Una de las más dañinas convicciones en ciencias sociales es que la identidad de género se aprende. Basados en esa convicción, los servicios médicos se resisten a cambiar el sexo de personas que sienten “estar en el cuerpo equivocado” y recetan tratamiento psicológico de autoaceptación en vez de la cirugía y el tratamiento hormonal solicitados por la persona. Tampoco tenemos muy claro el motivo de que algunas, y sólo algunas personas sientan que tienen el cuerpo equivocado. Es algo muy diverso a la homosexualidad.

“Según revisión publicada en Endocrine Practice hay creciente evidencia de una base biológica para la identidad de género que puede cambiar la perspectiva médica respecto a las personas transgénero y mejorar su atención a la salud”.

Los conocidos como “desórdenes en la identidad de género” afectan a una en 100 personas. Un porcentaje, el 1%, inesperadamente alto. El estudio fue conducido por investigadores de la Boston University School of Medicine.

09-genero

Una precisión: no se trata de población homosexual, que se define como la que prefiere a su propio sexo en las relaciones sexuales y, sobre todo, en el amor. Esta última acotación resulta importante porque, sobre todo entre hombres, hay quienes aceptan una relación con otro hombre como sustitución a falta de mujeres, o como complemento al ingreso económico. De ahí que Kinsey, en 1949, haya hecho una clasificación en donde hay cuatro sombras de gris, además del blanco y el negro, seis tipos. Pero es sin duda homosexual el hombre que se enamora de otro hombre, no el que tiene una relación casual. Como no es heterosexual quien tiene una relación casual con el sexo opuesto.

Aceptar el propio sexo y buscar el mismo para relaciones sexuales o enamorarse de quien pertenece al mismo sexo, ocurre con frecuencia tan alta, en hombres, como un 10 a 12%. Menos en mujeres. El hallazgo de Boston es que una minoría de esa minoría siente que desde la infancia le fue mal asignado su género.

“Los investigadores condujeron una revisión bibliográfica que mostró de forma positiva bases biológicas en la identidad de género”. Hubo casos con desórdenes en el desarrollo sexual, como agénesis peneana (cuando no se forma por completo un pene) y diferencias neuroanatómicas, otras en cuanto a genes asociados con los receptores de hormonas sexuales: esto es, las hormonas se producen, pero no hay receptores que las traduzcan en efectos propios de esas hormonas.

Va de nuevo: no es el caso de la persona homosexual que está perfectamente definida en su anatomía, en las características primarias y secundarias producto de tales hormonas (hay los receptores adecuados y suficientes), pero su sexualidad y su vida afectiva se inclinan por su mismo sexo.

“Este artículo representa la primera revisión amplia de la evidencia científica acerca de que la identidad de género es un fenómeno biológico”, explica uno de los autores, Joshua D. Safer. “Como tal, nos provee de uno de los más convincentes argumentos a la fecha, para todos los proveedores de servicios médicos, para que la medicina desarrolle las técnicas necesarias para el buen cuidado de estas personas”, añade.

Contacto con el equipo: Gina di Gravio, ginad@bu.edu

Por el camino opuesto

Hay más y mejores pruebas si observamos a quienes están conformes con su identidad de género, sean homo o heterosexuales. ¿Por qué una mayoría acepta su identidad de género? Y eso incluye a homosexuales.

Al comenzar el siglo XX se unieron la antropología social de Franz Boas y su discípula Margaret Mead con el conductismo fundado por John Watson y afinado por B. F. Skinner, para fabricar el determinismo social de la conducta: las diferencias de género son aprendidas. Watson dijo: Denme un recién nacido y haré de él lo que sea. Mead creyó descubrir en la paradisíaca isla de Samoa, en el Pacífico, una perfecta inversión de roles masculinos y femeninos: a la pobre la engañaban sus informantes, atentas, como gitanas, al lenguaje corporal de la neoyorkina ante una supuesta sexualidad desenfrenada. Un cuarto de siglo después llegó el remache filosófico: en 1949 Simone de Beauvoir publicó El segundo sexo. “No se nace mujer, se llega a serlo” o, más sencillo: la mujer no nace, se hace fue su postura aclamada en todos los medios académicos porque coincidía con los relatos de Mead y el auge del conductismo. Beauvoir y Watson coinciden: Denme una niña y haré de ella un niño. O viceversa.

El experimento sería ilegal y monstruoso, nadie se ha atrevido (no sé si Joseph Mengele) a realizarlo. Excepto el azar, porque algunos accidentes lo han hecho. El más famoso de todos es el que podríamos llamar “el experimento perfecto”. Va así:

1. Se tienen dos gemelos idénticos, varones y recién nacidos.

2. A uno lo castramos el mismo día del parto. Un cirujano plástico le crea una vagina.

3. Mantenemos en total secreto el hecho: la madre tuvo gemelos, un niño y una niña.

4. Le damos tratamiento con hormonas femeninas durante su infancia y las aumentamos al llegar su adolescencia.

Llevará nombre de niña, vestido, escuela para niñas, educación de la que “hace mujeres”. Debemos tener como resultado una mujer: Boaz, Mead, Watson, Skinner y Beauvoir dixerunt.

También era la opinión de dos expertos en sexualidad de enorme prestigio, Anke Ehrhardt y John Money (Man & Woman. Boy & Girl), a quienes acudieron los angustiados padres de un par de gemelos, varones, monocigóticos. Al ser circuncidados, el hospital empleó un novedoso instrumento eléctrico que cauterizaba el tejido. Pero al realizar la circuncisión del segundo, una descarga eléctrica necrosó los tejidos. Cayó el pene.

Money y Ehrhardt recomendaron a los padres terminar lo que el azar o el descuido habían comenzado. El par de investigadores siguieron durante los primeros años a los gemelos y todo indicaba que el cambio de sexo había sido por completo exitoso. El padre del conductismo y la filósofa tenían razón.

A los pocos años leí la noticia de que una mujer, nacida varón, se acababa de casar con una mujer, retransformada en hombre. El diario no daba mucha información.

Pero en el año 2000 los datos e historias completas aparecieron en Genoma, de Matt Ridley, traducida en Taurus. La historia completa va así: la circuncisión infortunada tuvo lugar en Winnipeg, Canadá, en los años sesenta. A la niña la llamaron Joan. John Money había afirmado en 1973 que era una adolescente bien adaptada. Punto final: la identidad de género es un producto social, de la educación.

Fue más complicado que eso, y tuvo otro final, feliz hasta donde se pudo. Dice Ridley:

Hasta 1997 nadie comprobó los datos. Cuando Milton Diamond y Keit Sigmundson localizaron a Joan, encontraron a un hombre felizmente casado con una mujer. Su historia resultaba muy distinta de la que Money había contado [con derroche publicitario e influencia definitiva en el relativismo social del género]. De niña siempre hubo algo que la hacía sentirse profundamente infeliz y siempre había querido llevar pantalones, mezclarse con niños [recordemos que los niños prepúberes rechazan a las niñas y consideran afeminado al que juega con ellas] y orinar de pie. A los 14 años sus padres le contaron lo que había sucedido y ello le supuso un gran alivio. Dejó el tratamiento hormonal, volvió a cambiarse el nombre a John, reanudó la vida de hombre, le extirparon los pechos y a los 25 años se casó con una mujer y adoptaron a sus hijos. Presentado como la prueba de que la sociedad conforma los roles de género, resultó exactamente lo contrario […] El cerebro es un órgano de género innato.

El tema había caído como lluvia de mayo en los años sesenta y sus demandas sociales. “La gente común siempre ha sabido que la educación es importante, pero siempre ha creído igualmente en cierta capacidad innata. Son los expertos los que han adoptado posturas extremas”, comenta Ridley.

Otro caso tuvo un final trágico. David Reimer, criado como niña luego de perder el pene por una circuncisión inepta, nunca se sintió una verdadera mujer y se suicidó en mayo de 2004, a los 38 años de edad. La American Association for the Advancement of Science (AAAS), que publica el semanario Science, dedicó su congreso anual a la memoria de Reimer. Se presentaron trabajos al congreso sobre la genética del sexo cerebral.

Por supuesto no son los genes, sino la categorización social, la que asigna elementos neutros, como la falda o los adornos en la ropa, a cierto género. También es verdad que el dominio masculino encuentra mayor valor en todo cuanto hacen los hombres. Lo triste es que esta categorización por el sexo dominante sea aceptada sin titubeos por mujeres cultas: “Se guardan para ellos la Física y nos refunden en las Letras Clásicas” define, como nada, el triunfo de la ideología masculina dominante.

En el citado congreso de la AAAS, Eric Vilain y colaboradores presentaron estudios realizados a cerebros masculinos y femeninos. “No esperábamos encontrar diferencias genéticas entre los cerebros de diverso sexo; pero descubrimos que cerebros de macho y hembra difieren en muchas formas medibles, incluyendo anatomía y función”, Molecular Brain Research, octubre de 2003.

Contacto por e-mail con la Universidad de California en Los Ángeles: Elaine Schmidt, elaines@support.ucla.edu

 

“Nuestros hallazgos pueden ayudar a responder una importante cuestión: ¿por qué nos sentimos machos o hembras?”. Antes de existir testosterona para guiar el proceso de diferenciación sexual del cerebro, los genes han dado órdenes en ese sentido. “Por estudios previos, sabemos que las personas transgénero poseen niveles de hormonas normales. Su identidad de género es posible que pueda explicarse por algunos de los genes que hemos descubierto”.

En cuanto a homosexuales que no buscan ni desean reasignación de sexo, la inmensa mayoría, son notables los casos de gemelos monocigóticos (de un mismo óvulo y mismo espermatozoide) que, si bien en su mayoría presentan la misma orientación sexual, una minoría la tiene diversa. Son idénticos, salvo en la sexualidad. “Es muy posible que la identidad sexual y la atracción física estén hard-wired, hechas de conexiones físicas en el cerebro; si lo aceptamos debemos reducir el mito de que la homosexualidad es una elección y examinar nuestro sistema legal en concordancia”, concluyen.

 

Luis González de Alba
Escritor. Su más reciente libro es No hubo barco para mí. www.luisgonzalezdealba.com

 

28 comentarios en “La identidad de género nos viene de la naturaleza

  1. Me adelanto a un debate puramente semántico y por lo mismo aburrido. Yo empleo “orientación” sexual como opuesto a “elección” sexual. La elección es voluntaria, la orientación no lo es. Elijo ponerme una camisa, pero el gusto por cierto diseño es orientación no explicable: “en gustos se rompen géneros”. Claro, un psicoanálisis profundo siempre podrá encontrar elementos para un gusto, a veces. Pero no para una orientación sexual: no hay padre ni madre ni contagio ni aprendizaje que explique el gusto por el sexo opuesto o por el propio.

    Empleo orientación para lo que me gusta porque sí, me gusta y ya: me gustan las lentejas y el tequila, detesto el pulque. Hasta su olor. Llamo orientación a lo que no puedo elegir: me gusta sin remedio: me gustan los hombres, me gusta Mahler, me gusta Humberto Alvarez en su foto con corbata desanudada… me gusta Salomé de Strauss y Edipo de Stravinsky, me gustan sin remedio las Variaciones Goldberg de Bach, me gusta el sonido del hebreo, no lo puedo remediar ni cambiar mi elección. Me gustan la cuántica y Mozart. Son una orientación innata (aunque, claro está, si nada de eso hubiera leído o escuchado, no sabría el enorme gusto que me estaría perdiendo… por eso todo lo pruebo…
    En resumen: mis elecciones las puedo cambiar: no me voy con Paco sino con Pepe; mi orientación sexual, no: ambos son hombres.

    Aunque siempre hay filtraciones sociales: “Mamá, ¿por qué me gustará tanto el cordero?” “Hijo, te crié con cordero, hasta el cocido lo hacía de cordero, en el pueblo no había vaca y cerdo no comemos”. Pero nada ha logrado que me guste el pulque ni la mota. Y no hay cárcel ni infierno ni hormonas ni inyecciones que nos hagan cambiar la orientación sexual.

  2. Usted menciona que una minoría de hombres, 10 o 12 % son homosexuales, después dice que una minoría de esa minoría siente que su sexo no corresponde con su identidad de género y explica las razones, luego entonces uno concluye, las personas que sienten que su género les fue mal asignado son homosexuales, pero mas tarde dice que “no es el caso de la persona homosexual que está perfectamente definida…” creo que hay una contradicción ¿no le parece?

    • Quien es homosexual siente atracción sexual por su propio sexo sin sentir por ello que “está en el cuerpo equivocado”. Pero si uno siente que está en el cuerpo equivocado, por ejemplo, uno tiene cuerpo de hombre y siente que debería ser mujer, entonces su atracción por los hombres es el de una “mujer interior” aprisionada en un hombre. Desde el exterior, es un homosexual. El sentimiento interno no lo es: siente que es mujer a la que le gustan los hombres.

      • Creo necesita mas investigación lo que me comentas, confundes muchas cosas, principalmente porque las personas transexuales puedes sentir atracciones sexuales de todo tipo, como toda la humanidad, no exclusivamente a su género contrario. es decir, a un hombre transexual (hombre con vagina) le pueden gustar hombres, mujeres, ambos o hasta ninguno, Las personas trans no estamos aprisionadas en cuerpos ni nada asi, solo tenemos una morfologia distinta a la mayoritaria, sugiero mayor acercamiento a la población y menos a los documentos patalogizantes y cientificos que hablan por nosotros.

        • Bien por ustedes, gab. En mi nota me refiero, creo que claramente, a quienes sienten, y lo dicen, que viven en un cuerpo equivocado. Como los niños criados como niñas por pérdida del pene recién nacidos y que uso de ejemplos: siempre supieron que eran hombres… De alguna forma, lo sabían. El artículo que cito dice por qué. Si alguien tiene otros datos, que los publique en el mismo journal.

          Escribo una vez al mes una nota de divulgación en Nexos, una a la semana en Milenio: leo y explico temas que me interesan y espero que interesen. A veces sobre galaxias lejanas, partículas atómicas, origen de la vida, otras sobre sexualidades. No soy astrónomo ni físico ni sexólogo. Soy un hombre al que le gustan los hombres que parecen hombres según los estándares de mi sociedad. Quise aportar datos nuevos para quienes desean cambiar de sexo (no es mi caso ni el de nadie que conozca) y los médicos les niegan esa opción. Para los que no, pos no…

  3. Me encanta como escribe González de Alba.
    Reflexión relevante en todas la épocas para la liberación de muchas conciencias que dudan porque sólo creen.
    Aunque en el fondo si son o se hacen las orientaciones (que vemos que no)….todos y todas merecen respeto al igual que todos y todas.
    Gracias Dr.

  4. Este artículo presenta datos muy interesantes, pero está terriblemente mal redactado. Es confuso, se contradice y tiene errores sintácticos que lo hacen parecer una traducción mal hecha.

    • Fargok: Los errores sintácticos se pueden corregir en linea si ofrece usted ejemplos. Las contradicciones puedo aclararlas aquí, como acabo de hacer arriba en la aclaración a Martín S. (espero).

  5. Por el contrario a mi me parece una redacción clara la del artículo.Claro que tiene que ir explicando los pormenores de las contradicciones que el tema conlleva. Recomiendo leerlo lentamente para ir reflexionando cada párrafo.

  6. Me parece que el artículo está simplificando una asunto que es bastante complejo. Para empezar me parece que el autor está planteando una falsa dicotomía al trata de asegurar que la identidad de género viene por naturaleza. Yo propondría, primero, que el autor definiese que es identidad de género. Segundo, que explicase cuáles son las implicaciones al asegurar que la identidad de género nos viene por naturaleza. ¿Quiere decir que jugar con carritos vs muñecas está codificado en nuestros genes? ¿o está programado en nuestro cerebro?¿Todas las conductas y cogniciones asociadas a la identidad de género tienen la misma explicación? Lo que el autor propone es una falsa dicotomía porque tanto lo innato como lo adquirido influyen e interactuan en la formación de la identidad de género, asegurar que sólo uno u otro tiene una influencia exclusiva es una falacia, por no decir que es desinformación.
    Por otro lado, el autor parte de una visión binaria de identidad de género que no es apoyada empíricamente. Simplemente porque es difícil definir biológicamente que es necesario y suficiente para ser hombre o mujer. Ya sea por criterios genéticos, celulares, hormonales y anatómicos, no se pueden definir 100% sin ambigüedad el sexo, ahora imagine algo más complejo como la identidad de género. Para más información le recomiendo leer una editorial reciente en Nature. http://www.nature.com/news/sex-redefined-1.16943
    Finalmente, el autor utiliza ejemplos de personas a las que les fue asignado un sexo con el cual no se identificaron de adultos. Pero no considera todos los sujetos que pasaron por una reasignación de sexo, cuántos fueron existosos y cuántos no. Para mí esa es una forma sesgada de presentar la información. Además, no toma en cuenta que las personas son dinámicas y en constante desarrollo. Esta última podría ser también una explicación alterna a los ejemplos que describe en el texto.

    • Yo no simplifico nada. Lo hacen, si fuera el caso, los autores de esta investigación. Las reclamaciones y aportaciones de datos opuestos dirigirlos no a mí, que no publiqué sino el resumen, sino a los autores:
      Contacto con el equipo para enviar datos diversos: Gina di Gravio, ginad@bu.edu

      • Perdone, estimado autor, pero al margen de la cuestión si se ha simplificado algo o no, no puede echarle la culpa a los autores de los estudios, pues es usted quien ha seleccionado precisamente qué incluir y qué no (cuáles estudios, cuáles no) en su resumen.
        El artículo es interesante.
        Saludos

  7. Artículo interesante, aunque la parte sobre la diferencia observada entre cerebros femininos y masculinos merece un cuestionamiento. El cerebro humano es increíblemente plástico; las diferencias que se observan en la edad adulta entre un cerebro feminino y masculino no es simplemente la causa de la identidad de género, pero también su consecuencia. Inevitablemente, tras x años de ser socializado según su género, el cerebro imprime esas marcas, es moldeado por las interacciones que la persona tiene con su entorno, que varía si es hombre o mujer. La bióloga francesa Caterine Vidal ha hecho realizado trabajos interesantes sobre el tema.

  8. Matt Ridley escribió Genoma en 2000. Estamos en 2015 y mucha nueva información surgió o se aclaró en estos quince años.
    Por eso a los alumnos de posgrado se les dice que “actualicen su bibliografía” y se les pide que busquen su información en fuentes primarias.
    Supongo que para el tipo de público que busca el autor, esas son minucias.

  9. Los gemelos fueron conocidos con los pseudónimos John y Joan en todos los artículos de John Money y también en los de Milton Diamond.
    La prensa supo del caso en 1997, por el artículo en Rolling Stone “The true story of John/Joan” de John Colapinto.
    Muchos escritores retomaron el impactante caso, entre ellos Matt Ridley, cuyo recuento de la historia es tan bueno como lo sean sus referencias, o las referencias que eran accesibles en 2000.
    En el año 2001, John Colapinto expandió su artículo en un libro completo titulado “As nature made him: the boy who was raised as a girl”. Este libro contó con permiso de los involucrados para dejar de usar los pseudónimos.
    Los gemelos conocidos como John y Joan, nacieron como Brian y Bruce Reimer, en Winipeg Canada. Fue Bruce Reimer quien perdió el pene con el novedoso aparato cauterizador que no estaba indicado para usarse en circuncisiones. El Dr. John Money sugirió y se encargó de su reasignación de sexo, que incluyó cambiar su nombre a Brenda Reimer.
    Brenda Reimer rompió todo contacto con John Money a los catorce años, mismo año en que adoptó una identidad masculina bajo el nuevo nombre que había elegido: David Reimer.
    Cuando David Reimer fue contactado por Milton Diamond, estaba casado y tenía hijos adoptados. En 1997, e incluso en 2001, la historia parecía haber tenido un final feliz.
    ¿Cómo podrían haber sabido los que escribían del caso en 1997, 2000 ó 2001 lo que iba a pasar en 2004?
    NOTA: Yo creo que es verdad que la identidad de género nos viene de la naturaleza y no estoy tratando de implicar que el caso de David Reimer es único y singular. Como consecuencias del caso David Reimer la universidad John Hopkins hizo el esfuerzo de recontactar a todos los que habían sufrido reasignación de sexo al nacer en sus instalaciones y las historias resultaron bastante reveladoras.

  10. En mi libro de quinto año de primaria se leía que Saturno era el único planeta que tenía anillos. Ese mismo año (1979) la sonda Voyager 1 nos informó que Júpiter también tenía anillos.
    Por supuesto, en el universo del salón de clases, nada había cambiado. El libro decía que Júpiter no tenía anillos, así que eso era lo que se esperaba que nosotros “supiéramos” y contestáramos en el examen si queríamos seguir siendo el niño de los dieces.
    Es una mentalidad terrible que es muy difícil de erradicar. La verdad, yo no entiendo de qué sirve divulgar trozos de información, por más interesante que sean, si al mismo tiempo se están promoviendo este tipo de vicios.
    ¿Cómo podría recomendarle a mis alumnos leer este texto, si contradice todo lo que yo estoy tratando de enseñarles? (Con respecto al manejo de la información, no de las diferencias de género, aclaro)

    • ¿Y alguien le pide que lo recomiende a sus alumnos? Nexos no es un journal ni tiene revisión por pares. En todo caso, usted y yo estamos tratando de enseñar cosas muy diversas. Yo una vez a la semana en Milenio y una al mes aquí. Y tampoco entiendo para qué sirve esta sección de comentarios. Yo la quitaría por inútil y porque entra gente de la que no sabemos nada ni le podemos tener confianza en lo que afirma. Le aseguro que no pienso ir a Winipeg a rastrear si son dos casos diferentes, el de Joan luego llamado John desde sus 14 años, y el de David Reimer, quien se suicidó a los 38 años y la AAAS le dedicó su congreso anual. Yo digo que son dos casos distintos y que usted es la que revuelve la información. Pero si tuviera razón y fuera el terrible final de Joan tampoco cambia nada de mi nota. Salvo que Nexos se perderá de que los alumnos de usted lo lean.

  11. Verdaderamente no puedo creer los comentarios que acabo de leer. Este es un articulo formidable, como todos los del autor en las múltiples áreas que se especializa desde hace ya muchos años, y de verdad no creo que la critica no constructiva y poco objetiva sea la intención que se busca con permitir comentarios. Considero que el autor tiene la libertad de elegir el estilo que le plazca para redactar y no por eso incurre en errores, y mucho menos sintácticos. El tipo de información tan especializada que el articulo contiene (de áreas medico-biológicas), dado que el autor no posee la capacidad técnica para criticarlo, no puede ser ni interpretado ni modificado por el mismo, por lo tanto las criticas dirigidas a los datos técnicos por obvias razones están equivocadamente dirigidas al autor y deberían siempre estar dirigidas a los autores de las fuentes primarias para cada dato en especifico. Encuentro fascinante la manera en que al autor maneja los conceptos y términos especializados del área principal (sexología) sin llegar al mal empleo de estos y la perspectiva de -orientación- y -elección-, en este contexto, no podría ser mas apropiada y sobretodo realista.

    Gracias.

    Dr. Sanchez

    • Matt Ridley no tiene la culpa de que el libro “As nature made him: the boy who was raised as a girl” fuera publicado en 2001, ni que David Reimer se haya suicidado en 2004.
      El autor tampoco comete ninguna falta cuando escribe la historia como la logró armar de acuerdo a las fuentes que encontró disponibles.
      Pero cuando escribe la misma historia equivocada una y otra vez, ignorando fuentes que están completamente a su disposición, eso es definitivamente un error.
      La idea de que la identidad de género es innata era muy controversial allá por el año 2000, pero hoy en día, entre los científicos de las ciencias biológicas, es la idea mayoritaria. Sigue sonando extraña para los que vienen de una formación en ciencias sociales, pero algunos ya tuvimos 15 años para asimilar el golpe a nuestra forma de ver el mundo.
      Curiosamente, allá por el 2000, la historia de David Reimer se usaba como argumento CONTRA la reasignación de sexo. El caso es que David Reimer nació hombre e intentar reasignarlo como mujer no funcionó.
      Para abogar por la reasignación de sexo funciona mejor la historia de Cheryl Chase, quien nació genéticamente mujer, pero con un clítoris tan grande que parecía pene. A los médicos les pareció más importante que “fuera una mujer normal”, a que conservara sus funciones sexuales.
      Pero al autor no le interesa ver información que lo saque de la línea de argumentación que ya decidió tomar. En la siguiente cajilla, pongo una referencia para los lectores, no para el autor, a quien sé que no le interesa.

      • Creo que usted, Lydia, no se ha percatado de que Nexos es una revista dirigida a las ciencias sociales. Mi sección es la última en la revista. Hace años publico aquí. Pero tengo desde 2009 publicando cada mes. La primera ocasión, cuando presenté el tipo de datos que usted maneja y en los que es experta, causé una ola de furor entre los sociólogos y sociologistas: no podían creer que alguien (yo) presentara posturas tan reaccionarias y basadas en la biología, los genes y demás temas y no en la educación y el aprendizaje. Todavía creen en Margaret Mead y en que “la mujer se hace, no nace”.
        Ahora, con usted, tengo el reverso de la moneda. Estoy acostumbrado.

        • Perdón, pero lo dije mal: Nexos NO está dirigida a las ciencias sociales, sino a los ASUNTOS sociales, política, partidos, narcos, violencia… Y leer que la reasignación de sexo sea un fracaso porque no es posible educar a un niño como niña, produce escándalo en la religión de Beauvoir y Mead que aquí es la única verdadera. Por eso le dedico tiempo y espacio.
          Para su puesta al día: Júpiter no es el único planeta con anillos descubiertos en estos años, también Urano y Neptuno.

          • En algún momento me enteré de los anillos de Urano y Neptuno. Sólo es que no me enteré en 1979. Así funciona: a veces la información no está disponible y no tenemos más remedio que ignorarla. Una vez que está disponible ya tenemos más opciones.
            Creo que usted no se ha percatado de que debajo puede encontrar la liga a un artículo titulado “Gender gap. What were the real reasons behind David Reimer’s suicide”, de John Colapinto.
            Para cualquiera que lea ese artículo sólo le quedan dos opciones: aceptar que David Reimer es John, o alegar que todo es un compló. Espero que otras personas lo lean. Ya no tengo mucho interés en que usted lo haga.

        • Sé bien que causó revuelo. Yo también sufrí un gran impacto cuando leí del caso de David Reimer en 2002, en el libro “The Blank Slate: the modern denial of human nature” de Steven Pinker. Aunque mi formación no es en ciencias sociales, yo había comprado muchos de esos prejuicios y fue una aventura intelectual desmantelar una visión completa que tenía de la sociedad. Yo introduje a muchos de mis colegas en este tipo de lecturas y aunque al principio también se resistieron, poco a poco empezaron a estar tan fascinados como yo.
          Tiempo después, lo descubrimos a usted, quien era la única persona que manejaba estos temas en español y lo empezamos a seguir. Para quien está acostumbrado a leer en inglés, es siempre frustrante no poder compartir los textos que considera fascinante. La traducción del mejor libro de Pinker, “How the mind works?” está terriblemente mal hecha. Casi desde la primera página me encontré con que “Rosie the Maid” se tradujo como “Rosie la loca”, cuando debe ser Robotina la de los supersónicos.
          Así pues, su columna resolvía ese problema. Pero fue pasando el tiempo y mucha de esta información se “puso de moda”, frecuentemente malinterpretada para mi punto de vista. Mi principal problema es que los autollamados escépticos ponen al mismo nivel “la luz es una onda electromagnética” con “existe una correlación inversa entre la dieta vegetariana y el estado general de salud”.
          En el caso de su columna, yo empecé a encontrar problemas desde hace un buen tiempo. Cada quien tiene su punto de vista, así que no voy a caer en decir que usted está mal y yo estoy bien. Sin embargo, yo supe de David Reimer en 2002, por el libro de Steen Pinker y conseguí todos los artículos de John Money y Milton Diamond para un artículo que escribí en 2008. Yo no soy experta en el tema pero sabiendo que la información iba a ser muy controversial traté de apoyarla lo mejor que pudiera.
          En el libro de Pinker, escrito en 2002, también se dice que David Reimer se casó con una mujer y que vive “muy feliz”. Era 2008 y usé Google para averiguar que había sido de David Reimer y me entero de que se suicidó en 2004. Fue muy decepcionante para mí saberlo y me obligó a modificar lo que estaba escribiendo. Por eso añadí el párrafo donde menciono a 14 bebés con “extrofía cloacal” que fueron reasignados como mujeres.
          Fue decepcionante, pero uno no se puede pelear con la realidad. Por eso no entiendo su obsesión con creer que David Reimer no es Joan de los artículos de John Money y Milton Diamond. Las publicaciones de John Colapinto lo dejan muy en claro y Colapinto es “fuente primaria” porque fue quien lo entrevistó y hasta compartió las regalías de su libro con Reimer. Matt Ridley vive en Inglaterra y está igual que nosotros: basa su información en lo que está disponible para leer.
          No entiendo como puede usted negarse a analizar una evidencia tan sólida que, me consta, tiene (o ha tenido) al alcance de la mano. Negarse a modificar las conclusiones propias a la luz de nueva evidencia es la antítesis del pensamiento científico. Eso es lo que le estamos pidiendo a la gente de ciencias sociales: que cambien la visión de género que surgió en los años sesentas debido a gente como Margaret Mead, porque la NUEVA EVIDENCIA DISPONIBLE contradice esa visión. Cuando se niegan a ver la evidencia les decimos que así no funciona el pensamiento científico.
          ¡Y entonces usted hace exactamente lo mismo!

          • Para las conclusiones de mi artículo, basado en una revisión de 2015, no en Ridley, lo mismo es que sean dos o un caso. Si Joan fue el David Reimer suicida, lo cual no niego tercamente, sólo me llega de súbito y de una voz, la suya, que desconozco y citas que no he comprobado, sólo me lleva a pensar en que el regreso a la masculinidad del gemelo Joan-John o Joan-David me plantea un nuevo dilema: ¿qué le ocurrió para llegar al suicidio? A los 14 años supo la verdad y volvió a su sexo de nacimiento, se casó con una mujer y adoptó hijos, ¿qué cambió en esa vida para orillarlo al suicidio?
            Por el contrario de lo que usted dice, ahora estoy más interesado. Y por supuesto leí desde anoche (la madrugada de hoy) el texto que usted transcribió. Me resultó de enorme interés. Pero mis conclusiones son las mismas: el cerebro nos dice, desde la infancia temprana, que somos niños o niñas. Y me hago la misma pregunta: ¿por qué hay personas que sienten estar en el cuerpo equivocado? Sin castraciones accidentales ni otra variable. Y por eso buscan reasignación quirúrgica de sexo. Es el tema de mi artículo, no si Joan es David, vive casado o se suicidó.

  12. http://www.slate.com/articles/health_and_science/medical_examiner/2004/06/gender_gap.html

    David Reimer was one of the most famous patients in the annals of medicine. Born in 1965 in Winnipeg, he was 8 months old when a doctor used an electrocautery needle, instead of a scalpel, to excise his foreskin during a routine circumcision, burning off his entire penis as a result. David’s parents (farm kids barely out of their teens) were referred to Johns Hopkins Hospital in Baltimore, home of the world’s leading expert in gender identity, psychologist Dr. John Money, who recommended a surgical sex change, from male to female. David’s parents eventually agreed to the radical procedure, believing Dr. Money’s claims that this was their sole hope for raising a child who could have heterosexual intercourse—albeit as a sterile woman with a synthetic vagina and a body feminized with estrogen supplements.

    For Dr. Money, David was the ultimate experiment to prove that nurture, not nature, determines gender identity and sexual orientation—an experiment all the more irresistible because David was an identical twin. His brother, Brian, would provide the perfect matched control, a genetic clone raised as a boy.

  13. Encuentro este artículo sumamente interesante e iluminador Dr. Gonalez de Alba, porque han creado teorías de género que en realidad creo tiene otros matices de interés. Observo a los animales y nadie les ha dado una cultura cuando pequeños y sus actitudes como machos y hembras son diferentes. De verdad siempre he creído lo que aquí por primera vez leo. Muchas gracias.