{"id":89333,"date":"2026-02-01T00:08:58","date_gmt":"2026-02-01T06:08:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.nexos.com.mx\/?p=89333"},"modified":"2026-02-23T14:17:27","modified_gmt":"2026-02-23T20:17:27","slug":"un-hogar-llamado-hannah-arendt","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.nexos.com.mx\/un-hogar-llamado-hannah-arendt\/","title":{"rendered":"Un hogar llamado Hannah Arendt"},"content":{"rendered":"<p><strong>Una traves\u00eda sin br\u00fajula<\/strong><\/p>\n<p>En su ensayo \u201cSobre Arendt\u201d el poeta Robert Lowell describe lo que sinti\u00f3 al leer <em>Los or\u00edgenes del totalitarismo<\/em> en la Nueva York de los a\u00f1os cincuenta: \u201cMe sent\u00eda sin tierra y solo, y le\u00ed a Hannah como si estuviera yendo a casa, o como si leyera Moby Dick por segunda vez: ya no buscando la aventura, sino el viaje de la sabidur\u00eda, la tragedia de Am\u00e9rica\u201d.<sup><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">1<\/a><\/sup> Me conmueve c\u00f3mo Lowell habla de esa lectura: no como conquista sino como regreso; no como el consumo de un texto dif\u00edcil sino como un reencuentro tr\u00e1gico con algo propio, algo que ha sido transformado. En ese gesto el hogar no es un lugar que espera, sino donde se reconoce, con disonancia y sin resoluci\u00f3n f\u00e1cil, lo que el viaje ha hecho de una.<\/p>\n<p>Le\u00ed a Arendt por primera vez \u2014<em>Los<\/em> <em>or\u00edgenes\u2026<\/em>\u2014 el a\u00f1o que cumpl\u00ed 18, antes de comenzar la licenciatura. As\u00ed zarp\u00e9 hacia un oc\u00e9ano desconocido: al principio como aventura pero muy pronto como un viaje que tambi\u00e9n devolv\u00eda a casa. Su indagaci\u00f3n rigurosa y estratificada en los horrores que no s\u00f3lo descendieron sobre la modernidad occidental, sino que la constituyeron, abri\u00f3 una puerta doble: una salida de lo conocido y una entrada a un hogar nuevo, m\u00e1s amplio y m\u00e1s exigente: la teor\u00eda pol\u00edtica que a la fecha practico.<sup><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">2<\/a><\/sup> Pero al leer a Arendt no sent\u00ed que entraba a una disciplina aunque \u00e9sta fuese mi iniciaci\u00f3n. Sent\u00ed que un texto me miraba, me expon\u00eda, incluso, a m\u00faltiples dimensiones: hist\u00f3ricas, ret\u00f3ricas, filos\u00f3ficas.<\/p>\n<p>A diferencia de Lowell, mi lectura de Arendt no se parece a leer <em>Moby Dick<\/em> por segunda vez. No he le\u00eddo esa novela. Lo que \u00e9l dice, sin embargo, resuena con mi experiencia, pero es mejor compararla a c\u00f3mo leo <em>La odisea<\/em>, la cual he le\u00eddo muchas veces, completa y en fragmentos, regresando a ella como a una traves\u00eda tr\u00e1gica. Aunque <em>La odisea<\/em> es propiamente una \u00e9pica, me parece justo leerla en clave de tragedia, en sinton\u00eda con Arendt. Ambas insisten en que la acci\u00f3n cambia el mundo, pero tambi\u00e9n cambia al actor y, con \u00e9l, transforma el hogar al que vuelve. No hay retorno intacto.<\/p>\n<p>Arendt ten\u00eda la rara capacidad de escribir de un modo que permite a la lectora pensar que ha entendido lo que ley\u00f3 y, sin embargo, dejarla con la sensaci\u00f3n de que a\u00fan hay algo por desentra\u00f1ar. Leerla exige preguntarse: \u00bfde qu\u00e9 estamos hablando exactamente? Y luego regresar a ella despu\u00e9s de leer m\u00e1s, estudiar m\u00e1s, divagar por sus fuentes \u2014algunas citadas con precisi\u00f3n y otras no tanto\u2014, por los nombres visibles y por los que murmura entre l\u00edneas, sabiendo que una sigue en el camino del descubrimiento.<\/p>\n<p>Cuando Arendt lleg\u00f3 a Ellis Island el 22 de mayo de 1941 a los 34 a\u00f1os ten\u00eda una maleta en las manos y ning\u00fan Estado bajo los pies. No sab\u00eda ingl\u00e9s salvo, como cont\u00f3 luego, algunas l\u00edneas de Shakespeare. En la maleta de 30 kg que arrastraba desde que fue liberada de su detenci\u00f3n por la Gestapo en Berl\u00edn en 1933, iban su acta de nacimiento, su pasaporte, su diploma de doctorado, los \u00faltimos escritos de Walter Benjamin y veinti\u00fan poemas suyos.<\/p>\n<p>Tres d\u00e9cadas despu\u00e9s, tras una vida como escritora y docente en Estados Unidos, muri\u00f3 en Nueva York a los 69 a\u00f1os. Sobre su escritorio qued\u00f3 el manuscrito inconcluso del <em>Juicio<\/em>, el \u00faltimo volumen de <em>La vida del esp\u00edritu<\/em>. Ese destino inconcluso no es s\u00f3lo biogr\u00e1fico: es tambi\u00e9n te\u00f3rico. Arendt nunca busc\u00f3 una teor\u00eda total ni un sistema cerrado. Escribi\u00f3 en capas, regresando a intuiciones a trav\u00e9s de materiales, lentes y constelaciones distintas, con el \u201cpensamiento po\u00e9tico\u201d que le atribuy\u00f3 a Benjamin: dotando de significados a las palabras y de palabras a los significados, como lo hace una poeta. Y as\u00ed lo fue.<\/p>\n<figure id=\"attachment_89291\" aria-describedby=\"caption-attachment-89291\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"89291\" data-permalink=\"https:\/\/www.nexos.com.mx\/un-hogar-llamado-hannah-arendt\/05-hogar-1\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-1.webp?fit=800%2C417&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"800,417\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"05-hogar-1\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Ilustraciones: Jaque Jours&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-1.webp?fit=640%2C334&amp;ssl=1\" class=\"size-full wp-image-89291\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-1.webp?resize=640%2C334&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"334\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-1.webp?w=800&amp;ssl=1 800w, https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-1.webp?resize=300%2C156&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-1.webp?resize=768%2C400&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-1.webp?resize=600%2C313&amp;ssl=1 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-89291\" class=\"wp-caption-text\">Ilustraciones: Jaque Jours<\/figcaption><\/figure>\n<p>No es casualidad que poetas como Lowell, Auden, Broch y Jarrell la leyeran con la intimidad de quien conversa con una igual. Su prosa acompa\u00f1\u00f3 a \u00e9stos y muchos otros poetas y tambi\u00e9n a quienes sin escribir versos viven la polifon\u00eda y lo multidimensional del pensamiento.<sup><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">3<\/a><\/sup><\/p>\n<p>Descubr\u00ed ese car\u00e1cter polif\u00f3nico de Arendt leyendo <em>Sobre la revoluci\u00f3n<\/em> durante la maestr\u00eda. Supe de la noci\u00f3n \u201cresponsabilidad com\u00fan\u201d \u2014con ella pens\u00e9 la violencia que no todos cometemos pero todos compartimos en M\u00e9xico\u2014 durante la licenciatura. Encontrar en <em>Sobre la revoluci\u00f3n<\/em> la noci\u00f3n de lo solidario con esa misma tonalidad \u2014no igual, pero s\u00ed familiar\u2014 me sorprendi\u00f3. Me recuerdo en un caf\u00e9 al aire libre, levanto la vista a mitad de un p\u00e1rrafo y digo en voz alta: \u201cEst\u00e1 diciendo lo mismo que ya he le\u00eddo, pero no exactamente\u201d. No era repetici\u00f3n. Era regreso. Arendt no define sus conceptos: invita a habitarlos.<\/p>\n<p>A\u00fan sigo leyendo a Arendt, con m\u00e1s t\u00edtulos, manuscritos, archivos y poemas en mi propia maleta, pero de modo constante regreso a sus textos como a un hogar. Como Odiseo. Como Pen\u00e9lope.<\/p>\n<p>Este ensayo se desplaza ahora de la traves\u00eda personal a una lectura situada. Las ideas de coraje, fragilidad y perd\u00f3n que estructuran las pr\u00f3ximas p\u00e1ginas no buscan domesticar a Arendt sino leerla en su tensi\u00f3n con el mundo como el hogar com\u00fan, como una pensadora que no entrega certezas sino escenas para pensarlo.<\/p>\n<p><strong>El trayecto: coraje, fragilidad y perd\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Para Arendt la pol\u00edtica es el espacio donde las personas aparecen unas ante otras a trav\u00e9s de la palabra y la acci\u00f3n. No es simplemente el arte de gobernar ni la t\u00e9cnica para resolver necesidades: es, en su sentido m\u00e1s radical, el \u00e1mbito donde comenzamos algo nuevo entre otros y otras, desde nuestra pluralidad. Pero este espacio libre no existe sin conexi\u00f3n con otras dimensiones de la condici\u00f3n humana. Aunque en su libro <em>La condici\u00f3n humana<\/em> Arendt distingue entre labor, trabajo y acci\u00f3n, entiende su profundo entrelazamiento: sin el cuerpo que labora ni las manos que construyen no hay mundo com\u00fan donde actuar.<\/p>\n<p>La labor sostiene la vida: ritmos del cuerpo, cuidado, repetici\u00f3n. El trabajo edifica: crea objetos duraderos, el mundo donde la acci\u00f3n se inscribe y la pol\u00edtica ocurre. Arendt se\u00f1ala c\u00f3mo la filosof\u00eda releg\u00f3 la labor a lo invisible para privilegiar la libertad mental, apoy\u00e1ndose en esclavos, mujeres y sirvientes. Pero tambi\u00e9n el riesgo contrario: confundir pol\u00edtica con mera gesti\u00f3n de necesidades. Su propuesta, en di\u00e1logo con la tradici\u00f3n epistemol\u00f3gica alemana, exige pensar lo conjunto y lo separado a la vez. As\u00ed, la acci\u00f3n no es libertad abstracta: lo natal y lo plural no son esencias ni garant\u00edas sino construcciones fr\u00e1giles que requieren cuidado, juicio y ser responsable.<\/p>\n<p>Lo fr\u00e1gil de estas construcciones se vuelve a\u00fan m\u00e1s visible cuando comprendemos que la acci\u00f3n est\u00e1 marcada por dos rasgos estructurales: lo imprevisible y lo irreversible. Una vez que actuamos, nuestros actos resuenan en la red de relaciones humanas; una vez que hablamos, nuestras palabras ya no nos pertenecen. Lo que decimos y hacemos deja huella en un mundo que no controlamos. Y es all\u00ed donde irrumpe lo tr\u00e1gico: no como tristeza inevitable ni como destino sellado sino como el reconocimiento de que todo acto \u2014aunque l\u00facido o con buenas intenciones\u2014 puede generar consecuencias insospechadas.<\/p>\n<p>En este sentido la vida pol\u00edtica no es heroica en clave \u00e9pica, donde el protagonista conquista y ordena el mundo, sino tr\u00e1gica: el actor entra en escena sin saber qu\u00e9 provocar\u00e1 su acci\u00f3n. La pol\u00edtica exige un valor que no nace de la certidumbre ni de la gloria, como en Marx o Maquiavelo, sino de la disposici\u00f3n a exponerse sin garant\u00edas. Cada acto introduce algo nuevo en el mundo com\u00fan y escapa a nuestro control. Esa irreversibilidad no es un defecto, sino el n\u00facleo mismo de la pol\u00edtica: su profundidad y su peligro.<\/p>\n<p>Por eso, Arendt presenta el coraje como una virtud pol\u00edtica fundamental, pero le da la vuelta a su sentido acostumbrado. En <em>La condici\u00f3n humana<\/em> lo recupera en clave hom\u00e9rica: no como una virtud de excepci\u00f3n sino como lo que hace narrable a una vida. El coraje pol\u00edtico comienza cuando alguien deja el resguardo de lo privado y aparece ante otros. Es all\u00ed donde la libertad comienza: no dentro, sino entre.<\/p>\n<p>En cambio, Arendt critica que la fuerza f\u00edsica y el esp\u00edritu de lucha sean elevados a virtud, como en el caso de H\u00e9rcules limpiando el establo de Aug\u00edas, una tarea cotidiana que s\u00f3lo se vuelve \u201chaza\u00f1a\u201d porque el mito la vuelve \u00fanica y contable. En la realidad, dice Arendt, esa limpieza se repite cada d\u00eda, ejecutada por quienes nunca ser\u00e1n narrados: esclavos, mujeres, sirvientes. Aunque no comparto la jerarqu\u00eda que puede asomarse en ese ejemplo, s\u00ed reconozco su distinci\u00f3n clave. El coraje que le interesa a Arendt no es el de vencer, sino el de traer algo nuevo al mundo.<\/p>\n<p>Yo muchas veces tiemblo \u2014literalmente\u2014 en ese instante antes de hablar, cuando intuyo que mi voz podr\u00eda no ser bienvenida. Conozco bien esa punzada: la pregunta de si aparecer como soy \u2014sin siquiera saber del todo c\u00f3mo soy, y mucho menos c\u00f3mo ser\u00e9 despu\u00e9s de hablar\u2014 costar\u00e1 m\u00e1s que la recompensa. Y si acaso es posible medirlo. Es el miedo y a la vez el deseo de hacer p\u00fablico lo que se pens\u00f3 o se ha sentido en privado; algo que parec\u00eda bajo control mientras viv\u00eda adentro pero que se vuelve indomable al pronunciarse o actuar en el mundo. Arendt no suaviza ese miedo ni promete consuelo. Pero ofrece una compa\u00f1\u00eda: un modo de pensar la tensi\u00f3n entre la fragilidad de exponerse y el coraje de hacerlo de todos modos.<\/p>\n<p>En ese umbral entre miedo y aparici\u00f3n, pienso en Odiseo y Pen\u00e9lope. No lo veo como quien reparte tareas entre lo activo y lo pasivo, lo masculino que act\u00faa y lo femenino que espera \u2014una lectura que rechazo\u2014, sino como dos formas de sostener el mundo desde el coraje arendtiano. Odiseo act\u00faa sabiendo que no hay retorno intacto. Pen\u00e9lope habla con sus manos, hila sin clausura, habita el tiempo herido. Ninguno busca restaurar el pasado; ambos encarnan, a su modo, el riesgo de estar expuestos ante otros sin saber qu\u00e9 ser\u00e1 de ellos o del mundo. En ese riesgo compartido \u2014acci\u00f3n sin control, palabra sin final\u2014 se juega el coraz\u00f3n de la pol\u00edtica para Arendt: no como un espacio de certezas, sino como una pr\u00e1ctica que mantiene el mundo abierto a construir lo com\u00fan.<\/p>\n<p>El coraje implica mostrarse, pero tambi\u00e9n que tal exposici\u00f3n est\u00e1 relacionada con el miedo. Y no cualquier miedo. Aunque Arendt no distingue diferentes formas de miedo expl\u00edcitamente, me parece que su obra orbita alrededor de una diferencia que Heidegger formul\u00f3 en <em>El ser y el tiempo <\/em>entre <em>Furcht<\/em>, el miedo con objeto definido (un oso, una amenaza concreta), y <em>Angst<\/em>, esa ansiedad sin rostro que emerge ante la vastedad de la muerte.<sup><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">4<\/a><\/sup> Pero mientras Heidegger enmarca el <em>Angst<\/em> como una experiencia ontol\u00f3gica del ser-para-la-muerte, Arendt desplaza esa afectividad a un plano pol\u00edtico y mundano: el mundo en el que vivimos. Lo desconocido no es la muerte sino lo que provocar\u00e1 nuestra acci\u00f3n entre otros. La inc\u00f3gnita no es la nada sino la pluralidad. En lugar de buscar trascendencia Arendt se queda en lo fr\u00e1gil de las relaciones en este plano que habitamos: el actor no salta desde lo seguro sino que da un paso desde el miedo que presenta la incertidumbre que son los otros y otras, hacia la aparici\u00f3n, hacia el mundo. Ah\u00ed est\u00e1 el coraje.<\/p>\n<p>Cada palabra deja una huella. Cada acto desencadena lo que no se puede prever ni revertir. Entonces \u00bfc\u00f3mo seguimos apareciendo ante otros \u2014conscientes de que podr\u00edamos herir y ser heridos\u2014 sin romper el lazo que nos vincula?<\/p>\n<p>Es en el v\u00ednculo entre coraje, perd\u00f3n y responsabilidad donde Arendt propone una radical \u00e9tica pol\u00edtica. Ni el coraje ni el perd\u00f3n nacen de la gloria o la inocencia, sino de la decisi\u00f3n de seguir habitando un mundo com\u00fan despu\u00e9s del da\u00f1o. Arendt, desplazada, ap\u00e1trida y perseguida, no escribe sobre el perd\u00f3n como quien niega el horror sino como quien interrumpe que se repita; no como absoluci\u00f3n, sino como apertura: un gesto \u201cpor el bien del mundo\u201d, para que \u00e9ste siga siendo habitable tras la cat\u00e1strofe. De ah\u00ed tambi\u00e9n su idea de responsabilidad com\u00fan: no es la culpa abstracta y legal por atrocidades con infinitos involucrados, sino ser capaces de dar respuesta pol\u00edtica a lo que quiz\u00e1s no hicimos directamente, pero ante lo que tenemos que responder.<\/p>\n<p>La c\u00e9lebre frase de Arendt, \u201cel derecho a tener derechos\u201d, es un juicio feroz contra un orden global que convirti\u00f3 (y ha convertido) a millones de personas en seres sin Estado, sin tierra, sin historia.<sup><a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">5<\/a><\/sup> Frente a una pol\u00edtica fundada en el miedo y la l\u00f3gica de la supervivencia, Arendt apuesta por una pol\u00edtica sin redenci\u00f3n, pero con valent\u00eda: no basada en el terror ni la pureza, sino en la pluralidad, el juicio y el coraje de aparecer con otros, sin garant\u00edas pero de modo responsable.<\/p>\n<p>En este marco, el perd\u00f3n se vuelve una categor\u00eda pol\u00edtica radical: no para olvidar, sino para impedir que el da\u00f1o cierre el futuro. No es algo que suaviza o relativiza, sino aquello que sostiene, con dolor y esperanza, la posibilidad de que el mundo pueda seguir construy\u00e9ndose despu\u00e9s de una fractura irreversible.<\/p>\n<p>El coraje es la voluntad de aparecer sin garant\u00edas; el perd\u00f3n, la de quedarse cuando todo en ti quiere huir. Quien no perdona, para Arendt, no s\u00f3lo guarda rencor: se repliega del mundo, se niega a juzgar, y con eso abandona la pluralidad. Deja que la herida se convierta en destino, que el pasado cierre el futuro, que la acci\u00f3n cese.<\/p>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"89290\" data-permalink=\"https:\/\/www.nexos.com.mx\/un-hogar-llamado-hannah-arendt\/05-hogar-2\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-2.webp?fit=800%2C434&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"800,434\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"05-hogar-2\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-2.webp?fit=640%2C347&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-full wp-image-89290\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-2.webp?resize=640%2C347&#038;ssl=1\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"347\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-2.webp?w=800&amp;ssl=1 800w, https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-2.webp?resize=300%2C163&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-2.webp?resize=768%2C417&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-2.webp?resize=600%2C326&amp;ssl=1 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p><strong>Un regreso sin promesa<\/strong><\/p>\n<p>Para Arendt, el h\u00e9roe debe de entenderse desde la lente de la Iliada, donde Homero lo define como una figura que se muestra y por tanto puede narrarse. As\u00ed lo define al hablar de todos los h\u00e9roes en la guerra de Troya. Hay modos de quedarse \u2014y de mostrarse\u2014 cuyo coraje no reclama relato, pero aun as\u00ed levantan y resguardan el mundo: no por gloria, sino para que lo com\u00fan no se desmorone.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ocurre con quienes mantienen el mundo no para aparecer, y donde el miedo no es solamente una forma de <em>Angst <\/em>frente a la incertidumbre de la pluralidad sino un <em>Furcht <\/em>muy concreto? Arendt pens\u00f3 el coraje desde la escena: desde quienes emergen al mundo para ser vistos, o\u00eddos, narrados; la palabra y la acci\u00f3n son clave. Pero no quisiera romantizarlas. Arendt distingue entre acci\u00f3n y labor para marcar el gesto pol\u00edtico que es aparecer en escena para que nuestras haza\u00f1as sean narrables. Existe tambi\u00e9n una valent\u00eda fuera de escena: la de quienes sostienen el mundo sin aparecer, sin nombre ni relato. Ese lugar no es falta de coraje, sino otra manera de ejercerlo desde la labor y el trabajo: cuidado, resguardo, interrupci\u00f3n de la violencia, supervivencia. Hay iniciaci\u00f3n y fuerza en esos gestos invisibles no s\u00f3lo al repetir de las necesidades de nuestros cuerpos sino como retornos transformados y transformadores. Es un coraje como el de Pen\u00e9lope, quien se niega a clausurar la historia, aunque la historia al parecer no trate de ella.<\/p>\n<p>A los 18 no conoc\u00eda yo el vocabulario arendtiano pero s\u00ed el v\u00e9rtigo de hablar, pensar contra la corriente, sentir que una vez pronunciadas las palabras no hay marcha atr\u00e1s. Arendt dio lenguaje a sensaciones que ya exist\u00edan en m\u00ed y abri\u00f3 la puerta a mundos complejos de pensamiento pol\u00edtico, incluso, y sobre todo, cuando me irrita lo que escribi\u00f3, lo que eligi\u00f3 no ver o callar. Pero los l\u00edmites de mis desacuerdos no borran la potencia de sus ideas sino que la sostienen con m\u00e1s ah\u00ednco. Las lecturas que hizo Arendt del racismo, el feminismo o el colonialismo fueron, muchas veces, inatentas o parciales, por decir lo menos. Pero desde su estilo polif\u00f3nico me ense\u00f1aron a pensar mejor sobre esas estructuras. No desde una visi\u00f3n cr\u00edtica externa sino dentro de sus mismos textos. \u00c9stos invitan a cuestionar los dogmas, incluso los que ella sostiene a veces. Es tambi\u00e9n una forma de lectura pol\u00edtica que ella me ense\u00f1\u00f3 a hacer: habitar un pensamiento sin pertenecerle del todo.<\/p>\n<p>No creo que valga la pena leer a Arendt como modelo moral ni ejemplo pol\u00edtico, sino como alguien que, despu\u00e9s de perder un mundo, intent\u00f3 reconstruirlo con feroz perseverancia intelectual. Leerla es volver a ella como Odiseo a \u00cdtaca: siempre cambiada y viendo sus textos reapropiados, desterrados, reinterpretados. Y tambi\u00e9n como Pen\u00e9lope: hilando y deshilando lo que entendemos de \u00e9stos y del mundo. Pen\u00e9lope hila para mantener abierto lo que otros quieren clausurar. As\u00ed fue la palabra para Arendt. Pensar no para restaurar un pasado sino para que el mundo siga abierto y sea un hogar habitable desde su pluralidad.<\/p>\n<p>Pensar con Arendt es eso, un amor al mundo que nos pide volvernos responsables por \u00e9l, en concierto con otros y otras. Es un regreso a casa con palabra y sin promesa. No es un retorno al \u201clenguaje como la casa del ser\u201d que defini\u00f3 Heidegger, sino hilarlo y deshilarlo como una forma de estar en el mundo, construyendo nuestra casa en com\u00fan. Arendt, como poeta, invita a los lectores a tejer la palabra en acci\u00f3n. No fija un sentido sino que demora un cierre, abre el futuro a algo nuevo sin abandonar su historia. As\u00ed escrib\u00eda Arendt, y as\u00ed la leo yo: no para certezas aseguradas sino para sostener un suelo al que s\u00f3lo podemos volver soltando los barandales, a sabiendas de que ni el hogar ni nosotras seremos las mismas.<\/p>\n<p><strong>Tessy Schlosser<\/strong><\/p>\n<p>Doctora en Teor\u00eda Pol\u00edtica por la Universidad de Cornell<\/p>\n<p><sup><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">1<\/a><\/sup> Lowell, R. \u201cOn Hannah Arendt\u201d, <em>The New York Review of Books<\/em>, 13 de mayo de 1976, <a href=\"https:\/\/www.nybooks.com\/articles\/1976\/05\/13\/on-hannah-arendt\/\">https:\/\/www.nybooks.com\/articles\/1976\/05\/13\/on-hannah-arendt\/<\/a>, mi traducci\u00f3n.<\/p>\n<p><sup><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">2<\/a><\/sup> Hannah Arendt rechaz\u00f3 el t\u00e9rmino filosof\u00eda pol\u00edtica y como ella me siento m\u00e1s c\u00f3moda hablado de teor\u00eda pol\u00edtica. \u201cWhat remains?\u201d, entrevista completa con G\u00fcnter Gauss, 1964, <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=dVSRJC4KAiE \">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=dVSRJC4KAiE<\/a><\/p>\n<p><sup><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">3<\/a><\/sup> Hill, S. R., y Grill, G. (ed. y trad.). <em>What Remains: The Collected Poems of Hannah Arendt<\/em>,Liveright Publishing Corporation, W. W. Norton, Nueva York, 2024.<\/p>\n<p><sup><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">4<\/a><\/sup> Heidegger. <em>Being and Time, <\/em>cap\u00edtulo V, traducido por John MacQuarrie y Edward Robinson, con prefacio de Taylor Carman, Harper Perennial, Nueva York, 2008.<\/p>\n<p><sup><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">5<\/a><\/sup> G\u00fcndogdu, A. <em>Rightelessness in and Age of Rights: Hannah Arendt and the Contemporary Struggles of Migrants, <\/em>Oxford University Press, Nueva York, 2015.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><strong>Una traves\u00eda sin br\u00fajula<\/strong><\/p>\n<p>En su ensayo \u201cSobre Arendt\u201d el poeta Robert Lowell describe lo que sinti\u00f3 al leer <em>Los or\u00edgenes del totalitarismo<\/em> en la Nueva York de los a\u00f1os cincuenta: \u201cMe sent\u00eda sin tierra y solo, y le\u00ed a Hannah como si estuviera yendo a casa, o como si leyera Moby Dick por segunda vez: ya no buscando la aventura, sino el viaje de la sabidur\u00eda, la tragedia de Am\u00e9rica\u201d.<sup><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">1<\/a><\/sup> Me conmueve c\u00f3mo Lowell habla de esa lectura: no como conquista sino como regreso; no como el consumo de un texto dif\u00edcil sino como un reencuentro tr\u00e1gico con algo propio, algo que ha sido transformado. En ese gesto el hogar no es un lugar que espera, sino donde se reconoce, con disonancia y sin resoluci\u00f3n f\u00e1cil, lo que el viaje ha hecho de una.<\/p>\n<p>Le\u00ed a Arendt por primera vez \u2014<em>Los<\/em> <em>or\u00edgenes\u2026<\/em>\u2014 el a\u00f1o que cumpl\u00ed 18, antes de comenzar la licenciatura. As\u00ed zarp\u00e9 hacia un oc\u00e9ano desconocido: al principio como aventura pero muy pronto como un viaje que tambi\u00e9n devolv\u00eda a casa. Su indagaci\u00f3n rigurosa y estratificada en los horrores que no s\u00f3lo descendieron sobre la modernidad occidental, sino que la constituyeron, abri\u00f3 una puerta doble: una salida de lo conocido y una entrada a un hogar nuevo, m\u00e1s amplio y m\u00e1s exigente: la teor\u00eda pol\u00edtica que a la fecha practico.<sup><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">2<\/a><\/sup> Pero al leer a Arendt no sent\u00ed que entraba a una disciplina aunque \u00e9sta fuese mi iniciaci\u00f3n. Sent\u00ed que un texto me miraba, me expon\u00eda, incluso, a m\u00faltiples dimensiones: hist\u00f3ricas, ret\u00f3ricas, filos\u00f3ficas.<\/p>\n<p>A diferencia de Lowell, mi lectura de Arendt no se parece a leer <em>Moby Dick<\/em> por segunda vez. No he le\u00eddo esa novela. Lo que \u00e9l dice, sin embargo, resuena con mi experiencia, pero es mejor compararla a c\u00f3mo leo <em>La odisea<\/em>, la cual he le\u00eddo muchas veces, completa y en fragmentos, regresando a ella como a una traves\u00eda tr\u00e1gica.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":89291,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4325,3223],"tags":[],"coauthors":[4097],"class_list":["post-89333","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-2026-febrero","category-ensayo-cultura-y-vida-cotidiana"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/05-hogar-1.webp?fit=800%2C417&ssl=1","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p9aiSC-neR","jetpack-related-posts":[{"id":14672,"url":"https:\/\/www.nexos.com.mx\/arendt-y-la-raiz-del-mal\/","url_meta":{"origin":89333,"position":0},"title":"Arendt y la ra\u00edz del mal","author":"Nexos","date":"1 febrero, 2012","format":false,"excerpt":"En una carta a Karl Jaspers, Hannah Arendt le revelaba el t\u00edtulo que quer\u00eda asignarle a su libro de teor\u00eda pol\u00edtica.","rel":"","context":"En \u00ab2012 Febrero\u00bb","block_context":{"text":"2012 Febrero","link":"https:\/\/www.nexos.com.mx\/category\/revista\/2012\/2012-febrero\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/www.nexos.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/image2792Type1.jpg?fit=293%2C361&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":85019,"url":"https:\/\/www.nexos.com.mx\/erase-una-vez-en-america-los-origenes-del-totalitarismo\/","url_meta":{"origin":89333,"position":1},"title":"\u00c9rase una vez en Am\u00e9rica: los or\u00edgenes del totalitarismo","author":"4dm1n","date":"13 julio, 2025","format":false,"excerpt":"Thomas Meyer tuvo acceso a documentaci\u00f3n hasta ahora desconocida que le permiti\u00f3 explorar nuevos \u00e1ngulos de la vida de una de las pensadoras contempor\u00e1neas m\u00e1s relevantes. 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