Bertha Teresa Ramírez. Periodista. Ha colaborado en El Nacional.

A sólo dos años de haber superado 130 años de distanciamientos formales con el Estado, la asamblea de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), máximo órgano de gobierno del clero episcopal, llevará a cabo elecciones para renovar a su presidente. Varios hechos transcurridos a lo largo de este lapso recomponen corrientes y crean nuevas alianzas que enmarcarán el turbulento escenario electoral de los obispos mexicanos.

Como lo marcan los estatutos de ese cuerpo colegiado, a finales del año la CEM deberá llevar a cabo elecciones para renovar a su presidente y a los representantes de sus 15 comisiones, mediante las cuales desarrolla su trabajo pastoral en todo el país.

En la primera quincena de noviembre, los 92 obispos mexicanos con derecho a voto llevarán a cabo su asamblea número 57. Desde 1965 -año en que se fundó la CEM- a la fecha, ese órgano de la jerarquía católica contó con cinco presidentes quienes en su mayoría han repetido consecutiva y alternativamente en el cargo.

En sus casi 30 años de existencia fueron presidentes de la CEM el arzobispo de Puebla, Octaviano Márquez; el cardenal y arzobispo de Guadalajara, José Salazar, ambos ya fallecidos; el cardenal y arzobispo de Oaxaca, Ernesto Corripio Ahumada, quien lo ha sido por tres ocasiones; el arzobispo de Veracruz, Sergio Obeso, y Adolfo Suárez Rivera, arzobispo de Monterrey.

A unos cuantos meses de la elección, varios nombres se barajan en el ámbito clerical como los posibles candidatos a suceder a Adolfo Suárez Rivera, quien viene ocupando la presidencia de la CEM en los últimos seis años.

Los nombres que más se escuchan en el ambiente clerical para ser candidatos provienen de la corriente conservadora del clero, identificada con el nuncio Girolamo Prigione. Ellos son: el recientemente nombrado arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, y los obispos de Tijuana, Emilio Berlie Belauzarán, y de Zacatecas, Javier Lozano Barragán. Esa misma terna figuró para designar al sucesor del arzobispo de Guadalajara Juan Jesús Posadas.

Sin embargo, según lo expresan miembros del clero intelectual, los últimos acontecimientos en el país podrían inclinar la balanza hacia la elección de un personaje de tendencia equilibrada, más que por uno muy conservador. A Sandoval Iñiguez ya se le menciona como un obispo “centro- conservador”. Unos diez nombres más se señalan como posibles candidatos, entre los que figuran con bastante intensidad por lo menos cinco de los 15 arzobispos no jubilados. Aunque no es condición estatutaria, según la tradición electoral del episcopado mexicano, quienes tienen más posibilidades de ocupar este cargo son, por su condición, los arzobispos que existen en el país. De ellos, diez quedan descartados ya que estarían por rebasar los 75 años, edad límite para el retiro sacerdotal.

Así, los arzobispos que podrían competir por la presidencia de la CEM, con edades fluctuantes entre los 60 y 65 años, son Sergio Obeso, de Veracruz, quien ya ocupó ese cargo por dos periodos; de Durango, José Trinidad Medel Pérez; de Puebla, Rosendo Huesca Pacheco; de Oaxaca, Héctor González Martínez, arzobispo coadjuctor, y de Chihuahua, José Fernández Arteaga; además de Juan Sandoval Iñiguez, quien incluso podría ser nombrado cardenal.

Se mencionan también los obispos de Torreón, Luis Morales Reyes; de Querétaro, Mario de Gasperin; de Tacámbaro, Alberto Suárez Inda; de Ciudad Obregón, Vicente García Bernal, y de Cuernavaca, Luis Reynoso.

LAS CIRCUNSTANCIAS

Las Próximas elecciones episcopales se darán en medio de una gran efervescencia dentro y fuera de la política eclesial, lo que ha polarizado al clero y dado motivo a una nueva correlación de opiniones -que confrontan a conservadores con independientes- entre los obispos mexicanos. Varios son los asuntos que jugarán un papel en el escenario electoral y todos ellos de gran relevancia en la vida interna del episcopado.

Primero: hacia el exterior, los obispos llegarán a su asamblea número 57 con el asesinato aún no del todo aclarado del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, arzobispo de Guadalajara, y con la protagónica presencia del obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, tras el levantamiento armado en el estado de Chiapas.

Segundo: en 1994 no sólo habrá elecciones para la presidencia de la CEM, sino que también en junio de este año el cardenal y arzobispo primado de México, Ernesto Corripio Ahumada, cumplirá la edad límite para el retiro, 75 años, por lo que deberá enviar su renuncia al Sumo Pontífice Juan Pablo II como lo marca el derecho canónico.

Además, están pendientes también las designaciones de los obispos que habrán de gobernar las diócesis de Zamora, Tula y Huejutla.

Entre todos estos antecedentes resaltan, con vistas a las elecciones episcopales, las polémicas posturas que han adoptado obispos ligados a la alta jerarquía del clero y que han dejado entrever diferencias, alianzas, líneas, corrientes y hasta discordias. En la polémica ha estado presente la arquidiócesis de México, que preside el cardenal Corripio. Por tradición, es la demarcación religiosa de mayor importancia pues se trata del arzobispado más antiguo del país. Su representante viene siendo sucesor directo de Fray Juan de Zumárraga, primer arzobispo de México.

México es la mayor plaza territorial del mundo católico, al contar con más de 900 templos y 439 sacerdotes. También aquí se encuentra la Basílica de Guadalupe, que percibe ingresos económicos de por lo menos mil millones de viejos pesos anuales, según las cifras proporcionadas por el propio abad de la Basílica, Guillermo Schulenburg.

A favor de que se divida esta gran arquidiócesis, se han pronunciado abiertamente el nuncio Girolamo Prigione y el abad Guillermo Schulenburg y se ha opuesto, en medio de un verdadero clamor popular, el clero diocesano.

Tanto la importancia de esta sede episcopal como la investidura de cardenal que tiene el señor Corripio -forma parte del colegio cardenalicio, considerado como el senado de la Iglesia e integrado actualmente por 130 cardenales, cuyas funciones más importantes son las de elegir al Papa y actuar como sus consejeros en los más graves asuntos de la cristiandad- han reflejado los celos del nuncio Prigione, quien rechazó públicamente que Ernesto Corripio ostente la máxima jerarquía clerical en el país.

La postura del nuncio provocó que a Corripio se le considere una especie de líder de la corriente opuesta a Girolamo Prigione. Las diferencias entre ambos polarizaron al clero mexicano.

Si el Papa Juan Pablo II aceptara de manera inmediata la renuncia del cardenal Corripio, las normas del clero establecen que el nuncio apostólico, en este caso Girolamo Prigione, deberá enviar a la Santa Sede una terna de posibles sucesores. Pero en el planteamiento de la terna, junto a su opinión también tendrán que ir las que sugieran el arzobispo (en este caso sería la de monseñor Corripio), la opinión de los sufraganios de la provincia a la cual pertenece la diócesis que se ha de proveer, y la del presidente de la CEM. Si lo juzga necesario “el legado pontificio pide en secreto y separadamente, las de algunos de uno y de otro cleros y también laicos que destaquen por su sabiduría”.

Las normas permiten que con anterioridad y de manera particular, los obispos puedan enviar directamente al Papa sus opiniones personales respecto a los candidatos viables para ciertas diócesis. (Canon 377).

Es el Papa, y solamente el Papa, quien elige a los obispos. Puede incluso no considerar la terna, ya que en materia de elección de obispos la Santa Sede también puede investigar por su cuenta y consultar tanto al clero como a laicos conocedores de la realidad del país en cuestión. El derecho canónico establece que el Sumo Pontífice nombre libremente a los obispos y confirme a aquellos que han sido electos por su antecesor de manera legítima.

Algunos miembros del clero consideran que una buena elección requeriría de un acuerdo entre el nuncio Prigione y el Cardenal Corripio, o bien de una auténtica labor de cabildeo por parte de ambas jerarquías para influir sobre los obispos que podrían intervenir en la sucesión de Corripio Ahumada. Así lo indicó el padre Baltazar Figueroa, secretario de comunicaciones sociales de la diócesis de Cuernavaca y biógrafo del extinto obispo Sergio Méndez Arceo.

Sin embargo, al parecer existe una opinión generalizada entre el clero episcopal y el diocesano de la Ciudad de México en el sentido de que la renuncia de Corripio no será aceptada de inmediato, debido a que por su investidura de cardenal el Papa podría decidir mantenerlo por varios años más.

El único problema sería el estado de salud del arzobispo primado, ya que el año pasado estuvo fuera de actividades por más de seis meses debido a complicaciones cardiacas; tiene un marcapaso en el corazón debido a la afectación de un herpes en el nervio trigémino.

En la comunidad sacerdotal también había expectativa por el personaje que sucedería al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, quien gobernaba la arquidiócesis de Guadalajara, segunda en importancia en México. Posadas Ocampo murió durante una violenta balacera entre presuntos narcotraficantes, el 24 de mayo de 1993, en el aeropuerto internacional de Guadalajara. El hecho consternó a la sociedad mexicana. Al respecto, laicos católicos y miembros del clero han manifestado que la postura de Prigione al aceptar de inmediato la tesis respecto a la muerte del cardenal, provocó disgusto y tensión entre los obispos mexicanos.

Desde los primeros días del año el gobierno clerical también se agitaba por el inesperado protagonismo que adquirió tras el levantamiento armado en el estado de Chiapas, el obispo de San Cristóbal de las Casas Samuel Ruiz García, disidente de la línea conservadora del episcopado y del nuncio Girolamo Prigione. La presencia de Ruiz como mediador para la paz y la reconciliación, dio un nuevo marco al año electoral de los obispos y provocó un viraje en la relación de los clérigos con el gobierno y su principal interlocutor, Girolamo Prigione. El estallamiento dio pie a una nueva conformación de relaciones y alianzas en el episcopado. Con Samuel Ruiz, la CEM se manifestó en unidad. Parte de las diferencias entre el obispo de San Cristóbal de las Casas y el diplomático vaticano, se ventilaron públicamente a finales de octubre del año pasado, cuando como preludio al conflicto que se desató en el primer día de 1994, ambos prelados se habían confrontado en torno a la realidad de extrema pobreza que impera en esa entidad.

Con los sucesos de Chiapas, la historia de la que nadie escapa alcanzó pronto al diplomático Prigione y al obispo Ruiz. Todo trascendió durante una conferencia de prensa, el 27 de octubre de 1993 en el restaurante University Club. Allí, Prigione reconoció que la Santa Sede analizaba la situación del obispo Samuel Ruiz García y confirmó las versiones periodísticas de que informes enviados desde México podían provocar la remoción de Samuel Ruiz de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, donde ha permanecido por 34 años. 

Prigione señaló que al estudiar el caso, “el Vaticano no cede a presiones y si actúa, lo hace por motivos estrictamente eclesiales”. En ese momento se negó a concretar la responsabilidad que se le atribuía a Samuel Ruiz.

Sobre el tema de Chiapas, Prigione señaló “que la Iglesia Universal que sigue el mandato de Cristo promueve a los pobres, ya sea en México o en cualquier parte del mundo, pero sin actitudes políticas o de violencia. La metralleta, dijo, “no resuelve los problemas, los agudiza. Nosotros debemos promover soluciones con presiones morales y también dialogando”.

Casi un mes después, Samuel Ruiz reveló en un mensaje pastoral que hizo circular a la prensa, los presuntos motivos por los cuales la Santa Sede analizaba su situación. En el mensaje relató que “Una carta pastoral, entregada al Sumo Pontífice en la que resumía 34 años de su experiencia pastoral en las regiones de Chiapas, fue aparentemente la gota de agua que derramó la rabia acumulada de las instancias de poder que viven de la explotación de los pobres. Esa carta se convirtió en motivo para acusaciones que se acumularon a las anteriormente vertidas por los mismos actores, pero que en este caso hicieron viaje a Roma de donde viene lo que a ella va”.

En el escenario que precede a las elecciones del próximo presidente de la CEM, se podrían distinguir por lo menos dos grupos clericales, uno de ellos identificado con el embajador del Vaticano en México.

Hay que hacer notar que desde su llegada a México hace 16 años, primero como delegado apostólico y después como embajador, Prigione ha tomado parte en la promoción de la ordenación episcopal de 44 de los 92 obispos que tendrán derecho a voto para las elecciones de noviembre próximo. Con su grupo se identifican, entre otros, el obispo de Zacatecas, Javier Lozano Barragán; el de Cuernavaca, Luis Reynoso; el de Tijuana, Emilio Berlie; el de Ciudad Juárez, Juan Sandoval Iñiguez, y el de Querétaro, Mario de Gasperin.

Asimismo, parece haber otro grupo de obispos no cercanos al nuncio Prigione y más vinculados con el cardenal Ernesto Corripio Ahumada. Entre ellos se encuentran Sergio Obeso y Carlos Quintero Arce, este último arzobispo de Hermosillo. Con ellos podrían estar ahora en alianza los obispos que se han confrontado con el nuncio Prigione y que se ubican en la región del Pacífico sur, donde se encuentran algunas de las diócesis más pobres del país y dos de los líderes clericales más fuertes en este momento: Samuel Ruiz, de San Cristóbal de las Casas, y Arturo Lona Reyes, obispo de Tehuantepec.

Aparentemente existe otro grupo de obispos, los “no alineados”, que han mostrado una actitud más independiente en cuanto a las líneas dictadas desde la embajada vaticana y mayor prudencia respecto a un personaje como Samuel Ruiz. Estos serían Ramón Godínez, actualmente secretario general de la CEM, y Felipe Arizmendi, obispo de Tapachula. Ambos recibieron la ordenación episcopal durante el tiempo en que ha estado en el país el nuncio Prigione.

LOS RETOS, LOS PERFILES Y LOS CANDIDATOS

La nueva mesa directiva de la CEM tendrá diversos retos. En ese sentido se expresan intelectuales del sacerdocio como el padre Luis Fletes, rector del Colegio Pontificio de México en Roma hasta 1993 y nuevo vicario episcopal del arzobispado de México, quien define como uno de ellos “ilustrar la fe”, usando el evangelio como una contribución al desarrollo social del país.

El padre Antonio Roqueñi, doctor en derecho canónico y civil, asesor legal de la arquidiócesis de México, puntualiza: “ciertamente el conflicto en Chiapas está produciendo al interior de los sacerdotes, de los obispos y del pueblo fiel, una reflexión. Es verdad, y de esto dependerá qué actuación vamos a tener en el futuro”.

En tanto, el padre Manuel Olimón Nolasco, investigador y coordinador del Instituto de Investigación Histórica de la Universidad Pontificia de México, destaca como uno de los retos “tener a un representante episcopal que establezca diálogo hacia afuera y concertación hacia adentro. Un presidente, señaló, que haga fuerte la cohesión interna entre los obispos propiciando la unidad en la diversidad”.

Durante su estancia en Roma el padre Luis Fletes obtuvo información anticipada sobre la segunda y tercera visitas del Papa a México, misma que adelantó a algunos reporteros mexicanos desde la Santa Sede, provocando la molestia del nuncio Girolamo Prigione, quien se quejó directamente ante el Vaticano de los informes proporcionados a la prensa mexicana. 

Luis Fletes nos concede una entrevista en su austera oficina de la Curia, donde desde su regreso de Roma ocupa el cargo de oficial de matrimonios de la arquidiócesis de México. El sacerdote advierte que las elecciones episcopales no deben ser vistas al estilo de una campaña política, “nosotros no debemos estar preocupados por quién va a ser, no estamos en campaña para elegir presidente de la República”. Fletes agrega que el presidente de la CEM no da líneas y aclara: “Las líneas las van a sacar entre todos, no hay autoritarismo de ordenanzas y consignas, el presidente es sólo un humano que coordina a sus hermanos”.

Como para dejar claro que no hay consignas, el sacerdote, sentado detrás de un austero escritorio y frente a un cuadro de la Virgen de Guadalupe que pende de la pared, explica: “Mire, pongamos por ejemplo el caso concreto de Chiapas. Ahí quien tomó la decisión de ser mediador para la paz, en conciencia, fue don Samuel Ruiz. El fue quien tomó la decisión. El presidente de la CEM no le dijo, hágalo, o es necesario que lo haga. Son los obispos los únicos responsables de sus diócesis”.

Con cierta inconformidad, Luis Fletes rechaza que a las elecciones episcopales se les pretenda dar un giro que las pueda hacer ver similares a las de un proceso comicial civil. Sin inmutarse, señaló que para empezar, dentro de la organización del clero “no existe la democracia. Este es un concepto de la sociedad civil y de la política. Aquí sólo hay un enviado y una misión que cumplir. Quien es presidente de la CEM sabe que está en calidad de enviado para ayudar a coordinar la evangelización de las diócesis, lo cual abarca lo religioso, lo social y lo cultural. Esa sería en todo caso la consigna”.

Más adelante, Luis Fletes acepta hablar del perfil que en su opinión debe tener el próximo presidente del episcopado. Consideró que debe ser un hombre concertador y ecuánime, “un hombre que no se deje llevar por tantas presiones que hay y que no le guste jugar doble juego y conectar a un hecho con otro”. Luego habla sin ambages de algunos de los personajes que se mencionan, pero advierte que él sólo ha pensado en el obispo de Torreón, Luis Morales Reyes, “y no he pensado en ningún otro”.

Sobre Francisco Javier Chavolla, obispo de Matamoros, dice: “No, no creo, le hace falta desenvolvimiento episcopal”. Acerca de Javier Lozano Barragán, obispo de Zacatecas, y Emilio Berlie, de Tijuana, aseguró: “Son brillantes. El obispo de Zacatecas se distingue por su intelectualidad y algunos están a favor de un protagonismo de ese tipo. Berlie, en cambio, tiene mucho mundo y tiene cuna, no es `de petate’. Es un personaje de mucha relación, es muy dinámico, sabe relacionarse con la gente del poder y algunos quisieran ese tipo de protagonismo”.

Fletes reflexiona sobre los nombres que se escuchan. Se refiere al obispo de Cuernavaca, Luis Reynoso, a quien califica como “un hombre de derecho”. Así, en cierta forma aborda una de las inquietudes que prevalecen en el clero, relacionada con más reformas legales en materia de religión. Hay quienes piensan, indica, “que quien debe representar a la CEM debe ser un hombre de derecho, pero aquí habría que preguntarse qué proyecto hay detrás de los que piensan así. Hay que ver si piensan que un hombre de leyes va a imponer la ley, va a actuar según la ley o va a reformar la ley”.

Muy sereno, Fletes habla de sus propias preferencias: “Yo he pensado en el señor de Torreón -se refiere al obispo Luis Morales Reyes-. Me parece un obispo de mucho diálogo, me parece que da un buen testimonio de sacerdocio, con capacidad para dialogar ya sea con gente de las altas esferas o con gente de la más menuda y sencilla. Es organizado, sabe tomar decisiones y además ya conoce, porque estuvo en el consejo de presidencia de la CEM, donde fue ecónomo. Es decir, ya ha tenido su fogueo”.

Por primera vez en la historia del país una elección de esta índole genera interés y expectación fuera de los muros de la hermética vida episcopal.

Antonio Roqueñi es un personaje polémico, doctor en derecho canónico y civil, ha sido un sacerdote activo en los cambios y conflictos suscitados durante los últimos dos años, en las relaciones de la arquidiócesis de México con el gobierno y con el nuncio Girolamo Prigione.

Sus desaveniencias con el diplomático italiano no han sido secretos del confesionario. Primero, lo acusó de cometer un error histórico al solicitar el registro de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana ante la Secretaría de Gobernación, con cuyo acto el nuncio se abrogaba un poder superior al de los obispos mexicanos. Apenas en febrero de este año, el sacerdote acudió a la nunciatura apostólica para pedir personalmente al nuncio Prigione que abandonara el país.

Directo, sin rodeos, mientras dos tazas de café se enfrían sobre la mesa de juntas, en el salón del arzobispado donde nos recibe, dice a la reportera: “Si lo que usted quiere decir es que este año estará muy movido para la iglesia y para el clero mexicano, es cierto, porque habrá elecciones”.

Se niega a mencionar nombres, pero advierte: “El nuevo presidente de la mesa episcopal contará con el apoyo de todos los obispos puesto que lo habrán de elegir de acuerdo con los estatutos; por lo tanto, que no se preocupe el nuevo presidente de la CEM, porque contará con el apoyo de sus hermanos”.

Roqueñi evade cualquier alusión a personas pero deja claro que “ese puesto consiste en presidir una cámara de obispos y no convertirse en el jefe de la iglesia mexicana, porque no existe ningún jefe de la catolicidad mexicana, no existe, sólo lo son el Santo Padre y el obispo de cada diócesis”.

Antonio Roqueñi se pronunció porque la elección del presidente del episcopado mexicano se haga sin interferencias de nadie, “ni de los grupos sociales o empresariales, ni del nuncio, ni de nadie”. Indicó que por encima del origen de su nombramiento, cada uno de los obispos que componen la CEM es responsable de su voz y de su voto para efectos de elegir a un presidente. “Yo me fío de que los obispos, celosos de su cargo y sumamente nacionalistas, emitirán con libertad su voto”, dijo.

Para Roqueñi Ornelas, lo ocurrido en Chiapas abre nuevos campos a la acción pastoral y a la acción social de la Iglesia, “y esos nuevos campos nos comprometen. Debemos estar más con los pobres -advierte-, más con los necesitados, más con la denuncia de las injusticias, más con la ejemplaridad de nuestra propia vida. Hay que cuidarse mucho de ir a bautizar solamente a los hijos de los ricos, hay que cuidarse de merendar con los poderosos y hay que cuidarse de vivir en Bosques de las Lomas. Hay que cuidarse, porque lo nuestro no es andar con las cúpulas, porque la gente no es tonta y se da cuenta de quién vive con honestidad”.

Respecto a si el Papa Juan Pablo II podría aceptar de inmediato la renuncia del arzobispo primado de México, señaló: “El cardenal Corripio Ahumada ha manifestado ciertamente que presentará su renuncia como lo aconseja el derecho canónico, en el momento que cumpla 75 años de edad, cosa que ocurrirá el 29 de junio de 1994; pero de ahí a que la Santa Sede le acepte la renuncia, tendría que estar del lado de la Santa Sede para ver si se la acepta o no. En lo personal, estimo que el señor Corripio es muy útil todavía en México. No obstante que cumpla sus 75 años, puede transcurrir un año, si no es que algunos más, a cargo de la arquidiócesis primada de México”.

Efusivo y sin abandonar el tono enérgico de su voz, como suele hablar, el padre Roqueñi remata: “Del trabajo del cardenal Corripio estamos muy satisfechos y lo seguiremos apoyando hasta el final de su gestión dure lo que dure, seis meses, seis años o 40 más”.

Manuel Olimón Nolasco es uno de los especialistas reconocidos en la historia de la iglesia de México. Licenciado en Historia de la Iglesia, graduado en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, es actualmente coordinador del Instituto de Investigación Histórica de la Universidad Pontificia de México.

Manuel Olimón acepta una entrevista para nexos con el tema de las próximas elecciones en la CEM, bajo la condición de que no diría nombres aunque sí haría “retratos”. En sus oficinas de la vieja Universidad Pontificia, Olimón opinó que el nuevo presidente de la CEM debe ser una persona de fe, una persona centrada respecto a cuál es su ministerio, pero al mismo tiempo alguien de mucho diálogo, con mucha capacidad “para saber escuchar y saber entrar por el preciso camino que hay que entrar, para no invadir terrenos que no corresponden”.

El sacerdote consideró, por ejemplo, que en el caso de Chiapas, ciertamente no existió una persona con la capacidad de don Samuel Ruiz para entrar en el diálogo que se requería: “Pero no siempre ha de ser un obispo o un sacerdote el que pueda hacer este tipo de diálogo, porque entonces estaríamos viviendo en una sociedad inmadura. Y es que a veces no hemos formado a los laicos más adecuadamente para esto”.

Interrogado respecto a si el nuevo presidente de la CEM tendrá que estar comprometido con los que menos tienen, Olimón Nolasco, respondió: “Sí, pero estar junto a los que menos tienen no necesariamente significa que se deba estar definido con organismos que dicen que defienden a los pobres, o que se deba estar confrontado con todo. Yo creo que se requiere siempre de una mediación. No se puede oponer a los empresarios con los obreros, a los ricos con los pobres pero lo que sí hay que hacer es conciencia en unos y en otros de que con enfrentamientos no se va a lograr nada”.

Aunque el acucioso investigador se niega a dar nombres, no se opone a hacer comentarios breves sobre los que se mencionan en la prensa, incluso por algunos que él nombró en 1993 como posibles sucesores de Corripio, cuando el cardenal estuvo fuera de las actividades clericales por más de seis meses debido a problemas de salud.

Respecto a quienes aparecen como posibles sucesores de Suárez Rivera, Olimón señaló: “Se mencionan varios pero en esto no hay nada escrito y puede salir cualquiera, es impredecible. En lo personal creo que alguien que no sea de diálogo no va a poder salir, tampoco una persona que no tenga identidad hacia adentro de la Iglesia, tampoco una que no se pueda relacionar hacia afuera o que sea una persona tímida”.

Interrogado sobre quién gozaría de esa identidad al interior de la iglesia, sólo respondió: “Bueno, yo siento que hay muchos, pero yo creo que los que más se mencionan no dan la medida”.

¿Estamos hablando de Emilio Berlie y Javier Lozano Barragán?, le preguntamos al sacerdote, a lo cual responde: “Pues habría que preguntarse nada más cuántas veces han sido elegidos para encabezar comisiones dentro del episcopado. Ellos nunca han ganado una elección, ni siquiera para una comisión; entonces no es posible que así se pueda ser presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Por eso le digo que no es fácil, no es fácil. Es como en la elección del Papa, hay hasta un refrán vaticano que dice ‘el que entra Papa sale cardenal'”.

Sobre el arzobispo de Veracruz, Sergio Obeso, Olimón opina: “A mí personalmente me parece un personaje excelente, quién sabe si voten por él o no, pero tiene respeto interno”.

Sobre el actual secretario de la CEM, Ramón Godínez, dice: “No creo… él es una gente muy tranquila, ha madurado en poco tiempo, ahora que es secretario de la CEM, porque no es lo mismo estar de auxiliar que estar aquí. Pero insisto, hay muchos, puede salir cualquiera, hay gente que la prensa nunca ha entrevistado y de pronto puede resultar, porque hacia adentro sí son conocidos”. Le pedimos ejemplos. Dice: “Los obispos de Campeche, de Ciudad Obregón, de Querétaro, de Matamoros, de Tacámbaro, de Coatzacoalcos”. Le preguntamos por el obispo de Durango, José Trinidad Medel. “El está enfermo”, responde Olimón, “tuvo un accidente automovilístico, estuvo en terapia intensiva bastante tiempo”. Le preguntamos si podría figurar.

“Es una gente que tiene bastante trayectoria”, responde Olimón, “pero en realidad yo creo que va a ser una sorpresa, francamente. Pienso que si se nombrara al arzobispo de Guadalajara eso pesaría y es muy posible que eso surja en breve, porque no creo que ese asunto vaya a aguantar hasta después de noviembre pues en mayo se cumple un año de la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo”.

En un folleto editado hace ocho años por el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiano, bajo el título de Iglesia y política en el México actual, Manuel Olimón señala que “de 1929 a la fecha se piensa en una alineación de la iglesia en favor de un sistema de libertades, sí, pero más de corte occidental derechista”. Ahora, al ser cuestionado sobre si actualmente existe diversidad de ideas en la CEM, responde: “No hay una gran diversidad de ideas, hay una tendencia en el sentido de atender lo social, ahora existe entre los obispos mexicanos gente cuyo carácter es más tranquilo, más piadoso; ellos quieren ir a misa y dar bendiciones”. Le preguntamos si es una tendencia mayoritaria o minoritaria.

“Es mayoría”, dice. “Esos son precisamente los que votan por los que tienen sentido social, son los que pesan más”.

GEOGRAFÍA POLÍTICA

La actual mesa directiva de la CEM ha sido considerada por miembros de la Iglesia como una administración de postura conservadora, tendencia que en el ámbito clerical católico recorre a todo el continente.

Aunque intelectuales de la Iglesia se niegan a reconocer la existencia de inclinaciones ideológicas entre los obispos mexicanos, es claro que a partir del levantamiento armado en el estado de Chiapas y la presencia del obispo de San Cristóbal de las Casas como mediador para la paz y la reconciliación en esa entidad, se manifestó entre los obispos la existencia de diferentes puntos de vista respecto a la realidad social, política y económica del país.

Y es quizás esa realidad, en la que ahora están tomando parte abiertamente los obispos, la que posiblemente marcará las características del próximo presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

Entre ese cuerpo colegial no se distinguen corrientes ideológicas, señaló José Alvarez Icaza, presidente del Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS), una de las organizaciones laicas católicas más combativas, opuesta abiertamente al ala conservadora del clero. En general, dijo Alvarez Icaza, “los obispos responden más que a una ideología política a las condiciones socio-económicas de las regiones o de las diócesis a las que gobiernan”. Por ejemplo, indicó, las preocupaciones para los obispos de la región Pacífico sur, en donde se ubican estados como Oaxaca, Guerrero, Chiapas, son los problemas de pobreza y miseria de los indígenas. En estados como esos se ubican el arzobispo de Oaxaca, Bartolomé Carrasco Briseño; Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal de las Casas; Arturo Lona, obispo de Tehuantepec, y los obispos de Tuxtla Gutiérrez, Felipe Aguirre, y de Tapachula, Felipe Arizmendi.

Respecto a la región norte, donde se agrupan las ciudades de Ciudad Obregón, Hermosillo, La Paz, Mexicali y Tijuana, Alvarez Icaza la considera como una zona proclive al PAN. “En esa zona los obispos tienen una tendencia hacia el panismo, porque su clientela es panista. Ahí se ubicaron con fuerte presencia los obispos ahora eméritos Manuel Talamaz Camandari, de Ciudad Juárez, y Adalberto Almeida, arzobispo de Chihuahua, que tuvieron una activa participación en las vicisitudes del proceso electoral en el estado de Chihuahua, en 1986”. De aquel momento se recuerdan las advertencias de esos sacerdotes respecto a suspender el culto religioso, y sus denuncias de fraude electoral.

Fuentes de la iglesia mexicana han señalado que Prigione -quien de acuerdo con el derecho canónico, como representante del Papa en México, es una de las autoridades que interviene en la designación de obispos- ha puesto en práctica la figura canónica de obispos coadjuctores, “que significa sustituto en vida” y conlleva el derecho a sucesión, a fin de imponer obispos con ideas contrarias a los de Ciudad Juárez y Chihuahua.

El representante del CENCOS señaló que “Juan Sandoval Iñiguez fue impuesto a Manuel Talamaz para sucederlo en Ciudad Juárez en 1988. Sandoval provenía de Guadalajara durante la administración de monseñor Juan Jesús Posadas Ocampo, a quien por cierto Prigione había enviado primero a Cuernavaca a efectuar el desmonte de la herencia progresista de Sergio Méndez Arceo y luego premió con la segunda diócesis más importante del país, Guadalajara”.

La diócesis de Tijuana es presidida actualmente por Emilio Berlie, un personaje de tendencia conservadora que recibió la ordenación episcopal en julio de 1983, seis años después de que Prigione había llegado a México.

La región de occidente, donde se ubican entre otras ciudades Zacatecas, Guanajuato, Colima, Guadalajara y Aguascalientes, es considerada la zona con las diócesis de prestigio y cuna de obispos que cultivan “un conservadurismo ilustrado”. Ahí se encuentran los obispos de Zacatecas, Javier Lozano Barragán; de Querétaro, Mario de Gasperin; de Colima, Gilberto Balbuena Sánchez; de León, Rafael García González, y el recientemente designado arzobispo de Guadalajara por el Papa Juan Pablo II, Juan Sandoval Iñiguez.

En la región del Golfo, donde están los obispados de Veracruz, Tabasco, Coatzacoalcos y Tamaulipas, la principal preocupación de los prelados radica en el alejamiento del catolicismo, ya que en estas zonas existe una fuerte presencia de evangélicos, masones, etcétera.

Monterrey es un caso especial, continúa Alvarez Icaza, “ahí, por sobre el PAN, están los patrones. Entonces don Adolfo Suárez Rivera está preocupado por tener una buena relación con los empresarios, pues su clientela pertenece a una sociedad altamente preocupada por la posición económica y los negocios”.

Sobre la dirección que ha tomado la actual presidencia de la CEM mucho se habla de la influencia del nuncio apostólico Girolamo Prigione, quien mantiene una tendencia de tipo conservador. Ella podría estar muy presente a la hora de la elección presidencial del episcopado mexicano, si dentro de ese cuerpo colegiado se distinguiera una correlación de fuerzas a favor de algún candidato. Esta influencia se puede medir si se observa que 44 de los 94 obispos con derecho a voto recibieron la ordenación episcopal durante los 16 años que Prigione ha estado en México. La tendencia del diplomático, agregó Alvarez Icaza, “es totalmente gobiernista; actúa siempre en la promoción de cambios para que los obispos críticos sean desplazados por obispos más tranquilos”. Relata que Sandoval Iñiguez no fue una persona que se distinguiera por desplantes groseros, fue un obispo que sin muchos conflictos trató de ir desestructurando la pastoral crítica de Talamaz Camandari.

En la actualidad, agregó que ya no hay un bloque monolítico de los obispos, a pesar de que la tendencia del actual presidente de la CEM, Adolfo Suárez Rivera, ha sido disminuir al máximo los conflictos con el gobierno. En el futuro, añadió, se encarará a un episcopado más homogéneo, a muchas opiniones críticas de obispos que representan a sectores de la población con problemas fuertes.

Alvarez Icaza se refiere a varios de los obispos cuyos nombres fueron manejados en la prensa como los posibles sucesores del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. De Javier Lozano Barragán, obispo de Zacatecas, uno de los prospectos que figuró fuertemente para ocupar el arzobispado de Guadalajara, consideró que “constituye un adelanto el que no lo hayan nombrado como sucesor del cardenal Posadas. En este caso se tomó una decisión más equilibrada, porque si bien no fue Lozano Barragán, de tendencia conservadora, también hubiera sido muy criticado que se pusiera a un arzobispo como Sergio Obeso, quien es inteligente y más independiente”. Sobre Luis Reynoso, Alvarez Icaza comentó: “tiene muchas ganas de una promoción cardenalicia, sea para la arquidiócesis de México o de Guadalajara, pero ha perdido simpatía entre el episcopado porque su constante parloteo lo ha desmentido y ante los obispos está debilitado”. Sobre Emilio Berlie: “Es un hombre conservador, muy inteligente, pacífico, conciliador ideal para entenderse con el sistema político actual”.

Respecto de Iñiguez Sandoval, consideró que es visto como “un obispo centro-conservador, no es de los peores”.

Alvarez Icaza hizo énfasis en las palabras expresadas por el diplomático Prigione al dar a conocer el nombramiento del nuevo arzobispo de Guadalajara. “Se refirió a Iñiguez como un hombre fiel a la Iglesia y al Papa Asimismo, el diplomático dijo que en Guadalajara no se eligió a un obispo político o politiquero”. También alertó acerca de que “Sandoval Iñiguez, al ser interrogado sobre si podría ser nombrado cardenal, respondió: `yo no niego ni aseguro, pero me ajustaré a lo que disponga el Papa’ “.

Para Alvarez Icaza la actual mesa directiva de la CEM trató de no estar en conflicto con la orientación del gobierno, como tampoco estar en contra de la política gubernamental. La presencia del obispo de San Cristóbal de Las Casas como mediador para la paz y la reconciliación podría provocar que al interior del clero episcopal la balanza se incline a favor de un personaje con tendencia equilibrada o de centro y no por uno “muy conservador”.

Tras el estallido de Chiapas, la CEM se manifestó en unidad con don Samuel, primero, porque los obispos, aun los más conservadores, reconocen que hay dos problemas: “la cuestión de la pobreza y la cuestión de los indígenas”. De repente, enfatizó el dirigente del CENCOS, entre más crece la pobreza, más aumenta la tendencia de una pastoral a favor de los que menos tienen, se incrementa en razón de que aumentan los pobres.

La otra preocupación es la democratización del país. En este sentido dijo que hay una tendencia generalizada a favor de la democratización, incluso en el ala de los conservadores: “Todos serán opuestos a un fraude electoral”.

Una tercera cuestión es que están muy molestos por la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y que su muerte no haya sido aclarada.

Alvarez Icaza remata: “La creciente pobreza del pueblo, el anhelo democrático, la muerte del cardenal Posadas y la lentitud en la investigación tienen al episcopado muy unificado. El gobierno deberá enfrentar a un episcopado homogéneo. Ahora la preocupación ya no se dará por la liberación”.

SISTEMA DE ELECCIÓN

Nadie sabe quién será el próximo presidente de la CEM hasta el día de las elecciones. Los candidatos que surgen como aspirantes nacen de manera espontánea y sin métodos prefabricados, asegura el secretario general de ese órgano eclesial, Ramón Godínez.

Las votaciones normalmente se hacen en forma secreta y para ser electo es requisito haber obtenido los sufragios de los dos tercios de los presentes en la asamblea. La mecánica electoral señala que puede haber hasta dos rondas de votaciones.

En las elecciones episcopales no existe la autopromoción de alguna personalidad, “normalmente ninguno dice `yo quiero ser’ ” y no se promueve a nadie por medio de grupos: “cada quien propone a quien le parece el mejor”. De esa forma se llega a la asamblea comicial, donde los nombres de los posibles candidatos saldrán de una votación de auscultación, tras de lo cual se dan a conocer los nombres de por lo menos tres personajes que hayan sido mencionados mayoritariamente.

Después de una primera votación de auscultación, se procede a llevar a cabo una primera ronda formal de votaciones. Si en ella la mayoría se inclina por un candidato, éste resulta electo; si no es así, se realizan las votaciones necesarias hasta que haya consenso por un candidato. Normalmente la elección se decide en las primeras rondas de votación.

Algunos sacerdotes aceptaron que sí existe el cabildeo previo a la asamblea electoral. El padre Manuel Olimón admitió que sí se dan conversaciones entre obispos y arzobispos en momentos anteriores a las elecciones.

En las oficinas de la CEM en esta ciudad, monseñor Godínez, un tanto enigmático respecto al tema de la entrevista, se contraría con algunas preguntas. No obstante, termina por explicar el método que siguen los obispos mexicanos para su elección.

La asamblea, que en esta ocasión será la número 57, es convocada para la primera semana de noviembre. En el orden del día, tres temas serán preponderantes: el informe de las actividades realizadas por la mesa directiva saliente, el estado financiero de la CEM y las elecciones para renovar presidente del trienio 1995-1997.

El presidente de la CEM, así como el secretario y el tesorero, se consideran elegidos cuando los votos favorables alcancen los dos tercios de los presentes en la asamblea.

Según los estatutos, son miembros con voto deliberativo los arzobispos y obispos residenciales, los arzobispos y obispos coadjuctores, los administradores apostólicos, los vicarios capitulares, los obispos auxiliares y, de los titulares, los que desempeñan algún cargo especial encomendado por la Santa Sede o por la asamblea de la CEM. Actualmente son 92 los obispos con derecho a voto.

De acuerdo con el artículo 11 de los estatutos de la CEM, las votaciones serán secretas o no, según lo decida la asamblea.

En las pasadas elecciones episcopales, la asamblea tuvo a 80 obispos presentes. Los candidatos que figuraron fueron el arzobispo de Monterrey, Adolfo Suárez Rivera, actual presidente de la CEM, quien tuvo la mayoría al obtener 65 sufragios contra 13 del extinto cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Manuel Pérez Gil, arzobispo de Tlanepantla, obtuvo un solo voto, y Sergio Obeso, arzobispo de Veracruz, otro.

Las reglas jurídicas del episcopado señalan que los presidentes electos durarán en su cargo tres años y podrán ser reelectos por un trienio más.

Especial importancia cobra el artículo nueve de los estatutos de la CEM, que norma la presencia de invitados, ya que establece que el representante de la Santa Sede Apostólica, “por el singular cargo que desempeña en la Nación, será invitado a participar en la asamblea”.

Consultado al respecto vía telefónica, en la nunciatura el pasado 29 de abril, el embajador de la Santa Sede en México, Girolamo Prigione, indicó que él puede estar presente en la asamblea de elecciones para presidente de la CEM; “no con facultad de voto pero sí con derecho a voz. “Yo no tengo derecho a emitir voto, pero sí puedo hablar, sí se me permite opinar”, dijo en breve comentario.

Monseñor Godínez indicó que el nuncio apostólico puede participar antes o después de la elección del presidente episcopal: “Puede tomar la palabra en cualquier momento de la asamblea respecto a cualquier asunto”.

Sin embargo, a pesar de que el nuncio tiene derecho de voz, su presencia en la asamblea electoral provoca cierto resquemor entre la comunidad sacerdotal. “En la elección de algún candidato no le loca intervenir porque esto no le corresponde”, enfatizó el sacerdote Manuel Olimón. En tanto el asesor jurídico de la curia metropolitana, Antonio Roqueñi, señaló que “los obispos deben ejercer el voto de manera autónoma y nacionalista”.

Cabe aclarar que el nuncio apostólico, de acuerdo con el canon 377 del derecho canónico, interviene cuando se trata de la elección de obispos (no en la del presidente de los obispos), para la que propone a la Santa Sede una terna de candidatos basada en sugerencias que él puede integrar junto con el arzobispo y otras fuentes de la diócesis donde corresponde la designación de un nuevo obispo.

El tema de las finanzas sigue siendo un misterio fuera de ese órgano de la jerarquía clerical. Monseñor Godínez declinó dar a conocer el estado financiero que guardan las arcas del Episcopado Mexicano; sólo comentó que “tienen lo necesario para vivir y lo tratan de administrar según las normas del derecho canónico. Los recursos provienen de las ofrendas voluntarias de los fieles de cada diócesis y de cada congregación religiosa”.

Al hacer un recuento del actual gobierno de la CEM, el secretario general indicó que el objetivo de esta asamblea fue trabajar con unidad y colegialidad en la tarea fundamental de la Iglesia Se puso por objetivo el mirar a Cristo como hijo de Dios, como hijo del hombre para que nosotros los obispos ayudáramos a los sacerdotes y a los laicos a hacer presente a Jesucristo en nuestro tiempo.

Dijo que a esta mesa directiva le tocó facilitar los cambios, poner las bases de un sistema que se llama ahora de libertad religiosa. Con ese nuevo marco legal, con lo cual superó los distanciamientos con el Estado mexicano, tarea fundamental de la CEM ha sido dialogar con todos los obispos, con la comunidad sacerdotal y con las autoridades políticas y el diálogo ha sido búsqueda sincera de la verdad, respetando cada quien su identidad propia.

Godínez señaló que poder vivir en libertad, en verdad y sin simulación, ha sido entrar en congruencia con lo que manda la ley y el comportamiento ciudadano. La Iglesia, dijo, puede ofrecer la fuerza del evangelio; la misión que Cristo le confió es de orden religioso, no de orden político o económico, pero precisamente en esa misión religiosa hay luces y energías que pueden servir para consolidar la comunidad humana según la ley de Dios.

Lo que viene ahora, agregó, es que la Iglesia se acerque a los sectores de fieles intensificando su acción con los laicos para llevar el evangelio en lo social, con la presencia y cercanía de los que más sufren.

Las líneas, indicó, serán que todas las comisiones episcopales se pongan de acuerdo para sintonizar sus acciones en una determinada dirección. “Yo creo que las características de la acción de la Iglesia en los próximos tiempos, debe tener dos ejes: uno, la acción más responsable de los laicos en la Iglesia y en su sociedad. Los fieles, tanto jóvenes como adultos, y la familia, deben tener un rostro más visible, de modo que Cristo no exista sólo cuando hay un sacerdote o un obispo, sino cuando aparece un joven o un político, que debe estar dando testimonio de su honestidad de verdad y de respeto. Lo laical es pues lo primero. Lo segundo es lo social con referencia hacia los indígenas, debe haber una cercanía, una acción preferencial hacia ellos. Esa debe estar en la mira del siguiente periodo. No se quiere decir que no se atenderá lo religioso, a los sacerdotes, etc., sino que lo más importante va a ser la participación de los laicos y la proyección social de la fe con preferencia en los que más sufren”.

Para concluir, Ramón Godínez dijo que durante el último trienio la CEM tuvo situaciones de gran envergadura, como la tercera visita del Papa a nuestro país, además de situaciones imprevistas durante sus asambleas, como fueron todo lo relativo a Chiapas y las próximas elecciones para elegir presidente de México.

AL FINAL

Así, en medio de una gran efervescencia hacia afuera y hacia dentro de la vida eclesial, los obispos llegarán a las próximas elecciones de la CEM tras superar más de un siglo de distanciamientos formales con el Estado mexicano, lo que los mantuvo fuera de la vida pública y motivó que su organización interna escapara a los ojos de la sociedad.

La expectativa respecto a quién será el obispo que coordinará a ese órgano colegiado entre 1995 y 1997, resulta ahora una cuestión que tan sólo hace tres años aparecía como algo ajeno para el resto de la sociedad.

Para el clero, la elección del Consejo Episcopal en 1994 pondrá en la palestra pública a su representante, que en lo sucesivo ocupará un puesto que no estará más en los intramuros de la Iglesia Católica Mexicana.

AL PARECER EXISTE UNA OPINION GENERALIZADA ENTRE EL CLERO EPISCOPAL Y EL DIOCESANO DE LA CIUDAD DE MEXICO EN EL SENTIDO DE QUE LA RENUNCIA DE CORRIPIO NO SERA ACEPTADA DE INMEDIATO.

POR PRIMERA VEZ EN LA HISTORIA DEL PAIS UNA ELECCION DE ESTA INDOLE GENERA INTERES Y EXPECTACION FUERA DE LOS MUROS DE LA HERMETICA VIDA EPISCOPAL.

FUENTES DE LA IGLESIA MEXICANA HAN SEÑALADO QUE PRIGIONE HA PUESTO EN PRACTICA LA FIGURA CANONICA DE OBISPOS COADJUCTORES.

LAS VOTACIONES NORMALMENTE SE HACEN EN FORMA SECRETA Y PARA SER ELECTO ES REQUISITO HABER OBTENIDO LOS SUFRAGIOS DE LOS DOS TERCIOS DE LOS PRESENTES EN LA ASAMBLEA.