En la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, dedicada este año a la ciudad de México, será presentado el libro de dos de los más destacados cronistas de esta urbe: Rafael Pérez Gay y Héctor de Mauleón. Ofrecemos una selección de crónicas incluidas en Ciudad, sueño y memoria (Gobierno del Distrito Federal—ediciones cal y arena), acompañadas con imágenes del archivo fotográfico de Carlos Villasana Suverza.


En los primeros años del siglo XX, Francisco del Paso y Troncoso localiza, sepultado en el Archivo General de Indias de Sevilla, un legajo amarillento que encierra uno de los secretos mejor guardados en la historia de la Ciudad de México.

Del Paso es entonces un anciano con arillos dorados, bigote retorcido y barba encanecida, que dedica los últimos años de su vida a recorrer bibliotecas y museos de Europa en busca de códices indígenas y documentos novohispanos del siglo XVI. Nada puede sorprenderlo: a él se debe el rescate de la obra inédita de fray Bernardino de Sahagún, que hoy conocemos con el nombre de Historia general de las cosas de la Nueva España.

Aquel documento, sin embargo, le roba el aliento. Sus dedos largos, flacos, arrugados, comienzan a temblar. Tiene entre las manos la “Relación de méritos y servicios de Alonso García Bravo”, el hombre que, según el documento, en 1523 dibujó en una hoja de papel la traza de la Ciudad de México: el primer gran centro urbano del Nuevo Mundo.

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La Casa de las Ajaracas estuvo en la esquina de República de Guatemala y República Argentina, antes llamadas Escalerilla y Reloj. Este edificio fue parcialmente derribado en 1993 por el deterioro que presentaba; sólo se rescató el predio que hoy aloja al Museo Archivo de la Fotografía.

Del Paso repite varias veces en voz baja: “Alonso García Bravo”. Nadie ha pronunciado aquel nombre en los últimos cuatro siglos. No se ha concedido crédito alguno al personaje que fijó para siempre las dimensiones del Zocalo, el sitio que debía ocupar la Catedral, el punto donde iba a levantarse el palacio de los virreyes, la longitud y anchura de las calles que en los cuatrocientos años siguientes provocarían el azoro de los caminantes y de los viajeros.

“La traza es la que dio al principio Hernando Cortés”, escribió en el siglo XVI el primer cronista urbano, Francisco Cervantes de Salazar. La figura de Alonso García Bravo fue borrada de la historia desde entonces.

Ahora, a través de la declaración de veintiséis testigos que afirmaban, en aquel legajo, que Alonso García Bravo “era muy buen jumétrico y trazó esta ciudad tal como agora está”, Del Paso arranca de las sombras el misterio más antiguo de la Ciudad de México. Nadie se entera de su descubrimiento: ocupado en mil tareas que demandan su atención, el bibliógrafo se limita a incluir en un índice la ficha de localización del documento.

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Fuente y estatua de Fray Bartolomé de las Casas, al centro de la Plaza del Seminario.

Será hasta 1956, cuarenta años después de la muerte de Del Paso, cuando Manuel Toussaint siga la pista escondida en aquel índice y entregue al público la historia del primer urbanista de México.

García Bravo había participado en expediciones de conquista desde 1513. En Pánuco, fue herido en combate. Por órdenes de Cortés, participó en la conquista de Tlapacoya. Siguiendo esas mismas órdenes —ya le decían “El Jumétrico”, es decir, “El Geómetra”—, realizó el trazo de la Villa Rica (Veracruz). Consumada la conquista, emprendió un proyecto mayor: trazar, sobre las ruinas aztecas, y a través de un complejo sistema de acequias tortuosas, la nueva Ciudad de México.

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Escena cotidiana en los alrededores de la Plaza del Seminario a inicios de la década de los setenta. Al fondo, del lado izquierdo, se encuentra el predio conocido como Casa de las Ajaracas y del lado derecho, la casa que se hallaba donde hoy se encuentran las ruinas del Templo Mayor. De acuerdo con algunas crónicas, en este espacio anteriormente estuvo la propiedad de los hermanos Alonso de Ávila Alvarado y Gil González de Ávila.

La intersección de las calles Argentina y Guatemala —ahí se hallaban las ruinas del Gran Teocalli— constituyó su centro topográfico: el kilómetro cero de la nueva urbe.

García Brazo trazó en ese sitio dos ejes rectores: el decumanus maximus, de oriente a poniente, y el cardo maximus, de norte a sur. A partir de ese espacio configuró cuadras paralelas y regula- res, que años más tarde —al hablar de la calle de Tacuba— harían exclamar a Cervantes de Salazar: “¡Cómo se regocija el ánimo con el aspecto de esta calle! ¡Cuán larga y ancha! ¡qué recta! ¡qué plana!”

Aunque había creado una ciudad que el poeta Bernardo de Balbuena consideró “centro de perfección, del mundo quicio”, la única recompensa de García Bravo fue una encomienda de indios —de la que se le despojó más tarde. A los setenta años de edad, olvidado por todos, dirigió al rey un memorial en que solicitaba el reconocimiento de sus servicios. Nadie lo tomó en cuenta.

Desde la esquina de Argentina y Guatemala, ,García Bravo construyó el escenario de nuestras vidas, y se desconoce, incluso, la fecha de su muerte.

 

Héctor de Mauleón

 

9 comentarios en “El kilómetro cero

  1. Texto breve pero interesante, “nos deja picados” para saber de los personajes citados. No dejen de darnos contenidos tan maravillosos ¡Larga vida a Nexos! :D

  2. Me gusta mucho el artículo y en general sigo los programas de Héctor de Mauleón. Solo me queda una duda: Si en la esquina Argentina y Guatemala esta ubicado el kilómetro cero, el origen, a que se debe que la numeración oficial de las calles tenga como referencia al palacio de Correos en Eje Central y Tacuba, si estoy equivocado, agradeceré la corrección. Gracias

  3. Hay una estatua de este personaje por el rumbo de la merced. En Jesús María y Venustiano Carranza.

  4. En el interior de Palacio Nacional,hay una Sala con una placa en el piso ,que marca el Kilómetro Cero, será el mismo ?

  5. Excelente crónica para entender el punto de partida histórico de nuestra gran ciudad.

  6. Breve pero excelente artículo. Muy ilustrativo. Se agradece el interés por difundir la historia de esta gran Capital. Aprovecho para felicitarlo por su libro. Que espero pronto adquirir.

  7. Ahora sí se le reconoce su mérito al ilustre Alonso García Bravo con una escultura que se encuentra en una de las plazas del Centro Histórico de la Ciudad de México; pero así es de ingrato el proceder de los gobernantes de todas las épocas…

  8. Por cierto, una pregunta para el señor Héctor de Mauleón y va en relación directa con este artículo:
    ¿Cuántas esculturas existen en nuestra ciudad que recuerden a la figura de Hernán Cortés, aún cuando no sea grata a la memoria de los mexicanos, la vista de este conquistador?¡