Los usos de la biotecnología aplicados a la genética del maíz han abierto un debate polarizado en México. En este reportaje, Alfredo Narváez recupera las dos voces opuestas. Por un lado, están los que aprueban la siembra de maíz modificado genéticamente con tal de aumentar la producción. Por el otro, aquellos que rechazan el uso de organismos genéticamente modificados bajo el argumento de que la contaminación genética para este grano básico en la alimentación de los mexicanos será irreversible.


Si México tuviera otro nombre sería “maíz”. Ninguna otra cosa define su carácter como esta planta y alimento, con toda su diversidad biológica: 60 razas, más de 20 mil variedades que han sido inventadas por los campesinos durante nueve mil años, y toda su diversidad cultural. El país ha sobrevivido epidemias, guerras, crisis económicas… pero el maíz ha permanecido desde hace milenios como el pilar de todo. Durante mucho tiempo el Padre Nuestro se rezaba pidiendo las “tortillas nuestras de cada día”, y el antiguo relato es el mismo, sea en maya, náhuatl u otras lenguas, en los inicios, en otros soles y lunas, el maíz toma su forma y con éste el Padre y la Madre originales crearon el cuerpo de los primeros humanos, con mezcla de maíz amarillo y blanco. En La historia general de las cosas de Nueva España, fray Bernardino de Sahagún escribió algunos rezos sobre los rituales del maíz:

Quién fue el que dijo, el que nombró al maíz, carne nuestra, huesos nuestros?
Porque es Nuestro Sustento, nuestra vida, nuestro ser.
Es andar, moverse, regocijarse.
Porque en verdad tiene vida Nuestro Sustento.
Muy deveras se dice que es el que manda, gobierna, hace conquistas…
El maíz, Tonacáyatl, es lo en verdad, valioso de nuestro ser.

A través de un lento proceso de domesticación, hace nueve mil años el maíz pasó de ser una planta herbácea pequeña de Mesoamérica, el teosintle, a la enorme que conocemos. El maíz de hoy (Zea mays) no crece de forma silvestre en ninguna parte del mundo, su pequeño ancestro solamente crece en México, lo que se llama en biología su centro de origen, y ser este centro de origen es el corazón del drama de esta historia sobre el debate acerca del futuro del maíz. Sus antiguos domesticadores desarrollaron durante mucho tiempo 40-60 razas y miles de variedades, una enorme riqueza biológica, donde la complejidad climática, biológica y cultural se entretejieron. Hoy es un gigantesco protagonista de la alimentación mundial: en 2010 proveía 21% de la nutrición humana en todo el planeta, y por peso es el mayor cultivo de cereal en el mundo. Según la Corn Refiners Association de Estados Unidos, de los 10 mil productos que se encuentran en promedio en un supermercado dos mil 500 contienen derivados del maíz.

La profesora de El Colegio de México, Kirsten Appendini, estudia el mercado del maíz. Afirma que el sistema alimentario mexicano actual, basado en el maíz, está concentrado en muy pocas y poderosas empresas, y eso puede implicar un costo muy alto en caso de alguna disrupción: económica, social, climática, de plagas… Es un sistema muy frágil. Puede serlo aún más: un puñado de empresas (la mayoría multinacionales extranjeras) han convencido al gobierno federal de aumentar la producción si se usa maíz modificado genéticamente. Afirman no hay riesgos, ni a la salud humana, animal, ni al medio ambiente mexicano. ¿Qué sucederá si México solamente siembra maíz transgénico? ¿Cómo impactaría en su enorme diversidad genética del maíz, en las costumbres sociales, en su creciente industria orgánica, en la alimentación de millones? ¿Tendrían los mexicanos el derecho a elegir qué comen? El destino del maíz será el destino del país y, en parte, del futuro de la alimentación del mundo.

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El debate que vive ahora México sobre el maíz es por un tema científico relativamente nuevo: los usos de la biotecnología. Es la tecnología, ciencia aplicada, que desarrolla organismos genéticamente modificados (OGM). Son aquellos cuyos genes han sido insertados dentro de su ADN a partir de una especie distinta (incluso de otro reino biológico distinto) a través de un proceso llamado transgénesis; así, un cambio que en la naturaleza tomaría miles o millones de años, se hace rápidamente. Los defensores de la transgénesis dicen que es segura, ya que es similar a la domesticación, que en el caso del maíz se hizo durante miles de años de ensayo, una muy lenta selección de patrones genéticos en un contexto ecológico complejo. También existe la hibridación, que consiste en cruzar polen de diferentes especies de plantas y seleccionar características genéticas. Pero ninguna es de la velocidad de la transgénesis, y ninguna trata de insertar directamente secuencias genéticas de otras plantas, y hasta de otros organismos. En la naturaleza nada es lineal, ni mucho menos simple: una cosa es qué sucede en un OGM en laboratorio, y otra cómo reacciona en un ecosistema o en un organismo humano, donde existen millones de variables interactuando. La biotecnología es una ciencia muy nueva, tiene apenas 15 años en usos agrícolas comerciales. ¿Cómo los gobiernos pueden regular una tecnología tan nueva? La agencia de alimentos y medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) es la responsable en Estados Unidos, pero a diferencia del proceso para aprobar nuevas medicinas, la agencia decidió para los OGM dejar ese procedimiento en manos de la misma industria, es decir, es voluntario. Cuando algún nuevo OGM es desarrollado las empresas no están obligadas a solicitar la aprobación de la FDA, porque en 1992 decidió establecer la polémica premisa de Equivalencia Sustancial, es decir, la agencia no ve diferencias “materiales” o “significativas” entre alimentos con ingredientes de OGM o sin éstos. Las empresas son sólo alentadas a compartir sus resultados de experimentos con la agencia. Regularmente éstas envían sus carpetas de protocolos, que la FDA revisa y es todo. La agencia por lo general aprueba los protocolos y contesta a la empresa que ésta es la responsable de que el OGM sea seguro. Prácticamente el mismo procedimiento opera la Comisión Federal de Prevención de Riesgos Sanitarios (Cofepris), que depende de la Secretaría de Salud en México. Todo se regula por la Ley de Bioseguridad aprobada en 2005, que se votó, según sus críticos, bajo presiones de la industria y del Departamento de Comercio de Estados Unidos. Sin embargo, en 2012 un fuerte debate logró detener la aprobación de la ley de variedades vegetales, que iba a extender un rígido sistema de copyright a las semillas de cultivo, prohibiendo su mejora comunitaria, castigando una investigación empírica que tiene siglos.

 

Las empresas de transgénicos afirman que su tecnología es segura, que el medio ambiente no sufrirá daños y que los consumidores no deben temer. El 7 de septiembre de 2012 el gobierno mexicano permitió que la industria iniciara solicitudes de permisos de siembra comercial de maíz modificado genéticamente (MMG). El 26 de noviembre, a pocos días de que terminara el sexenio Calderón se modificó el Reglamento Interior de la Secretaría de Medio Ambiente federal (Semarnat) para quitar la palabra “vinculante” a los dictámenes de bioseguridad emitidos por sus agencias expertas en biodiversidad. Para realizar su dictamen de liberación comercial la Semarnat debía contar con la opinión y el visto bueno del el Instituto Nacional de Ecología (INE), la Comisión Nacional para Uso y Conocimiento de la Biodiversidad (Conabio) y la Comisión Nacional de Areas Naturales Protegidas (Conamp). La Conabio no se quedó callada: en octubre de 2012 hizo público su “Documento base sobre solicitudes de liberación comercial de maíz genéticamente modificado en México”. Conabio resume el problema así: “Enfrentamos… introducir una nueva tecnología que involucra a seres vivos y que pretende imponerse, a pesar de no contar aún con evidencia clara de que su uso se lleve a cabo bajo condiciones de seguridad adecuadas que aseguren impactos mínimos al medio ambiente y la diversidad biológica, así como a la seguridad alimentaria”. Tras las elecciones de 2012 el nuevo gobierno invitó a su equipo de transición al doctor Francisco Bolívar Zapata, investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM y gran proponente del uso de transgénicos, como responsable de ciencia y tecnología. Después, en el rediseño institucional se crearon nuevas unidades de apoyo técnico de la jefatura de la Oficina de la Presidencia que encabeza Aurelio Nuño, y una de ellas fue una nueva Coordinación de Ciencia a cargo de Bolívar Zapata. El mayor promovente de los OGM en la academia era el consejero de Ciencia del presidente. “Para mí no hay un riesgo grave [en la liberación del maíz modificado genéticamente en el medio ambiente] porque la metodología que usamos los biotecnólogos para hacer OGM es una metodología usada naturalmente… la transgénesis ocurre naturalmente todos los días, es una manera en que los organismos adquieren materia genética horizontalmente…”, comentó en entrevista y, bajo esa premisa, para él los OGM son naturales. Hace de lado el hecho de que la transgénesis realizada en laboratorio es directa, y tiene una intención, algo de lo que la naturaleza carece, al operar con la ciega selección natural. Sin embargo, no todos los biotecnólogos de México opinan igual. La doctora Elena Álvarez-Buylla, coordinadora del Laboratorio de Genética Molecular del Desarrollo de la UNAM, señala que es “una falsedad asegurar que un organismo puede ser equivalente después de que le introduzcas un solo transgen. Una pequeña perturbación en sistemas complejos, como un ser vivo, tiene consecuencias que no se pueden enumerar. Y mucho menos predecir las consecuencias en las interacciones con otros genes y la síntesis de muchas sustancias. El efecto de un gen, o un transgen, depende no sólo de sí mismo, sino de sus interacciones con otros genes y proteínas, y de la interacción del organismo transgénico con el ambiente”. De hecho, están documentados casos de alergias con alimentos fabricados a partir de maíz Bt, una variedad de MMG. La FDA y Cofepris apoyan la llamada equivalencia sustancial, sin embargo los expertos no han cerrado el debate. En 2014 más de 40 expertos de los institutos de biología y ecología de la UNAM y otras instituciones publicaron El maíz en peligro ante los transgénicos para explicar los riesgos que plantea la siembra de maíz transgénico a las miles de variedades de maíz en México y a la soberanía alimentaria. Fue notoria la ausencia de expertos del Instituto de Biotecnología.

 

El 5 de julio de 2013 ocurre lo inesperado por la industria transgénica y el gobierno federal. Un conjunto de grupos civiles, entre ellos la Fundación Semillas de Vida y Acción Colectivas, interpusieron un amparo por la novedosa forma de acción colectiva. La acción judicial fue contra la decisión de Semarnat y Sagarpa de autorizar el cultivo de maíz transgénico en fase experimental y piloto, y contra las empresas de transgénicos que recibieron los permisos. La demanda de acción colectiva pide al Poder Judicial detenga los trámites de liberación de permisos de siembra de maíz GM. La acción colectiva, herramienta legal novedosa en México, argumentó varios derechos que estaban siendo violados a la población mexicana: el derecho a la biodiversidad, a la alimentación, el derecho a un medio ambiente sano y al ejercicio de derechos culturales. Piden al Poder Judicial negar los permisos concedidos, suspender el cultivo y solicitan medidas precautorias para evitar la contaminación genética generalizada en el campo. El 10 de octubre de 2013 un juez autoriza las medidas y ordena al gobierno detener todo tipo de trámites al respecto. Las  empresas biotecnológicas apelan, el gobierno federal con ellas. Se espera que el juicio ocurra e implicaría un debate público. Los protagonistas son los equipos jurídicos de Semarnat, Sagarpa y Presidencia, litigando del mismo lado de los cinco corporativos contra abogados que litigan pro bono para ONG. Comentaron que el fin último de la acción colectiva era parar la contaminación genética irreversible de la siembra comercial de todas las variedades de MMG en todo el país. Afirman que sería la primera vez que el Poder Judicial en México falla en un caso sobre este tema permitiendo un debate público, pero creen que es lo que la otra parte desea evitar a toda costa. Lo que las empresas pelean al Poder Judicial es que la acción colectiva no proceda, ya que —afirman— debió usarse la Ley de Bioseguridad, que prácticamente no tiene dientes. Si todo camina el próximo paso es la conciliación, pero se duda que la industria quiera rechazar cultivar maíz transgénico en México, ni tampoco desean contestar la demanda, es decir, llegar al juicio si no hay conciliación. Buscan evitar que las partes presenten pruebas; hacer las posiciones públicas, un enorme riesgo mediático, además de que podrían perder. La premisa es torpedear legalmente el proceso con todo tipo de requerimientos. Quieren que este proceso se lleve en 14 tribunales en cuatro sedes, y seguramente será bastante el monto de dinero que le está costando a los contribuyentes, pues el gobierno federal está litigando del lado de los corporativos. A pesar de esta enorme asimetría de recursos, el Poder Judicial ha mantenido (al menos hasta inicios de noviembre de 2014) la suspensión del cultivo.

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Minsa es la segunda productora mundial de harina de maíz, y ya anuncia en su website que vende maíz con el sello de orgánico de la USDA (Departamento de Agricultura) y el de Non GMO Project, una iniciativa ciudadana que ha crecido mucho. El Non GMO Project reconoce a las marcas que ofrecen alimentos verificados libres de OGM, para que así el consumidor decida libremente, ya que en Estados Unidos, como en México, debido a presiones de la industria el etiquetado de OGM no es legal. Esteban Jaramillo, directivo de Minsa, afirma que en el norte de México no se sufren problemas en la producción de maíz, la zona donde especialmente se quiere cultivar MMG. “Es muy importante lo que se defina sobre el tema de transgénicos. Uno de los principales estados productores de Estados Unidos es Iowa, que tiene un rendimiento de 10.3 toneladas por hectárea. En Estados Unidos el 95-97% del maíz que se produce es transgénico. Pero si observamos Sinaloa, sus rendimientos son de 10.6 toneladas por hectárea, mayor que el de Iowa, con híbridos, riego… y sin usar transgénicos”. La superficie sembrada total de maíz se ha mantenido, pero los rendimientos han crecido. En 1990 se produjeron 14.6 millones de toneladas, y en 2009-2012 más de 20 millones. Sinaloa es el maicero de México, cultivando maíces híbridos y ofreciendo el 25% de la oferta nacional. Sus grandes planicies con riego son excepcionales. Los pequeños productores siguen cultivando maíces criollos, porque los híbridos no producen en las condiciones orográficas del centro y sur del país, como las faldas de cerros. Jaramillo dice que se ha dialogado con el gobierno sobre la reforma en el campo y los OGM, “pero nosotros como empresa manufacturera del maíz nos vamos hacia lo que quiera el consumidor, desde hace un año hemos tenido un crecimiento importante de clientes de la industria de alimentos que nos han pedido ya certificado de ‘GMO free’ [libre de transgénico] para nuestra harina. Nos dicen, entre lo que se decide esto yo quiero mi harina GMO free. Es una tendencia que ha ido creciendo, empezó el año pasado [2013], pero en este año en cada embarque nos piden certificados de GMO free”. Sobre el futuro es optimista acerca de la tendencia: “tenemos seis plantas en México. Estamos preparándonos para la tendencia GMO free. Tenemos ya dos plantas certificadas GMO free, Ramos Arizpe, Coahuila, y Mochis, Sinaloa, está en proceso. Las demás se evalúa certificarlas si vemos que la tendencia GMO free crece, que sin duda crecerá”.

Cada vez más estados y condados, desde Vermont en el este a la isla Maui en Hawai, han pasado leyes que obligan el uso de etiquetado que informa de ingredientes OGM o prohíben el cultivo de OGM. En el mundo 64 países exigen etiquetado de ingredientes OGM, desde Japón al Reino Unido, Francia, Alemania, Brasil… ¿Por qué no México? Varios entrevistados confirman que Cofepris se ha plegado al dictado de la FDA, pero la FDA ya está en problemas. Ha sido enfrentada por decenas de juicios —incluido uno con la mexicana Gruma— a definir si un producto con OGM se puede etiquetar como “natural”, como lo permite Cofepris en México, pero no ha querido responder a los jueces. Hasta la capitalista revista Forbes1 ha afirmado que es hora de que las empresas de transgénicos y de alimentos se rindan y permitan etiquetado transparente, es el consumidor quien debe elegir, no ellas.

 

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La industria biotecnológica afirma que 2015 es un año clave, ya que espera ganar el proceso legal contra las organizaciones ciudadanas y por fin sembrar maíz transgénico en todo el país, y además espera que el gobierno federal presente su reforma para el campo, donde confía se le priviligie. En lo foros de consulta que hizo la Sagarpa en el verano de 2014 ya sucedió: la Conabio no fue invitada. Sin embargo, a pesar de lo que afirma AgroBio (agrupación de las empresas transgénicas), Bolívar Zapata piensa que es falsa la premisa de productividad que venden las empresas acerca de sus semillas GM. “No se han buscado rendimientos con el maíz genéticamente modificado, se ha buscado reducir la concentración de insecticidas…”. Repito lo que afirma la industria: en el maíz se ha buscado mayor rendimiento, y responde el coordinador de Ciencia de Peña Nieto: “no señor, no se ha buscado mayor productividad. Las plantas no están diseñadas para mayor productividad”. Y tiene razón, cultivar maíz transgénico puede tener todo el sentido de negocio para la producción quizá en África, pero el doctor Antonio Turrent, con más 50 años de investigación agronómica, afirma que el maíz transgénico no servirá al país: sólo puede usarse en terrenos de riego, no para el cultivo de temporal, el mayoritario. Comenta que sería un grave error ecológico, especialmente en México. AgroBio y las empresas que representa afirman su apoyo a la libertad de elección de los agricultores para comprar sus semillas, pero no la de los consumidores al adquirir alimentos. Las empresas de biotecnología han gastado millones en evitar que pasen iniciativas de etiquetado, y así los consumidores puedan elegir si quieren comer comida con o sin OGM. Parece que el derecho a saber, según AgroBio, sólo debe ser para algunos: sus compradores de semillas, no los de alimentos. Bolívar Zapata explica cómo recopila evidencia para que el presidente pueda decidir sobre el tema: “estamos trabajando en el sentido de que el gobierno tenga la información para tomar la decisión sobre el uso de OGM. En el caso particular del maíz, es proporcionar la evidencia que a mi juicio sustenta el uso de los OGM”. La política pública de todo el país sobre ciencia se hace buscando evidencias como bien dice el doctor Bolívar, pero… ¿sólo a favor de una hipótesis? ¿Y sólo con base en su criterio personal?

El problema de fondo que obvia AgroBio es que el maíz es una especie muy diferente al trigo o al sorgo, en el sentido de que México es su centro mundial de origen. ¿Por qué es tan importante la preservación del centro de origen genético del maíz que se ubica en México? No es un capricho de ecólogos o activistas que se ha querido tachar de proteccionistas. Se trata de tener un seguro, una salvaguarda contra las inevitables sorpresas del futuro, que pueden ser desde desconocidas plagas hasta escenarios complicados de cambio climático. El gobierno federal tiene un racional simple: podemos importar cuando algo falte, pero los escenarios de por sí ya difíciles se complicarán mucho más hacia 2020/2030. Según el reporte RUSI —un think tank británico sobre seguridad nacional— el norte del país podría experimentar un aumento de temperaturas de hasta cuatro grados. Este escenario hará que Estados Unidos piense primero en sus intereses (aunque exporte hoy 30% del abasto del mercado global de maíz). Y no es una hipótesis, es resultado de un estudio de la Universidad Estatal de Michigan, publicado en la revista Risk Analysis en 2013, el cual no se enfoca en una sola variable como enfermedades de planta o cambio climático, pero sugiere que crecientes presiones pondrán en riesgo la seguridad alimentaria de países como México. La investigadora Felicia Wu afirma que “las disrupciones en cualquiera de los mayores proveedores podría llevar a crisis de precios…”. Debido a la fuerte helada de 2011, México importó maíz blanco a nivel histórico, pero ¿si en una muy probable mayor crisis climática nuestro vecino no puede exportar? Como dicen las recomendaciones de todos los expertos en biodiversidad del maíz: si las variedades transgénicas entran al país y contaminan la diversidad de maíces degradando el flujo genético, el daño será irreparable. La resiliencia a varios climas creada durante nueve mil años de cultivo se perderá.

El doctor José Sarukhán dirige la Conabio, pero toda su vida ha sido un investigador en ecología, quizá uno de los mejores de México. Y ante el cuestionamiento de si para proteger el centro de origen genético del maíz sirven de algo las áreas de protección del Acuerdo de Centros de Origen, responde: “El centro de origen es intangible, ya que es todo el país. No les gustó que Conabio dijera que todo México es el centro de origen del maíz, no puede ser sólo un conjunto de estados, es todo el país. En especial Sagarpa ha estado totalmente del lado de las compañías, sin argumentos, sólo diciendo que es necesario subir la productividad… La cantidad de dinero y de presión que estas compañías ponen en esto es enorme, y particularmente en el caso del maíz”.

El International Maize and Wheat Improvement Center (CIMMYT) tiene más de 40 años investigando el futuro del maíz, y pocos saben que está en Texcoco, México. Forma parte de los 15 centros de investigación global, y está dedicado a la mejora de esos dos cereales, sin fines de lucro. CIMMYT ofrece capacitación a ingenieros agrónomos que asesoran a productores en todo el país, como parte de su estrategia de extensionismo. La premisa es “hacer mejoramiento participativo de maíces criollos y que puedan desarrollar las comunidades bancos locales de germoplasma…. iniciamos con Oaxaca, con Chiapas, con universidades locales…”, explica Horacio Rodríguez, coordinador de extensionismo. Y para observar in situ cómo lograrlo coordinaron, en 2014, 60 campos experimentales de agricultura de conservación e intensificación sustentable. Cada experimento es distinto enfocado en la realidad, comenta Rachel Cox, y dice algo preocupante: “sabemos por los modelos de cambio climático de México que si no cambiamos nada de nuestro sistema de producción los rendimientos de producción están proyectados a bajar 25%, a la vez nos piden mayores rendimientos. Con el cambio climático vamos a eventos extremos y nuestros sistemas tienen que adaptarse a ellos…”. Su director, el doctor Thomas Lumpkin, comenta sobre el uso de OGM que “es un tema delicado, la gente es muy sensible, no quiere jugar con ello. He trabajado con los indios de Norteamérica y no quieren que se juegue con las antiguas plantas que han recolectado, los japoneses son muy sensibles acerca del arroz. Los OGM son algo que hay que observar, no la panacea, no la respuesta a todo…”. Hay que tener todas las opciones abiertas, dice, incluso la de los OGM, al final de cuentas, terminará siendo una decisión económica. Pero ni económicamente tiene sentido en palabras del doctor Antonio Turrent: si sólo se sembraran transgénicos en México, la producción de maíz disminuiría, por una razón muy sencilla: los transgénicos están diseñados para prosperar en condiciones óptimas de tierras, con un paquete tecnológico carísimo, incluida la obligación del campesino a las semillas que te vendan y la imposibilidad de sembrarlas como propias, ya que hay que demostrar factura de compra. Para Cristina Barros, experta en la cultura del maíz y alimentación, el problema es político: “La visión del gobierno mexicano es sólo la seguridad alimentaria, que es alimentar a la gente con productos de donde sea. La soberanía alimentaria es distinta, que es producir lo que se va a consumir. Durante mucho tiempo se pensó en la segunda, y se apoyó en serio al campo y creamos instituciones, pero después cambió, y dijeron que si podemos comprar barato en el extranjero lo hiciéramos”. Ella afirma que nos quieren cambiar nuestro oro por espejos: “estos maíces transgénicos son francamente rudimentarios y son dos maíces contra 60 razas y más de 20 mil variedades, y además trabajadas durante milenios para ser adaptadas a todos los ecosistemas de México. Y yo no separaría el concepto maíz del concepto milpa… Hay una milpa para cada lugar, cada ecosistema, ¡ninguna milpa se parece a la otra! De esto habría que hablar en las escuelas” (ver mapa). Ella es la persona que todos los expertos —desde científicos hasta chefs— refieren como la mayor conocedora del maíz y su cultura en México, pero su visión del futuro no es luminosa. “Viene el hambre y la miseria. Y viene la pérdida de autonomía de campesinos milperos que producen la gran parte del maíz blanco para tortillas. La milpa es incompatible con el concepto de transgénico, por que éste es extensivo. Esos campesinos dicen que no son productivos porque sólo producen 2.5 toneladas de maíz por hectárea, pero no toman en cuenta el sistema de la milpa. Se perderá la dieta equilibrada que provee la milpa, que ha mantenido a millones. Hay cálculos que afirman que con la milpa se obtiene 20 veces más rendimiento económico que si sólo se sembrara maíz. Todo eso se destruirá, se irá”. Bolívar Zapata afirma que no es así, y se apoya en la casuística: “todo tiene riesgos, y se verá caso por caso”, afirma. Sobre el amparo de ONGs que piden se suspenda la liberación comercial de maíz dice: “está mal hecho, no tiene base científica. No soy ecólogo, por suerte. Soy biólogo molecular, entiendo lo que pasa a nivel del génoma de manera importante…”. Así es, Bolívar Zapata es un experto a nivel del génoma, no de ecosistemas, ni de la salud humana. Afirma que son mentiras que los OGM afecten la salud humana, pero no todos los científicos concuerdan con él. El doctor David Schubert, director del laboratorio de neurobiología celular del reconocido Salk Institute for Biological Studies, en una carta que envió al presidente Peña afirmó que “no hay evidencia de que cualquier planta GM sea segura como alimento…”. Sarukhán comentó sobre la posición de Bolívar Zapata acerca de los riesgos en la biodiversidad con los OGM. “El doctor Bolívar no tiene conocimiento realmente de lo que significa la producción agrícola, él es experto en biomedicina… La ecología es una ciencia integradora, la agronomía es ecología aplicada. Muchos de ellos (en el Instituto de Biotecnología de la UNAM) no conocen de evolución, sea natural o bajo domesticación, qué son las plantas cultivadas, ese proceso lo desconocen, no ven la película, y solamente dentro de una foto ven un cachito muy chiquito y lo extrapolan a todo lo demás…”. Y hace una advertencia acerca de la seguridad alimentaria mexicana y su fragilidad: “mientras este país no haga una reversa seria, cuidadosa, exigente de mayor inversión en investigación agrícola… México abandonó su obligación de mantener una investigación agrícola propia, autónoma, de alta calidad. La investigación agrícola ha bajado, basta ver el estado de las escuelas de agricultura, la Productora Nacional de Semillas, que era la que generaba toda la semilla para sembrar en México, ya no existe, la Conasupo ya no existe, el Servicio de Extensión Agrícola ya no existe, extensión agrícola para agricultores que no tenían dinero para contratar una compañía… la extensión agrícola que hay ahora la dan Pioneer, Syngenta, Monsanto… Algunos países se dieron cuenta del abandono y regresaron a apoyar la investigación pública, como Brasil, China e India, aquí no, uno de los grandes errores en los últimos 40 años”.

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El 29 de diciembre de 2013 una noticia fue poco difundida por los medios mexicanos. En 20 años la población de la mariposa monarca ha caído en 90% en Norteamérica, y debido a ello ese día el U.S. Fish and Wildlife Service anunció revisaría el estatus de la monarca, para decidir si puede entrar bajo la protección de la Ley de Vida Silvestre. Es decir, sería una especie protegida que contaría con ciertas acciones del gobierno para impedir que desaparezca. Los expertos creen saber qué sucede con la monarca. Desde hace dos décadas se cultiva en Estados Unidos maíz genéticamente modificado, en especial maíz Bt, y que requiere un herbicida potente, el roundup (glifosato) de Monsanto. Parece ser que este herbicida está matando el algodoncillo, la única planta que come la mariposa. Así que el gobierno estadunidense va a estudiar si esta sospecha es cierta y si la mariposa peligra. Si al final de esta revisión de un año concluye que es así, es posible que el uso de maíz Bt tenga que ser reevaluado. Otros expertos afirman que el mismo problema está ocurriendo con las abejas en toda Norteamérica.2

 

En 2004 el Reino Unido aprobó el cultivo de MMG. Es claro que el maíz no es originario de las islas británicas, pero el gobierno insistió en fuertes regulaciones para prevenir riesgos: de forma obligatoria o la empresa o los agricultores tenían que aceptar responsabilidad legal por cualquier daño ambiental causado por el cultivo. Como los granjeros no pudieron encontrar alguna compañía de seguros que quisiera darles cobertura, el peso financiero cayó en la productora del MMG. El resultado final fue que Bayer retiró la solicitud de venta comercial de MMG. La fría realidad de riesgos financieros fue más poderosa que todo el cabildeo ecologista. Nadie osaría acusar a los británicos de no ser ambiciosos, pero tampoco de no pensar a largo plazo habiendo sido un imperio por siglos y teniendo una de las más importantes industrias de seguros del planeta.

El doctor Johannes Klose (Neurobioquímica, Max Planck Institute) es el consejero de ciencia principal de Allianz Global. En 2009 respondió a una entrevista que “los efectos [de los OGM] a largo plazo en la salud humana y el medio ambiente son casi imposibles de probar. Se tendría que monitorear por décadas, pero usted no puede hacer esto porque se pone en riesgo a la población… Esto ya ha provocado pérdidas a las compañías de seguros… Los beneficios empiezan a disminuir con la cadena de valor alimentaria. Probablemente, no hay ventaja para el retailer o la empresa que manufactura material OGM versus la que no usa OGM. A nivel del consumidor el beneficio es muy difícil de observarse…”. Esteban Jaramillo, de Minsa, también está preocupado por los riesgos, y sus costos: “Hoy en día México es libre de transgénicos. Eso nos puede dar como país una plataforma muy importante. Si en un momento el gobierno permite la siembra de MMG, y hay que hacer trabajos de trazabilidad (seguimiento de contaminación OGM en ecosistemas o la cadena de producción), eso nos va a imponer más costos. No sólo es la contaminación entre parcelas, es el tema de transportación, ese camión o esa tolva, ¿cómo se va a separar? Luego están los silos, las bodegas planas… ¿Cómo garantizar que cuando entre el maíz al almacenaje se separe adecuadamente? Son costos muy importantes”. Al respecto, Sarukhán explica por qué ese costo existe: “Una de las obligaciones de Cibiogem era tener monitoreo pagado por la industria… ahora tenemos ya metidos materiales transgénicos en las poblaciones silvestres de algodón. No tenemos capacidad de control por mucho que lo digan, por la forma en que se mueven las semillas en este país…”. Quien ha realizado el estudio más completo hasta ahora de la contaminación de maíces modificados genéticamente en México es Flor Rivera López, investigadora de la UNAM. Desde 2002 ha analizado plantas de maíz buscando evidencia de contaminación genética. Era necesario ir a poblados aislados, donde aún se cultivara sin pesticidas. “En 2005 los campesinos de los valles centrales de Oaxaca denunciaron deformaciones nunca antes vistas en las comunidades que creían que eran resultado de la contaminación [genética] encontrada en 2003. En 2010 muestreé mil plantas, 500 deformadas y 500 normales, que habían crecido en las mismas condiciones ambientales, para ver si había una mayor frecuencia de presencia de proteínas en las deformes que en las normales…”. Comenta que los ancianos, que han cultivado maíz toda su vida y conocen las deformaciones promedio, nunca habían visto algo así. Se encontró un promedio de 18% de contaminación genética en las plantas de maíz de los valles centrales, si 5-6% era ya alto, esto era inaudito. Era estadísticamente significativo para sugerir que la presencia de los transgenes aumentaba la susceptibilidad a la deformación. Insisten Bolívar Zapata y AgroBio: los riesgos son manejables, pero cualquier experto en riesgos sabe que hay distintos tipos de riesgos y los imprevistos, y todos tienen costos. Nicholas Nassim Taleb, reconocido experto en evaluación de riesgos y autor de El Cisne Negro, se ha interesado en los riesgos de los OGM y publicó recientemente un paper3 con otros expertos. Concluye que “los OGM representan un riesgo público de daño global, mientras que la energía nuclear es comparativamente limitada y mejor caracterizada. El principio precautorio debe ser usado para prescribir severos límites a los OGM”. Cuando se aprobó en 2005 la Ley de Bioseguridad, el principio precautorio, fundamento del Protocolo de Cartagena, fue diluido, gracias al cabildeo de AgroBio y de Bolívar Zapata, quien además comentó que espera que en la reforma al campo que prepara el gobierno federal, se incluyan nuevas reformas pro OGM, “el reglamento [de la Ley de Bioseguridad] es muy inadecuado, debe modificarse para ser más flexible… Nosotros estábamos proveyendo la información de las diferentes empresas a favor de esto…”.

El Congreso de Estados Unidos se está preocupando ante la supervisión de riesgos de los OGM. Su Oficina de Rendición de Cuentas (GAO) está investigando cómo la FDA y la USDA están vigilando la seguridad a largo plazo de los OGM en el medio ambiente y en la cadena alimenticia. Esta acción viene impulsada por el senador Jon Tester, quien se queja que el Marco de Regulación de Biotecnología, el fundamento para la regulación y aprobación de cultivos y alimentos con OGM, tiene ya 30 años, y no refleja análisis más avanzados en el estudios de alimentos y de ecosistemas. Uno de los temas que se revisará fue el de la polinización de cultivos transgénicos a otros, ya que especialmente esa contaminación afecta a cultivos orgánicos. Este problema ya ocurrió en Campeche, Quintana Roo y Yucatán cuando la producción de miel orgánica fue contaminada con polen de soya transgénica. Los productores indígenas mayas tuvieron que demandar a la Sagarpa y Semarnat por dar permisos de cultivo a Monsanto. Un juez anuló en julio de 2014 ese permiso, que le costó millones en exportaciones a Europa. El gobierno federal siempre litigó contra los productores.

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El antropólogo Eusebio Dávalos afirma que en México existen al menos 700 formas de comer el maíz. La complejidad de la gastronomía indígena se sumó al aporte europeo, y creó una de las cocinas más sofisticadas. Su riqueza obedece a todos los ecosistemas de México, donde prácticamente en todos se cultiva una variedad de maíz. Es esta enorme riqueza la que logró que en 2010 la cocina mexicana fuera declarada Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO —la primera del mundo en hacerlo, junto con la francesa—. La descripción de la declaratoria del caso mexicano es clara: “La cocina tradicional mexicana es un modelo cultural completo que comprende actividades agrarias, prácticas rituales, conocimientos prácticos antiguos, técnicas culinarias y costumbres y modos de comportamiento comunitarios ancestrales… Los elementos básicos del sistema son: el maíz, los frijoles y el chile; métodos de cultivo únicos en su género, como la milpa (cultivo por rotación del maíz y otras plantas, con roza y quema del terreno)… procedimientos de preparación culinaria como la nixtamalización (descascarillado del maíz con agua de cal para aumentar su valor nutritivo); y utensilios especiales como metates y morteros de piedra…”. La declaratoria sólo remarca algo que ya se sabía: la cocina mexicana es inmensa, como es la gastronomía del maíz: tamales, enchiladas, pozole, atoles, bocoles, gordas y gorditas, sopes, molotes y peneques, tlayudas, quesadillas, tostadas, flautas, panuchos, corundas, tamales, uchepos, pinoles, pemoles, memechas…. y claro, las palomitas de maíz. ¿Querrán los mexicanos comer alimentos de maíz transgénico? ¿Qué opinarán si los comen ocultándoles esa información? No hay punto en producir comida que la gente se rehusa a comer. Por ello los agricultores estadunidenses se negaron a cultivar trigo transgénico: sabían que no lo podrían vender. Japón se ha negado a usar arroz transgénico, y es que finalmente comer es un tema delicado, de seguridad nacional. ¿Qué opinan los chefs mexicanos del tema? Ricardo Muñoz, de los renombrados restaurantes Azul y autor del Diccionario enciclopédico de la gastronomía mexicana, opina que la declaratoria le da obligaciones al Estado: “la obligación primordial es la salvaguarda, rescate y difusión del maíz, de lo que no se está haciendo absolutamente nada”. Y hay riesgos si no se actúa, ya que “si hay evidencia de la contaminación genética se podría perder la declaratoria de la UNESCO, ya que es uno de los requisitos que se tienen que cumplir. Si se pierde el maíz se pierde el pilar. El maíz crece bajo diferentes climas y microclimas, se adapta a cada lugar, por ende, al no haber el maíz adecuado, se acabaría la cocina regional… estamos hablando que la cocina mexicana se va a hacer plana”. Enrique Olvera, del Pujol y autor del libro En la milpa, opina que si el MMG es liberado definitivamente “será una tragedia sin duda… porque el que va a perder es el consumidor”. Y puntualiza: “hablando puramente de sabor, que a final de cuentas los cocineros es lo que buscamos en nuestros platos, un maíz criollo y sus variedades de cualquier parte del país tiene un sabor mucho más rico contra una variedad de una o dos empresas que son dueñas de los granos y van a controlar la alimentación del país. Todos los cocineros estamos comprometidos con nuestra cultura y la buena cocina. En Estados Unidos el maíz es un commodity, en México es parte fundamental de nuestra vida”. Ricardo Muñoz agrega: “hay cosas que se tienen que poner en salvaguarda, cueste lo que cueste, y una de ellas es el maíz. La ballenas están en peligro y es un escándalo, pero le damos en la madre a nuestras variedades de maíz y nadie dice nada. Entonces va a tener que venir alguien de Francia, eso estamos esperando, a que nos vengan a decir…”. 

 

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Durante milenios los agricultores del mundo han practicado el cuidado de los recursos comunes (commons, en inglés). Tenían reglas para compartir ríos, pozos, campos, bosques, pastos para ovejas… La economista Elinor Ostrom estudió los comunes, desde las reglas de las comunidades de los alpes suizos a las aldeas japonesas, y descubrió las mismas reglas de diseño. Sus hallazgos, publicados en su libro The Governing of the Commons, le merecieron el Premio Nobel en 2009. Ella afirmó que muchos de los diseños de comunes que catalogó habían “sobrevivido sequías, inundaciones, guerras, pestes y grandes cambios económicos y políticos” sobre largos periodos. Durante siglos los agricultores de México han diseñado y rediseñado un sistema de comunes sin igual en el planeta: el sistema maíz-milpa. Danielle Nierenberg, presidenta de la consultora FoodTank explica en una entrevista con la WFS que “la inversión en agricultura ha sido vamos a invertir en balas mágicas, encontremos las tecnosoluciones”. Su reporte de 2014, By The Numbers, explica cómo las prácticas agroecológicas están incrementando rendimientos en todo el planeta. Utilizando sistemas agrícolas integrales, donde se producen granos, frutas, vegetales y productos animales, se produce hasta 10 veces más que con monocultivos. Nierenberg dice que imaginemos que ahora le sumamos a esos sistemas agroecológicos complejos la asistencia de sistemas de información vía internet. ¿Y si agregamos tecnologías no invasivas como riego por goteo inteligente como hacen en Israel? La milpa del siglo XXI está a la vuelta de la esquina, pero el establishment semillero industrial sigue casado al monocultivo no sólo agrícola, sino de la mente, como explicó Vandana Shiva en su visita a México. Ella dice que es el tiempo de semillas opensource, sin copyright. Afirma que hay dos movimientos que se están uniendo: el de la libertad de información en internet y el de la libertad de semillas. Todo es software, y ese diseño debe ser abierto, accesible, como ha sido por siglos. Si los comunes se cierran, se cierran no sólo los recursos, sino la democracia. Generalmente, cuando quienes deciden políticas públicas hablan de incrementar la productividad en el campo para terminar con el hambre y la pobreza, son las compañías multinacionales las que tienen la prioridad. Pero esta ecuación olvida el centro del problema de la política agraria: en México 75% del maíz cultivado es criollo, generalmente en superficies menores a cinco hectáreas y, excepto un pequeño porcentaje, este país es autosuficiente en maíz blanco. El campo mexicano puede ser más productivo, claro, pero no será el modelo lineal agrario industrial el que lo logrará, será un enfoque de complejidad. En primer lugar, el centro y el sur del país no son geografías iguales a la del norte, y en segundo, los campesinos del centro y del sur quizá no dirán que les urgen primero los transgénicos, sino bodegas, mejores carreteras y ferrocarriles, créditos más accesibles, seguridad contra el narco…

Durante los últimos nueve mil años civilizaciones surgieron y cayeron en el territorio que hoy es México, pero siempre persistió la misma columna vertebral: la milpa y el maíz. Pero el siglo XXI no será un siglo común, según Conapo seremos en 2020 casi 130 millones de habitantes y en 2030 casi 140 millones. El informe RUSI pronostica que el norte del país verá aumentos de temperaturas de hasta cuatro grados en este siglo.¿Cómo sobrevivir a los cambios que vienen? El petróleo ya se está terminando, y podremos remplazarlo con otras muchas fuentes de energía, pero si el maíz genéticamente modificado es impuesto y erosiona el germoplasma del que México es centro de origen global, y la diversidad de maíces criollos se va extinguiendo… ¿qué será no sólo del maíz y nuestra cultura, qué será de la sobreviviencia? ¿Ha analizado el CISEN acaso escenarios de conflicto si el experimento de OGM ecológico-social sale mal? ¿Ha calculado Hacienda la pérdida para las industrias afectadas por la contaminación transgénica, como la exitosa agricultura orgánica mexicana? La demanda  de productores de la miel orgánica en Yucatán contra el gobierno federal fue ilustrativa. ¿Ha pensado Conaculta qué pasaría si la UNESCO quita la Declaratoria de Patrimonio a la cocina mexicana? Cristina Barros explica: “Yo recomendaría que aprendieran a reconocer la riqueza que tenemos. Este país no es más pobre y ha resistido durante milenios gracias al maíz… que valoraran lo que significa tener 60 razas y 22 mil variedades del cereal más productivo del mundo, ya tenemos las respuestas al cambio climático. Hablamos de siete mil años de intercambio permanente de semillas entre campesinos, que se den cuenta del panorama que se viene si se privatizan las semillas a favor de un puñado de empresas: nos tendrían de rodillas frente a ellos por un plato de maíz, de tortillas…”. El futuro que advierte Cristina Barros no tiene por qué ocurrir, hay otros posibles. La dirección del viento se siente: Walmart anunció que incrementará su espacio de venta a productos orgánicos, es la principal cadena de supermercados en México. Y un producto para ser certificado como orgánico debe estar libre de ingredientes con OGM. Walmart es inteligente: ha observado que las ventas de orgánicos crecen más rápido que las de alimentos industriales en Estados Unidos y Europa. El futuro del maíz lo entiende serenamente Miguel León Portilla, quien afirma: “… la historia sagrada y milenaria de maíz… muy lejos está ella de haber concluido. Nosotros, hijos o parientes de los hombres del maíz, día a día la estamos continuando”.

 

Alfredo Narváez Lozano
Periodista. Actualmente prepara un libro sobre el futuro del maíz y la alimentación en México.


1 “GMO Labeling: How to End the Fight”. http://www.forbes.com/sites/forbesleadershipforum/ 2014/11/07/gmo-labeling-how-to-end-the-fight/

2 http://www.theguardian.com/global-development/poverty-matters/ 2014/aug/08/sweet-victory-beekeepers-monsanto-gm-soybeans

3 The Precautionary Principle (with Application to the Genetic Modification of Organisms), septiembre 4, 2014. http://www.fooledbyrandomness.com/pp2.pdf

 

27 comentarios en “La batalla por el maíz

  1. Desde los primeros párrafos, el autor inclina su argumentación hacia la defensa de la postura que ya tenía adoptada desde antes de recopilar información: minimizar cualquier beneficio de los transgénicos y sembrar la sensación de que son peligrosos para nuestro consumo.

    :p Qué chapucero !

  2. Hola Diego, no minimizo los beneficios de los transgénicos en general, creo de hecho muchos pueden ser muy útiles, el tema del reportaje es el maíz, y la evidencia que logré recopilar y mostrar, es que en el caso de México, y por ser el centro de origen global, es muy riesgoso el cultivo. Gracias por el comentario.

    • El autor del reportaje muestra una ideología preestablecida y no un pensamiento científico crítico, es esperable, es periodista y no científico. Omite varios hechos cruciales y presenta muchas falacias y errores de pensamiento lógico.

      1) Generaliza. Cuando la Ley indica que en estos casos deben analizarse las situaciones caso por caso y paso a paso. No hay un maíz transgénico. Hay muchos y puede haber muchos más. Puede haber cisgénicos, organismos editados genéticamente producto de la biología sintética, etc. Pueden haber desarrollos hechos por mexicanos, producto de instituciones públicas, puede haber desarrollos sin fines de lucro. Muchos científicos pensamos en eso.
      2) El riesgo ilógico e irracional de suponer que la entrada de los OGMs implica la desaparición de los cultivares tradicionales. ¿Por qué los híbridos que venden las mismas empresas no lo han logrado en 30 años? Los agricultores siembran lo que más les conviene, y lo que más les conviene es lo que les deja un satisfactor, cultural o monetario. En lo monetario los consumidores en nuestro modus vivendi cotidiano somos los que decidimos comprar maíz criollo o un híbrido. ¿Realmente preferimos el criollo?
      3) Se le atribuyen a los OGMs exclusivamente muchos problemas preexistentes, como son la pobreza en el campo, la falta de competitividad, las fallas en la comercialización, los monopolios, el abandono del campo, el avejentamiento de los productores, migración, violencia. Todos esos problemas y más surgieron o se acrecentaron en los últimos años, pero no por causa de un gen nuevo. Las compañías semilleras, los acaparadores y los malos gobernantes hacen las mismas malas prácticas, con genes nuevos o no.
      4) Miedo. Se juega con el miedo y se plantean escenarios catastróficos sin tener una base que lo demuestre. Creo que el periodismo debe ser objetivo sin apelar a escenarios supuestos, solo se debe apegar a hechos.
      5) Hay muchos más malos argumentos, pero por el momento ahí le dejo. Que tal si analizan el artículo bajo la óptica de este excelente libro: https://bookofbadarguments.com/es/

    • Sinceramente, yo tampoco veo la parte “pro” en el asunto. Ni siquiera pudiste hablar con expertos en el tema como José Miguel Mulet Salort, especialista en biotecnología y autor del libro “comer sin miedo” el artículo es sesgado… lamentablemente.

  3. El hecho de que el gobierno permita la siembra de maíz transgénico no significa que todos los campesinos inunden sus tierras con esas semillas. Si algo sale mal seguramente será antes de que el país entero sea conquistado por maíz OGM, ¿por qué habría de ser irreversible y no podríamos dar marcha atrás? ¿Qué tiene que ver que el territorio mexicano sea el origen global? No veo nada que se parezca a una evidencia a estos juicios planteados aquí. Pienso que lo planteas a partir del rechazo natural e inconciente a los OGMs. El artículo habla mucho de política y tienes razón, al final toda esta discusión sucede en un bajísimo nivel donde sólo la política puede estar.

    • Los granos se mueven en camiones, tolvas… hasta en bolsas de seres humanos, la contaminación genética es muy facil. Supuestamente las empresaas de OGMs tenían que pagar la trazabilidad y no lo hacen. La Cibiogem no puede cumplor con el monitoreo cabalmente como lo pide la ley de bioseguridad… Y ya hay antecedentes: ya existe presencia de transgenes en poblaciones silvestre de algodón. Pues si el país centro de origen sufre erosión genética, se perderá un recurso que es de toda la humanidad, tan facil como eso, y sí puede ser irreversible.

      • Carlos Curiel tiene un punto importante, el hecho que se permita el cultivo de maiz transgenico no significa que su cultivo va ser generalizado. De nada serviria utilizar varidades que no tienen adaptabilidad a diferentes climas.

        Segundo punto, en tu articulo no se especifica si las variedades son esteriles: una practica comun es el producir hibridos esteriles para evitar el robo de OGM, es decir, no importa la propagacion del polen, jamas se mezclaran con las varidades tradicionales. El ejemplo del algodon puede corresponder a que sus variades no son esteriles.

        Tercer punto, existen bancos de germoplasma de maiz que nos ayuda a preservar el patrimonio genetico de esta especie, siento que mientras se centra el debate en la bioseguridad de los transgenicos se deja de lado el hecho que los insecticidas si tienen un efecto porbado sobre la salud. Por lo cierto, tengo entendido que lo consumimos desde hace muchos años, se importa de USA para hacer harina y tambien se alimenta el ganado con este tipo de granos.

        Tu articulo es excelente y sin duda voy a leer y recomendar tu libro.

  4. Qué tal Alfredo:
    Considero completo el reportaje aunque la gran ausencia en esta batalla es el sector de productores que están involucrados. Este viernes 6 de marzo de 10 a 12 horas se presentarán los resultados de un proyecto sobre las implicaciones socioeconómicas del maíz GM en México, el estudio abarcó Sinaloa, Jalisco, Puebla y Tlaxcala. Más información en: http://www.conacyt.gob.mx/cibiogem/index.php/seminarios-en-biotecnologia-y-bioseguridad-de-ogms/resultados-proyecto-impactos-sociales-posible-introduccion-maiz-mexico
    Se podrá seguir la sesión vía internet.
    Muchos saludos,
    Michelle

  5. Me parece que el autor presenta una panorámica bastante completa sobre la problemática que implica que se desarrollen las siembras de maíz transgénico en nuestro país. Estas semillas con derechos de autor no son, ni mucho menos, la solución para las soberanía alimentaria del país, además de los peligros que apenas se empiezan a vislumbrar con el manejo de estas tecnologías. Pero lo más grave, lo que me parece inaudito, es que las políticas públicas de los gobiernos que supuestamente “representan” los intereses de los mexicanos estén dirigidas a promover los intereses económicos de las compañías transaccionales, atentando contra la soberanía alimentaría de los mexicanos, la diversidad cultural y la biodiversidad que caracterizan a este país. Por lo tanto, me parece que el problema nodal no es la inocuidad o no de los OGM sino el poderoso interés económico que está detrás de ellos.

    • Suscribo, y aplaudo la labor y el trabajo de Alfredo Narváez Lozano por informarnos, es vital la defensa de nuestro acervo alimentario y genómico.
      Es una aberración antinatural, creer que bombardear cadenas de ADN, para producir “frankenstein vegetales”, es una gran revolución alimentaria, científica y agronómica.

      • De hecho lo son, los metodos de trasformacion son exclentes metodologias para entender la funciones de genes. Esta opinion esta fuera del debate etico que hay en torno al consumo de OGM concretamente transgenicos. Insisto, estoy seguro que en Mexico consumimos harina de maiz transgenico desde hace muchos años.

  6. No soy un público experto en el tema pero si soy un consumidor y yo estoy a favor de estar informada sobre que estoy comiendo. Es por demás sospechoso que actualmente se hayan incrementado los casos de cáncer en nuestra población. Yo recuerdo que en la India, campesinos se suicidaron por endeudamiento y se relacionó a Monsantos. Y yo considero sospechoso que no se siembre trigo y arroz transgénico.

  7. Es necesario revisar el problema de los OGM desde todas las perspectivas. Sería estúpido revisarla desde el punto de vista “científico molecular” o de “científico económico”, estamos ante un paradigma que merece toda la integralidad. No es que los que defienden el no uso de los OGM sean unos fanáticos sin nada que hacer, sino que tienen verdad en lo que dicen y no solo CREEN o defienden un interés personal, sino un interés de personas y de derechos. El derecho de saber que produzco y el derecho a saber que consumo. Será interesante ver hasta donde llega el reportero y si Nexos seguirá esta línea.

  8. Hola, me parece un reportaje muy completo, muchas felicidades, estaré al pendiente de la publicación de tu libro, puesto que nosotros estamos haciendo investigación en maices nativos de la Meseta Purepecha, y es muy interesante todos los puntos de vista que presentas.

  9. Me gustó el artículo pues trata de hacer una cobertura amplia del tema. Sugiero que antes de publicar el libro te asesores con algún biólogo y agrónomo pues algunos conceptos no están manejados correctamente.

  10. Es un reportaje muy completo y bien sustentado, aunque, en efecto, faltó la visión de los campesinos que un buen número de ellos es parte de esta batalla defendiendo el maíz no almacenándolo en bancos de germoplasma sino sembrándolo un ciclo tras otro y seleccionando sus propias semillas, como han hecho por milenios. Se extraña también el reporte de nuevos estudios que documentan los daños a la salud causados en mamíferos de laboratorio por el maíz transgénico y agrotóxicos asociados (http://www.gmoseralini.org/es/ y http://www.mdpi.com/1099-4300/15/4/1416). Este no debe ser un debate de expertos porque las consecuencias nos atañen a todos y, además, la ciencia básica de los transgénicos es comprensible para un buen estudiante de secundaria. A estas alturas BT y Roundup Ready ya son tecnología obsoleta pero representa un valioso filón para las corporaciones interesadas en cerrar la pinza del control sobre las semillas y cultivos alimentarios que en conjunto constituyen probablemente el mercado más grande del mundo. La actitud del gobierno de México no tiene nombre. La mayoría de sus funcionarios, empezando por el presidente, son viles lacayos de Monsanto y demás trasnacionales.

  11. El pensamiento de la Dra Alvarez-Buylla es teleologico, a pesar de dedicarse a la ciencia este es un problema común en muchos investigadores

  12. Lo cierto es que en tanto no entendamos que tener hijos es el mayor acto de contaminación al planeta tendremos que depender de formulas ingeniosas (y algunas riesgosas) para alimentarnos.

    Lo peligroso, desde luego, es la falta de ejercicio de autoridad que hay México, es decir, si resulta tan fácil estacionar un coche en la banqueta estorbando a los peatones sin que ninguna autoridad castigue al responsable para proteger al más débil (al peatón), entonces habrá que ver cuan poca regulación habrá en un tema tan importante como lo es el de la alimentación.

    Por lo demás, coincido con quienes han comentado que el autor del texto buscó información y datos para justificar su opinión preestablecida; es un acto natural, desde luego, a los humanos no nos gusta que nos contradigan, pero no por ello menos deshonesto o, como lo menciona un comentarista: “chapucero”. Ditto.

  13. Me parece brillante el artículo. Aquí, en España, la industria ha decidido plantar la batalla para la entrada de los agros en Europa, igualmente bajo fuertes presiones y distensiones. No olvidemos que son industrias que buscan el beneficio inmediato del accionista sin mediar en repercusiones. Un Estado debe ejercer como tal, valorar otros aspectos y legislar para que el beneficio de unos pocos no sacrifiquen el bien de otros muchos. Valorar sólo la cuestión económica empequeñece los Gobiernos y a sus votantes.

  14. ¿SE IMPONDRÁ LA MONSANTERÍA?
    El artículo es muy interesante. Destaco algunos elementos: los primeros en cuestionarlo y en presentar ¿sesudas? argumentaciones son quienes defienden la postura de los OGM, y descalifican con saña a quienes están en contra. Llama la atención el hecho de que el gobierno federal esté litigando en favor de las multinacionales de los OGM y en contra de organizaciones nacionales que se oponen, como lo ocurrido en el sureste con los productores de miel y con las organizaciones que lograron el amparo contra el cultivo de MGM. Tal como han logrado el proceso privatizador del petróleo que han aplaudido las empresas petroleras multinacionales, ahora lo hacen a favor de Monsanto y compañía. Hay un documental en youtube que se llama “El mundo según Monsanto”, habla de cosas preocupantes que los “monsanteros” niegan a gritos, quizá habrá que crear una nueva corriente de pensamiento llamada “monsantería”….