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Por fortuna la tenemos al alcance de la mano. Por eso ofrecemos esta breve glosa del artículo que la revista The Economist (agosto 9-15, 1997)dedicó a la aspirina, con motivo de su cumpleaños número 100.

Puede hacerlo todo, o casi todo: aliviar el dolor, combatir la inflamación y la fatiga, relajar los músculos, prevenir ataques cardiacos y ponerle un hasta aquí al dolor de muelas, el estrés, las reumas y la artritis leve. Es la aspirina, que el 10 de agosto cumplió 100 años de vida. Su existencia se debe al químico alemán Felix Hoffmann, que en 1897 trabajaba para la empresa Bayer y que después de varios estudios logró sintetizar el acetilato del grupo de los fenoles con el ácido salicílico.

¿Pero qué tuvo que ocurrir antes de llegar a este descubrimiento? La historia es como sigue. En 1763, el vicario inglés Edward Stone se empeñó en la tarea de estudiar un extracto de sauce que utilizó para el tratamiento de la fiebre. ¿Qué contenía ese extracto?: ácido salicílico. En 1829, la acción se desplazó a Francia. Henri Leroux, un farmaceútico, obtuvo por primera vez un compuesto de ácido salicílico, llamado salicina, en forma cristalina. Poco después, el químico italiano Raffaele Pira obtuvo el ácido en estado puro. Los informes sobre sus beneficios se expandieron rápidamente y la demanda creció. Hermann Kolbe, quien dio con su estructura química y logró fabricarla de manera artificial, fue el penúltimo eslabón de la cadena. Para 1874, ya se había instalado una fábrica en Dresden, que vendía el compuesto a una décima parte del valor del extracto de sauce. Luego llegó Felix Hoffmann, que descubrió la aspirina motivado por las dolencias reumáticas de su padre. Bien, Hoffmann, muy bien.