La violencia extrema que han sacado a la luz la desaparición de 43 jóvenes y la muerte violenta de seis personas más, la infame noche del 26 de septiembre, es ya intolerable. Ha detonado una protesta nacional de enormes proporciones y hondo significado. La indignación y el hartazgo de cientos de miles que han salido a las calles representan las de millones que, desde hace años y hoy, ven con pesar o rabia la degradación política y social de todo el país, en amplias regiones agravada por la omisión o colusión del gobierno con el crimen organizado.
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