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Caracol

Salomón y los estudiantes

Por Cinna Lomnitz

Relatan las Escrituras que el rey Salomón era una excelente persona pero que a veces era un poco lento de ingenio. Un día que halló gracia en los ojos del Señor, el Hacedor ofreció concederle un solo y único deseo. Salomón, ni corto ni perezoso, suplicó:

—¡Quisiera ser el hombre más sabio que jamás existió sobre la faz de la tierra!

—¡Concedido! —tronó Dios. En ese instante Salomón se transformó en el hombre más sabio en todo el universo… Y en el mismo momento, se dio cuenta de que se había equivocado de petición. ¡Debió haberexigido un millón de dólares! (palabra de Dios).

Huelga y sabiduría

No hay relación alguna entre esta anécdota y la huelga en la UNAM, aparte de que ambos problemas son insolubles. Pero ya que estamos en plan de prédica, no resisto la tentación de relatarles otro hecho notable que acaeció en el reinado de Salomón. Dos damas de las que dieron su fama a la Avenida Insurgentes comparecieron ante el rey reclamando un mismo bebé. Cada una decía que el bebé era suyo, y no había modo de convencerlas de lo contrario. Por desgracia, el laboratorio de DNA estaba recientemente clausurado por falta de apoyo económico del Conacyt.

El buen rey, después de pensarlo un rato y recordando sus orígenes de Alvarado, increpó a las dos mamás con las encendidas palabras:

—Partidle la ídem a este jijo de su madre y dadle una mitad a cada una.

Al escuchar tamaño veredicto, una de las mujeres exclamó:

—Señor rey, por piedad, entrégale el bebé a ésta y aquí muere. Bye, ahí nos vemos.

La otra dama chilló:

—¿Ah, sí, canija? ¡Respondiéndole así al señor rey! Muy bien, ¡que no sea ni tuyo ni mío y que me lo partan ya, y aquí mismo.

Entonces el rey respondió disgustado:

—Entregadle a aquella su hijo, y no lo matéis: ni modo, ella es su verdadera madre.

Todos reclaman a la UNAM como propia. Tanto el rector como los huelguistas aseguran que se desviven maternalmente por cuidar sus intereses. Por eso, ¡que la parta un rayo!

Pero no todos somos así. Los investigadores, en cuanto supimos de la amenaza de huelga, pusimos el grito en el cielo: «No le vayan a hacer esto a la universidad: ¿qué voy a hacer para atender mis sismografos?», «¿quién va a vigilar el Popo?», «¿quién va a cuidar mis huevos de tortuga?», «¿dónde vamos a poner la centrifugadora para los sueros, y qué va a pasar con mis plantas, con mis galaxias, con mis cultivos?». Tanta alharaca metimos que algún Salomón que entre bambalinas dirigía a los huelguistas decidió no clausurar los institutos de investigación científica. No hubo interrupción forzada de nuestras actividades académicas ni despojo de nuestros espacios de trabajo. En honor a la verdad, tuvimos acceso a nuestros cubículos y laboratorios en todo momento. Uno de los ingresos a Ciudad Universitaria se mantuvo abierto para que pudiéramos ingresar con nuestros carros. Algunos colegas de malas pulgas les echaron el coche encima a los muchachos y sin embargo ellos nos trataron en forma eficiente y respetuosa.

¿Por qué no hubo la misma preocupación por garantizar las otras funciones de la universidad? En las facultades se discutió acalorada y exhaustivamente a favor y en contra del nuevo Reglamento General de Pagos, y se votó a favor o en contra de la huelga. Pero nadie gritó: «Por favor, muchachos, ¿qué estamos haciendo? Mis estudiantes van a perder el semestre».

Así la batalla se decidió a favor de los ratones de laboratorio. Fueron defendidos más apasionadamente y más generosamente que los estudiantes. Por eso el resultado fue justo. Se cerraron las facultades y no los institutos.

La dinámica de los saberes

Los estudiantes son nuestra responsabilidad indeclinable, y en eso radica la fuerza moral de la universidad. Si no supimos defenderlos, si no nos esforzamos en escucharlos, comprenderlos y orientarlos, perdimos el derecho a educarlos. Tanto el rector como su principal contrincante del PRD, Carlos Imaz, son vástagos de la emigración española. Son gente republicana, de recios instintos de izquierda. A Barnés le indignaba el hecho de que los ricos pagaran veinte centavos al año por la educación superior de sus hijos cuando hay tantas carencias en este país. Y estaba dispuesto a arriesgar la carrera de muchos estudiantes por este principio de justicia social. Imaz fue más lejos: jugó el futuro de la universidad por el albur de que veinte centavos era demasiado dinero. Se trataba del principio de la gratuidad de la educación.

¿Eso es izquierda? Nuestros estudiantes deben aprender de este triste episodio que las personas siempre valen más que los principios. La política es el arte de lograr lo posible: no es un juego en el éter inefable de las ideas.

Todos sabemos que en California la educación superior es gratuita. ¿Por qué allá sí y aquí no? Pues porque perdimos California en Guadalupe Hidalgo, y los gringos luego luego descubrieron el oro, que siempre había estado allí pero que no habíamos tenido la imaginación ni la capacidad —vale decir, la educación—para encontrar y explotar. Santa Anna, el Milosevic mexicano, prefirió sus principios. Eso pasó hace ciento cincuenta años. Los que quieran educación gratuita se irán al Valle de Santa Clara a rascar lechugas. Santa Anna decidió que no íbamos a ser ricos.

La UNAM no andaba tan mal, pero alguien decidió que no merecíamos una educación superior decente. Se ha dicho que veinte centavos valen precisamente eso: la quinta parte de un peso. La docencia que se impartía en la UNAM estaba devaluada. Nada se resolvía con subir las cuotas a mil pesos, o con bajarlas a cero. Era lo mismo. Yo veo a nuestros estudiantes, con su inmenso idealismo y deseo de progresar, y me pregunto con tristeza qué será de ellos en unos diez años. Imagino que muchos, acaso la mayoría, acabarán en los barrios chicanos de Los Angeles o de Chicago. Allá recordarán con melancolía la gloriosa huelga de 1999 y la educacion de veinte centavos que les dimos en la UNAM.

…Y en la otra esquina del ring

En Washington, ya pasado el juicio por desafuero a Clinton, el Congreso se puso a chambear. Y aprobaron unos incrementos sólidos aunque modestos en ciencia y tecnología para inaugurar el nuevo milenio. Se autorizó un presupuesto de 78,200 millones de dólares para el año 2000, lo que viene a ser un incremento menor que el de la inflación. La mitad de este presupuesto está destinada a la investigación en defensa nacional. La National Science Foundation (NSF), cuyas funciones incluyen otorgar apoyos a los investigadores en las universidades y a los institutos de investigación básica, recibirá el 3.6% del total. Eso constituye un buen aumento pero es apenas la sexta parte de la NASA, o la octava parte de los Institutos Nacionales de Salud.

Hasta aquí la situación no parece tan diferente a la de México. Pero veamos un poco cómo se reparte el dinero dentro de esas grandes instituciones de Estados Unidos. Lo primero que notamos es que el gasto administrativo es mínimo. No pinta. Está incluido en cada uno de los programas respectivos. El desglose, para la National Science Foundation, resulta ser casi al revés de lo que pasa en el Conacyt. Así, el rubro correspondiente a las geociencias es de 485.5 millones de dólares, que representa un 12.3% del total de la NSF. Luego vienen las ciencias e ingenierías de la información y cómputo, con 422.5 millones de dólares. Sumando física, química y astronomía se llega a 428.1 millones de dólares, menos de lo correspondiente a ciencias de la tierra. En México, en cambio, geociencias y medio ambiente están en el último (décimo) lugar del Conacyt.

Tales prioridades no son nuevas. Vienen siendo dictadas por las preocupaciones de la sociedad. En Mexico, la riqueza del subsuelo está hipotecada y no hay incentivos para buscarla y aprovecharla. Nos estamos acabando nuestros ecosistemas y ni sabemos qué fumarolas ponzoñosas se respiran en nuestras ciudades. Tal parece que el medio ambiente nos tiene sin cuidado.

Sin embargo, hay estrategas americanos de la ciencia que esperaban un apoyo aún más generoso del gobierno de Clinton. El doctor Neil Lane, asesor científico de la Casa Blanca, admitió que «las noticias no son muy buenas este año». Es que hubo recortes, si bien se produjeron principalmente en el presupuesto de la defensa; de todos modos, algunos esperaban un apoyo más generoso en vista del financiamiento de emergencia que apenas se había logrado el año pasado. Pero esta vez el propio gobierno americano fue el que impuso unos candados, los caps, para gastos del gobierno federal. No se permitió que se tocaran los excedentes en el presupuesto de ingresos hasta no aprobarse la nueva ley de seguro social, o sea, hasta después de 2001.

Para el año 2000, el principal programa nuevo será el programa presidencial de computo llamado IT2, que costará 366 millones de dólares para ese año. Un 60% de este programa será dedicado a investigación sobre cómputo en las universidades.

En una reciente reunión del Consejo Consultivo de Ciencias, que asesora al Presidente de la República, me permití expresar preocupación porque nuestro sistema de ciencia y tecnología está concentrado de manera preponderante en la UNAM. Y la UNAM está prendida con alfileres.   n

Cinna Lomnitz. Geofísico. Investigador de la UNAM.