La ausencia de reformas que mejoren la calidad del sistema educativo de México ha tenido un costo muy significativo: 0.87 puntos porcentuales de crecimiento adicional en el PIB per cápita, es decir, 11 mil pesos mensuales por cada familia o cerca de tres mil pesos que, mes con mes, en promedio pierde cada mexicano. En términos de pobreza, nuestra incapacidad de emprender una reforma educativa de fondo nos ha costado muchísimo: más de una tercera parte de las personas que hoy se encuentran en pobreza alimentaria podrían estar en mejores condiciones. Chile y otros países han conseguido resultados que sugieren que estas cifras son realistas, así que estos números pueden ser una medida de lo que debería ser el tamaño de nuestro lamento.
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