AGRUPACIONES POLÍTICAS NACIONALES

LA POLÍTICA DISTINTA

POR JAVIER OLIVA POSADA

En México existen 41 APN. Su tarea es la de promover la cultura política, las prácticas democráticas y una opinión ciudadana informada. ¿Qué influencia tienen sobre los partidos políticos?

Una de las principales características de la democracia contemporánea es la diversidad.1 Sea en sus formas de organixación, sea en sus fórmulas de participación, lo cierto es que la complejidad del tejido y relaciones en la sociedad fomentan la presencia de intereses que en la mayor parte de las ocasiones a los partidos políticos les parecen problemas “específicos” o “locales”.

En fechas recientes el crecimiento en calidad y cantidad de las organizaciones en México denota precisamente que hay un notable interés por participar desde perspectivas que no sólo conciernen a los partidos políticos sino a expectativas concretas. En ese sentido es interesante observar qué perfil tienen los nuevos partidos políticos y, desde luego, conocer sus orígenes.

En todos los casos se trata de dirigencias que vienen de otras experiencias partidistas o bien de renovaciones dentro de una misma organización que perdió el registro. Así, el PARM y el PAS, o bien los casos del PCD, Convergencia, PSN y PDS, ilustran que como ciudadanos nos encontramos ante experiencias de ruptura en la clase política formada por los partidos políticos o, como señala Manuel García Pelayo,2 ante la consolidación del estado de partidos. En cambio, por lo que hace a las Agrupaciones Políticas Nacionales, es otro el perfil y la finalidad.

Han habido reflexiones en torno a lo innecesario de tantos partidos políticos para el caso de nuestro país. En cambio, poco evaluado ha sido el hecho de que la posibilidad de hacer política desde una organización no partidista o desde una Organización No Gubernamental nos proporciona un material muy amplio para entender las tendencias de la sociedad mexicana. Por un lado, la formulación del nombre de la propia APN indica el porqué de su existencia. Sólo por citar tres ejemplos: Mujeres y punto; Iniciativa XXI; Asamblea Nacional Indígena Plural por la Autonomía.

Por el otro, el puente jurídico tendido desde el IFE para diversificar la participación provocará que los partidos políticos desarrollen una estrategia de vinculación con las APN en la búsqueda como candidatos externos o como evidencia de pluralidad de las estructuras formales de los partidos. En cualquiera de los casos la flexibilidad de los contenidos ideológicos de los propios partidos deberá precisarse y ampliarse. Precisarse para encontrar el destinatario concreto de sus mensajes u oferta electoral; ampliarse para establecer lazos de contacto con la ciudadanía organizada. Así, los dos niveles de interlocución, el tradicional o el dirigido al ciudadano en general, y el nuevo, cuyo sentido se elaborará en la medida en que el partido político exprese claramente una postura satisfactoria ante los motivos que dan vida a la APN; estos serán los dos ejes de acción que los partidos políticos en México requerirán en este fin y principio de siglo.

Así las cosas, en una aparente contradicción, la diversidad organizativa mueve en el terreno de la oferta ideológica a especificar y expresar compromisos. Sobre todo si se considera que, de acuerdo con la legislación, las APN son agentes que promueven la cultura política, las prácticas democráticas y una opinión ciudadana informada. Nos encontramos ante una instancia que de acuerdo con sus dimensiones incide de forma directa en el problema y diseño de la agenda nacional. Contar con un mínimo de 7,000 asociados en por lo menos 10 estados de la República, así como integrar en documentos públicos las formas de inscripción son, entre otros, los requisitos, destacando que, además del financiamiento público, las APN tienen como principal función cívica fortalecer la vida pública y deliberativa en el país.

Es precisamente a partir de la deliberación de donde toma su fuerza la dinámica institucional de la democracia que estamos construyendo en México. Pues mientras las posturas expresadas por los partidos políticos responden lógicamente a sus visiones integrales, las APN las circunscriben a un tema específico. Y no sólo en nuestro país, sino en varias partes del mundo. notablemente en las democracias europeas, han modificado sus estructuras de discurso y argumentación ante la pulverización de intereses y aspiraciones del electorado. Pese a que no es materia de estas reflexiones, hacia allá se encamina la intensa polémica sobre lo que es y no es el “centro” ideológico.

Dentro de los retos para las APN en su contribución a la democracia y sus instituciones destaca el que se refiere a su viabilidad. o lo que sería el establecimiento de los límites de sus relaciones con los partidos políticos. Resulta difícil negar el hecho de que uno de los resultados más evidentes de la participación es la diversificación de los intereses ciudadanos; la individualización acompañada de organización antecede a la riqueza argumentativa y de fomento a la tolerancia. En una visión de largo alcance, la APN representa la opción de hacer de la política una actividad complementaria y no profesional, a diferencia de lo que sucede con los cuadros políticos profesionales de los partidos en donde la actividad sustancial es el desarrollo en, desde y para la organización. De tal suerte que los componentes y recursos humanos de las APN requieren, en la mayor parte de los casos, atención exclusiva de sus dirigencias. Y esa es. entre otras, una importante distinción respecto a las ONG, además del cumplimiento de los ordenamientos jurídicos.

En efecto, mientras que la ONG mantiene en la razón de sus orígenes las causa de su lucha, la APN, de cobertura nacional. indica el largo aliento de sus proyectos, señaladamente, la cultura política y actitudes democráticas. Por ello, los análisis sobre las implicaciones y la influencia que tendrán las APN están por realizarse. De acuerdo con datos proporcionados por el IFE, hasta agosto de 1999 son 41 las APN que tendrán y sostendrán tratos con partidos políticos, sea como observadores, aliados o espectadores de primer orden.

En proporción al establecimiento de derechos,3 y en concordancia a las bases de la responsabilidad, también las obligaciones de las APN tendrán en sus manos el impulso a una forma distinta de hacer y pensar la política. Ni como contendientes ni con la finalidad de la conquista del poder, tarea propia y natural de los partidos políticos, habrán de ilustrar la viabilidad de una alternativa para el fomento a la participación. Es en la tarea de la cultura democrática donde tienen un amplio campo de trabajo. Es el momento de poner en práctica lo que en el origen mismo de la organización se pretende inhibir: la intolerancia y la exclusión. n

Javier Oliva Posada. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

1Adrián Przeworski: Democracia sustentable, Paidós, 1998, pp. 43-60.

2 El estado de partidos, Alianza, 1996, pp. 73- 84.

3 T. Janoski: Citizenship and Civil Society, Cambridge, 1998. pp. 52-74.