INDIVIDUOS, EMPRESAS, NACIONES

8 REGLAS PARA UN MUNDO GLOBAL

POR ADRIÁN ACOSTA SILVA

Lester C. Thurow. autor de El futuro del capitalismo, cu aba de public ar un ensayo necesario (“The Atlantic Monthly. junio de 1999) para entender el nuevo mundo que surge de la  globalización. Adrián Acosta Silva lo ha glosado y comentado para los lectores de nexos.

Cómo usar el conocimiento para construir riqueza? ¿Cómo tienen que reorganizarse las sociedades para generar un enriquecimiento con base en el conocimiento del ambiente? ¿Cómo incubar los empresarios necesarios para impulsar cambios y crear riqueza? ¿Qué habilidades son necesarias? Estas son las cuestiones centrales que Lester C. Thurow aborda en su ensayo Building Wealth.

El autor de un texto clásico de la ciencia económica contemporánea (The Zero- Sum Society. 1980), y de Head to Head: The Coming Economic Battle among Japan, Europe, and America (1992), propone ocho reglas para entender el nuevo mundo que emerge en la globalización, reglas que pueden ser vistas como ocho claves de exploración de algunos de los grandes problemas que han emergido en la economía política del capitalismo de fin del siglo.

1. Nadie se vuelve rico ahorrando dinero. Esta regla apunta a las oportunidades de trabajo e inversión que existen en situaciones de gran desequilibrio. Las innovaciones tecnológicas abren enormes oportunidades para el lanzamiento de nuevos productos o nuevos procesos industriales con elevados niveles de productividad.

Si los laboratorios corporativos de investigación y la electricidad fueron los elementos centrales de la segunda revolución industrial de los años noventa del siglo XIX, en nuestros años noventa la productividad —es decir, la capacidad de producir más con menos— y la inversión en tecnología son los motores centrales de la neorrevolución industrial. Invertir —que significa sacrificar consumo— en capital productivo, genera riqueza en el mercado.

2. Algunas veces empresas exitosas tienden a canibalizarse a sí mismas para salvarse a sí mismas.

Las empresas deben tener la disposición para destruir los viejos tiempos aun si son exitosos. Si ellas no se destruyen a sí mismas, otros las destruirán. Desequilibrio significa tanto grandes acuerdos como buenas oportunidades. Solamente seis de las que eran las veinticinco grandes firmas en 1960 continúan en la lista de 1997. La mayoría ha emergido dentro de otras compañías, pero dos de esas veinticinco han quedado fuera de los negocios. De las doce grandes compañías del siglo XX, once no alcanzarán a ver los comienzos del siglo XXI.

3. Dos rutas, además del cambio tecnológico radical, pueden conducir hacia un elevado crecimiento de altas tasas de rendimiento de las oportunidades: desequilibrios sociológicos y desarrollo desequilibrado.

Los empresarios ven oportunidades sociológicas para cambiar los hábitos humanos. La industria de los cruceros, por ejemplo, encontró la ventaja de un cambio demográfico: el poder adquisitivo de la población de ancianos se ha duplicado en dos décadas. Los setentones de hoy, veinte años antes tuvieron ingresos 40% debajo de los treintañeros; repentinamente, esos setentones tuvieron ingresos efectivos 20% arriba de esos treintañeros. Algunos propietarios de líneas de cruceros se han vuelto mil millonarios por la explotación de esos desequilibrios sociológicos.

El problema con la riqueza generada de esta manera es que los desequilibrios sociológicos normalmente reflejan una transferencia de riqueza ya existente, más que la generación de una nueva riqueza.

En lo que se refiere al “desarrollo desequilibrado”, Thurow señala los ejemplos de Hong Kong y Vancouver como espacios de inversión para los nuevos empresarios. Hong Kong, un año después de la devolución de este territorio de Gran Bretaña a China, es un espacio económico donde los empresarios se hacen ricos explotando las diferencias entre el mundo desarrollado y la pobreza del gran, y ahora abierto, continente chino. Ellos simplemente copiaron lo que se había hecho en el mundo desarrollado y lo replicaron en China. Vancouver inhibe las oportunidades de replicación. Todas las actividades del Primer Mundo ya existían. Para hacerse rico en Vancouver uno necesita avances tecnológicos o nuevos conceptos sociológicos. Para los empresarios chinos, Vancouver es un “desierto económico”.

4. Hacer trabajo capitalista en un ambiente deflacionario es mucho más difícil que hacerlo en un ambiente inflacionario. La globalización está forzando la baja de los precios. La producción se mueve de lugares de altos costos a los de bajos costos, y como resultado los precios están descendiendo. Nombre cualquier producto, calcule cuántos en el mundo podrían producir si cada factor estuviera operando a toda su capacidad, reste qué es lo que el mundo está comprando, y encontrará que el potencial de la producción mundial excede las expectativas del consumo en pollo menos un tercio. Con la seguridad de un exceso en la capacidad de producción, la caída de los precios no es un misterio. Las empresas tienen enormes incentivos para bajar precios en un intento por proteger sus facilidades operando cercanamente a toda su capacidad.

El achicamiento (downsizing) y las fuentes externas (outsourcing) también están jugando un papel en la reducción de precios. Es común que en Estados Unidos las compañías tengan contratos con sus proveedores para acordar reducciones anuales a los precios. Los fabricantes de auto- partes, por ejemplo, tienen firmados convenios con los mejores autoproductores para reducir los precios en un 3% en un año. Las fuentes externas son en gran medida responsables de la dureza de esos contratos, porque eso facilita alcanzarlo con un proveedor externo más que con un proveedor interno. Si un proveedor externo no hace dinero con precios bajos, ese es su problema. Pero si un proveedor interno no hace dinero, la corporación pierde en una de las divisiones de ventas lo que gana en una de las divisiones de compras. No se ven ganancias en las utilidades agregadas.

5. No hay sustitutos institucionales para los empresarios individuales como agentes de cambio.

El capitalismo es un proceso de destrucción creativa. Lo nuevo destruye a lo viejo. Tanto la creación como la destrucción son esenciales para impulsar el avance de la economía. Los empresarios son centrales en el proceso de destrucción creativa; ellos llevan las nuevas tecnologías y los nuevos conceptos a un uso comercial. Ellos son los agentes de cambio del capitalismo.

Los viejos patrones de intereses poderosos deben ser rotos si lo nuevo existe, pero aquellos viejos intereses luchan por regresar. No están dispuestos a desvanecerse silenciosamente en las páginas de la historia. Los empresarios construyeron compañías nacionales que destruyeron compañías locales al final del siglo XIX. y están construyendo las empresas globales que están destruyendo a las compañías nacionales al finalizar el siglo XX.

La sociología casi siempre domina la tecnología. Las ideas son a menudo ignoradas porque la gente no quiere usarlas. El hecho de que algo es posible no significa que vaya a suceder. Una gran persistencia es necesaria para introducir una nueva idea en el mercado. Barcos de vapor de juguete han sido desenterrados en la exploración arqueológica de la antigua Grecia, y los antiguos egipcios tuvieron puertas de templos movidas por vapor, aunque el motor de vapor no surgió como una fuente de poder para la producción económica sino hasta el siglo XVIII. Una correcta sociología le abre un sitio a los nuevos productos revolucionarios que emergen.

6. Ninguna sociedad que valore el orden por encima de todo puede ser creativa; pero sin algún grado de orden, la creatividad desaparece.

Thurow utiliza los ejemplos de China en el siglo XV y la Rusia zarista de la segunda mitad del siglo XIX para mostrar cómo la búsqueda del orden sofocó los avances tecnológicos chinos que bien podrían haber impulsado la primera revolución industrial en el mundo, y cómo, en medio del caos del imperio ruso agonizante, surgieron los más grandes músicos, científicos y escritores rusos de todos los tiempos.

“Para avanzar y usar el conocimiento una sociedad necesita la correcta combinación de caos y de orden. Demasiado orden (China) no funciona. Demasiado caos (Rusia) no funciona. Aunque no en el extremo. Estados Unidos y Japón son en muchos sentidos similares a Rusia y China. Estados Unidos tiene suficiente caos para ser creativa, pero poco orden para usar sus ideas de la manera más eficiente. Japón tiene más orden de sobra para ser eficiente pero poco caos para ser creativo. Ambos pueden ganar si cada uno se mueve un poco en la dirección del otro. Las sociedades exitosas crean y manejan una tensión entre el orden y el caos sin dejar que ninguno de ellos se les vaya de las manos. Las nuevas ideas son fácilmente frustradas si las sociedades no son receptivas al caos que viene del cambio, pero además las sociedades tienen que mantener un apropiado grado de orden para tomar ventaja de las rupturas creativas”.

7. Una economía exitosa basada en el conocimiento requiere una amplia inversión pública en educación, infraestructura e investigación y desarrollo. Algunos países están deseando invertir en investigación y desarrollo; otros no. La verdadera cantidad a invertir no es evidente. Las cuatro economías más grandes del mundo industrial gastan porcentajes muy similares de su P1B en investigación y desarrollo: Francia y Alemania gastan 2.3%, Japón 2.8%, y los Estados Unidos 2.5%. Pero las similitudes derivan más del deseo de cada uno de no dejar a los otros tres ir a la cabeza que de cualquier prueba de que están gastando la cantidad correcta.

Las tasas privadas de rendimiento en el gasto promedio en l&D (los beneficios financieros que se acumulan en la firma durante el gasto) son cerca de 24%. Pero las tasas de rendimiento social en el gasto en I&D (los beneficios económicos que se derivan hacia toda la sociedad) son cerca del 66% (contados a partir del promedio de ocho estudios diferentes), con un rango de entre 50 y 105% —casi tres veces más alto que las tasas privadas —. Dos de cada tres dólares en beneficios netos generados no se derivan de aquellos pagados para la investigación y el desarrollo. Este resultado, nunca contradicho en la literatura económica, es una evidencia poderosa de que hay enormes externalidades sociales positivas derivadas de la investigación y el desarrollo. Si se dejan solas, las firmas privadas gastarán muy poco porque no pueden capturar todos los beneficios que se generan de sus actividades.

A causa de esta proclividad en el sector privado, el gobierno debe enfocar su gasto en proyectos de largo plazo para el avance del conocimiento básico. Esto es en lo que las firmas privadas no invertirán, pero también es el lugar en donde ocurren las rupturas que se generan en los negocios privados.

8. Lo más desconocido para un individuo en una economía basada en el conocimiento es cómo tener una carrera en un sistema donde no hay carreras. La educación ha sido siempre un alto riesgo de inversión para los individuos. Más del 20% de todos los graduados universitarios terminarán haciendo menos que el promedio de graduados de preparatoria. Invirtieron y esto no redituó. Pero recientemente se ha vuelto un riesgo mayor. ¿Cómo alguien puede planear la inversión necesaria para tener una carrera frente al empequeñecimiento corporativo de las firmas rentables?

En una economía global, si las capacidades son más baratas en algún lugar en el mundo, las compañías se moverán ahí donde los costos de producción sean más bajos. No están ligadas a ningún conjunto particular de trabajadores. Cuando el nuevo conocimiento hace obsoletas las viejas capacidades, las firmas quieren emplear trabajadores que ya tienen el conocimiento. No quieren pagar por el reentrenamiento. En la segunda mitad de esta década las compañías norteamericanas rentables habían despedido más de medio millón de trabajadores cada año, a pesar del boom económico. El viejo ascenso de carrera se ha acabado. El viejo periodo de empleados de por vida se ha ido.

Los salarios reales también han estado bajando para la mayoría de la fuerza de trabajo masculina. Graduados de las preparatorias norteamericanas, estos hombres no tienen, de inicio, el mismo nivel de habilidades que sus contrapartes en el resto del mundo industrializado, ni obtienen la capacitación de la escuela post-secundaria (aprendices, por ejemplo) que la mayoría del resto del mundo da a su fuerza de trabajo con educación secundaria básica. Al mismo tiempo los incrementos salariales, para aquellos que están en el más alto 20% de la fuerza de trabajo, nunca habían sido tan altos. La amplia disparidad en salarios y riqueza no crea problemas para la economía (simplemente produce mayores bienes de lujo y menos bienes para la clase media), pero crea problemas políticos de largo plazo en una democracia. ¿Cómo se puede predicar igualdad política en una economía donde siempre están creciendo las inequidades?

Grandes problemas no resueltos

La tecnología está creando una economía global que suplanta rápidamente nuestras viejas economías nacionales. Los gobiernos nacionales no pueden controlar esta nueva economía. Como resultado, estamos empezando a vivir fundamentalmente en un sistema económico inmanejable.

A los gobiernos nacionales, que solían preocuparse por el manejo y mantenimiento de sus sistemas económicos, se les aparta del negocio lentamente. Los cambios en las finanzas globales abruman a todos pero más a los gobiernos. Los gobiernos han perdido mucha de su influencia en el movimiento de información y capital. Ya no pueden controlar quién cruza sus fronteras, tanto físicas como culturales.

Por otra parte, el poder —o quizá debamos decir la libertad de la supervisión del gobierno— de los negocios globales está creciendo con la capacidad de las compañías para moverse a las localidades más ventajosas y de los países para pujar en la subasta de atractivos proyectos de inversión.

Mientras los gobiernos nacionales se contraen y las corporaciones globales se expanden, surge un segundo gran problema. Casi en cualquier lugar vemos cómo crecen las inequidades económicas entre los países, entre las firmas y entre los individuos.

Los rendimientos al capital están arriba y los rendimientos al trabajo están a la baja. El regreso a las capacidades está arriba, el regreso al trabajo no calificado está a la baja. Las firmas serán jugadores globales o serán nichos de jugadores. La firma nacional de tamaño mediano es una especie en peligro de extinción. Tradicionalmente los gobiernos nacionales han actuado para mantener tales inequidades bajo control. Pero habiendo perdido su capacidad para manejar el sistema, han perdido también su capacidad para restringir las inequidades económicas. Por lo menos mientras estamos empezando a vivir en un mundo con grandes inequidades a mayor escala.

La tercera revolución industrial está volviendo obsoletas las viejas instituciones y los viejos modos de operación, y requiere que el individuo, la firma y la nación cambien. Para los individuos, Thurow tiene aquí un consejo de tres palabras: capacidades, capacidades y capacidades. Los prospectos económicos de aquellos sin capacidades son sombríos. Lo que ahora vemos —la caída real de salarios para aquellos sin capacidades— va a continuar. En la educación las necesidades de fondo de dos tercios de la fuerza de trabajo son particularmente agudas. En una era en la que el músculo gana poco y el cerebro mucho, esta parte de la fuerza de trabajo simplemente tiene que estar mucho mejor educada.

La canibalización es el reto para las viejas firmas de negocios. ¿Pueden estas empresas aprovechar agresivamente las oportunidades abiertas por la tercera revolución industrial, aun cuando esto significa destruir deliberadamente las actividades rentables existentes? La historia es clara: pocos pueden, y aquellos que no, estarán destinados a morir. Para las nuevas firmas las oportunidades económicas nunca han sido mejores.

Las naciones que tienen fuerte inversión en educación, infraestructura y en investigación y desarrollo son las que tenderán a ganar. Necesitamos un presupuesto nacional de inversión de capital que nos recuerde a nosotros mismos cómo estamos gastando nuestros recursos.

Para aquellos con capacidades y una afición por los riesgos, que además desean canibalizar sus viejas actividades y están viviendo en sociedades de alta inversión, los tiempos nunca han sido más favorables.   n

Adrián Acosta Silva. Doctor en Ciencias Sociales. Profesor-investigador de la Universidad de Guadalajara. El autor agradece la colaboración de la maestra Claudia Díaz Pérez, profesora-investigadora de la U. de G.