Siguiendo el impulso de protesta social y participación ciudadana que se generó con las Marchas de las Mujeres que llevaron a millones de manifestantes a las calles de diferentes ciudades en Estados Unidos y el mundo el pasado 21 de enero para exigir la protección de los derechos de las mujeres y de otros grupos vulnerables, se ha convocado a una nueva manifestación mundial el 8 de marzo.

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Las organizadoras de la Marcha de las Mujeres en Washington anunciaron que se unirían a otras organizaciones de base para convocar a un día de paro el 8 de marzo de 2017, llamado “Un día sin mujeres”. Un llamado de atención que ocurrirá no sólo en Estados Unidos sino, nuevamente, en ciudades alrededor del mundo. 

La fecha coincide con el Día Internacional de la Mujer, una conmemoración que —lejos de ser una celebración apolítica como se concibe últimamente— tiene sus orígenes en 1908 cuando se realizaron movilizaciones políticas, exigiendo el derecho al voto femenino. Durante ese año, grupos de mujeres vinculados a organizaciones socialistas y a la lucha sufragista en Estados Unidos y algunos países de Europa como Alemania, Austria y Rusia, realizaron actividades que hasta hoy se consideran los primeros antecedentes de la lucha feminista moderna.

En 1917, miles de mujeres rusas, trabajadoras y esposas de soldados, tomaron las calles el 8 de marzo para exigir paz y comida e iniciaron un levantamiento contra el régimen zarista que ganaría el apoyo del resto de la población. A finales de los años sesenta, movimientos feministas que luchaban por mejorar las circunstancias políticas, sociales, económicas y jurídicas de las mujeres en Estados Unidos se apropiaron de esta fecha conmemorativa, que hasta el momento era considerada más como una conmemoración comunista. En 1975, el Día Internacional de la Mujer fue reconocido oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas.

El propósito de “Un día sin mujeres” es crear conciencia del valor de las mujeres de todos los orígenes en la sociedad y en la economía, al tiempo de llamar la atención sobre los salarios más bajos que reciben, las desigualdades que experimentan, además de su vulnerabilidad a la discriminación, el acoso sexual y la inseguridad laboral.

Históricamente las mujeres han estado encargadas del funcionamiento de los hogares, de la reproducción, de ciertos cuidados y servicios, de la crianza y la educación. Es decir, las mujeres están principalmente a cargo de trabajos que sostienen la economía en todos los países, pero que suelen ser invisibilizados y menospreciados; muchas veces no remunerados y sin prestaciones básicas, ni reconocimiento o protección.  

En México, por ejemplo, según datos del INEGI, las mujeres tienen la mayor carga de trabajo, por cada 10 horas de trabajo, los hombres realizan sólo 8.3. Las mujeres dedican el 65% de su tiempo a labores no remuneradas en el hogar y de cuidados, y únicamente el 32.3% a actividades por las que regularmente se recibe un ingreso monetario.

La protesta social ha sido uno de los principales instrumentos de las mujeres —y grupos vulnerables en general— para ganar en diferentes momentos mayores espacios políticos, sociales, económicos y jurídicos en la sociedad. El 24 de octubre de 1975, aproximadamente 90% de las mujeres en Islandia salieron a las calles y realizaron una huelga, rehusándose a trabajar o realizar labores. Ese paro fue conocido como “viernes largo”. Tiendas, bancos y fábricas tuvieron que cerrar, y los hombres se vieron obligados a realizar las tareas de cuidado en sus hogares.

Esta huelga denunciaba la inequidad económica entre hombres y mujeres, tanto en los lugares de trabajo como en el hogar. La huelga fue propuesta por un grupo feminista radical, llamado Medias Rojas, y fue tomada a broma en un principio hasta que el país entero se paralizó por la falta de trabajo de las mujeres. Un año después, Islandia formó el Consejo de Equidad de Género y aprobó una Ley de Equidad de Género, que hizo que la discriminación basada en género en escuelas y lugares de trabajo fuera ilegal. Cinco años después, Islandia eligió a la primera mujer presidente del país.

Las mujeres en Polonia realizaron un paro en octubre del año pasado, ausentándose del trabajo y organizando una masiva marcha contra el decreto reaccionario que intentaba prohibir el acceso al derecho al aborto en todos los casos. Aunque esta protesta polaca no tuvo impacto económico, el político fue indiscutible: la ley debió retirarse.

Asimismo, en Argentina y en Italia, en noviembre del año pasado hubo manifestaciones masivas de mujeres en el día internacional de erradicación de la violencia contra la mujer, bajo el lema Ni Una Menos o Non Una Di Meno, para denunciar la violencia contra las mujeres. En Irlanda y Corea del Sur también se registraron recientemente manifestaciones masivas en defensa de los derechos reproductivos.

Hasta ahora se han organizado movimientos que se unirán al paro del día sin mujer en casi 40 países, además de Estados Unidos. En México, por ejemplo, mediante la etiqueta en redes sociales #NosotrasParamos, se ha convocado a un paro en solidaridad a este movimiento.

El sitio de la Marcha de las Mujeres sugiere tres maneras de participar en este paro:

    1. No presentarse a trabajar

    2. Abstenerse de hacer compras ese día, o si debe comprar, elegir pequeñas empresas propiedad de minorías y/o mujeres.

    3. Usar rojo en solidaridad con los que participan, para apoyar la huelga.

A raíz de esta convocatoria se está debatiendo otra idea: ¿protestar es un privilegio que muchas mujeres y otros grupos vulnerables no pueden darse? Por eso, se ha resaltado la importancia de que se puede participar de esta protesta de más de una forma. Protestar no es un privilegio; el privilegio sería no tener por qué protestar.

Esta convocatoria ha sido concebida para que personas de todos los orígenes, situaciones socioeconómicas y niveles de ingresos puedan participar; ya que incluso si no tienen la capacidad de ausentarse del trabajo por completo o no comprar nada ese día, pueden mostrar su solidaridad simbólicamente usando el color rojo.

Existen, también, otras maneras de mostrar solidaridad: donar a organizaciones que trabajen en favor de los derechos de las mujeres y otros grupos vulnerables (como los migrantes), o combatir los estereotipos de género en el día a día, dígase mostrar desacuerdo con chistes o comentarios machistas, publicaciones en redes sociales, etcétera.

El Día Internacional de la Mujer no es una celebración y está de más felicitar o regalar rosas y chocolates a las mujeres. Es más congruente conmemorar este día de lucha histórica mediante formas de protesta social que evidencien la imprescindible contribución de las mujeres a la sociedad, que pasa desapercibida o se da por sentado. 

Lo que sí podemos celebrar este 8 de marzo es que haya espacios para la organización y acción política colectiva, que la protesta social y la participación ciudadana hayan ganado relevancia y centralidad. Mientras haya ciudadanos que no se callen ante los liderazgos que buscan limitar las libertades y derechos, y mientras que la sociedad se siga movilizando por la igualdad y justicia, podemos celebrar… participando.

 

Bárbara Magaña

 

4 comentarios en “Un día sin mujeres

  1. Enhorabuena, Bárbara. Magnífico artículo y mejor pluma. Todo mi apoyo a la lucha por la igualdad y los derechos de la mujer.

  2. Creo que el párrafo sobre el privilegio resume muy bien un obstáculo a superar en el imaginario colectivo, uno de los más sutiles, pero bastante pernicioso.

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