Esta es la frontera del submundo en el que viven quienes trabajan en el Metro. En medio de un argot que pocos conocen y que resulta revelador sobre el impacto de los suicidios en la salud y desempeño laboral de los conductores que arrollan a personas y del personal que levanta los cuerpos. El origen del término “arrollado en vías” para referirse a un suicida se debe más a una cuestión legal que de jerga, ya que el personal de este transporte público no tiene autoridad para definir el estado de una persona, incluso aunque este sea evidente, pues ello corresponde a la Procuraduría.

Bienvenidos al club de los arrolladores.

Ilustración: Ricardo Figueroa

 

Fausto es jefe de estación en el Metro, donde entró a trabajar por recomendación de su padre en la Gerencia de Seguridad Industrial hace poco más de tres décadas.1 A los pocos días de haber estrenado su puesto, recibió el reporte sobre un arrollado en Chabacano, en la Línea 2. Fausto acababa de cumplir 18 años.

Cuando recogió al arrollado aquella vez, en su mente predominaba todo lo que había escuchado de sus compañeros que habían estado en la misma situación. Dos años y medio después lo cambiaron al área de Transportes como conductor de metro. Tenía un año en ese puesto cuando arrolló a un señor en la estación Viveros. Eso sucedió en 1993 y hasta la fecha Fausto tiene la imagen como si hubiera sido ayer.

Después de un arrollamiento en vías, por cuestiones legales y de protocolo sólo cierto personal del Metro puede mover y sacar el cuerpo. Si quedan jirones de piel atrapados entre las ruedas, se tiene que esperar a que lleguen los servicios de auxilio porque en ocasiones hay que levantar el convoy con unos colchones neumáticos de hule especiales. Mientras tanto en la cabina, comenta Fausto, la experiencia del conductor depende mucho de cómo asimile el suicidio.

Colocan el cuerpo en el andén y de ahí lo llevan a un local especial en el que elementos de las Agencias del Ministerio Público especializada en atención a usuarios del Sistema de Transporte Colectivo Metro (STCM)2 de la Ciudad de México lo recogen.

Por ley cuando alguien muere está prohibido mover el cuerpo, el único autorizado es el servicio médico forense. En el caso del Metro, hay un acuerdo con la Procuraduría de la Ciudad para que en cuanto se le avise a la agencia especializada en delitos en el Metro sobre un arrollado, inmediatamente dé la autorización para mover el cuerpo.

La oficina del Jurídico del Metro, ubicada en el centro de la CDMX,3 envía a un abogado cuando es necesario para que tome conocimiento, puedan retirar el cuerpo y lo trasladen al local especial, además de autorizar que lleven el tren hacia la siguiente terminal para su revisión. También permite que se rocíe polvo de los extintores para que no se vean las manchas de sangre y el servicio continúe. Se tardan como 20 minutos en sacar un cuerpo cuando la persona fallece.

Luego de arrollar a una persona, los conductores deben ir al médico. Quien atendió a Fausto le preguntó si estaba bien, qué había sucedido y lo envió con el siquiatra. Aunque ya había visto muchas cosas así, Fausto se sobresaltaba al entrar en las estaciones, en especial cuando pasaba por la estación de Viveros.

Hubo un hecho que delató su verdadero estado mental y emocional. A la semana del arrollamiento, Fausto iba manejando rumbo al Circuito y el auto de adelante se cambió de carril de modo imprevisto porque había un perro atropellado. Pasó sobre él, vio y sintió cómo lo revolcó. Los 15 o 20 minutos que le faltaban para llegar a su casa, se convirtieron en reflejo de todo lo que había reprimido desde aquella vez que arrolló a un suicida en el Metro.

 

Chava consiguió empleo en el STCM como lo hace la mayoría: buscó al sindicato, pasó lista, se presentó y entregó su solicitud a la empresa, hasta que lo llamaron. Su papá fue el conecte, pues lleva varios años trabajando para el Metro.

Estudió gastronomía, carrera que se financió con su sueldo de conductor del Metro, puesto en el que lleva cuatro años. Presenció un arrollamiento en la estación Copilco. Era una chica que arrolló su compañero que manejaba en el sentido contrario. Le dio el bajón hasta que llegó a Indios Verdes. En el fondo lo que le afectaba más era el recuerdo de la persona arrojándose a las vías.

Los usuarios de aquel día fueron muy imprudentes. Uno le dijo a Chava: “Yo ya pagué mi boleto y no me voy a bajar, llevo prisa. Si ese güey se quería matar, era su problema”.

Como él ya terminaba su turno, quienes le hicieron la evaluación médica le dijeron que ya iba estable, pues “sólo había visto todo”. Aunque él activó el protocolo y ayudó a buscar el cuerpo, tuvo un día de incapacidad, le dieron unas pastillas para que durmiera bien, mientras que a su compañero le autorizaron los tres días de incapacidad reglamentarios.

El día de incapacidad fue a la clínica en la que sólo atienden a empleados del Metro. Chava se llevó una grata sorpresa cuando la psicóloga que le dio terapia, lo escuchó y lo trató sin ningún asomo de morbo. Al parecer la historia de Chava retrata una posible nueva y mejor situación para los conductores del Metro a través de sus policlínicas.

 

Hugo tiene 23 años de servicio en el Metro, actualmente es jefe de estación. Debido a experiencias trágicas en el trabajo, ha tenido que buscar apoyo psiquiátrico; él considera que el trato que recibió de algunos psiquiatras fue muy poco humano. En 2007, la última vez que arrolló a una persona, un médico le dijo que como conductores ya deberían de estar acostumbrados, que se imaginara qué pasaría si un agente judicial se espantara por un muerto o un balaceado. Hugo le respondió que ellos como conductores no salían a matar gente.

Cuenta que entre sus compañeros que han arrollado varias veces, hay quienes evitan ir al médico después del accidente para no perder las ganancias del tiempo extra “Un conductor del Metro gana al mes, aproximadamente, nueve o diez mil pesos; por horas extra al día, como 900 pesos. Pero si llega a arrollar a alguien y ya no cumple con el horario por irse al médico, se le descuentan esas horas extra, a menos de que la jefatura mueva ese tiempo a otra jornada, o incluso mueva el día hasta que el conductor regrese de incapacidad. Si la jefatura quiere, hay maneras de ayudarle”.

Hugo en otro arrollamiento fue a una de las policlínicas pertenecientes al Metro, donde le dieron un número más considerable de días de incapacidad para recuperarse, además de tratarlo mejor. Jamás olvidará que, tras regresar de su primer arrollamiento, uno de sus compañeros para animarlo, entre broma y broma le dijo: ¡Bienvenido al club de los arrolladores!”.

 

Mediante la solicitud de transparencia con folio 0325000018319 de 2019 y un total de 64 preguntas, se le pidió al STCM que proporcionara direcciones, teléfonos y titulares de sus cuatro clínicas y policlínicas ubicadas en las zonas de Ticomán, Zaragoza, Tasqueña y Juanacatlán, así como la descripción del protocolo de atención que ofrecen a los conductores afectados por suicidios en sus instalaciones mientras trabajan.

Sólo respondieron que la atención se proporciona a los conductores ante un arrollamiento y que su protocolo estipula que el conductor acude a segundo nivel de atención al Nuevo Sanatorio Durango. En el área de urgencias se extiende una incapacidad de máximo 72 horas; en caso de que requiera hospitalización, se le envía al Instituto Nacional de Psiquiatría como parte de su tercer nivel de atención.

Sin embargo, la mención que hace el STCM sobre el Instituto Nacional de Psiquiatría contrasta con las declaraciones de los conductores entrevistados en diferentes estaciones, quienes sólo refieren la atención que recibieron en las clínicas (contratadas por convenio externo) y policlínicas del Metro (que forman parte del mismo STCM). Los conductores aseguran que las policlínicas son más humanas y mejor capacitadas en la atención de casos de crisis relacionadas a arrollamientos en el Metro.

Los conductores también mencionaron que el servicio provisto por el Nuevo Sanatorio Durango, así como servicios externos provistos anteriormente, les han parecido deficientes, ya que han recibido malos tratos. Expresan que más que atenderlos de manera integral en el plano de salud mental, sólo los sobremedican.

Las experiencias de conductores, como Chava y Hugo, que en años recientes han acudido a las policlínicas del Metro, dejan un sabor distinto sobre la atención y prevención de estrés postraumático al saber que al menos las clínicas internas del STCM ya comienzan a contar con psicólogos y perfiles más humanizados y cercanos a sus problemáticas.

El STCM omitió las direcciones y el nombre de los titulares de sus clínicas y policlínicas, sin sustentar razón alguna.

 

El 10 de agosto de 2016 surgió “Salvemos Vidas”, bajo la dirección general de Jorge Gaviño y durante la jefatura de gobierno de Miguel Ángel Mancera en la Ciudad de México, con el fin de prevenir suicidios en el Metro.

En el proyecto inicial del programa se incluía la detección de actitudes suicidas por parte de policías bancarios, la exposición de paisajes y aromaterapia, además de actividades deportivas y culturales. La aromaterapia se descartó.

Los anuncios de prevención del suicidio dirigidos a usuarios se encuentran al fondo de algunas de las estaciones del Metro, a pie de andén. El estado de Colima apoyó con la impresión y colocación de seis imágenes de paisajes exhibidas en las estaciones Insurgentes, línea 1; Allende, línea 2; Hidalgo, línea 2 en ambas direcciones y Tacuba, línea 2 en ambas direcciones. La representación de Baja California Sur hizo lo mismo con diez imágenes de paisajes en: Puebla, línea 9; La Raza, Hospital General y Copilco, línea 3; Balderas, línea 1 en ambas direcciones y la UNAM, a través de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia y la Facultad de Psicología, también contribuyó con la colocación de ocho imágenes en las estaciones de Garibaldi, línea 8; Centro Médico, línea 9; Juárez, línea 3 en ambas direcciones, las cuales promueven la vida.

El programa de prevención de suicidios en las instalaciones del Metro contempla la apreciación de paisajes, la psicología del color y la iluminación para apoyar a usuarios en crisis. Sin embargo, no ofrece ningún fundamento científico que muestre cómo es que dichos elementos pueden influir en el posible cambio de emociones y en la tranquilidad en los usuarios; mucho menos cómo es que a través de él se podrían explicar el aumento o la disminución de los suicidios en sus instalaciones.

A pesar de ello la entonces gerente de Salud y Bienestar Social del Metro, Jetzamín Gutiérrez, explicó en entrevista que el impacto de las imágenes expuestas en el Metro y su efecto tranquilizante o de esperanza de vida se alía con colores como el azul, verde y amarillo en los paisajes preventivos del Metro. Aunque se solicitó de manera expresa el sustento teórico o de política pública de la UNAM y/o instituciones que participan en el programa de prevención de suicidios del Metro en el que se avalara que la psicología del color inhibe y previene los suicidios, el STCM jamás envió copia del convenio de colaboración para que se pudiera ratificar su existencia e impacto en los puntos que subraya.

Salvemos Vidas señala, sin embargo, un problema de salud mental pública que se está manifestando en sus instalaciones quizá por su accesibilidad en costo, ello sin tomar en cuenta que la posible incidencia en suicidios a lo largo de los años de operación del Metro promovió una mejor planeación y detección de suicidios, pero también un plan de emergencia que les ha permitido que los cuerpos rescatados en vías no tomen más de 20 minutos en ser retirados.

 

La exgerente de Salud y Bienestar del Metro explicó que los usuarios con tendencias suicidas tienen una visión de túnel que supuestamente desarrollan y que hay a quienes en su predisposición de arrojarse a las vías del Metro, contemplar un paisaje podría ayudarles a salir de esa cueva de la muerte —como ella misma la llamó—.

El cambio de iluminación en algunas de las estaciones, detalló Gutiérrez, busca hacer la diferencia entre posibles usuarios con tendencias suicidas para que se distraigan de los pensamientos oscuros que traen en mente y los cambien por “una bella imagen”.

También señaló que diversas secciones del Metro realizaron ese tipo de actividades y completaron el sistema de cámaras. La capacitación de elementos de seguridad en la prevención de conductas suicidas —en su mayoría personal de Seguridad Institucional, personal de policía auxiliar y personal de la policía bancaria, así como jefes de estación y supervisores de área capacitados en la Gerencia de Salud—, se apoyó en la “intervención breve en crisis” para mostrarles cuáles son las conductas suicidas y la estrategia de intervención.

Sobre los convenios institucionales con el Metro en materia de prevención de suicidios, la exgerente de Salud y Bienestar mencionó algunos como el Instituto de la Juventud (INJUVE), el Locatel, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Consejo Ciudadano.4

Dentro de los convenios institucionales, el Metro invitó también a 18 estados del país a participar en el programa de prevención de suicidios, de los que hasta el momento participan sólo Colima y Baja California en la ambientación de estaciones. Jetzamín Gutiérrez comentó que al implementarse Salvemos Vidas, las primeras cuatro estaciones que contaron con paisajes fueron Allende, Insurgentes, Tacuba e Hidalgo y de las que a mediano plazo se tiene pensado que estén en todo el Metro, avanzando como se pueda y conforme se sumen actividades.

En la lista de instituciones participantes en el Convenio con el STCM a través del programa Salvemos Vidas aparecen: Secretaría de Salud y Servicios de Salud Pública de la Ciudad de México, Representación en la Ciudad de México del estado de Colima, Representación en la Ciudad de México del Estado de Baja California Sur, Servicios de Atención Psiquiátrica a través del Hospital Psiquiátrico “Fray Bernardino Álvarez”, C5 a través de los Servicios Públicos de Localización Telefónica (Locatel), Instituto de la Juventud de la Ciudad de México (Injuve), Cultura Colectiva (CC), Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones (IAPA), Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Procuración de Justicia de la Ciudad de México y la UNAM a través de la Facultad de Psicología (FP) y la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC).

 

El sitio a donde envían los cuerpos que recogen de las vías también sirve para primeros auxilios; es una especie de cámara con tono amarillo que se esconde tras una gran y pesada puerta gris. Es un espacio limpio pero lúgubre, en el que al centro se encuentra una plancha, como las que tienen en el seguro social cuando uno se va a hacer una radiografía, con la diferencia de que encima hay una camilla que sirve para recoger a los arrollados.

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La Agencia del Metro que se especializa en estos casos —tratados como homicidios— es la que se ubica en el Metro Pantitlán, ya que es la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJCDMX) la que, tras una serie de investigaciones, determina si fue un suicidio o un homicidio.5 Después de que el personal de la Agencia del Ministerio Público del Metro recoge el cuerpo, tiene que trasladarlo y llevarlo al anfiteatro más cercano, donde un médico legal, peritos y fotógrafos especializados en criminalística lo reciben.

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La Subprocuraduría de averiguaciones previas desconcentradas de la PGJCDMX es la encargada de llevar a cabo los reportes de reconocimiento del cadáver y las entrevistas a testigos de identidad. En dichas entrevistas se busca a los posibles amigos o familiares del suicida para identificarlo, así como para definir cuáles pudieron ser las causas de que se quitara la vida. Si la Procuraduría encuentra a los familiares, les ofrece atención a víctimas y terapia de apoyo psicológico. De no hallar a personas cercanas al suicida, el cuerpo es enviado a la fosa común de la Procuraduría. Concluido todo el proceso de investigación, el cadáver es enviado al Instituto de Ciencias Forenses (Incifo) para hacer la necropsia correspondiente.

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Las historias de cada uno de los conductores muestran el impacto y del eco de las muertes violentas que se han dado en el Metro al menos durante el sexenio de 2012 a 2018, y que ya suma cientos de víctimas.

Estos testimonios ayudan al lector a conocer qué sucede en el Metro, donde un problema de salud mental pública se fusiona con la jornada laboral de sus empleados y usuarios. La información provista por las instituciones involucradas en el programa Salvemos Vidas arroja un espectro de datos así como de pesquisas por analizar o traducir, en el que resultaría relevante contar con más información detallada y homologada entre las instituciones, a fin de contar con una toma de decisiones responsable en el plano de salud  mental.

 

Gabriela Estrada Espínola
Comunicóloga y Maestra en Periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE. Ha colaborado en diversos medios y agencias de publicidad. Twitter @GabaMaiden.


1 Su nombre y el de algunas fuentes operativas del Metro fueron cambiados para proteger su identidad.

2 Agencias del Ministerio Público Especializadas en Atención a Usuarios del STCM, ubicadas en el Metro Pantitlán (calle Alberto Brahif y Manuel Lebrija s/n Co. Ampliación Adolfo López Mateos). Tel. 52 42 65 69 y 52 42 65 70. Homicidios.

3 Gerencia Jurídica del STCM. Dirección: Avenida Arcos de Belén, esquina con Aranda #13, Colonia Centro (Área 7) C.P. 06070. Cuauhtémoc. Edificio Administrativo. Piso 4.

4 Es el único organismo de la sociedad civil del país con facultades sobre las autoridades de seguridad pública y procuración de justicia en la Ciudad de México, lo que permite que opere como una organización de consulta, análisis y participación ciudadana en materia de seguridad pública, procuración de justicia, cultura cívica, atención a víctimas de delito e incluso en apoyo psicológico o capacitación para prevenir el suicidio, entre otros temas. Consejo Ciudadano de la Ciudad de México.

5 Fiscalía Central de Investigación para la Atención del Delito de Homicidio.

 

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