CARACOL

FOCOS ROJOS

POR CINNA LOMNITZ

Chuangtse, un pensador chino del siglo III a. C., refiere una anécdota acerca de cierto sabio que gustaba de pasear a orillas del río con su discípulo.

—¡Qué felices están los peces jugueteando en el fondo del agua! —exclamó el maestro.

—Usted, maestro, que no es pez —objetó el discípulo—. ¿cómo sabe que los peces están felices en el fondo del agua?

—Y tú, que no eres yo —repuso el maestro—, ¿cómo sabes que yo no lo sé?

Nuestro conocimiento de la sociedad y del mundo es autorreferencial. No estamos seguros de lo que sabemos, ni sabemos de qué manera lo hemos llegado a saber. Esto viene al caso por las diversas interpretaciones que se escuchan y que se leen acerca del grave conflicto que atraviesa la UNAM. institución que por su tamaño y su historia representa una parte importante del acontecer cultural de México.

Quizá la UNAM no sea una buena universidad, pero a través de más de treinta años que he convivido con ella he llegado a quererla y a identificarme con ella. No importan las barricadas que los huelguistas han erigido en las entradas de la Ciudad Universitaria para impedir el paso de los vehículos. Lo que me preocupa son las barreras mentales que suelen detectarse en lo que dicen los maestros, los estudiantes y los propios huelguistas. Mi interpretación, como en el caso del cuento de Chuangtse. es subjetiva.

El talón de Aquiles de la UNAM es la Escuela Preparatoria. En otras partes del mundo, las universidades no se ven obligadas a regentar sus propias “prepas”. Cuando México ingresó a la OCDE. un exclusivo club de 30 países desarrollados del mundo, los expertos hicieron hincapié en esta anomalía, sin darse cuenta de que el problema era más profundo.

Después del movimiento del 68 surgieron las prepas populares (PP). escuelas espontáneas y militantes no incorporadas a la UNAM que se dedicaron a hostilizar y a infiltrar al monstruo desde la periferia. Algunas facultades como la de Ciencias ya están infiltradas al grado de que los salones frecuentemente están “tomados” por las PP y los maestros tienen que dar su clase donde y como puedan. El personal docente de planta se solidariza mayoritariamente con las PP y resiste todo intento de actualización curricular, de tal modo que el actual plan de estudios del Departamento de Física data de 1967. He participado en el intento más reciente de actualización y pude comprobar que es inútil tratar de introducir un plan de estudios más acorde con los conocimientos actuales. Ua situación de otras facultades es similar, con escasas excepciones.

El abandono de las facultades contrasta con la vitalidad de los institutos y centros de investigación. A ojo de buen cubero, estimo que hasta un 70% de los investigadores son científicos activos, que lograron ingresar al Sistema Nacional de Investigadores y realizan investigación de frontera. Al reorganizarse la UNAM, es probable que la mayoría de estos institutos y centros queden formando parte de una organización viable pero separada de las facultades.

¿Qué hacer con la docencia? El problema no es nuevo. Ya en el siglo XVIII la universidad colonial se había desprestigiado a tal grado que la enseñanza privada (léase jesuítas) atrajo más a los hijos de la nobleza y de la naciente burguesía criolla. Ellos fueron quienes hicieron la independencia, pero los jesuítas resultaron expulsados. Hoy regresan por sus fueros, junto con otras órdenes tanto laicas como religiosas, que son los principales beneficiarios de nuestro desorden educativo. En México, la educación superior hoy se encuentra principalmente en manos de universidades privadas. Sus egresados ocupan las plazas más prominentes en el gobierno, la industria y el comercio.

Polarización educativa

Pero, se dirá, ¿cómo explicar la obcecación de los huelguistas? ¿En qué puede beneficiar a la insurgencia, a la clase media baja, o al país la inminente destrucción de la UNAM?

Una  respuesta es simple. La brutal polarización económica del país ha erosionado a la clase media, cuya base de poder fue originalmente la UNAM. En muy pocos años, la ciase media baja, que anteriormente aspiraba a integrarse a la pequeña burocracia y al magisterio, ha quedado marginada. Nuestros estudiantes de clase media baja son increíblemente pobres; generalmente traen apenas los pocos centavos para el camión. No pueden comprarse un dulce.

Yo soy maestro, no político. A lo sumo, podría considerarme villista. Nunca me ha simpatizado el zapatismo. Es una subcultura subversiva (no rebelde, que es distinto), subcomandada por subintelectuales que se esconden bajo las faldas de madame Mitterrand. México merece y ha tenido mejores revolucionarios.

Pero ¿qué van hacer los muchachos? Están desesperados. Nadie se ocupa de ellos. En sus casas los maltratan, en la calle los asaltan. En la facultad los maestros raramente se aparecen y, cuando lo hacen, se dedican a declamar rancios textos que no tienen relevancia para el México moderno. ¡Y por eso les quieren cobrar!

Las seis demandas que presentan los huelguistas no son arbitrarias. Son coherentes con su objetivo, que es homologar las actuales prepas populares a la UNAM y convertir las facultades en prepas populares. En gran parte, este fin ya ha sido logrado y sólo les falta una rúbrica legal y el acceso al presupuesto.

El problema es de quienes queremos un México fuerte, respetado en el exterior y basado en una cultura de equidad y de igualdad de oportunidades. Hay quienes piensan que los huelguistas nos hacen un favor al destruir la UNAM y al convertir la Ciudad Universitaria en una especie de zoológico para disidentes, una reserva zapatista. Esto permitiría al gobierno controlarlos mucho mejor, pero la idea no me convence. México es una nación viable, que no tiene por qué aceptar una división en un sector moderno y otro marginado.

Unas  prepas populares educan también a su manera, no tan diferente a la de los CCH y preparatorias de la UNAM. Pero producen marginados, no egresados capaces de ingresar al sector moderno de la economía. Son inteligentes, saben polemizar, y conocen los elementos de la propaganda política, pero ¿qué más? ¿Qué clase de futuro les espera?

La agresión contra la universidad se explica porque la única salida que tenemos es la educación. Yo creo que la división de la UNAM en un sector moderno y otro marginado y sin futuro sellaría el destino político de nuestra nación. Es mi visión personal de este turbio río, y de los peces multicolores que andan sueltos en su fondo.

A la ciencia la pintan con cuernos

La Comisión de Educación de Kansas acaba de anunciar que Darwin y el Big Bang ya no van a formar parte del plan de estudios oficial del estado. Tan perniciosas materias, se decidió, ya no serán requisito obligatorio para las personas educadas en ese estado americano.

Una pregunta que se hacen todos es ¿dónde queda Kansas? No es precisamente un estado que se hubiera distinguido por su contribución a la ciencia internacional. Sin embargo, Kansas es el corazón agrícola de Estados Unidos. Es, podríamos decir, el órgano pulsante y vivo que bombea la sangre en las venas y arterias del gigante del norte. Todo lo que sucede en Kansas llegará infaliblemente a México dentro de unos veinte años.

¿Es posible, se dirá, que en el umbral del tercer milenio una comisión oficial determine por mayoría de votos que ya no hace falta el darwinismo? De lo que se trata es de evitar que tan peligrosas doctrinas científicas contaminen las tiernas mentes de la infancia. No vaya a ser que las impresionables criaturas se asusten con el Big Bang. la explosión primigenia que originó las galaxias y que no está en la Biblia. Sin embargo, las heréticas y falsas mitologías de Star Wars pueden verse en cualquier cine.

La Corte Suprema de los Estados Unidos ha dictaminado una y otra vez que es ilegal enseñar el creacionismo en lugar del darwinismo en la educación pública. Ello es contrario al artículo primero de la Constitución americana, que garantiza la libertad de conciencia. Sin embargo, la Biblia es una fuente de conocimiento mucho más antigua y venerable que la ciencia moderna; y Kansas es un estado maravilloso, que cree a pies juntillas en la historia de Adán y Eva, sin olvidarse de la serpiente.

Hay quienes piensan que la cosa no es tan sencilla. Los educadores de Kansas se cuidan mucho de prohibir a Darwin. y tampoco llegan a autorizar la enseñanza de la Biblia en las escuelas. Por otra parte, no hay nada en la obra de Darwin. ni en la de astrofísicos tales como Stephen Hawking, que se oponga a la creación divina. Ni los ayatolas de Irán han condenado esas doctrinas. La Biblia tampoco puede ofender ni al más quisquilloso de los científicos. Muchos filósofos de la ciencia consideran que el método científico no es tan racional como se pretende, ni posee características de universalidad. Feyerabend concluye que la ciencia es una ideología como son también las religiones. Así, la ciencia azteca y la griega funcionaban perfectamente en su medio social, pese a tener bases totalmente diferentes a la ciencia moderna.

Los descubrimientos científicos más importantes fueron hechos por individuos abiertos a todas las ideas, que se atrevieron a desafiar el método científico y que siguieron su propio camino contra viento y marea. Dice Einstein que “los datos experimentales no deben constreñir al científico, en el sentido de obligarlo a afiliarse a algún sistema epistemológico. Cualquier epistemólogo sistemático podrá concluir, si quiere, que se trata de oportunistas inescrupulosos”. En este sentido. Einstein ciertamente fue inescrupuloso y también lo fueron Galileo, Newton y otros genios de la ciencia. Cuando los datos experimentales no se ajustaban a sus ideas, se quedaban con las ideas y el futuro acabó por darles la razón.

Mi colega el profesor Stephen Jay Gould se manifiesta indignado por la decisión de Kansas, que según él pretende ignorar “uno de los triunfos más grandes del descubrimiento humano”. La califica de “episodio más reciente en la larga y triste historia del anti-intelectualismo en Estados Unidos”. ¿Qué diría si supiera que en México se pretende destruir la Universidad Nacional? Nadie es perfecto, Stephen.  n

Cinta Lomnitz. Geofísico. Investigador de la UNAM.