¿Qué hacen las armas de fuego estadunidenses en México? Esta pregunta me surgió por primera vez hace casi una década, cuando trabajaba como paramédico y atendía migrantes heridos que arriesgaban su vida intentando cruzar la frontera entre México y Estados Unidos. Quería entender qué función tenían las armas de alto calibre —tan fáciles de conseguir en Estados Unidos— en convertir a México, su hogar, en un país del que tenían que irse. En los siguientes cinco años seguí el rastro de armas estadunidenses: su tránsito por la frontera desde los traficantes de Arizona y Texas hasta las manos de grupos del crimen organizado en México. A medida que estos grupos competían por el control de las rutas de tráfico para suplir el mercado estadunidense, acumularon arsenales de armas, incluidos rifles semiautomáticos de tipo militar como los AR-15, los AK-47 y los Barrett de calibre .50, que los tiradores de los cárteles han utilizado para atacar a fuerzas de seguridad mexicanas. Hablé con contrabandistas, compradores y con jóvenes reclutados a la fuerza por bandas y cárteles. También hablé con periodistas que cubren el crimen organizado, con funcionarios y agentes federales de ambos lados de la frontera que intentan detener el tráfico de armas. Normalmente, las armas en México no generan mucho ruido en Estados Unidos, entonces comenzó la operación Rápido y Furioso.
Este extracto de mi nuevo libro, Exit Wounds: How America’s Guns Fuel Violence Across the Border, relata lo sucedido durante ese episodio oscuro en la historia de la ATF (Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos) y las consecuencias que las acciones —y la inacción— de los agentes han tenido en ambos lados de la frontera.
El 20 de noviembre de 2009, en Naco, Sonora, un grupo de soldados mexicanos detuvo a una mujer de 21 años que conducía un camión en el que encontraron un rifle Beowulf de calibre .50 y 41 fusiles AK-47. La mujer dijo que transportaba armas a Sinaloa. Unas semanas más tarde, a más de 400 kilómetros, en Mexicali, Baja California, el Ejército decomisó otro arsenal de 41 AK-47, un AR-15 y FN 5.7, y detuvo a doce personas, todas de Sinaloa, algunas identificadas como miembros de un grupo de delincuencia organizada. A finales de febrero de 2010, los agentes federales estadunidenses en Phoenix contaron más de mil armas confiscadas antes o después de cruzar la frontera con México. La mayoría eran rifles semiautomáticos, principalmente AK-47.
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