Algunas épocas son identificadas con sus características. Otras pasan inadvertidas por su ausencia de cualidades, ya sean positivas o negativas. En ocasiones serán la crisis, la guerra, las ilusiones de la modernidad o la seducción de las utopías —que a menudo y a la postre, llegan a resultar mal—. Hubo fechas marcadas por desarrollos industriales o tecnológicos. Por propuestas y convicciones. Está la época de las revoluciones, de los idealismos, de la razón. Está la Guerra Fría, los años de la apertura, etcétera. Hoy podríamos estar sumergiéndonos en la época de la irresponsabilidad.

La responsabilidad es una noción ligada al tiempo, a la previsión o a la revisión de las consecuencias. Siempre estarán relacionadas. ¿Qué pasa cuando un jefe de Estado puede proclamar sandeces y no enfrentar sus calamidades? ¿Qué entiende de sí mismo el político que usa su posición para denostar a un periodista o escritor? ¿Cómo se condena la corrupción si se le hacen ojos ciegos? ¿Cuál carga cae sobre el ciudadano indiferente? ¿Sobre el periodista que no investiga? ¿Sobre el funcionario que disfraza la vileza?

05-responsabilidad

En la falta de interés por lo que ocasionan las acciones o palabras, el instante ocupa el lugar de relevancia. ¿Qué van a importar los desenlaces si se reduce el tiempo? Si todo queda en su mínima fracción. En declaraciones vaporosas, la irresponsabilidad acompaña la vanidad del aplauso o la sonrisa en el espejo.

A nuestra relación con el instante le debemos las culpas compartidas con los abusos que hacen daño. Entre instante y culpa, se desvanece la responsabilidad y abren las puertas a la impunidad, a la anulación de las consecuencias y a la disolución de límites que dan obligaciones y derechos.

Dos meses antes de escribir estas líneas, tras la publicación de “Siria y el no futuro” —texto en el que explicaba cómo la tragedia en Siria era culpa de los implicados directos, pero la permanencia de esa guerra era responsabilidad de todos—, Jacobo Dayán, un querido amigo que ha estudiado las monstruosidades de la humanidad hasta el cansancio, me recomendó El problema de la culpa de Karl Jaspers, libro que refiere al genocidio durante la Segunda Guerra Mundial. De manera preocupante, sus planteamientos se pueden aplicar al estado actual del mundo. A México con sus diez años de guerra contra el narcotráfico y la escalada de violencia, al gobierno de Trump en Estados Unidos y al avance de las extremas derechas y fanatismos en el resto del planeta. En el libro, el filósofo alemán escribió sobre cuatro tipos de culpas que permiten pensar las diferencias de responsabilidades.

La culpa criminal, seguramente la más evidente, le pertenece a aquellos que violaron la ley, contemplando una ley mayor, internacional o natural (sic), con capacidad de sobreponerse a una local y temporal que puede permitir la barbarie. La culpa política, que cae sobre la ciudadanía entera de un Estado, donde cada uno de nosotros somos sujetos políticos cuya indiferencia nos hace responsables. A la culpa moral se le designa la tercera variante, aquella que se enfrenta a la conciencia de cada uno, en caso de tenerla. Y la última, la culpa metafísica, la más individual. Ante ella hemos hecho esfuerzos inauditos por eludirla: cierta idea de solidaridad que lleva a la corresponsabilidad al ignorar lo que sucede —Hannah Arendt desarrolló la segunda y cuarta con más cuidado.

La culpa hace alusión al pasado, es particular y no debe permanecer sin pena. La responsabilidad permite la generalidad, es presente en vías de futuros.

Gobernantes han fallado, robado y mentido sin consecuencias. Hemos permitido que declaren hechos ajenos a la realidad, hemos votado por impresentables, no hemos votado cuando al hacerlo les complicábamos el ascenso. El siglo XXI avanza sin responsables, es la vida en busca de exoneración. En México llegamos a tergiversar lo suficiente para evitar no sólo la culpa, con esa se puede vivir en el cinismo, sino para desechar la responsabilidad.

¿Quién quiere verse con las consecuencias?

Las vías para diluirlas han dado resultados. Los errores individuales pueden ser mermados entre disculpas y vías de compensación. Cuando las fallas más grandes luchan por construir esos artilugios y olvidan el peso del tiempo, viene la impensable exención del castigo.

Lo responsable viene de lo que pide respuesta. La presencia y acción son, entonces, condiciones irreductibles. Se trata de lo que hacemos frente y para algo. En el espacio más cerrado se es responsable de la familia, de los hijos, de las mascotas, de la casa. La jerarquía se extiende, hay responsabilidad en lo que se avala, en opiniones, relatos y negocios. Cualquiera que haya firmado el contrato de renta de un impuntual sabe de qué estoy hablando.

A la responsabilidad constantemente se le adjudican condiciones negativas. Traen angustias, sudores, duermevelas. También regocijos. Los padres se sienten orgullosos a la salida de las escuelas, como yo lo estoy las rarísimas ocasiones en que mi perro me hace caso o trae un animal muerto. ¿Los ciudadanos? ¿Los gobernantes? ¿Hace cuánto no sabemos de uno que saque el pecho por sus logros? Uno cuya irresponsabilidad no lo haga encumbrarse dentro de su subjetividad. Así, la cualidad de responsable no se la impone uno a sí mismo, como los demás. Siempre se es responsable a otros, a juicio de otros. Por las virtudes que se adjudiquen y cada una de las virtudes que se imploren: hacer buen gobierno, ser buen político, ser buen ciudadano, ser buen padre, ser buen maestro; todas se nutrirán de responsabilidades. A mayor margen de error, menos querrán hacerse cargo de ellas.

Sin contradecir las diferencias de jerarquías —es obvio que un ciudadano no tiene las mismas responsabilidades que un presidente en el desarrollo de un país—, nuestra propia evolución social hizo que las nociones de responsabilidad no sean una opción, sino parte de la obligatoriedad. La indiferencia de la que escribió Arendt y llevó a la banalidad del mal es peligrosa en la erradicación de responsabilidades que aparece con la negación de dicha obligación. ¿Contra qué? Contra nosotros mismos. ¿Para qué? Puede ser por mera humanidad, pero también por supervivencia.

Las responsabilidades se construyen para intentar darle sentido a las cosas. Es la manera en que los actos siguen una secuencia para perseguir un final. A veces será la esperanza de justicia, otras de libertades. En este punto radica el mayor conflicto de la responsabilidad. Una obligatoriedad sobre la que se es libre de participar.

Quizá sea mi aversión al determinismo —parte de mi muy personal problema con las religiones, ya sé—, pero en el acto responsable creo que descansan los positivos de una sociedad con posibilidades que me niego a despreciar. La idea de responsabilidad puede ser el vehículo para combatir lo que se entiende es así, porque no puede ser de otra forma. Es tal vez la única herramienta para evitar que el político robe, porque es político. Que mienta, porque es político. Es la manera de combatir la estupidez que dice que el migrante hace daño, por ser migrante. La responsabilidad es el argumento para contradecir un sin fin de lugares comunes, por eso se debe exigir.

En su pérdida de sentido, vemos los abusos más viles. Al diluirse la noción de responsabilidad, es decir, al establecer un negativo que desaparece esos límites de derechos y obligaciones, lo hacen también los límites al autoritario, al patán o al idiota.

En el abuso del lenguaje, si se hace virtud una identidad por ser identidad, se esfuman sus responsabilidades. El enaltecimiento insulso del ser mexicano, por ser mexicano, no contempla un solo hecho sobre el que hayamos opinado. Nadie nació en un lugar por cuenta propia. ¿Cuál es nuestra responsabilidad en el asunto? Por un camino similar, el que enaltece una turba para legitimar el prejuicio es responsable de las acciones del prejuicioso al amedrentar a su víctima, incluso sin haberlo victimado. Más si fue así, claro. Será bueno recordar esto en los años venideros, al observar el estigma contra migrantes en Estados Unidos y Europa. Hay culpas y responsabilidades ineludibles que saludan a esta nueva época.

En México valdrá la pena echar cara contra nosotros, por permitir lo criminal que pasea sin culpas y todavía bajo la aprobación de algunas mayorías. El plan para erradicar una violencia que, diez años después, creció las cifras de muertos a un punto que ha superado lo imaginable. Con responsabilidades envueltas en la relativización de lo evidente.

La responsabilidad es un concepto de cuidado, sobre el que no se pueden separar sus atributos. Tiempo, causas y consecuencias. Nada de eso preocupa en la época de la irresponsabilidad.

 

Maruan Soto Antaki
Escritor. Ha publicado: Casa DamascoLa carta del verdugoReserva del vacíoClandestinoPensar Medio Oriente y El jardín del honor.
Twitter: @_Maruan

 

4 comentarios en “Notas sobre la responsabilidad

  1. Cada vez que leo o escucho la palabra político y sobre todo cuando se dice “yo no soy político” “no tengo nada que ver con política” …… me remite a la raíz de la palabra y me pregunto que no todos somos políticos por vivir en comunidad? y si es así todos somos políticos entonces no cabe referirse en exclusiva solo a la acción o inacción de quienes ocupan cargos o funciones de gobierno y con ello somos responsables o corresponsables de lo que estamos viviendo como Paìs. Por ello pregunto cuál sería el término adecuado para referirse a quién ejerce, realiza acciones o es funcionario de gobierno, o candidato a ejercerlas ?? porque creo que desde ahí esta nace la falta de compromiso ciudadano y ser social de quienes vivimos en comunidades, ciudades etc en nuestro México ya que fácilmente es otro el que es responsable etc. Por el tipo de modelo educativo seguimos fragmentando todo en “esto es de religión” “esto es del sistema gobierno” “esto pertenece a……. y dejamos el “todo” solo en el discurso. Gracias Maruan por tratar de entender a donde me llevan tus aportaciones en tus escritos los cuales leo con mucho interés.

  2. Para los maestros de las antiguas culturas del continente Tortuga, como la mokaya y la maya, la más abominable de las siete “vergüenzas”, la IGNORANCIA VOLUNTARIA, era la que más debía erradicar quien tuviera cualquier cargo público; no se aceptaba que ninguna persona consciente, y mucho menos un dirigente, adujera egoístamente que “no sabía” lo que se tenía que hacer o decidir justa y correctamente, buscando evadir la responsabilidad de saber, y aplicar todos sus conocimientos para la concordia, la armonía y el bienestar común…
    Actualmente, la soberbia, la ambición desmedida y la corrupción, a las que induce el capitalismo salvaje, y las demás vergüenzas: la ingratitud, el robo, el crimen, consecuencias de la tremenda egolatría ya hecha universal cultura, son las que practican y ponen de ejemplo los “mandatarios” y funcionarios de los imperios y virreinatos disfrazados de “democracias” con los que pretenden continuar engañando a la historia al mismo tiempo que defraudándonos… utilizando para ello nuestra esclavizada desorganización “ciudadana”, nuestra pasiva, individualista y fácil entrega a las vergonzosas conductas que nos ponen como ejemplo ésos, a los que elegimos y mantenemos en el poder, sabiendo que son criminales, corruptos, ignorantes por voluntad y por lo mismo, irresponsables y pésimos “gobernantes” . Si realmente deseamos corregir esta viciada situación, deberíamos contribuir todos a deconstruir el sistema que nos tiene sumidos en esa ignorancia voluntaria que nos hace irresponsables, aplicarles el 39 a quienes no asuman la responsabiidad que les asignamos, y primero que todo, comenzar verdaderamente a EDUCARNOS para la Vida, y no para la negligencia y la Muerte…

  3. Maestra. Algùn dìa… lejano cambiaremos nuestra particular forma de ser o se necesita que se repita la historia de traer a algùn extranjero con todo su poderìo para que nos transformemos como sociedad, porque mire usted, acà en la frontera, nos sucede una cosa muy rara cuando vamos al Paso, a la mitad del puente nos cambia la mentalidad y en U S A nos comportamos, mientras estamos allà, de otra manera y cuando regresamos a Mèxico, otra vez se nos vuelve a acomodar y actuamos como estamos acostumbrados, majaderos, sin respeto a los demjàs, sin educaciòn o lo que es lo mismo, al clàsico valemadrismo que no nos deja tener un paìs con dignidad. Què opina. Vale.