán que viven en una sociedad libre cuando puedan entrar a una tienda con fotocopiadora y hacer tantas copias de sus manuscritos como puedan pagar. El número de fotocopiadoras por cada mil habitantes no es un mal índice de libertad. El día en que los periódicos estén llenos de anuncios de copiadoras será el día en que podremos considerar a Hungría un país civilizado. Aquí no hay censura, dicen nuestros políticos. Aquí basta con señalar que las fotocopiadoras en nuestras empresas están bajo la estricta supervisión del Ministerio del Interior.
FUENTE: GEORGE KONRÁD, ANTIPOLITICS. QUARTET BOOKS, LONDRES, 1984.
