En 2004, la antropóloga feminista argentina Rita Segato visitó Ciudad Juárez para presentar su hipótesis sobre los feminicidios que desde 1991 azotaron esa ciudad. La regularidad de los casos —muchachas de cabello largo y oscuro, víctimas de violación y estrangulamiento, encontradas en un número reducido de predios— hizo que se pensara inicialmente en un asesino múltiple. La figura estaba de moda e incluso se había invitado a Robert Ressler, el famoso experto en perfiles psicológicos criminales que había colaborado en la película El silencio de los inocentes, a visitar Ciudad Juárez y dar su opinión.
La hipótesis de Rita Segato abrió una perspectiva nueva. La antropóloga empezó por poner en duda el móvil sexual, tan socorrido por las autoridades mexicanas. Tampoco se trataba de “crímenes de odio”, sino de crímenes de poder, actos violentos que servían para apuntalar la soberanía de un Segundo Estado.
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