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Este es el informe sobre las conclusiones y recomendaciones de un grupo de expertos sobre medios de comunicación y política. Fue presidido por Andries van Agt, Presidente del Consejo de Interacción, el 24 de abril de 1997, en Viena, Austria.

Un grupo de políticos eminentes, miembros del Consejo de Interacción, y periodistas de primera línea procedentes de diferentes regiones del mundo discutieron y analizaron las relaciones, responsabilidades e interdependencias de los medios y la política. ¿Hasta qué punto deben ambas partes considerar complementarias sus funciones y tratar de cooperar, y hasta qué punto están en confrontación por naturaleza? Los políticos quieren ser elegidos, los periodistas quieren lectores, televidentes y vender publicaciones y programas. El mercado de las curiosidades tal vez no coincida con el interés público.

Al parecer, hay una diferencia importante en la manera de experimentar y percibir los medios de comunicación en diferentes regiones del mundo. Los medios de comunicación en los Estados Unidos y el reino de la cultura de los medios en el mundo occidental se pueden considerar como un sistema que hasta ahora desempeñaba dos papeles: 

a) Informar al público a fin de que se pueda dar una conversación común. 

b) Ser el «cuarto poder» adversario que controla al poder político con información objetiva y equilibrada.

No obstante, el primer papel se ha dejado de lado en beneficio del sensacionalismo tabloide, resultado de una serie de causas afines, la principal de las cuales es la modalidad de transición de una prensa responsable en una economía de mercado a una prensa frívola en el mercado de consumo de masas de la cultura postmoderna. En esta nueva cultura, en la que las imágenes han suplantado a las ideas en el discurso social, las celebridades han reemplazado a las autoridades como figuras centrales, debido en parte a la extendida burla de la autoridad por parte de los medios de comunicación. Pero esta erosión de una prensa responsable es también el resultado de los imperativos comerciales de un mercado de los medios de comunicación saturado. Cuando se fundaron los Estados Unidos, los primeros periódicos de Nueva Inglaterra publicaban irregularmente, a veces quincenalmente, a veces mensualmente, porque publicaban sólo cuando había noticias. Ahora, con la cobertura de noticias las 24 horas tipo CNN y 2000 corresponsales acreditados por la Casa Blanca, hay que dar noticias incluso cuando no las hay. Y como el número de agencias de los medios ha crecido tanto, hay que ser sensacional para destacar, para hacerse notar, para competir con la competencia, lo cual lleva al sensacionalismo a medida que los medios de comunicación se convierten en el meollo de las sociedades postmodernas. 

La ausencia del antiguo equilibrio en la función de los medios de comunicación hace que la ciudadanía se despolitice y acabe desinteresándose de la vida política. La política es simplemente otro episodio de la banal disputa de personalidades. 

La sensación general es que los medios de comunicación, sobre todo en los Estados Unidos, son demasiado negativos. Dan más importancia a la revelación de lo que está mal y no suelen contar todo sobre lo que sí hace bien el gobierno. Esta negatividad también se aplica a la cobertura de otras instituciones importantes, como la religión, la educación, la economía y los negocios. Los medios de comunicación tendrían que ser perros guardianes que ladran cuando algo va mal, pero se han convertido en cambio en perros de ataque «que se lanzan contra la pierna y quieren más». 

Los medios de comunicación tienen una actitud y una sensibilidad excesivas de saberlo todo en vez de informar sobre hechos y dedicarse a una investigación exhaustiva. Esta tendencia está acelerada por un periodismo de celebridades en el que la labia y lo provocador se recompensan con apariciones en la televisión y altas tarifas por conferencia. 

Los medios se apresuran a juzgar sobre personas, tendencias y acontecimientos. Se ven empujados a la dinámica por la velocidad del ciclo de noticias, en el que las historias de relleno son cubiertas por la televisión instantáneamente. Malinterpretan la necesidad del público empujándonos a encontrar «exclusivas sensacionales» que carecen de justificación y son prematuras, en vez de brindar información básica y dejar que la gente tome sus propias decisiones en la evaluación de los acontecimientos. El análisis periodístico es valioso y necesario en el mundo complejo de hoy, pero algunos medios lo están empujando a un inquietante y nuevo nivel. 

Durante la reunión se plantearon dos preguntas: ¿qué esperan los políticos de los periodistas?, y ¿qué esperan los periodistas de los políticos? Una tercera pregunta tendría que ser: ¿qué puede el público esperar de ambos? 

Políticos y periodistas tendrían que estar al servicio del público. Este servicio es el que justifica los privilegios especiales de los que gozan, por ejemplo, la obligación del gobierno y la administración de asegurar el acceso de los medios a la información. Aunque tal vez haya una relación sumamente adversa entre la política y la prensa en los Estados Unidos después de Watergate y Vietnam, en muchas partes del mundo el problema es, al contrario, una relación demasiado cercana. En algunas partes del mundo, políticos y periodistas viven y trabajan juntos muy estrechamente, lo cual hace que la información independiente sea difícil. La prensa suele saber mucho más de lo que informa. La información se difunde en círculos que están en segundo plano con el entendimiento de que no se puede utilizar. O se filtra a los medios que tienen buenas relaciones con el gobierno o con la oposición. Entonces, el verdadero problema no es la confrontación sino la confabulación.

Se han de evitar ambos. Para servir bien al público, políticos y periodistas deben comunicar con profesionalismo. Deben mantener una cierta distancia, permitiendo que la prensa informe independientemente y sin prejuicios. La democracia no tiene cabida ni para el favoritismo político ni para la prensa partidaria. 

Al mismo tiempo, en Asia se hace más hincapié en los problemas que políticos y algunas partes de la sociedad provocan a los medios de comunicación en lo que se refiere a sus funciones básicas: informar al público y controlar el poder político. Se percibe con demasiada frecuencia a los medios como perros falderos obedientes al poder político. En Asia no parece que haya «una relación lo bastante adversa entre medios de comunicación y política». 

Por la misma razón, hay países en Asia o en América Latina que parece que confían demasiado en las agencias norteamericanas para la cobertura de sus regiones, lo cual también empaña la actitud de responsabilidad. 

Para los políticos es molesto darse cuenta de que los medios de comunicación están cargados de comercialismo, de la necesidad de ser sensacionalistas —»infocracia» como lo llamó alguien— o del deseo de algún periodista por tener influencia política y hasta poder en vez del deseo de servir al público informando. Desde la perspectiva política, lo que hace falta son «buenas noticias» en los medios de comunicación, una clara defensa de los asuntos públicos por parte de los periodistas, reglas transparentes de ética dentro del comercio (relativas a información limpia, respeto a la privacidad, asuntos de gusto y estilo, etc.). También hace falta una norma clara de información limpia y de crítica profesional. 

El Grupo de Alto Nivel llegó a un acuerdo sobre el carácter inevitable de la tensión natural entre los medios y la política. 

Por la misma razón, sería difícil e indeseable buscar un denominador común en todas las regiones del mundo para orientar las relaciones entre el sistema político y los diferentes tipos de medios (prensa de calidad, tabloides, televisión, etc.). La obligación de un comportamiento responsable y de normas éticas debería seguir siendo asunto de autorregulación. La censura está excluida. 

La independencia de los medios es esencial, el autocontrol y el comportamiento responsable incrementan el autorrespeto y la credibilidad. La descomercialización de los medios sería contraproducente en general puesto que socava la autoridad, la credibilidad y cualidades afines. («La prensa comercial es la peor, salvo por todas las demás», como se enunció.) Las reglas generales para un comportamiento responsable, impuestas por la autoridad externa, en general se rechazaron por contraproducentes. Por otra parte, hubo referencias a instituciones como el Ombudsman de la prensa y los Consejos de Medios de Comunicación, donde se podrían definir reglas de conducta, discutirlas y cambiarlas, y donde se podría impugnar a los periodistas respecto a responsa-bilización, exactitud y demás. 

A modo de sugerencia, el Grupo se extendió en la idea de hacer hincapié en la educación y la capacitación para preparar a una nueva generación con objeto de que pueda enfrentar el bombardeo moderno de comunicación e información, y encontrar caminos propios en tanto clientes y ciudadanos responsables. 

Lista de participantes

Miembros del Consejo de Interacción:

1. Andries van Agt, ex Primer Ministro de Holanda.

2. Miguel de la Madrid Hurtado, ex Presidente de México.

3. Kalevi Sorsa, ex Primer Ministro de Finlandia.

Participantes: 

4. Flora Lewis, International Herald Tribune (EU). 

5. Nathan P. Gardels, Global Viewpoint (EU).

6. Cushrow Irani, Jefe de redacción del Statesman (India).

7. Matthias Nass, Die Zeit (Alemania).

8. Akio Nomura, Asahi Shimbum (Japón).

9. Ben Knapen, Philips Corporate Com-munications (Holanda).

10. Ken Walsh, U.S. News y World Report.

11. Woo Seung-yong, Munhwa Ilbo (República de Corea).