El triunfo de las oposiciones

En 1989 se produjo en Baja California la primera alternancia en un gobierno local con el triunfo de Ernesto Ruffo postulado por el PAN. Mucha agua ha corrido bajo el puente del sistema político mexicano, que pasó de ser uno autoritario de partido hegemónico a un régimen plural de partidos. Un profundo cambio político: en estas tres décadas y media se han celebrado 194 elecciones a gubernaturas y en 78 ha ganado la oposición, el 40 %; 31 entidades (97 %) han vivido cambio de partido en el gobierno. Si se toman en cuenta las votaciones más cercanas a gubernaturas, las organizadas por el Instituto Nacional Electoral (INE) y autoridades locales desde 2015, se han dado derrotas del partido gobernante en 41 de 58 elecciones. Tasa de alternancia: 70 %.

Actualmente hay más del doble de probabilidades de que un partido en el poder pierda las elecciones a que siga al frente del Ejecutivo local. Estas cifras revelan que México vive una auténtica era de alternancias y que predomina el voto de castigo.

El partido que más se ha beneficiado de esta dinámica en el último ciclo de renovación de gubernaturas es Morena, que gobierna 23 de las 32 entidades federativas. Pero en el pasado reciente quien cosechó el enojo con los malos gobiernos locales fue el PAN, que llegó a gobernar en 21 entidades federativas distintas en las dos décadas previas y, en menor medida, el PRD, que ganó gubernaturas en diez entidades diferentes. Más que dar por hecho que estamos ante la presencia de un nuevo partido hegemónico, conviene poner atención en algunas alternancias en los gobiernos locales, que expresan también las frecuentes mutaciones de electorados cada vez más volátiles y expertos en el uso de su voto como instrumento de sanción política.

Del carro completo a las alternancias múltiples

Hasta 1988 el PRI tenía los 31 gobernadores de los estados y, en los hechos, también la capital del país: si bien en el Distrito Federal no se elegía a las autoridades, el regente era del partido del presidente de la República. En el autoritarismo priista era habitual el “carro completo” cuando las elecciones eran convocadas de forma regular pero de antemano se conocía a ganadores y perdedores. Hoy el panorama es bien distinto, con elecciones competidas y de pronóstico reservado: la legítima incertidumbre democrática es lo habitual.

El dique de la unanimidad se rompió en 1989 con la primera alternancia local en el sexenio de Salinas de Gortari. En el gobierno de Ernesto Zedillo, sobre todo a raíz de la reforma electoral de 1996 que equilibró las condiciones de la competencia con financiamiento público equitativo, ocurrieron trece nuevas alternancias. En la administración de Vicente Fox hubo siete más (cuatro de ellas en entidades donde ya se había dado un cambio de partido gobernante). En los subsecuentes periodos presidenciales las alternancias no han hecho sino crecer: 47 % en las elecciones a gubernaturas durante el sexenio de Calderón, 65 % en el de Peña Nieto y 76 % en lo que va del de López Obrador (ver tabla 1).

En promedio cada entidad ha tenido seis elecciones de titular del Ejecutivo desde 1989 y la media de alternancias locales es de 2.4, con una moda aritmética de 3; es decir: predominan las entidades donde los electores le han dado en tres ocasiones distintas la espalda al partido que los gobierna.

Mientras que Coahuila es la excepción en las alternancias, hay seis entidades donde se ha dado un único cambio de partido en el gobierno. Siete entidades más han vivido ya un par de alternancias. En catorce el cambio de partido gobernante ha ocurrido en tres ocasiones y hay cuatro estados donde se han producido hasta cuatro alternancias (ver tabla 2).

Otro indicador es el número de partidos diferentes que han gobernado. El promedio es de 2.7 partidos distintos al frente de las entidades federativas, con una moda de 3.

En Coahuila sólo ha gobernado el PRI y hay diez entidades con gobiernos surgidos de dos partidos políticos diferentes (seis con el binomio de alternancia PRI o PAN, cuatro con el PRI o Morena). En la mitad de las entidades, dieciséis, ya ha habido gobiernos de tres opciones políticas diferentes y cinco estados experimentaron gobiernos de cuatro alternativas distintas. México está lejos de considerarse bipartidista en la política local.

Ganador un día, perdedor al otro

El recuento de las alternancias también permite conocer cómo les fue a los ganadores cuando, ya siendo gobierno, se sometieron a las urnas. Los datos evidencian la dificultad de refrendar triunfos. De las 78 alternancias, hay 53 donde a los partidos ganadores ya les tocó ir a la siguiente elección1 con este saldo: 28 (el 53 %) perdieron la gubernatura y sólo 25 (47 %) continuaron en el poder. Así que más de la mitad de los gobiernos surgidos de las alternancias fueron reprobados por sus electores y echados del poder en la primera evaluación.
La tendencia se agudiza en el tiempo: al partido que desplaza a otro se le complica repetir la victoria. Veamos este fenómeno por cada fuerza política.

El PAN ganó nueve estados durante los sexenios de Salinas y Zedillo (Aguascalientes, Baja California, Chihuahua, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Nayarit, Nuevo León y Querétaro); de esos triunfos logró preservar ocho a la siguiente elección a la gubernatura. Con Fox, el partido blanquiazul ganó dos nuevos estados por vez primera (Tlaxcala y Yucatán), mismos que perdió en la votación siguiente. En el sexenio de Calderón, el PAN se hizo con seis entidades que no había gobernado (Baja California Sur, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí, Sinaloa y Sonora), pero perdió cuatro de ellas en la elección inmediata. A lo largo del gobierno de Peña Nieto, el PAN ganó cuatro estados por primera vez (Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz); en tres fue derrotado a la siguiente oportunidad (ver tabla 2).

En total, el PAN ha tenido 45 gobernadores emanados de sus filas en 21 entidades federativas distintas. Sólo en dos estados el PAN logró superar los dos gobiernos consecutivos: Baja California —que perdió en 2019— y Guanajuato, en ambas entidades con cinco victorias seguidas. En nueve estados el PAN ganó ya siendo gobierno (Aguascalientes, Baja California Sur, Chihuahua, Durango, Jalisco, Morelos, Puebla, Querétaro y Yucatán); en cinco volvió al triunfo luego de gobernar y perder (Aguascalientes, Chihuahua, Nayarit, Querétaro y Yucatán), y ocho más de debut y despedida (Oaxaca, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala y Veracruz), pues gobernó una vez, perdió y no ha vuelto al poder (ver tabla 2).

El PRD ganó cinco entidades durante el sexenio de Zedillo (Baja California Sur, Chiapas, el Distrito Federal —hoy Ciudad de México—, Tlaxcala y Zacatecas) y conservó cuatro en la siguiente elección. En el sexenio de Fox el partido del Sol Azteca ganó dos nuevas gubernaturas (Guerrero y Michoacán), que refrendó. Durante el gobierno de Calderón el PRD ganó tres estados (Morelos, Oaxaca —en coalición— y Tabasco), mismos que perdió en la votación posterior inmediata. El último triunfo local del PRD fue en Michoacán, en 2015 y lo perdió en 2021. Hoy no gobierna una sola entidad.

Del PRD surgieron diecinueve gobernantes en diez entidades distintas. Sólo en la capital logró cuatro triunfos seguidos (1997, 2000, 2006 y 2012). En cinco más gobernó dos periodos y en cuatro fue incapaz de que los electores le ratificaran al menos una vez su adhesión en las urnas.

Las entidades se identifican menos con una fuerza política o una ideología —aunque, por ejemplo, a Ciudad de México la ha caracterizado el voto de izquierda, Coahuila es priista y Guanajuato muy panista— y más que lealtad a unas siglas partidistas lo que reflejan las cambiantes preferencias electorales es la búsqueda de gobiernos menos malos, sean del color que sean.

Ilustración: Víctor Solís

Perder, regresar al poder… y volver a perder

Como es evidente, el viejo partido hegemónico, el PRI, resultó el gran perdedor de la democratización en términos de cargos que habían sido su monopolio. En el amplio periodo de elecciones locales, de las 31 entidades que perdió el tricolor, en dieciséis el electorado le volvió a dar otra oportunidad de gobernar (Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Yucatán y Zacatecas), como ocurrió también en la presidencia de la República en 2012. Pero cuando el PRI regresó al poder en algún estado, sólo en cinco se logró quedar dos sexenios seguidos y en diez más tuvo el gobierno sólo una administración, mientras que en Durango regresó apenas en 2022. Pero de esos dieciséis estados que el PRI recuperó, hasta la fecha ya ha perdido todos donde hubo elecciones de nuevo: quince de quince (ver tabla 2).

De los veintiún estados que ganó el PAN sólo no ha perdido en dos; tuvo que desalojar los palacios de gobierno en diecinueve entidades. En cinco (Aguascalientes, Chihuahua, Nayarit, Querétaro y Yucatán), los electores lo regresaron al poder. Pero hay catorce en donde el PAN, una vez separado del gobierno por las urnas, no logró regresar aún.

El PRD es un partido efímero como gobernante local: le cuesta rehacerse al dejar el poder. De las diez entidades que gobernó, luego de perder las gubernaturas sólo fue capaz de ganar de nuevo en una entidad —Michoacán—, donde a la siguiente ocasión fue derrotado. No queda ningún gobernador de extracción perredista.

Movimiento Ciudadano ganó dos gubernaturas donde no ha habido elección posterior: Jalisco y Nuevo León.

El Partido Verde ganó Chiapas en 2012 y perdió en 2018.

Sólo un gobernador ha ganado como candidato independiente: Nuevo León, 2015-2021.

Morena: de retador a defensor

Morena encabeza el Poder Ejecutivo en veintitrés entidades federativas. Sus primeras cinco gubernaturas (Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Tabasco y Veracruz) las conquistó en las elecciones concurrentes con la presidencial de 2018. Ganó otras dos en 2019 (Baja California y Puebla); once gubernaturas más en 2021 (Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas); cuatro en 2022 (Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas) y otra en 2023 (Estado de México). Logró arrebatarle al PRI cuatro gobiernos donde ningún otro partido había ganado desde la oposición local (Campeche, Colima, Estado de México e Hidalgo).

De sus veintitrés gubernaturas, sólo en Baja California Morena la ganó como gobierno local: no le ha tocado pedir el voto en veintidós entidades donde ya debe rendir cuentas de sus gestiones a la ciudadanía.

El 2 de junio de este 2024 habrá en juego ocho gubernaturas —Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz, Yucatán— y Ciudad de México. Por primera vez Morena tiene más que perder, seis entidades donde ya gobierna, que ganar.

La historia reciente nos dice: en siete de cada diez elecciones locales triunfan las oposiciones; el partido que gana por primera vez un gobierno tiene más de la mitad de probabilidad de dejarlo a la siguiente elección; no hay fuerzas inmunes a las derrotas y es muy complicado regresar al poder tras perderlo.

El intenso pluralismo y la volatilidad caracterizan al electorado mexicano, no su adhesión ni incondicionalidad a uno u otro partido. Todo esto anticipa un buen número de alternancias locales en 2024 y en las decenas de renovaciones de gobiernos en los años cercanos por venir.

 

Ciro Murayama
Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y profesor visitante en el Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California en San Diego. Es coautor con Lorenzo Córdova del libro La democracia no se toca (Planeta, 2023).


1 Hay que restar veinticinco casos. Se trata de las veintidós entidades donde gobierna Morena por primera vez y en las que aún no han vuelto a haber elecciones; los dos estados que encabeza Movimiento Ciudadano donde todavía no ha tocado renovar gobierno, así como el caso del gobernador candidato independiente que, como es obvio, no volvió a presentarse a las urnas.

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Publicado en: 2024 Febrero, Agenda