México tiene hoy una deuda histórica con el pueblo de Estados Unidos: debe reponerle el mal de haberle hecho una invitación a Donald Trump a Los Pinos, cuando éste andaba en campaña y, de esa manera, haber contribuido a su elección. A esa deuda, impagable, hay que apilar los efectos internos en Estados Unidos del agachismo del gobierno mexicano, que aguanta los agravios con una actitud estoica que a nadie le importa, en vez de contestar con presiones políticas y económicas reales.


Ilustración: Patricio Betteo

Esta actitud pusilánime ha permitido que Donald Trump haya conseguido tener múltiples frentes abiertos, sin pagar (todavía) un costo proporcionalmente elevado. Así, el Charlatán-en-Jefe tiene hoy abiertos el frente norcoreano, el frente iraní, el frente ruso, el frente chino, el frente mexicano, y el frente británico-europeo… sin pagar, hasta el momento, un costo político interno que realmente le duela.

Con todo, dicha situación está cambiando, a partir del conato de “guerra comercial” con China, porque, a diferencia de México, ese país no ha dudado en devolverle a Trump sus agresiones, gesto por gesto. A los aranceles impuestos al acero y al aluminio los chinos han respondido con aranceles a la soya, el cerdo, y el vino… mismos que dañarán la economía de distritos electorales que han sido apoyos políticos clave de Donald Trump. Con esa política el parloteo incesante del Demagogo-en-Jefe tendrá por primera vez un efecto que bien podría perderle el control del Congreso en las elecciones de noviembre.

Ahora bien, o como diría Gil Gamés, ahora mal, sabemos que Trump tiene la costumbre, predecible ya, de “resolver” los conflictos distrayendo la atención con otros nuevos conflictos. Sabemos, también, que desde el punto de vista estadunidense hay un juego de suma cero entre el conflicto comercial con China y el conflicto con México. Por eso, en el instante en que Trump inicia una guerra comercial con China, recula en beligerancia contra el TLCAN. Siguiendo esta misma lógica, predecible ya, podemos prever que si Trump llega a recular en su conflicto comercial con China volverá a la carga contra México. 

Dada esta circunstancia, importaría que el gobierno de México reconociera que no le faltan motivos para tomar medidas más activas o agresivas, pues la declaratoria del presidente de que México no tolerará que se mancille su honra no tiene importancia alguna. Esos asuntos que dan pie hoy a otra política de parte del gobierno de México son: el cúmulo de insultos, que desdicen la idea de una amistad entre ambos países; el uso político que se le dio a los llamados “dreamers” para perseguir a los migrantes indocumentados, seguido, al final, por la denegación de los derechos a los propios “dreamers”; la existencia de condiciones de cuasiesclavitud en los Centros de Detención a migrantes, manejados por corporaciones privadas, con fines de lucro, y denunciados recientemente en The New York Times,1 y, por último, la movilización de la Guardia Nacional a la frontera con México.

Este es un momento adecuado para que México tome una actitud distinta a la que ha mantenido desde su fatídica invitación al candidato Trump a Los Pinos. Para empezar, debe estudiar el modo de reducir la cooperación con Estados Unidos en asuntos migratorios y de seguridad en la frontera sur, como sugirió hace poco Jorge Castañeda; y debe aprovechar los múltiples frentes de Estados Unidos para dar un golpe de timón en la política de cooperación —o de sometimiento— en materia de política de drogas. 

En lugar de “aprovechar” el conflicto comercial entre Estados Unidos y China para demostrarle a Trump que México es más agachado que China, y por lo tanto un mejor aliado, el gobierno debe de aprovechar para ponerse más duro con Estados Unidos en los temas que le importan. ¿Por qué? Por una razón sencilla: cuando Estados Unidos resuelva sus conflictos con China seguirá la presión sobre México, que es para el gobierno de Trump mucho más sencilla y menos costosa. Por otra parte, si Estados Unidos no resuelve su conflicto con China necesitará la alianza con México, y entonces sería importante que entendieran que esa alianza les exigirá concesiones concretas, mucho más allá de la renovación del TLCAN que, en realidad, no es una dádiva, sino un tratado de conveniencia mutua.

¿Cuáles son esas concesiones? Eso no está tan difícil: primero, el recibir un trato genuinamente respetuoso a nivel de las relaciones internacionales —nada de mandar yernos a Los Pinos para deshacer los entuertos tuiteados desde la Casa Blanca, un día sí y el otro también; segundo, trabajar conjuntamente para regularizar la situación migratoria de los trabajadores indocumentados y mejorar su situación; y tercero, lo más urgente, transformar el marco político y jurídico en que se está realizando la guerra contra las drogas, que le ha costado desproporcionadamente a México, y que ha fracasado absoluta y estrepitosamente.

Trump ha mandado tropas a la frontera. El gobierno de México debe reconocer en este gesto vacuo un caso de “ver burro, y ofrecerse viaje”. Ese acto fanfarrón del Gesticulador-en-Jefe puede y debe ser aprovechado por el gobierno de México para insubordinarse. De otro modo, cuando Trump haya concluido su conflicto con China vendrá a imponer sus condiciones a México, y para entonces el país ya no podrá defenderse.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.


1 https://nyti.ms/2JDSGp2

 

Un comentario en “Hay burro y se ofrece viaje

  1. La tendencia de México a tener una sociedad cada vez más desinformada, ignorante, perezosa y en búsqueda constante de la satisfacción inmediata, abona perfectamente a la política externa de Estados Unidos. Lo vemos en gran parte de latinoamérica y no se puede revertir en un sexenio, con un partido en específico o con una política tradicional mexicana. Cada nuevo gobernante destroza lo erigido por el anterior y desea ser recordado como quien, ahora sí, logró hacer funcionar el país. No podemos cambiar el imperialismo nrteamericano, lo único que podemos cambiar es nuestro propio país y la actitud lastimosa que una parte de la sociedad adopta como medio de subsistencia.