En los años setenta, cuando nació nexos, el tema del medio ambiente era un asunto completamente marginal y reducido a la contaminación del aire y su impacto en la salud.

En ese entonces, un grupo de cuates de la Facultad de Ciencias — unidos por la amistad y la militancia en el sindicalismo—, siendo aún estudiantes, armamos nuestro primer “círculo de estudios” para analizar los textos ambientales que conseguíamos, con enorme dificultad y a base de coperachas, en las caras librerías que importaban la literatura más reciente. No había materias en la facultad que nos ayudaran a entender el tema, ni bibliotecas que tuvieran estos libros.


Ilustración: Patricio Betteo

Pronto encontramos un punto de convergencia entre nuestras inquietudes políticas y profesionales. En el contexto de la campaña presidencial del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), en 1982, hicimos un primer planteamiento sobre Ecología Política, nexos publicó un artículo en su número 47, y el PSUM editó un libro muy significativo que nos apadrinaron Miguel Ángel Granados Chapa y Eraclio Zepeda, (hoy me honra compartir con ellos el ser galardonados con la Medalla Belisario Domínguez).

A partir de los ochenta el tema ambiental empezó a posicionarse en la agenda global y nacional, se acuñó el concepto de desarrollo sustentable, y en los noventa alcanzó su máximo nivel de atención. La Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, en 1992, generó condiciones favorables para la creación de nuevas instituciones, promulgación de leyes, consolidación de organizaciones sociales, surgimiento de carreras, maestrías y doctorados, generación de mucho conocimiento, y de algunos (pocos) emprendedores inversionistas con sistemas de producción más limpios y encarrilados hacia una economía verde. Se entendió finalmente que la pobreza no podría ser superada sin un medio ambiente sano y se sentaron bases sólidas de una política ambiental.

En el cambio del milenio otros asuntos nos abrumaron, el terrorismo y la violencia empezó a ocupar la mayor preocupación y atención. El proceso acelerado de crecimiento y consolidación de las políticas ambientales se estancó y, aunque con altibajos, afortunadamente se han mantenido muchos de los avances. Sin embargo, la pérdida de cuadros profesionales capacitados y los recortes presupuestales ha sido muy dañinas en las instituciones ambientales que son muy jóvenes y siguen en proceso de crecimiento, con responsabilidades cada vez mayores.

Las obsesiones del crecimiento infinito y del consumo enajenante sigue sometiendo a la dimensión ambiental a un segundo plano. Los costos de cambios tecnológicos y de sistemas productivos con criterios ambientales no se quieren asumir; no es un asunto de falta de opciones tecnológicas, simplemente se prioriza la maximización de la ganancia a costa del capital natural.

Lo que parecía un asunto del pasado, sigue imperando en muchos sectores: el deterioro ambiental es el precio que debe pagarse por el desarrollo. La sociedad, en general, tampoco levanta las banderas de la defensa ambiental, salvo algunas pocas organizaciones que seguimos siendo marginales. Aunque el discurso esté impregnado del concepto de desarrollo sustentable, la mayoría de las políticas públicas y las acciones sociales van por otro lado.

El deterioro avanza, y rápidamente. No estamos ganando la batalla. Ríos, lagos y mares contaminados, al igual que el aire de muchas ciudades; recursos naturales y acuíferos sobre explotados; suelo erosionado; residuos sólidos y peligrosos abandonados.

A este contexto adverso hay que sumar otro tema del que se habla mucho pero que no se vincula con el medio ambiente: el saqueo de recursos pesqueros y maderables controlado por el crimen organizado. Con armas largas y amedrentando o desapareciendo a quien se opone, se arrasa con el patrimonio de comunidades campesinas.

En contraste, la conciencia sobre la necesidad de un medio ambiente sano como condición sine qua non de un país justo, equitativo y con bienestar social va abriéndose paso y los jóvenes, quienes ya desde sus primeras aulas escucharon sobre estos temas, van teniendo conductas diferentes.

La sociedad debe entender que los humanos somos solo una especie más, que surgimos de los mismos procesos evolutivos que conformaron a todas las demás, y que el hecho de ser pensantes no nos da el derecho de interrumpir la evolución de las especies. Además, que un país sin recursos naturales sanos se vuelve vulnerable.

Los grandes retos que nos quedan por delante son: construir un código ético de respeto a la naturaleza y a los derechos de las siguientes generaciones; utilizar el vasto conocimiento científico acumulado por décadas para la construcción de políticas públicas; fomentar el consumo responsable y los sistemas productivos con criterios ambientales incluyendo el uso diversificado de la biodiversidad; analizar y atender los grandes problemas, como la seguridad alimentaria, en todas sus dimensiones, ambientales, sociales y económicas, de manera integral, territorial e interdisciplinaria; fortalecer los espacios de participación social para encontrar soluciones desde lo local y regional, entre otros.

No veo en estos retos obstáculos insuperables; aún me queda la esperanza de que, cuando nexos cumpla 70 años, México será un país próspero, justo, equitativo, sin pobreza y con ecosistemas sanos y una gran biodiversidad.

 

Julia Carabias
Doctora en ciencias. Profesora de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Es coordinadora del libro Conservación y desarrollo sustentable en la Selva Lacandona. 25 años de actividades y experiencias.

 

Un comentario en “Frente a la naturaleza

  1. EXCELENTE ARTÌCULO QUE NOS RECUERDA EL GRAN PENDIENTE QUE TENEMOS, PARA EMPEZAR A TRABAJAR EN LA PREVENCIÒN.