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Pop corn: Disparos en escena

Por Martha Bátiz Zuk

Dos éxitos teatrales muy claros preceden la puesta en escena de Pop Corn. Cronológicamente hablando, habría que mencionar primero Arte, de Yazmina Reza, dirigida por Mario Espinosa, que el año pasado concluyó una larga y exitosa temporada en el teatro Helénico. En segundo lugar quedaría Moliere, el mejor texto dramático que ha escrito Sabina Berman, una coproducción de Argos Teatro y la Compañía Nacional, que desde hace varios meses agota las localidades del teatro Julio Castillo cada fin de semana. Pop Corn, de Ben Elton, es una comedia inglesa que nada tiene que ver con Arte o con Moliere salvo que, para hacerla realidad en nuestro país, se conjuntaron con habilidad los talentos que ya habían probado las mieles del triunfo innegable en las dos obras ya mencionadas. Mario Espinosa asumió la dirección de Pop Corn, y Argos Teatro —encabezada por el siempre activo Enrique Singer— pasó a formar parte de la empresa productora Argos Becker Jinich para llevar a cabo un montaje más que digno en el totalmente remodelado teatro Lídice, antes San Jerónimo.

El elenco está encabezado por Fernando Ciangherotti (Bruce Delamitri), Juan Manuel Bernal (Wayne Hudson), Roberto Medina (Karl Brezner), Cecilia Suárez (Scout) y Ludwika Paleta (Velvet Delamitri). Actúan también Surya Macgrégor (Farah Delamitri), Arleta Jeziorska (Brooke Daniels), Dora García (Selena) y René Lovo (Bill). La acción se divide en dos actos y la trama intenta mostrar la manera en que los norteamericanos fracasan al enfrentarse a la violencia que ellos mismos generan, condenan, alaban y  premian. Bruce (Ciangherotti) es una especie de Quentin Tarantino que de pronto ve su casa invadida por Wayne (Bernal) y Scout (Suárez), los llamados «asesinos American Express». Las situaciones que se suscitan a partir del enfrentamiento entre el cineasta y su familia y estos seres que parecen haber brincado a la realidad desde alguno de sus guiones, son divertidas y emocionantes (pero, a diferencia de lo que ocurre en otras obras, mencionar aquí algún ejemplo arruinaría por completo la sorpresa de quien no ha ido a verla).

En el texto se cuestiona sin freno quién debe asumir la culpa por la existencia de personas como Wayne y Scout; quién debe hacerse responsable por la violencia que impera en el país: aquellos que la producen y la comercializan, o aquellos que la consumen con avidez. Todos los personajes —la obra en sí— se convierten entonces en una especie de perro inmenso que gira en torno a sí mismo persiguiéndose la cola hasta que la muerde y se desangra. Y son fiel reflejo de lo que ocurre en la sociedad estadunidense.

Las actuaciones son de alta calidad en general (a pesar de que Juan Manuel Bernal sobreactúa), pero yo destacaría a Cecilia Suárez: Scout tiene contrastes muy bien manejados, y los trabajos corporal y vocal son espléndidos. Logra una auténtica caracterización interna y externa del personaje.

El texto es ágil y la hábil dirección de Mario Espinosa mantiene la tensión y la vertiginosidad en crescendo hasta que en el segundo acto uno está completamente a merced de los acontecimientos. La traducción de Otto Minera es muy buena y precisa, y la escenografía de Gabriel Pascal, como siempre, resulta visualmente atractiva e idónea para las necesidades del texto. Todo esto le augura a Pop Corn una larga permanencia en nuestra cartelera (aunque, por cierto, Ludwika Paleta está embarazada: cuando sea evidente, abandonará la obra, de modo que le recomiendo que asista a verla cuanto antes, porque siempre es preferible ver las obras de teatro con su elenco original)  .n

Martha Bátiz Zuk. Actriz y escritora.