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La cancelación del aeropuerto de Texcoco marcó el inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y sigue siendo una de sus decisiones más controversiales. Incluso antes de tomar posesión, en noviembre de 2018, convocó una cuestionable consulta popular en la que se resolvió no seguir invirtiendo en la obra de infraestructura más importante del sexenio anterior. Este hecho marcó un hito en la vida pública del país y definió en muchos sentidos la economía política del sexenio.

Ilustración: David Peón

Para bien o para mal, las reglas del juego cambiaron en ese momento. El mensaje fue inequívoco: el Estado tomará las decisiones económicas no a partir de criterios técnicos, sino de ciertas consideraciones políticas. Si antes lo hacía de forma “tecnocrática” —y muchas veces corrupta—, ahora dependerá de la voluntad popular representada por una persona. El marco económico-institucional —es decir, las reglas formales e informales que rigen las interacciones económicas en una sociedad— que había regido el país durante los últimos años dejó de existir.

La cancelación del aeropuerto por una consulta sin ningún rigor metodológico ni sustento legal cuestionó las bases sobre las cuales se tomarían decisiones económicas en este sexenio. Es probable que hubiera corrupción en esa obra, como lo señaló el presidente en su campaña, o incluso que los problemas técnicos del suelo la hicieran inviable o mucho más costosa; sin embargo, esos motivos no influyeron en su destino. Fue la “voluntad popular”.

Las implicaciones legales, económicas y financieras fueron atendidas después de que la decisión ya había sido tomada y anunciada. Por eso, el entonces subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, tuvo que idear un esquema de recompra de bonos, cancelación de contratos y liquidación de certificados de la Fibra E.

Una de las promesas que el presidente hizo desde el inicio fue que iba a separar el poder político del poder económico; sin duda, algo fundamental para el país. Pero este nuevo paradigma no es esa separación. Este nuevo modelo lo único que hace es crear incertidumbre en los actores económicos. Es imposible predecir la voluntad del presidente —aunque nos sobran expertos— y las consideraciones políticas que tomará en cuenta mañana. Se vive en un ambiente de incertidumbre constante.

La cereza en el pastel es que nunca sabremos cuánto nos costó cancelar el aeropuerto. Primero, la Auditoría Superior de la Federación dijo que cerca de 332 000 millones de pesos. Pero ante las objeciones de la SHCP, reculó a “solamente” 113 000 millones. La explicación sencilla es que se emitieron 6000 millones de dólares para financiar la construcción del aeropuerto de Texcoco, de los cuales todavía se deben 4200. Esos bonos se van a pagar durante los próximos veintiocho años con la TUA del aeropuerto que ya teníamos y el aeropuerto que se iba a hacer ya no existirá. Decidimos hacer otro aeropuerto, pero todos sus recursos vendrán del presupuesto del gobierno federal.

De acuerdo con cifras del Inegi, la inversión en nuestro país ha disminuido de forma sostenida desde entonces. Aunque es imposible atribuir esta caída a un solo factor, ésta empieza claramente en noviembre del 2018 y, aunque hay un ligero repunte en los últimos meses, éste es más una recuperación de la debacle del año pasado que un regreso a los niveles anteriores. Al margen del costo final de la cancelación, 300 000 millones o 110 000 millones, el hecho es que hipotecamos el aeropuerto que ya teníamos para construir uno nuevo. Ahora esa deuda —o parte importante de ella— sigue ahí y seguirá por mucho tiempo.

 

Jorge Andrés Castañeda Morales
Analista económico, académico y director de la Unidad de Investigación Aplicada de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad

 

2 comentarios en “Aeropuerto de clase mundial ✘

  1. Mi Yorch: Según el sentir de nuestro “amado líder” su aeropuerto ahora llamado Felipe Angeles (un artillero qué tiene que ver en la aviación allí está Emilio Carranza, por ejemplo) será uno de los mejores del mundo; en lo personal considero que ese aeropuerto, no será más que un aeropuerto de quinto mundo y que no funcionará como es debido, sin embargo dejemos que funcione porque ya no hay de otra; los caprichos del jefe se cumplen cueste lo que cueste, porque el dinero de los contribuyentes, para algo debe de servir, aunque sea para tirarlo a la basura o malgastarlo como en las elecciones. Un abrazo. Y a seguir siendo aspiracionistas. Vale.

  2. entiendo que lo usa entre comillas al citar que la cancelación y algunas políticas ha sido definidas por “voluntad popular” esto es impreciso pues las comillas dan entender que esa voluntad solo fue retorcida mediante procedimientos por demás cuestionables sin sustento estadístico, participación y muchos etcéteras. pero lo graves en es no es eso, la gravedad estriba en que la voluntad popular es tan solo un parapeto para disfrazar la verdadera gravedad, que es una decisión unipersonal totalitaria autócrata y digna de todos lo apelativos politólogos relacionados a un mandatario o en ese momento cuasimandatario que actúa por capricho, por revancha, atendiendo a los designios intestinales, ni siquiera ideológicos. aquí se tarta de una vendetta del señor López, un manotazo en la mesa disfrazado con una supuesta voluntad popular. así doblemente es grave el asunto por el origen orgánico presidencial de la decisión y la demagogia con que se quiere hacer pensar que es un acto de democracia social

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