Si algo caracteriza el impulso de la política contemporánea aquí y en todos lados, es la urgencia de abandonar la plataforma del centro y correr hacia algún extremo de la mano de una gran simplificación. A los moderados se les describe como indecisos, cobardes, oportunistas, asustadizos, traidores. Incapaces de correr riesgos para comprometerse con la Historia. El moderado es el indefinido, el sospechoso. Aquel que, por vacilar, es cómplice de los peores horrores. Pero si hay algo que le urge a este tiempo de desmesuras es, precisamente, esa plomada.
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