Retórica de la democracia morenista

La pasada contienda electoral acentuó el contraste (y desproporción) entre distintas nociones sobre democracia que se intercambian hoy en la esfera pública mexicana. Además de contraponer proyectos, estrategias, críticas e insultos, las campañas y discursos ofrecieron diferentes concepciones sobre el arreglo democrático que se considera deseable en el país. La oposición propuso defender la democracia frente a la “amenaza autoritaria de Morena”. En tanto, el oficialismo insistió en que el gobierno debe quedar en manos del pueblo y lejos de la oligarquía tecnócrata del PRIAN. Bajo esta luz, parece que la imagen es doble: Xóchitl Gálvez, de la alianza PAN-PRI-PRD, y Claudia Sheinbaum, de la coalición Morena-PVEM-PT, se acusaban entre ellas de ser el verdadero peligro para México. Las dos candidatas presumían ser la auténtica defensora del pueblo y ambas llenaron el Zócalo para legitimar, entre decenas de miles de personas, su definición de democracia.

Como concepto, la democracia es frustrantemente versátil: escapa precisiones y se asocia a demasiadas corrientes de pensamiento y a variadísimos estilos políticos. Puede encapsular con toda comodidad tanto proyectos de austeridad y militarización como propuestas de privatización y consolidación institucional. En particular, como sostiene César Morales, los actuales bloques políticos en México operan bajo dos versiones contrastantes de democracia: la constitucional y la populista.

Por el lado opositor, señalan que Morena y sus aliados buscan subvertir las instituciones democráticas del país. Advierten que Andrés Manuel López Obrador y su sucesora se esfuerzan por aumentar el poder del Ejecutivo —por ejemplo, al obtener mayorías calificadas con prácticas cuestionables, reconfigurar el Poder Judicial a modo, debilitar la autoridad electoral y desaparecer organismos autónomos. Es decir, desde esta perspectiva, el gobierno actual pretende minar los límites constitucionales que sostienen el funcionamiento de la democracia mexicana. Los reclamos de la oposición, por tanto, se alinean a una versión constitucionalista de la democracia. Por el lado oficialista, la coalición Morena-PVEM-PT sostiene que, a diferencia de los partidos de oposición, Morena sí escucha al pueblo, conoce sus agravios y vela por sus intereses. Según esta narrativa, en contraste con los gobiernos neoliberales del pasado —que, bajo esta lógica, llegaron al poder para saquear el país—, López Obrador y Sheinbaum reconocen la bondad del pueblo y actúan contra la corrupción enquistada en el sistema político mexicano. Insistir en esta división política —entre pueblo bueno y élites corruptas— y en sus mágicas capacidades interpretativas para conocer la supuesta voluntad general, hace a esta versión de la democracia una eminentemente populista.

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Publicado en: 2024 Noviembre, Agenda