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Durante doce años ProMéxico se consolidó a nivel nacional y mundial como una de las agencias de promoción más eficientes y efectivas del mundo. Otras, como la canadiense, la alemana o la brasileña, la reconocían por sus métricas de desempeño claras y resultados tangibles.

Ilustración: David Peón

Se habla de que entre un 8 y 9 % del total de la inversión extranjera directa (IED) traída al país es atribuible a estas agencias de promoción. ProMéxico alcanzó estos niveles en sus primeros cinco años; todo esto estaba documentado a través de un CRM que utilizaba la institución, así como de prácticas de medición de impacto y de atribución de metas a cada oficina de la institución en el mundo. ProMéxico arrancó en el 2007 absorbiendo cerca de doscientos funcionarios de Bancomext y un total de dieciocho oficinas de representación internacional en diferentes mercados; doce años después ProMéxico contaba con más de cuarenta oficinas en el mundo y cerca de cuatrocientos funcionarios públicos con un presupuesto cercano a los 50 millones de dólares, en comparación con los 300 millones de dólares que recibe la agencia de promoción brasileña.

ProMéxico contaba con una práctica muy sencilla pero muy eficiente y de muy alto impacto para medir los resultados de cada oficina de representación en el mundo y dentro de los estados de la República Mexicana. Dichas oficinas contaban, para cada ejercicio presupuestal, con ciertas metas numéricas y debían justificar todas las acciones que se realizaran con una empresa, fuera un exportador o un inversionista. El método de asignación de estos números a favor constaba de una carta expresa por parte de un directivo de la empresa, en la que agradecía y reconocía la participación de ProMéxico en ese proyecto de inversión o de exportación. Parecería algo muy sencillo, pues al final del día son las empresas inversionistas o las exportadoras quienes deben de reconocer el valor de lo que un funcionario, o un grupo de funcionarios, les ofrece para cumplir con sus objetivos.

En el año 2018, el CRM y la cartera de proyectos de ProMéxico contaban con miles de cartas de empresas nacionales e internacionales que agradecían el esfuerzo de la institución, la cual había contribuido a la inversión de cientos de miles de millones de dólares en México —por parte de empresas extranjeras— y en el mundo —por parte de empresas mexicanas.

Con la llegada de un nuevo gobierno mexicano en ese mismo año, se decidió cancelar el decreto que construía el fideicomiso público ProMéxico. De esta manera se cortó el brazo promotor de México en el mundo para la atracción de inversión y la generación de mayores exportaciones. La inversión extranjera seguirá fluyendo en México, pero no nos engañemos, desgraciadamente en los próximos años no llegaremos ni cerca del potencial que tiene México en este sentido: la falta de promoción, la cercanía con el inversionista o comprador, la claridad en el mensaje hacia afuera y el acompañamiento a las empresas no está donde debería de estar; otros países lo están haciendo mejor.

Con el cierre de ProMéxico, al menos cuatrocientos funcionarios capacitados en estas labores, expertos en temas técnicos de inversión y exportaciones dejaron de participar en la vida pública de nuestro país. El cien por ciento de ellos hoy se desempeñan en cargos importantes en empresas públicas y privadas, extranjeras y nacionales, en el servicio público estatal, en empresas financieras o de agricultura, creando productos o emprendiendo negocios.

Los “miniembajadores”, como nos llamaba el presidente, no perdimos, perdió el país.

 

Enrique Perret Erhard
Internacionalista; experto en la relación México–Estados Unidos. Es director ejecutivo de la US Mexico Foundation.