{"id":89357,"date":"2026-02-01T00:20:41","date_gmt":"2026-02-01T06:20:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.nexos.com.mx\/?p=89357"},"modified":"2026-02-17T07:32:56","modified_gmt":"2026-02-17T13:32:56","slug":"metafora-en-chipilo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.nexos.com.mx\/metafora-en-chipilo\/","title":{"rendered":"Met\u00e1fora en Chipilo"},"content":{"rendered":"<p>Ah\u00ed frente a los volcanes, como escondido, en mitad de la carretera libre que lleva a Atlixco, est\u00e1 desde que se fund\u00f3 a fines del siglo XIX un lugar llamado Chipilo. Por fortuna a nadie se le ha ocurrido decretar que es un pueblo m\u00e1gico porque su magia no tiene el folklore ruidoso de otros lugares. Su magia es la tranquilidad, la vida diaria de sus calles lo mismo que una extensi\u00f3n natural de la vida en las casas. Sencilla y campesina como la \u00edndole de sus fundadores. Chipilo es un pueblo de migrantes italianos. En 1882 recibieron, para asentarse con el deseo de olvidar la pobreza que entonces sufr\u00eda su pa\u00eds, la tierra m\u00e1s dura y menos f\u00e9rtil del nuestro, un lugar en el que vivir con lo que sab\u00edan hacer. Orde\u00f1ar vacas, sembrar alfalfa para alimentarlas, hacer quesos. El gobierno de entonces promov\u00eda la inmigraci\u00f3n europea. Los colonos que llegaron a Chipilo salieron del V\u00e9neto empujados por una pobreza que ahora no podemos imaginar. M\u00e9xico les ofrec\u00eda una ayuda al principio y la promesa de que podr\u00edan conservar su lengua y sus costumbres. El V\u00e9neto tiene ahora las m\u00e1s bellas y relucientes carreteras, pueblos brillantes que parecen museos vivos. Est\u00e1 en el ombligo de uno de los m\u00e1s ricos territorios del mundo pero entonces era tan pobre que sus habitantes ten\u00edan que imaginarse la vida en otra parte. De aquel V\u00e9neto vinieron esos italianos cuyos descendientes, m\u00e1s de un siglo y medio despu\u00e9s, siguen hablando su lengua original. Un dialecto que ya no se habla ni en Italia. Y a\u00fan despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, andar por ah\u00ed es como irse de viaje a un tiempo remoto que marca, por ejemplo, la tienda de Blanquita, una mujer alegre y suave en donde se venden quesos, pan, bu\u00f1uelos, jam\u00f3n, ravioles. Puras cosas salidas de su horno y su establo. En las paredes hay las fotos de sus antepasados, unos bisabuelos que ya me resultan m\u00e1s cercanos de lo que habr\u00e1n sido quiz\u00e1s los padres de mi abuelo italiano, a quienes yo no vi nunca. De ese mundo me estoy sintiendo parte desde que puse los cimientos de una casa ah\u00ed cerca, para mirar los volcanes siempre rodeados de un cielo distinto.<\/p>\n<figure id=\"attachment_89313\" aria-describedby=\"caption-attachment-89313\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"89313\" data-permalink=\"https:\/\/www.nexos.com.mx\/metafora-en-chipilo\/01-chipilo\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/01-chipilo.webp?fit=800%2C564&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"800,564\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"01-chipilo\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Daniel Mastretta&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/01-chipilo.webp?fit=640%2C451&amp;ssl=1\" class=\"size-full wp-image-89313\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/01-chipilo.webp?resize=640%2C451&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"451\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/01-chipilo.webp?w=800&amp;ssl=1 800w, https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/01-chipilo.webp?resize=300%2C212&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/01-chipilo.webp?resize=768%2C541&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/01-chipilo.webp?resize=600%2C423&amp;ssl=1 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-89313\" class=\"wp-caption-text\">Daniel Mastretta<\/figcaption><\/figure>\n<p>Junto a esos cimientos que han ido creciendo, ha estado desde hace 35 a\u00f1os otro lugar fundacional. En mi \u00faltima visita supe una historia que no puedo sino considerar un buen augurio.<\/p>\n<p>Se llama Leona, tiene 14 a\u00f1os y camina con el tes\u00f3n de quien ha visto tanto que no quiere perderse lo que sigue. A pesar de cuanto se dice que estorba, que se atraviesa, que ya no oye nada, que hay que buscarle los ojos y ponerle un trozo de jam\u00f3n frente a la nariz para que de algo se entere, yo veo en su andar de vieja un impulso joven.<\/p>\n<p>Se habla de su nombre como el \u00fanico remanente de una \u00e9poca dorada a la que ya no se puede ni se quiere volver. Los a\u00f1os en que el patio de esa casa ante el volc\u00e1n se dejaba atravesar por la existencia de seis o siete perros al mismo tiempo. Unos finos, otros corrientes, unos grandes, otros chicos, unos con <em>pedigree<\/em> y otros abanic\u00e1ndose con su cola de plumero de barrio. No una manada sino m\u00e1s bien una parvada de perros a los que alimentar y con quienes condescender; se le sumaban, seg\u00fan las fechas, desde la inaudita presencia de unos avestruces hasta la de varios caballos, sesenta borregos, una burra, una vaca y quince gallinas con su correspondiente y compartido gallo. Parece que todo sucedi\u00f3 hace much\u00edsimo tiempo, pero \u00bfqu\u00e9 son quince a\u00f1os?<\/p>\n<p>No s\u00e9 qu\u00e9 recordar\u00e1 la Leona de todo esto. Hay quien asegura que los perros no piensan, yo creo que s\u00ed. En desorden, como destellos, as\u00ed, como pienso yo. A los perros algo se les ocurre cuando nos miran y se equivocan creyendo que sabemos m\u00e1s de lo que ellos intuyen. Me conmueve Leona revisando el suelo que pisa mientras sigue a tientas a la brav\u00eda mujer que la compr\u00f3 con la promesa de que ser\u00eda un perro de raza conocida porque as\u00ed se lo vendi\u00f3 do\u00f1a Wiges, una matrona cuya propiedad reina en una calle de Chipilo y que lo mismo vende chinchetas que tractores en su tienda de puerta peque\u00f1a desde la que se mira un corredor inescrutable. De \u00e9l pueden salir desde unas pantuflas, un traje de princesa, un bicolor hasta un mu\u00f1eco de nieve, un coche o un perico. Tiene todo. Alguien la llama el \u00c1mazon de Chipilo. Con la diferencia de que ella tiene amarrado a la cintura un delantal con monedas, porque en Chipilo a\u00fan se usa casi siempre el dinero corriente. De ah\u00ed sali\u00f3 la Leona a ganarse un lugar en la \u201cparvada\u201d.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 el intr\u00e9pido tiempo con sus cambios y sus derrotas. Ya se hab\u00edan ido yendo todos los dem\u00e1s perros a la cuna bajo el guayabo en que los entierran. Una noche, tras no verla en todo el d\u00eda no qued\u00f3 m\u00e1s remedio que imaginar a la vieja Leona muerta bajo alg\u00fan pino. Ya no ladra, ya no corre, ya no defiende el suelo ajeno aunque a\u00fan puede resistirse cuando alguien quiere levantarla del piso para evitarle un tropiezo. La buscaron esa noche, la vocearon a la ma\u00f1ana siguiente y a la siguiente tarde. Hasta que apareci\u00f3 Juan, quien resuelve cuanta cosa sea necesaria, con su condici\u00f3n de indescifrable observador de todo, y avis\u00f3 que la hab\u00edan encontrado. Estaba al fondo de la fosa en que se hace la composta. Un hoyo de quince metros de profundidad al que se van echando los restos de toda la basura org\u00e1nica que existe desde hace 35 a\u00f1os en que la tierra tiesa y seca de esa propiedad empez\u00f3 a ser trabajada con esperanza hasta volverse un oasis. Era tiempo de aguas cuando Leona se cay\u00f3 a ese barranco lleno de noble podredumbre, pestilente por m\u00e1s biodegradable que sea. La encontraron ah\u00ed, tirada, como la c\u00e1scara de una fruta impert\u00e9rrita. Y la dieron por muerta todos menos Lorena, la ni\u00f1a de la casa confiada en la gente como ya nadie quiere confiar. Llam\u00f3 a los bomberos y como no pudieron ir fue buscando ayuda hasta encontrarla en la oficina de Protecci\u00f3n Civil del pueblo cercano. Se presentaron en la casa dos muchachos dispuestos a todo aunque supieran que todo parec\u00eda imposible. Si estaba viva, lo que no pod\u00eda saberse, Leona tendr\u00eda rotas las costillas, las patas o el cuello. No hab\u00eda una escalera con esa profundidad y no qued\u00f3 m\u00e1s remedio que echar una cuerda al fondo, y tratar de lazar a la viejita. La cuerda le at\u00f3 el cuello y la subieron seguros de que el rescate s\u00f3lo servir\u00eda para llevarla muerta al guayabo con la solemnidad del caso. La \u00faltima de un largo linaje. Si se romp\u00eda la cuerda, su tumba iba a ser el basurero porque a los muchachos de Protecci\u00f3n Civil ya los llamaban de urgencia por un se\u00f1or viejito que no pod\u00eda bajar de su azotea. Poco a poco la fueron subiendo, desmayada. Cuando lleg\u00f3 a lo alto la pusieron sobre la tierra h\u00fameda. Vi\u00e9ndola inm\u00f3vil, soltando al aire un aroma podrido, uno de los muchachos se atrevi\u00f3 a ponerla patas arriba y sobarla, para ver qu\u00e9 pasaba. Hab\u00eda llegado el veterinario para dormirla en cuanto estuviera afuera del hoyo chillando su desesperanza. Para sorpresa de todos Leona se levant\u00f3 como si la hubiera jalado un cometa, sacudi\u00f3 su esqueleto y le movi\u00f3 la cola a la preocupada tertulia. \u00bfY de morirse? Nada. La ba\u00f1aron cinco veces durante los siguientes tres d\u00edas hasta quitarle el olor a escarcha de sus noches pasadas en el limbo.<\/p>\n<p>Cuatro meses m\u00e1s tarde se acabaron las lluvias y es mitad del invierno. Leona sigue viva, cada vez m\u00e1s flaca y m\u00e1s sorda pero siempre dispuesta a levantar su cara de vieja esc\u00e9ptica que deja de serlo si se le acerca una galleta. Una met\u00e1fora en Chipilo. \u00bfC\u00f3mo no ver mi futuro en esa vejez a\u00fan \u00e1vida?<\/p>\n<p><strong>\u00c1ngeles Mastretta<\/strong><\/p>\n<p>Escritora. Autora de <em>Yo misma. Antolog\u00eda<\/em>, <em>El viento de las horas<\/em>, <em>La emoci\u00f3n de las cosas<\/em>, <em>Maridos<\/em>, <em>Mal de amores<\/em> y <em>Mujeres de ojos grandes<\/em>, entre otros t\u00edtulos<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ah\u00ed frente a los volcanes, como escondido, en mitad de la carretera libre que lleva a Atlixco, est\u00e1 desde que se fund\u00f3 a fines del siglo XIX un lugar llamado Chipilo. Por fortuna a nadie se le ha ocurrido decretar que es un pueblo m\u00e1gico porque su magia no tiene el folklore ruidoso de otros lugares. Su magia es la tranquilidad, la vida diaria de sus calles lo mismo que una extensi\u00f3n natural de la vida en las casas. Sencilla y campesina como la \u00edndole de sus fundadores. Chipilo es un pueblo de migrantes italianos. 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