¿El liberalismo es un “-ismo” como todos los demás? Pienso que alguna vez lo fue. En el siglo XIX y por algunos años durante el XX, el liberalismo fue una ideología abarcadora: mercados libres, libre comercio, libertad de expresión, fronteras abiertas, un Estado mínimo, individualismo radical, libertad civil, tolerancia religiosa, derechos de minorías. Pero a esta ideología ahora se le llama libertaria, y la mayor parte de quienes se identifican como liberales no lo aceptan —al menos, no todos. Al liberalismo en Europa lo representan hoy en día partidos políticos como el Partido Libre y Democrático Alemán que es libertario y de derecha, pero también partidos como los Liberales Demócratas en el Reino Unido que se encuentran con inquietud entre los conservadores y socialistas, tomando políticas de ambos lados sin un credo propio. El liberalismo en Estados Unidos es nuestra propia y modesta versión de la socialdemocracia, algo como un “Liberalismo del New Deal”. Tampoco es un credo fuerte, como vimos cuando muchos liberales de este tipo se volvieron neoliberales.
“Los liberales” siguen siendo un grupo identificable, y asumo que los lectores de Dissent [y de nexos] son miembros de este grupo. Se nos describe mejor en términos morales que políticos: somos de mente abierta, generosos, tolerantes, capaces de vivir con ambigüedad, listos para debates que no sentimos la necesidad de ganar. Cualquiera que sea nuestra ideología o religión, no somos dogmáticos; no somos fanáticos. Socialistas democráticos como yo pueden y deben ser liberales de este tipo. Creo que depende del territorio, aunque, por supuesto, todos conocemos socialistas que no son de mente abierta, generosos ni tolerantes.
Pero nuestro vínculo actual, nuestro vínculo político, con el liberalismo tiene otra forma. Pensémoslo en una forma adjetival: somos, o deberíamos ser, demócratas liberales y socialistas liberales. Soy también un nacionalista liberal, un comunitarista liberal y un judío liberal. El adjetivo funciona de la misma forma en todos los casos, mi objetivo es describir su fuerza en cada uno. Como todos los adjetivos, “liberal” modifica y complica el sustantivo al que sucede; tiene un efecto que es en ocasiones limitante, a veces vigorizante, en otras transformador. Determina no quiénes somos, sino cómo somos lo que somos: cómo representamos nuestras convicciones ideológicas.
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