Hace poco una amiga comunicadora me dijo que, ante el problema de la desaparición, los comunicadores como ella habían fallado. Los medios, me decía, no habían conseguido sacar al gran público de su indiferencia ante el fenómeno. “Cada vez que pongo temas de desaparición en mi programa de radio, el número de escuchas baja”. “A la gente”, me decía, “simplemente no le termina de interesar o de importar el tema”.
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