Si consideramos que una de las prioridades de cualquier sistema energético debe ser disminución de emisiones y aumento de eficiencia, el sector transporte es uno de los entes a transformar de forma radical. ¿Por qué?

Según la estadística oficial, cerca del 44 % de la energía de este país, se usa en transporte. Si consideramos los costos energéticos indirectos (refinación, por ejemplo, que se anotaría en industria y no meramente en transporte) seguramente es mucho más.

Pero bueno, de ese 44 %, el 98 % proviene de combustibles fósiles y es uno de los más ineficientes.

Ilustración: Daniel Mastretta G.

¿Por qué ineficiente?

Primero, porque tienes que extraer el petróleo de algún sitio en el planeta. En el país está concentrado en el golfo de México. De ahí transportarlo a refinerías; refinarlo tiene su costo energético y no es bajo; de ahí llevarlo al sitio donde se consume, primero por ductos (relativamente eficiente), ponerlo en tanques de almacenamiento temporal, y luego transportarlo por carros tanque (caro e ineficiente) y entonces depositarlo en los tanques para su despacho. Para ir a llenar los tanques se puede llevar los autos de forma casi pasiva (cuando la estación de servicio nos toca de paso) o de forma casi exclusiva, cuando vamos a cargar a algún sitio específico y no nos toca de paso. Esto no es poco común.

Pero aún ya en el tanque del auto, la ineficiencia energética del auto es enorme. Más de la mitad de la energía generada por los combustibles en los autos se pierde, ¿Cómo? Mas del 60 % de la energía transformada por el motor se pierde en calor que el auto no es capaz de aprovechar.1 Por eso necesita un radiador o algún sistema de enfriamiento.

Entonces, electrificar el transporte significa, de inicio, dejar de tener la pérdida de rechazo que tienen los autos y que significa el radiador. Dejar que tener que alimentar toda la cadena de suministro de energía desde la extracción de petróleo hasta que se deposite en el tanque. Significa también caminar de un modelo activo de carga de energía a uno pasivo (se puede tener cargadores eléctricos en casa, pero estaciones de servicio de combustibles no).

Si además, la energía que consumen esos autos proviene de fuentes limpias, significa evitarse más del 30 % de las emisiones de gases de efecto invernadero del país. Es más, la energía que consume un auto podría generarse, parcial o totalmente, en el propio auto con sistemas fotovoltaicos, que son cada vez más compactos y eficientes. No hay datos para descartar que en 50 años el techo de un auto capte la cantidad de energía solar necesaria para moverlo.

Ahora: ¿Qué tan viable es electrificar el transporte en general?

Primero hablemos de si la solución es el transporte individual o público, desde una perspectiva de Estado. Un conjunto de datos que parecerían inconexos, al reunirse nos hablan de la importancia del enfoque: cerca del 80 % de los viajes en el país se hace en transporte público.2 El 53 % de los hogares en la Zona Metropolitana del Valle de México tiene por lo menos un auto. Se consideramos que más de la mitad de la población se encuentra en condiciones de pobreza, esto significa que hay gente en esta condición (pobreza) que tiene auto,3 o sea que para algunos resulta una necesidad, pero el transporte público es más o menos funcional. Sin embargo, a nivel nacional el 80 % de los autos está en propiedad del 25 % de la población. Esto significaría que centrarnos en promover el uso del auto eléctrico privado tendría efectos, principalmente, en la gente de altos recursos. Lo mejor y de mayor impacto en la población sería apostar por el transporte público.

Ahora, el costo de los autos eléctricos está cayendo. Algunos cálculos como los de Bloomberg, sugieren que en 2025 se conseguirá la paridad de costos con los autos de combustión interna, lo que significa que en México, al menos este sexenio, sería más caro comprar autos eléctricos que comprar uno de combustión interna. Pero si se considera el costo de la gasolina versus electricidad, a la larga sería mucho más económico comprar un auto eléctrico. Y si se adquiere el auto en conjunto con un sistema de generación fotovoltaico u eólico que lo alimente, pues el costo de energía tendería a cero. Sin embargo, sigue siendo costoso, aunque a la larga resulte económica la fuente de energía.

En resumen, apostar por la electrificación del transporte individual con medidas para favorecer la adquisición de autos eléctricos particulares tendría dos características: sería muy costoso y sería sumamente ineficiente.

La apuesta debería ser por electrificar el transporte público, empezando por rutas troncales con posibilidad de electrificación de bajo costo y con una dependencia menor a baterías. O sea, modelos tipo BRT (Bus Rapid Transit, como el metrobús en CDMx, Maxibus en Guadalajara, Macrobús en León o RUTA en Puebla) con carriles confinados, autobuses eléctricos tipo trolebús, con batería de emergencia para garantizar el servicio aún desconectados e iniciando por las rutas de alta demanda.

Una planeación adecuada permitiría que las rutas secundarias fueran más cortas, requirieran menor autonomía y por tanto un costo relativamente bajo de almacenamiento de electricidad. La última parte debe ser generar beneficios a quienes, ahora sí, intenten adquirir su auto eléctrico, primero para servicio publico (taxis) y luego privado.

Todo el proceso de electrificación del transporte significaría dejar de perder más del 20 % de la energía del país, que se pierde por ineficiencia propia de la tecnología. Esto significa que tan sólo al electrificar, dejaríamos de perder energía de forma masiva y bajaría nuestra intensidad energética.

Por eso, en una política de lucha contra el cambio climático, eficiencia energética, ahorro gubernamental y beneficio a los más pobres, suena una total contradicción construir una refinería con dinero del Estado, que además generaría muy pocos empleos. Eso se debería invertir en asuntos que si son propios del Estado o requerirían mayor inversión, como transmisión de energía eléctrica o transporte público.

Pero la electrificación del transporte significa retos y oportunidades para modernizar nuestra matriz eléctrica. De eso hablaré en la siguiente entrega.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.


1 ¿A dónde va la energía? Vehículos a gasolina.

2 Boletín de la Dirección General de Comunicación Social de la UNAM.

3 Encuesta de Origen Destino en Hogares de la ZMVM (EOD).