Al hacer un balance de muchas discusiones sobre los problemas de México mi recuerdo más distante incluye una frase que he escuchado repetirse en conversaciones más recientes: “este país tiene todo para acabarse y aún sigue”. En las variantes son pocos los matices, y todas transitan por el mismo camino que quizá sin intención coquetea con la indiferencia o el cinismo; no importa lo que suceda en México, habrá mañana. La afirmación que diluye gravedades sin duda tendrá algo cierto, sólo que su positivismo olvida la conciencia trágica y saluda a su versión menos severa, el melodrama.

Nos hemos equivocado si en la perversión de los términos creímos que la diferencia entre tragedia y melodrama depende únicamente del tono o de lo eventos que las desencadenan. Algo en la manera de relacionarse consigo mismo hace que en México incluso la más clara tragedia pierda la carga trágica. Olvidamos que su construcción depende de lo que se hace con los hechos, despreciamos una noción que permite la memoria y la reparación de las sociedades. A falta de nociones trágicas, surge la continuidad de lo inaceptable, la profanación de los límites más básicos, la procuración de un sistema que se hace daño.

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Ilustración: Víctor Solís

La tragedia se desprende de la caída del individuo. El personaje trágico marca su propio desenlace y sube para terminar tocando el suelo, para perder un estado que le satisface y en el que se guarda su bienestar. Se enaltece en sus virtudes, pero las virtudes sólo exacerban lo dramático de su fin y la permanencia del recuerdo de éste en el dolor de todos los tiempos. Ese bienestar, con la subjetividad del individuo, dependerá para alguno de un Imperio, como para otro de la simple vivienda o la mera vida. Cada una de ellas tan válida como la otra.

En el melodrama el evento dramático no se percibe como tal y se adorna de artificios, la carga descansa en ellos más que en el instante de pesares. Y los pesares se repiten en otros instantes mientras la tragedia tan definitiva no pide ni acepta grandes repeticiones.

Este mismo esquema puede ver su espejo en las sociedades.

En México cientos de miles de muertos no han alcanzado para ser trágicos. De serlo, los millones sin techo, o bajo uno precario, o los muchos con carencias de alimento más que de educación, pesarían sobre el valor de sus cifras. Los múltiples y escandalosos limbos en que se pierde la más absurda corrupción, o al menos sus consecuencias, acarrearían toneladas de una vergüenza que no se asoma entre condenas, proclamas, exhortos y peroratas. Tampoco entre la mayoría de nosotros. De ser un país con la menor conciencia trágica, la violencia habría servido para el fin que en la estructura dramática tienen las desgracias: la enseñanza. Sin embargo, no aprendemos, pero a la vez y en la bipolaridad máxima, creo que son cada vez menos quienes dudan de las tragedias que ocurren en México, pese a no situarlas en el lugar que les corresponde. Es el hambre y la pobreza. Es un país violento. Quizá había dejado de serlo, al menos un poco, por un breve, muy breve tiempo. Pero incluso esa brevedad era melodrama.

Sin prestar mucha atención a las noticias de siglo XXI, cualquiera podría darse cuenta que el país se hizo como pocos de la nota roja y la exclamación. ¿Qué país puede llamarse serio si en él hay fosas clandestinas llenas de cuerpos? Si es una unión de estados en los que se llega a contabilizar a cerca de la mitad de su población en la costumbre de las carencias. No, México no es un país serio. Pocos elementos cuentan con la universalidad de la tragedia, pero México siempre esquivó las grandes tragedias del mundo. ¿Qué íbamos a rescatar de ellas? Nuestra soberbia se convirtió en tolerancia.

No falta el que voltea a su alrededor y respira con tranquilidad. Es en primer lugar nuestro esquema de gobierno, constructo disfuncional de identidad nacional. ¿Cuándo hemos reconocido al exterior nuestros defectos? Es la inacción, acomodo o poca representación y capacidad de quienes conformamos las élites, ya sean políticas, culturales o académicas. Son también los cafés y universidades de la Ciudad de México, las ferias de libros en Guadalajara o Mérida. Son las industrias de Monterrey o las expresiones culturales de Tijuana, de Querétaro o Xalapa. ¡Eso es México!, se llega a afirmar con orgullo. No, México es más lo otro. Las virtudes, por más grandes que sean, no hacen identidades como sí lo hacen los defectos. En México las virtudes se convierten en adornos que minimizan el hecho trágico.

He escuchado y leído que los mexicanos somos felices. ¿Qué felicidad se vive en el escenario de la tragedia? La que descansa en el presente y no es capaz de sentir el peso de la memoria, mucho menos hacer del futuro el espacio en el que la honra, la desprecia o intenta ya sea disculparse o reponerse de sus recuerdos.

¿Por qué hay pueblos que hicieron de sus tragedias un motor eficiente? ¿Por qué no el nuestro?

En México la permanencia no es virtud en asuntos de calibre funesto, es el conformismo de seguir despertando a sabiendas de que afuera de nuestras casas, a veces no muy lejos de ellas, hay otro universo muy ajeno al que tenemos quienes no nos preocupamos en el día a día por los elementos que hacen de la angustia la clave de la existencia.

Así, el principal elemento es el tiempo, en la tragedia su permanencia es carga y motivo. Para el melodrama, éste se esfuma en espera del siguiente evento, nos acostumbramos a él con facilidad. En el melodrama, importa el momento más que la intensidad del hecho trágico. Nuestros dramas duran lo que el instante. Es el amor al hoy mismo, al espacio que puede estar lleno de conflictos, aunque ninguno de ellos será suficientemente nocivo como para afligirnos en exceso.

Pero si el país no funciona sin duda sigue. Sí, reconozco que la vida transita. Los niños van a las escuelas, muchos de ellos, pues, ya sean urbanas o rurales. La agricultura siembra y cultiva. La industria hace lo suyo y, en medio de inefables, hay vida. Hay cierto avance en loavanzable. Hay creación cultural, hay futuros, etcétera. ¿Entonces? ¿De qué sustento me valgo para afirmar que ninguna de esas cualidades —positivas o al menos de supervivencia— es suficiente para jactarse? Uno solo es más que suficiente, una emoción que en otros lados es poderosa y se sustrae de la conciencia. En México a la desgracia le falta noción sobre el tiempo y pasa de largo a la vergüenza.

La vergüenza se tiene ante otros y México tiende a verse sólo a sí mismo, en defensa de sí mismo.

Creo tener buena memoria, no recuerdo un solo evento de origen humano cuyas calamidades o consternaciones hayan adquirido una condena, carga o malestar unificado. En este país no hay unanimidad sobre lo malo, sean cientos de miles de muertos, sean decenas de estudiantes, cientos de periodistas o mujeres asesinadas. En escenarios variopintos, he escuchado a más de uno capaz de relativizar lo que en cualquier nación decente —que son pocas, pero no inexistentes— habrían sido pena de la más alta envergadura. Aunque la corrupción parece ser un punto de acuerdo, no hemos logrado verla con el sentimiento que en otros países lleva a gobernantes o empresarios a dimitir o a sus cercanos a revisar qué omisión los hizo en alguna media responsables. De nueva cuenta, se relativizan los crímenes y se hacen ojos ciegos y oídos sordos a las redes que permiten la enfermedad crónica.

En el sistema mexicano nada es trágico, ni la vida ni la quiebra de un estado. Un caso de tortura no es vergüenza nacional y en México son muchos, una mujer buscando dónde parir no va más allá de la investigación o el enojo. Sin acuerdo sobre la jerarquía del hecho trágico, indigna más el robo en descampado que los cientos de cuerpos enterrados en el mismo terreno que se han birlado.

La aceptación de la tragedia le ha dado a más de un pueblo una idea del camino que debe recorrer y está dispuesto a aceptar. Al ser definitiva, se hace lo imposible para que no regrese. Será el funcionario corrupto, será el militar o el policía que actuó en lo criminal, será la opresión a la que no se está dispuesto a someterse, será la turba que aplastó a sus semejantes, será la anulación de la dignidad que no se olvidará. Memoria, tiempo y resistencia cuando la tragedia vino de fuera. Memoria, tiempo y vergüenza cuando surgió dentro.

La tragedia de los pueblos requiere conciencia social, un impulso de unión que define los límites. El hasta dónde se está dispuesto a aguantar. Todo lo que salga de esas fronteras será tragedia.

Mientras México no coincida en qué es trágico, mientras no se haga de la mínima vocación trágica y reaccione en consecuencia, mientras no tengamos esas nociones básicas, seguiremos pensando que los síntomas son madre de nuestros problemas. Si tuviéramos un ápice de vergüenza y conciencia del tipo de drama que hemos vivido, ningún análisis diría que la corrupción o la violación sistemática a derechos humanos son merma de nuestras estructuras, sino que nuestras estructuras son proveedoras de la corrupción y la violación a las mínimas garantías para las está diseñado un Estado.

Entre tanto, no serán trágicos los miles de muertos, los millones de desfalcos, la constante violación a esos orgullos fantasmas con lo que se construye el melodrama mexicano.

 

Maruan Soto Antaki
Escritor. Ha publicado: Casa DamascoLa carta del verdugoReserva del vacíoClandestinoPensar Medio Oriente y El jardín del honor.
Twitter: @_Maruan

 

12 comentarios en “México: la tragedia y el melodrama

  1. Maruan, qué gran artículo, tiene tanto corazón como claridad. El análisis es excelente, ciertamente demoledor, y me lha llevado a pensar cómo encajo yo en esa realidad que describes. Gracias, hace tiempo que no me emocionaba al leer un artículo.

  2. El pueblo mexicano no estamos contentos con nuestros gobiernos ni como han gobernado, hemos luchado porque esto cambie, pero la corrupción ha ctecido tanto que ya se le salio de las manos, ahora el crimen organizado está por encima de las corruptas autoridades, no hay justicia, y la impunidad nos hiere y nos lastima, la pobreza es inmenza y nuestros pueblos sufren abusos y robos de sus tierras, hay indignación del pueblo pero está difícil luchar y enfrentar la corrupción del gobierno y sus autoridades, seguiremos luchando para acabar con estos gobiernos autoritarios y abusivos!!

  3. Excelente artículo, que refleja y describe claramente El conformismo Del colectivo, cambiar la conciencia de una sociedad no es tarea fácil habremos de hacer cada quien lo que nos corresponde para lograrlo.

  4. El artículo, comentarios y análisis me parece y lo siento sobrio. El problema de México como país, es que los políticos-todos-, una vez en el cargo se acomodan y se hacen como sistema, dueños del Estado. Desde ese mágico instante nace la impunidad, crece la corrupción y florece la anarquia.

  5. Me ha gustado el artículo de Maruan Soto Antaki, porque lleva a empoderar a la consciencia colectiva, si bien es cierto existen razones que argumentan el tiempo y las causas de nuestra consciencia de vida, el mayor problema del ser humano, es no tener consciencia colectiva de nuestra experiencia general de vida que pone en el centro al hombre y que lo hace responsable, no solo de si mismo, si no de su entorno, con todas sus capacidades y limitaciones voluntarias o involuntarias. Todo lo que sucede o deja de suceder, es producto de la creación del Hombre; una visión proactiva. sería aquella que empleara y ampliara la consciencia social y la responsabilidad con el entorno, dejar los patrones establecidos bajo él esquema señalado es difícil pero no imposible, significaría el reaprender como lograr nuestra sustentabilidad hacia la satisfacción de nuestras necesidades y obligaciones de todo orden,

  6. Excelente, Mauran. El mexicano tiende a buscar una justificación a la tragedia, justificación que está en el mismo y que lo desnuda, por ello hace un giro de lo trágico para buscar una justificación que no vulnere ni lo involucre en la tragedia misma.

  7. Los estertores del pretendido imperio mexicano se subliman en la rosa de guadalupe!
    Se vive el fin de un pueblo que hizo de la pena ajena su mayor virtud.
    Ojalá el trámite sea breve!

  8. Esta impresionante . Clavaste el puñal a fondo de una especie de laiser fair. Que me sigue impresionando de mexico .no soy mexicana xo es la tierra de parte de mi familia. Por ello me interesan estos comentarios tan solidos

  9. excelente articulo, estableciendo la dualidad del comprortamiento del mexicano acerca del drama,y como este se ha distorsionado hasta hacerlo común . Hace reflexionar y meditar como cada uno de nosotros aportamos dia con dia al menoscabo y depreciación de los valores.

  10. Además de los lamentos y las felicitaciones, dicho sea con todo respeto, puedo afirmar con certeza que el tema central es el de la subjetividad de los miembros de esta nación.Y la cuestión central es, porqué estos individuos no son capaces de tener entre sus manos las riendas de su destino,al menos algunas de ellas, quien soy–quienes somos– y, adonde voy–o vamos–. Eso que llamamos conciencia, el darse cuenta de lo que sucede, es el resultado de una construcción histórica, los individuos y los pueblos, en su trayectoria histórica van construyendo una interpretación de lo que sucede a su alrededor y van desarrollando respuestas a su condición y circunstancia históricas.Pero esa conciencia tiene orígenes y fundamentos interpretativos que se resumen en lo que Weber denominaba un “Ethos” o modo de ser. Y ese ethos o modo de ser de los mexicanos continúa firmemente arraigado en una concepción providencialista del destino, no llegan a “darse cuenta” de que al menos en parte pueden ser dueños de su destino. Quieres saber que tan firmemente arraigado está ese sentido providencialista del destino, basta con ver el partido de la final del futbol mexicano, en donde los integrantes del equipo Chivas se tomaron de la manos y unidos dieron gracias a la divinidad…Está muy lejos de esas conciencias el significado trágico de la historia del hombre. La solución es que la gente entienda que no dependemos de la divinidad para la solución de nuestro problemas como individuos y como naciones, que la divinidad no es responsable de lo que nos sucede, ni tiene porqué serlo, y que nuestras soluciones vendrán de la clara conciencia de nuestras carencias culturales como individuos y como nación. Los individuos mexicanos “deben” de darse cuenta de que no va a llegar ninguna ayuda providencial, nadie va a venir en nuestra ayuda, y como dirían los yanquis, la caballería no va a llegar a salvarnos…Pero esto de la subjetividad es una cuestión de conciencia y afectividad, por eso es que algunos protagonistas de la política sobreviven a los avatares que les depara vivir en una nación “sin conciencia de sí misma”, los intelectuales y el legado cultural mexicano están a la espera de ser reinterpretados y rescatados para la construcción de una nueva subjetividad.

  11. Y esa ausencia de sentido trágico, Maruan, no sólo da lugar a su desplazamiento por el melodrama, siempre efímero aunque expresivo, sino que puede llegar a articularse, como escribe Steiner, en una gramática del vacío, nihilista y destructora de toda idea de trascendencia, de resurgimiento desde la asunción de la tragedia. Me congratulo por tener a la mano tus escritos, encuentro en ellos otras posibilidades de lectura de nuestra realidad.