Este reportaje traza la ruta que algunos cárteles de la droga siguen para el tráfico de mujeres venezolanas, bajo la complicidad de autoridades mexicanas.

Venezuela es conocida por dos productos de exportación: belleza y petróleo.

A medida que el país se ha derrumbado política y económicamente ambos productos han seguido siendo importantes para la supervivencia del país. El petróleo, aun con el declive de su producción, es la piedra angular de la economía, y la belleza, que en el pasado solía elevar la posición de Venezuela en los concursos internacionales, es en la actualidad una economía monetaria que está salvando a familias venezolanas de la inanición.

Con el gran fervor del país por la belleza, y los concursos de belleza que se celebran cada año para encontrar, por ejemplo, a la próxima Miss Venezuela, las mujeres hermosas son una copiosa mercancía en Venezuela que hoy está siendo explotada por bandas criminales internacionales. Los grupos de delincuencia organizada mexicanos y colombianos, que operan en Venezuela y fuera del país, buscan mujeres venezolanas debido a su reputación de apariencia exquisita y su potencial para obtener enormes ganancias como esclavas sexuales.

Hasta 2014 Venezuela era como un corredor de tránsito para mujeres traficadas de otras naciones sudamericanas. Pero en los últimos cuatro años el país se ha convertido en un productor de mujeres para el comercio sexual.

Las experiencias de las mujeres han sido catastróficas. Desde 2012 al menos 19 mujeres venezolanas que trabajaron como escorts o camareras fueron asesinadas en varios países. La cantidad de asesinatos tuvo un aumento de 200% después de 2017, cuando la crisis económica forzó a más venezolanos a emigrar a los países vecinos. Seis de cada 10 de los asesinatos ocurrieron en México, pero otros tuvieron lugar en Colombia, Perú y Ecuador.

Para las mujeres la situación es grave debido a su reputación de bellas. “Llegan sin ninguna protección y son explotadas porque se les considera hermosas y vulnerables”, dijo Beatriz Borges, del Centro de Justicia y Paz, Cepaz, con sede en Caracas.

Mujeres y niñas venezolanas llegan reclutadas a México bajo falsas expectativas. Desde 2012, 10 mujeres venezolanas fueron asesinadas en varias ciudades, incluyendo la Ciudad de México. Los asesinatos ocurrieron en un momento en que miles de venezolanos llegaban al país y muchas mujeres sólo encontraban trabajo como camareras o escorts.

Ilustraciones: Alberto Caudillo

Sin embargo, este reportaje descubre que los cárteles mexicanos de la droga han identificado diligentemente a las mujeres venezolanas como una importante mercancía generadora de ganancias.

De acuerdo con un analista venezolano, los cárteles mexicanos entendieron el valor de las mujeres venezolanas desde 2010. Cada mujer que trabaja como escort para un cártel puede tener un potencial de ingresos de hasta 200 mil dólares al año, según la contabilidad independiente de una ex escort en la Ciudad de México. Por consiguiente, desde 2010 comenzaron a aparecer noticias en los medios mexicanos detallando la presencia de mujeres venezolanas que se encontraban trabajando en bares en varios estados mexicanos.

En los primeros años el Cártel de Sinaloa tomó la delantera en este nuevo modelo de tráfico, pero pronto otro grupo, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y su socio, Los Cuinis —los grupos criminales más poderosos de México en la actualidad— crearon redes sofisticadas para cazar mujeres. Incluso contrataron a un fotógrafo venezolano para reclutar específicamente a ex reinas de belleza y modelos venezolanas para su red sexual. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos identificó al fotógrafo a principios de 2018, quien fue señalado en uno de los boletines de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) que emite el departamento. Un ex funcionario estadunidense que prestó servicios en Venezuela dijo que, desafortunadamente, el tráfico de mujeres venezolanas creció a partir de la reputación internacional que adquirió Venezuela por sus mujeres hermosas. “La mentalidad nacional ha contribuido a la explotación actual”, afirmó.

El informe de Tráfico del Departamento de Estado de Estados Unidos ahora ha colocado a Venezuela en el nivel tres, la peor clasificación, debido a la continua trata de mujeres en el país y los esfuerzos fallidos del gobierno para combatir “significativamente” el crimen.

 

El aumento en el número de víctimas de este fenómeno parece haber tomado al gobierno venezolano desprevenido. Grupos locales e internacionales de derechos humanos han alertado sobre la nueva tendencia pero, hasta la fecha, el gobierno de Nicolás Maduro ha emitido pocas políticas claras que podrían abordar potencialmente el problema.

Si bien se han realizado algunos esfuerzos, como una redada en septiembre de 2018, cuando la Fiscalía General de Venezuela disolvió una red criminal local con sede en Caracas, que había victimizado a 26 mujeres, los esfuerzos del Estado venezolano, en general, tanto a nivel de ejecución como de políticas, han sido insuficientes.

Adicionalmente, las estadísticas oficiales son limitadas. La Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia está supuesta a legislar contra el delito de trata de mujeres, pero es un esfuerzo ineficaz; según los observadores de derechos humanos, no proporciona procedimientos efectivos para luchar contra la práctica.

Asimismo, dos de los organismos de estadísticas del país, la Oficina Nacional contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo (ONCDOFT) y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), no han emitido nuevos datos sobre este crimen.

De acuerdo con los observadores de derechos humanos, las bases de datos internacionales, que dependen de la información local, están incompletas debido a la dificultad de recopilar información en el país.

Los medios de comunicación y las organizaciones no gubernamentales han identificado la presencia de redes criminales internacionales que se especializan en el traslado de mujeres de Venezuela a otras naciones de América Latina, Europa y Asia, para su explotación sexual.

Los investigadores dicen que la situación ha empeorado desde 2016, cuando el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela suspendió la campaña de la oposición para celebrar un referendo revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro y obstaculizó la posibilidad de un cambio político.

Los observadores de derechos humanos dijeron que la suspensión intensificó la crisis y se produjo un colapso en los mecanismos de protección institucional, lo que aceleró el éxodo de venezolanos.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) calcula que más de 3.5 millones de venezolanos han huido del país debido al colapso económico e institucional en los últimos años y, para finales de 2019, hasta cinco millones de personas, es decir, 16% de la población, podrían abandonar el país debido a la crisis. Tan sólo Colombia ya ha recibido a 800 mil venezolanos, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), o 1.2 millones, según el último registro hecho por el gobierno de Bogotá.

 

Kenni Finol fue una de las principales atracciones del circuito en línea de escorts sexuales en la Ciudad de México.

Su largo cabello rubio y sus brillantes ojos verdes llamaban la atención. No importa que el cabello fuera teñido y que el cuerpo curvilíneo haya sido esculpido con cirugía. Ella ocupó un lugar destacado en Zonadivas.com, el ahora extinto sitio web para adultos, un servicio de escorts de primer nivel, donde Kenni y docenas de otras mujeres jóvenes de Venezuela y Argentina publicaron sus fotos y ofrecieron servicios sexuales por una tarifa alta. La que fuera estudiante universitaria de 26 años de edad era un sueño hecho realidad en este país donde existen rubias, pero no todos los hombres tienen acceso a ellas.

Su clientela incluía políticos influyentes, actores y narcotraficantes locales.

Kenni llegó a México en 2015, con el sueño de convertirse en modelo o actriz. Ella perfeccionó sus múltiples cuentas de Facebook con fotos de sí misma como diva, en aviones privados y poses provocativas, despampanante, junto con artículos de lujo que obtenía de sus pretendientes. Era la imagen que ella quería que su familia y sus seguidores creyeran. Pero por otro lado estaban las fotos de ella con un kilo de cocaína pura o luciendo un fusil automático de asalto AK-47.

Kenni estaba ganando; recibió varias propuestas para casarse e incluso un senador mexicano le pidió que se mudara con él.

Pero el mundo clandestino de Ciudad de México es peligroso. Kenni lo sabía. Sin embargo, su fascinación por chicos malos la llevó por los peores caminos. En una cuenta de Facebook ella confesó: “Cuando eres hermosa, pero te gustan los malandros”.

En Venezuela había sido novia de un pandillero de la prisión que fue asesinado por la policía en 2014, y cuyo nombre ella se tatuó en el hombro derecho. Nacida y criada en Primero de Septiembre, un barrio rudo en el puerto de Maracaibo, capital del estado Zulia y de la cuenca petrolera más tradicional del país, Kenni tenía la astucia de la calle. Su hermano Terlis Finol dice que su hermana era feliz, de trato fácil e inteligente.

Pero acepta que ella fue demasiado lejos. “Ella puso su cabeza en la boca del león”, dijo Terlis Finol en una entrevista telefónica. Aparentemente, en Ciudad de México algunas escorts son solicitadas por los cárteles para seducir a sus clientes y vender drogas o armas, de ahí las fotos.

Kenni comenzó a salir con un asesino a sueldo poco después de su llegada a México. El sicario trabajaba para la Unión Tepito, según indican periodistas y funcionarios del gobierno. Poco después de su llegada ella se hizo novia de Brayan, El Pozole, sobrenombre derivado de la técnica de algunos asesinos que desaparecen los cuerpos de sus víctimas diluyéndolos en productos químicos. El nuevo novio era agradable, pero luego se puso celoso del trabajo de Kenni.

Cuando vio a Brayan asesinar a personas Kenni se dio cuenta de que estaba fuera de su elemento. Grabó dos videos telefónicos que circuló entre sus amigos, donde le habla a la cámara y comenta cómo Brayan mataba con regocijo. Estos dos videos ayudaron a la policía mexicana a detener a Brayan.

En octubre de 2017, cuando su relación se había tornado amarga, Brayan secuestró a Kenni y a una amiga. Les dio una golpiza brutal; hirió a Kenni en la parte posterior de la cabeza con un machete y también le rompió el brazo. En su último video privado publicado poco después de la golpiza, mostró su rostro hinchado y señaló a Brayan para incriminarlo en cualquier futura violencia en contra de ella. En el mismo video Kenni le ruega que le conceda algo de tiempo para que sus contusiones sanen. Brayan había amenazado a Kenni para que se fuera de México o él la mataría. Además, Finol acusa a Brayan de haber asesinado a una escort argentina que murió en un motel de tercera categoría en la Ciudad de México en diciembre de 2017.

Terlis, su hermano, dice que dejó de contarle a la familia lo que estaba pasando. Ella le había dicho que estaba lista para irse de México. Sin embargo, perdió su pasaporte venezolano y cuando se lo devolvieron un mes después ya estaba vencido.

Luego, en febrero de 2018, fue secuestrada en un festival de música al que asistió con una amiga escort venezolana. La amiga, no identificada y quien no fue secuestrada con Kenni, dijo que siete hombres irrumpieron en el área VIP del concierto y agarraron a Kenni. La otra mujer se salvó después de que, según el hermano de Kenni, ésta rogó a los secuestradores que la dejaran ir.

De acuerdo con Terlis Finol, Kenni, su hermana, estaba protegiendo a personas de mayor nivel. Cuando la mataron trabajaba en un apartamento con varias mujeres que buscaban ofrecer sexo bajo contrato. Terlis todavía sueña que su hermana vendrá a verlo; su madre visita la tumba de Kenni en Zulia tres veces por semana y ora por ella en la iglesia. “Somos tres niñas y un niño, y ella nos ayudó mucho. La situación en el país está muy mal”, dice Terlis.

El cuerpo destrozado de Kenni fue arrojado en una calle lateral de colonia Jardines de Santa Clara en Ecatepec, un barrio de bajos ingresos y azotado por el crimen, conocido por sus callejones estrechos y casas de adobe cuadradas, en el Estado de México. También durante los últimos 20 años se ha ganado un nombre como área de desecho de cadáveres, donde se encuentran mujeres que han desaparecido.

 

El cuerpo de Kenni estaba roto, su rostro desfigurado con ácido, y había sido violada por miembros de la pandilla.

Kenni Finol fue la décima escort venezolana asesinada en México en los últimos cinco años. Su asesinato fue espantoso, incluso para este país conocido como la Tailandia de América Latina por sus estadísticas sobre la trata de mujeres.

México es un país conservador donde las trabajadoras sexuales existen de hecho, pero no son aceptadas por la población general. De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la prostitución es legal y aproximadamente 20 mil personas son víctimas de tráfico sexual cada año. El Senado mexicano estima que, en la actualidad, entre 50 mil y 500 mil personas están siendo traficadas en el país.

Hay asesinatos de las escorts de alto nivel mientras la seguridad pública de México ha caído a su punto más bajo en una década: 25 personas por cada 100 mil habitantes fueron asesinadas en la primera mitad de 2018. En la Ciudad de México, donde vive y trabaja la mayoría de las escorts venezolanas, hubo 3.3 asesinatos por día en ese periodo.

Las historias sobre la muerte de Kenni, sin embargo, han cautivado a esta nación. De acuerdo a algunos observadores, las escorts de alto nivel, jóvenes y hermosas, que cobran de 100 a 200 dólares por hora de servicio (en un país donde una secretaria gana 300 dólares al mes), deberían estar protegidas.

La historia de Kenni tocó un nervio popular: la chica pobre a la que le va bien, una trama repetida de las telenovelas populares tanto en México como en Venezuela.

Pero Kenni y sus colegas asesinadas no entendieron las reglas que rigen el comercio sexual de México. Incluso las escorts de alto nivel se convierten en propiedad privada de la pandilla.

La familia en Venezuela de Kenni, La muñequita, pensó que estaba segura trabajando como modelo en México. Pero su hija había emprendido una misión imprudente. Su historia y la de las otras mujeres recientemente asesinadas se recuerdan en videos de YouTube y fotos que crearon inicialmente para promocionar su trabajo. Esos videos ahora sirven como un homenaje a su juventud, exuberancia e ingenuidad.

 

Naciones Unidas afirma que, desde principios de 2006, más de 100 mil venezolanos se han mudado a México para escapar de la incertidumbre política y económica en su país de origen.

Las mujeres jóvenes como Kenni, que llegan a México para trabajar como escorts sexuales, no están incluidas en estas estadísticas porque se aplican en gran medida a inmigrantes que buscan residencia.

No obstante, las escorts llegan patrocinadas por contrabandistas con conexiones con funcionarios de inmigración que proporcionan a las mujeres visas de turista temporales e incluso de residencia después de unos años.

De los casos indagados para este reportaje, las redes de tráfico que atrapan a mujeres y niñas venezolanas operan fuera de las regiones de Venezuela donde los cárteles mexicanos ejercen control, como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una joven organización criminal conocida por su violencia y poder económico.

El grupo domina los territorios y el tráfico de drogas que una vez estuvieron en manos del tradicional Cártel de Sinaloa, desestabilizado tras el arresto de su líder, Joaquín El Chapo Guzmán.

El CJNG mantiene sociedad y lazos familiares con Los Cuinis, un clan de 18 hermanos y hermanas que habían sido cultivadores de aguacates tipo Hass en Michoacán y luego se convirtieron en narcotraficantes. Los Cuinis tienen participación en Venezuela y en otras regiones de América Latina.

Los Cuinis tuvieron el olfato comercial para importar a México más mujeres sudamericanas de aspecto europeo para consumo de la clase media. Las mujeres mexicanas que tradicionalmente se dedican al trabajo sexual provienen de una población local, más mixta e indígena.

Entre 2006 y 2010 tres de los hermanos Cuinis tenían su sede en Argentina y Uruguay. Finalmente, dos de ellos fueron arrestados en Uruguay y Brasil. El hermano mayor, Abigael González Valencia, fue capturado mientras estaba de vacaciones en un yate en Cancún.

Funcionarios de Naciones Unidas dicen que otros 47 grupos criminales compiten por el control del negocio de tráfico sexual en México.

 

Las mujeres que terminan atrapadas en las redes de tráfico sexual son reclutadas por conocidos en sus lugares de origen en Venezuela. Algunas de ellas han participado en concursos de belleza locales, un pasatiempo nacional en Venezuela, por lo que ya se han sometido a alguna cirugía plástica, que es la norma para las participantes, según afirma un analista local. Algunos traficantes mexicanos ahora están pidiendo a antiguas escorts, que cumplen 30 años de edad y que en el oficio se consideran demasiado viejas, que trabajen como promotoras.

Hasta hace poco la mayoría de las mujeres venezolanas a las que se les ha seguido la pista para este reportaje y han sido traficadas en México provenían de Maracaibo y Valencia, capitales de dos estados industriales; Zulia y Carabobo, y ciudades muy pobladas con acceso a importantes puertos, donde los narcotraficantes mexicanos siempre han tenido conexiones criminales. A medida que el comercio de contrabando de mujeres ha florecido, los cárteles de la droga colombianos lo han adoptado, y trasladan a las mujeres que llegan al fronterizo departamento de Norte de Santander hasta Bogotá, la capital del país, desde donde son enviadas en aviones comerciales a México y otros países de América Latina. Periodistas colombianos dicen que el movimiento de personas está bajo los auspicios del CJNG.

 

Las sórdidas historias de las mujeres han resonado en Venezuela, pero no han tenido un efecto disuasorio. Con el colapso de la economía venezolana cada vez más mujeres jóvenes desean tener la oportunidad de viajar a otros países para trabajar en lo que sea, incluso el trabajo sexual.

La trata de mujeres jóvenes y niñas se ha extendido, según la Asociación Paz Activa, una ONG local que lleva un seguimiento de esta actividad. Lo que es preocupante para las organizaciones no gubernamentales que monitorean esta empresa criminal es la participación de las empresas venezolanas en el flujo de mujeres para el trabajo sexual. Las mujeres son abordadas a través de agencias de modelos, clubes nocturnos y bares. “Son seleccionadas bajo falsas ofertas”, según indica Luis Cedeño, director de Paz Activa en Caracas.

En informes recientes Paz Activa ha hecho alusiones a que la policía local venezolana y los oficiales militares están en el bolsillo de los traficantes de sexo. Una fuente indicó que Paz Activa identificó al alcalde local de un estado del interior como el líder de una red de tráfico de mujeres.

Beatriz Borges, quien a principios del año en curso publicó un estudio sobre el tráfico de mujeres desde Venezuela, dijo que los grupos de narcotraficantes colombianos comenzaron a trasladar a mujeres venezolanas de tan sólo 12 años de edad en adelante a través de Bogotá. Según Borges, las redes de tráfico cuentan con la participación de funcionarios de inmigración corruptos en ambos países. Algunas de las mujeres son enviadas a Asia y Europa del Este.

 

Una escort colombiana que vive en Ciudad de México y conoció a Kenni Finol describió para un periodista la trayectoria de la vida de una trabajadora sexual en esta ciudad.

Primero, les piden a los cazatalentos que identifiquen a las mujeres que cumplen con ciertos requisitos en los países-objetivo. Luego, las seducen con comidas de lujo, regalos y promesas de hermosos apartamentos y choferes privados en México. Cuando las mujeres llegan a México reciben una factura. Cada centavo que los traficantes gastan en ellas figura como deuda. En el caso de la escort colombiana su cuenta llegó a varios miles de dólares en pasajes aéreos, ropa y otros gastos. Le habían prometido que trabajaría en telenovelas y como modelo, pero fue empujada al trabajo sexual. Compartió una habitación con otras seis mujeres de Venezuela y Argentina en un barrio de clase media baja. Sus movimientos fueron controlados por mujeres con vínculos a Zonadivas y relacionadas con el cártel de la droga Unión Tepito.

Según la Agencia de Investigación Criminal, Unión Tepito tiene una relación con el CJNG y controla el trabajo sexual ilegal en la Ciudad de México y los alrededores del Estado de México. Las trabajadoras sexuales como Finol tienen que pagar una tarifa a la Unión, vender drogas y, a veces, guardar armas.

Un taxista que trabaja para la Unión Tepito recoge a las mujeres en sus apartamentos y las lleva a visitar a los clientes. La escort colombiana dijo que atendía a varios hombres por día que pagaban a Zonadivas 100 dólares por hora. Cuando regresaba al apartamento entregaba la mayor parte del dinero a las mujeres a cargo y se quedaba con una pequeña cantidad para ella. Los traficantes retuvieron su pasaporte hasta que ella pagó su deuda. A fin de cuentas, calcula que los traficantes obtuvieron de ella unos 200 mil dólares al año en ganancias.

Le tomó dos años de trabajo, los siete días de la semana, para obtener su libertad. Hoy sigue siendo escort, pero independiente, y aún vive en la Ciudad de México. Su tiempo con Zonadivas le enseñó cómo evitar problemas y protegerse. Ella le dijo a un amigo periodista que puede recaudar hasta 10 mil dólares al mes. “Es un trabajo duro y hemos aprendido a soportar el miedo y el disgusto, pero ¿en qué otro lugar podría ganar tanto dinero?”, le dijo al periodista. La mujer ahora está lista para introducir a otras en el negocio.

 

El fenómeno del tráfico de mujeres venezolanas ha crecido en América Latina y Europa. Algunas de esas redes se han roto en España, Colombia y Panamá. Pero en México el comercio es insidioso debido a la violencia vinculada a él y la falta de un marco legal para proteger a las mujeres. La legislación federal contra el tráfico de personas que sanciona la trata de mujeres existe desde 2007, pero su práctica se complica con leyes estatales pertinentes que a menudo no sancionan el tráfico sexual. Así que las personas traficadas se vuelven individuos identificables para la ley sólo cuando ya es muy tarde.

Con la muerte de Finol cuatro escorts relacionadas con Zonadivas.com fueron asesinadas entre febrero de 2017 y febrero de 2018. Los asesinatos y la exposición asociada a ellos obligaron a las autoridades mexicanas a cerrar el portal para adultos. En el proceso, arrestaron a dos hombres y una mujer que trabajaban para el equipo. El propietario, Antonio Santoyo Cervantes, fue detenido este mes de mayo de 2019. Se cree que hasta entonces gozó de la protección de políticos influyentes en Ciudad de México.

De acuerdo con la policía mexicana, sicarios como El Pozole, del Cártel de Tepito, recurrieron a Zonadivas.com para encontrar mujeres extranjeras con las que pudieran salir. La policía dice que tiene evidencia de que los sicarios golpeaban a las mujeres y las obligaban a vender drogas y esconder armas, y que ellas callaban por miedo. Dos de las escorts asesinadas en el último año, ambas venezolanas, fueron eliminadas por otro asesino a sueldo con vínculos con el Cártel de Tepito.

El sitio web había operado en México desde principios de la década del 2000 con el nombre Divas.com. Pasó a la clandestinidad cuando otro investigador de la policía estuvo cerca de descifrar el modelo de negocios del portal y estaba listo para hacer arrestos. El investigador de la policía fue emboscado y asesinado en febrero de 2007. Tras su asesinato, la página electrónica desapareció. Pero en 2011 renació, si bien para el mismo negocio, con otro nombre: Zonadivas.com.

José Nemesio Lugo Félix, el investigador que siguió a Divas.com hasta su propia muerte, era sobrino de la legendaria actriz mexicana María Félix y un investigador policial mexicano de alto nivel, con experiencia en redes de tráfico de personas y armas. Luego de su asesinato, circularon comentarios anónimos que mancharon su reputación. A los medios llegaron versiones según las cuales estaba involucrado en actividades ilícitas.

Los familiares de Lugo que han mantenido un sitio web sobre su asesinato y para limpiar su memoria, se negaron a hablar al respecto para este reportaje, pero varias entradas en una página de Facebook bajo su nombre muestran cuán peligrosas llegaron a ser sus investigaciones. Lugo, un oficial rudo que estaba siguiendo el sitio web y sus propietarios, tenía un caso sólido que probaba cómo los propietarios del portal y sus patrocinadores financieros atraían a mujeres jóvenes de América del Sur y las esclavizaban en el trabajo sexual.

Lugo estaba tan seguro de su investigación —aunque desprevenido con respecto a los enlaces oficiales que los propietarios del sitio web podrían haber tenido— que dio una entrevista a la revista Proceso, en la que pronosticaba un futuro cierre de Divas.com.

La investigación de Lugo tuvo un impulso cuando se alertó a las autoridades mexicanas de inmigración sobre docenas de mujeres sudamericanas, incluyendo venezolanas, que ingresaban al país de manera irregular con contratos de trabajo con Divas.com. El sitio web tenía una red complicada de funcionarios de inmigración que ayudaban a gestionar el flujo de recién llegadas.

Finalmente, Lugo fue emboscado y asesinado a tiros mientras conducía a su oficina en el centro de Ciudad de México. Su investigación del caso quedó archivada después de que arrestaron a dos sicarios por su asesinato, pero no se dio ninguna explicación sobre la identidad del autor intelectual.

Según un investigador, el asesinato de Lugo indicó que la red que luego administraría Zonadivas tenía protectores en el gobierno federal mexicano. El asesinato de Lugo fue resuelto a medias, y Divas.com cambió su nombre a Zonadivas.com, bajo el cual comenzó a operar de nuevo en 2011.

 

El tráfico de mujeres venezolanas a México ha estado en auge desde 2010, a medida que la economía en Venezuela empezó a decaer y los cárteles mexicanos de la droga se afianzaron más en las redes de narcotráfico de ese país.

En los primeros años las mujeres venezolanas fueron traficadas a ciudades como Guadalajara, Ciudad Juárez y Monterrey, entre otras. Guadalajara se convirtió en un centro especial para voluptuosas escorts venezolanas. De acuerdo con un abogado local, los bares y clubes nocturnos de lujo comenzaron a especializarse en niñas y mujeres venezolanas a principios de la década de 2010. Fue entonces cuando el bar Bandidas, un establecimiento temático en la avenida López Mateo, al otro lado de la calle de la zona comercial de la Plaza del Sol en Zapopán, tuvo un gran éxito.

Bandidas organizaba noches de vaqueros, noches de fiesta hawaiana y otros eventos especiales. Las chicas venezolanas se vestían y bailaban en la parte superior del bar, al estilo de Coyote Ugly. Todos los viernes el bar estaba lleno de hombres que bebían tequila y cerveza, mientras las imponentes jóvenes venezolanas desfilaban en diminutos trajes. Una parte oculta del negocio fue la participación de las mujeres en la prostitución. Al principio fue una decisión propia y sólo aquellas que querían tener relaciones sexuales con clientes lo hacían, de acuerdo a lo que dijo una mujer que trabajaba en el bar. Las mujeres estaban protegidas por corpulentos porteros que se aglomeraban alrededor de la barra.

Los reporteros locales dijeron que el bar era, en parte, propiedad de ex funcionarios del gobierno, incluyendo un ex fiscal de Guadalajara, y Luis Rodríguez Olivera, un narcotraficante y propietario de una conocida marca de tequila, quien fue arrestado en Estados Unidos en 2011.

Pero en 2012 las reglas en el bar Bandidas cambiaron.

Daisy Arenas, una joven menuda e ingenua de 23 años que vino a México para trabajar como modelo, quedó atrapada en esas excentricidades. Le contó a su madre, Ingrid, quien vivía en Valencia, Venezuela, que un hombre poderoso que no le gustaba no dejaba de enviarle flores. Los mensajes que enviaba eran crípticos, por lo que para la madre era difícil saber lo que estaba sucediendo.

El 15 de diciembre de 2012 Daisy fue secuestrada por 15 hombres que pretendían ser policías federales mexicanos. La sacaron de su auto, un Renault Clio rojo, pataleando, mientras rogaba a sus amigas que la ayudaran. Las otras pasajeras en el auto estaban paralizadas de miedo.

Seis días después su cuerpo fue encontrado en un camino de tierra en las afueras de Guadalajara. Le habían disparado varias veces en la cabeza. Su muerte conmocionó a México; todavía era poco común que una extranjera de clase media que además era hermosa fuera asesinada con tal violencia en una ciudad principal.

Daisy había intentado lanzar su carrera como modelo en Guadalajara. A lo largo de dos años había trabajado en pequeños destajos en convenciones de negocios y concursos de belleza. Al parecer, lo estaba logrando. En 2015 un cantante de música popular, estilo banda, lanzó un video en el que ella aparece como modelo. Sin embargo, el coctel que incluye belleza, participación extranjera, jóvenes y la intervención de grupos de narcotraficantes ya se estaba volviendo letal para las mujeres venezolanas.

Daisy había sido reclutada para ir a México por una ex escort venezolana que conoció en su natal Valencia. Victoria Comas fue una participante conocida en el circuito de fiestas de Valencia, y tras su invitación otras seis mujeres jóvenes también viajaron con Daisy a Guadalajara. Todas volvieron a casa, excepto Daisy. La razón para ir a México era la misma para todas: la situación económica en casa era grave ya para entonces. En el caso de Daisy, la madre no podía trabajar y tenía una hermana discapacitada.

 

A finales del 2011 el Cártel Jalisco Nueva Generación comenzó a mudarse a Guadalajara. Bandidas, donde Daisy actuaba todas las noches, se convirtió en propiedad de ese cártel. Daniel Quintero Riestra, un caudillo de la droga local que supervisó el mundo clandestino y el sector empresarial de la ciudad, vino a controlar el bar Bandidas y se interesó en Daisy. Él era el hombre que Daisy le describió a su madre; no estaba contenta con la atención de Quintero y pagó por eso.

Quintero creía que Daisy le pertenecía porque trabajaba en un establecimiento en una zona que él controlaba.

Daisy había tenido premoniciones sobre su muerte. Semanas antes, según cuenta su madre, Daisy le escribió para contarle que quería irse de Guadalajara porque el negocio se había vuelto peligroso. Le había dicho a su madre que personas rudas estaban involucradas y que no deseaba continuar su relación con Bandidas. Sin embargo, México todavía era parte de su futuro. Antes de su muerte ella había comprado boletos de avión para que su madre y su hermana discapacitada la visitaran.

La madre de Daisy, Ingrid Arenas, todavía cree que su hija era una modelo y tal vez sólo lo fuera. Pero no le bastó para conservar la vida.

La madre de Daisy ha luchado durante años para averiguar qué le sucedió a su hija. A un año del asesinato de Daisy el gerente y propietario del bar Bandidas, Iván Martínez Macías, también fue asesinado. Denisse Mateo, otra escort venezolana y amiga de Daisy, también fue asesinada en 2015. Se cree que Mateo le dio a la policía información sobre dónde encontrar a Quintero, el asesino de Daisy, quien fue arrestado descansando en un yate en la Riviera Maya del Caribe ese mismo 2015.

El bar Bandidas fue cerrado en 2016.

 

Una noche en Guadalajara, a fines de 2015, en compañía de dos amigos, visité el bar Bandidas. La entrada del bar estaba vigilada por hombres corpulentos, sujetos del narcotráfico. Era una noche hawaiana, pero la camarera que nos atendía parecía estar trabajando bajo presión. El bar estaba medio vacío con sólo clientes masculinos. El asesinato de Daisy había dañado la reputación del bar, y pasarían apenas algunos meses antes de que cerraran el establecimiento.

Esa noche el ambiente estaba tenso. Dos hombres parecían estar tomando fotos de nosotros, que bebíamos cervezas. Nos fuimos después de una hora; llamamos a un taxi para que nos recogiera y nos dejara en un hotel cercano, donde podríamos desaparecer sin huellas.

Al día siguiente visité el tribunal de Guadalajara con un abogado local para hablar con un juez sobre el caso de Daisy. En México es ilegal que los periodistas tengan acceso a documentos judiciales, pero Quintero, el asesino de Daisy, había sido arrestado unas semanas antes.

Cuando pedí el expediente judicial de Daisy el secretario de la corte fingió que faltaba el registro de su caso. Sólo después de que mi amigo abogado le explicó que yo era una escritora de novelas románticas que quería leer el caso de Daisy y usarlo en una historia, el empleado de repente encontró los documentos que faltaban. El abogado que me acompañó dijo que el cártel le estaba pagando al funcionario para que identificara a los que vinieron a buscar información sobre el caso, puesto que se trataba de un narcotraficante de alto nivel. Cuando lo miré, perpleja, dijo que era la única manera de obtener los documentos.

El archivo, que incluía fotos del cuerpo de Daisy en la sala de reconocimiento, era grueso. La conclusión del caso decía que había sido asesinada porque Daniel Quintero Riestra, jefe de la plaza de Guadalajara para el CJNG, creía que ella le pertenecía y que ella se había portado mal. La madre de Daisy dijo que Quintero estaba enamorado de Daisy, y eso trazó su destino.

El CJNG controla a las escorts sofisticadas de Guadalajara y a las trabajadoras sexuales de la calle por igual. A principios de 2016 acompañé a los activistas de derechos humanos de Brigada Callejera a Guadalajara, un grupo que apoya a sexoservidoras en México. Estaban allí para visitar a las trabajadoras sexuales de la calle en varios barrios.

En una zona cerca del centro de Guadalajara, jóvenes del CJNG, aparentemente, comenzaron a seguirnos. Brigada está en contacto con más trabajadoras sexuales oprimidas que escorts. Estas mujeres se paran en las esquinas de las calles o en los bares para conquistar clientes, a los que cobran de cinco a 10 dólares por 20 minutos de servicio. Una joven que detuvo a nuestro grupo cuando visitábamos un motel donde se reunían las mujeres, dijo que el CJNG estaba comenzando a tomar el área e imponer controles más estrictos. Los grupos de pandillas anteriores nunca habían requerido que estas mujeres pagaran impuestos, pero ahora el CJNG les exigía 30% de sus ganancias semanales.

 

Miguel José Leone Martínez es un robusto fotógrafo venezolano que posa en Facebook e Instagram rodeado de hermosas modelos y actores hispanos famosos. Se desplaza entre Miami y la Ciudad de México, según su cuenta de Instagram, donde tiene 30 mil seguidores. Su logro más importante seguido en los medios de comunicación en español fue el breve romance que tuvo con Shannon de Lima, modelo venezolana y ex esposa de Marc Anthony, quien también ha sido relacionada como pareja del futbolista colombiano James Rodríguez, y del boxeador mexicano Saúl Canelo Álvarez.

Sin embargo, a principios de 2018, Leone Martínez estaba en las noticias por un asunto más sórdido. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo identificó como un chulo de clase alta, que reclutó mujeres hermosas para Los Cuinis, el grupo de drogas vinculado al CJNG.

La operación de Leone aparentemente apunta a modelos de alto nivel, las mejores de Venezuela. Inmediatamente después del anuncio Shannon de Lima fue contactada por periodistas de Miami. De Lima es una conocida habitual en el círculo social de Miami. Ella negó cualquier conocimiento sobre las actividades de Leone, pero su romance con el boxeador Álvarez fue interrumpido.

El Tesoro de Estados Unidos congela las cuentas bancarias en el país de aquellas personas incluidas en la lista de delitos financieros. También prohíbe a los ciudadanos y compañías estadunidenses hacer negocios con los sospechosos nombrados. Leone había estado en el radar de Washington desde 2015, cuando fue arrestado por la policía mexicana estando de vacaciones en un yate con el líder principal de Los Cuinis, Abigael González Valencia. Después de un año de detención Leone fue liberado sin cargos. Abigael González Valencia permanece en el Cefereso 14 de Durango y espera la extradición a Estados Unidos.

Leone es originario del estado fronterizo venezolano de Apure, conocido por sus vuelos clandestinos y cargados de coca a América Central y México. Hijo de un pequeño empresario italovenezolano, dejó Apure cuando tenía 17 años y se mudó a Caracas.

 

Ana Arana
Periodista.

Este reportaje fue publicado originalmente en el sitio electrónico armando.info, plataforma especialista en periodismo de investigación.